MÉXICO, D.F. (apro).- Una función exitosa de ballet no necesariamente es perfecta como producto artístico, ese fue el caso de Elisa y sus amigos, los apasionados de la danza, que se llevó a cabo el lunes 20 de febrero en el Palacio de Bellas Artes.
Para algunos aficionados de hueso colorado al ballet, la función de la extraordinaria mexicana Elisa Carrillo resultó como si la selección nacional hubiese ganado un mundial de futbol. Repleto, en el Palacio de Bellas Artes reinaba el entusiasmo y el deseo de sentir que cuando menos en el terreno de la danza hay alguien que no sólo juega en la primera división sino que además es primerísima bailarina de una compañía cotizada como potencia del primer mundo.
Producido por la doctora Elisa Cabrera, madre de Elisa Carrillo, el evento incluyó a destacados bailarines de Ballet de la Ópera de Berlín, el New York City Ballet, Ballet Stuttgart y el Ballet de Kiev. El programa de tres horas consistió en “highligths” pensados para el lucimiento técnico e interpretativo de todos los bailarines, pero no necesariamente para mostrar la vanguardia en el ballet actual y mucho menos las complicaciones intelectuales de los creadores punta de lanza en el mundo.
Es decir, la función tenía un objetivo dirigido más al entretenimiento que el de dirigirse hacia la complejidad contemporánea, que por lo visto en la función, es el campo en el que mejor se desarrolla Elisa. De línea impecable, pies apuntados, esplendidas extensiones y muy buena fuerza para sostener adagios, la bailarina es sin duda una joya técnica a la que hay que agregar un físico hermosísimo y un cierto toque exótico de su piel morena, facciones perfectas y una larga cabellera negra.
Así las cosas, si bien Elisa es una bailarina inusual y se luce en todo lo que hace, de los tres números que bailó, lo mejor de la noche fue su interpretación de In the Middle, Somewhat elevated del connotado William Forsythe que requiere no sólo la técnica sino una muy particular inteligencia corporal para lograr abordar la innovadora forma de mover a los cuerpos que Forsythe ha aportado a la danza mundial.
Los otros dos montajes levantaron muchos aplausos, pero artísticamente carecían de sentido. Le Grand Pas de Deux, es una suerte de “comedia” donde Elisa baila con una bolsa de mano y usa lentes, mientras su pareja de baile –y en la vida real– Mikhail Kaniskin la tira, avienta y los dos, en medio de bobadas y lugares comunes arrancaron las carcajadas a un público delirante que les aplaudió a rabiar. Por último La Llorona, con música en vivo y Elisa descalza y cubierta por un rebozo fue como una última concesión al público que agradeció el guiño de pié.
De forma paralela la función mostró a otros también espectaculares bailarines como Dinu Tamazlacaru haciendo Les Bourgeois, pieza de lucimiento extraordinario para varones, Iana Salenko haciendo alarde de su técnica Grand Pas Classique, particularmente en la diagonal y Denis Matvienko que aunque estaba un tanto precipitado logró gritos y una ovación en el pas de deux de Corsario en la versión del legendario Rudolf Nureyev.
Algunos errores garrafales no pudieron faltar, Semyon Chudin bailó excepcionalmente hasta que se fue de boca en la caravana final o el gran bailarín Vladimir Malakhov, director de la Ópera de Berlín que no se podía sostener en una pierna durante el adagio de La muerte del cisne y que además mostró un abdomen un tanto voluminoso que no le ayudó mucho para el papel que interpretaba.
Esto parece incomprensible cuando se trata de un espectáculo del primer mundo, pero pasó a un lado cuando el mismo Malakhov bailó –ya tapadito– con Nadja Saidakova Le Parc del talentosísimo Angelin Preljocaj que próximamente traerá Blanca Nieves con su propia compañía.
Elisa y sus amigos, fue una buena probada de una notable bailarina que por fortuna regresará para bailar Esmeralda con la Compañía Nacional de Danza del INBA (CND) y hará algunas otras cosas con los hermanos Issac y Esteban Hernández. Es de esperarse que la CND logré tener el nivel que se requiere para compartir el foro con una bailarina de la talla de
Carrillo.











