MÉXICO, D.F. (apro).- Queridísimos humanos: permítannos que sus mejores y más fieles amigos (por declaración de ustedes, que conste), les pidamos que sean más coherentes, más lógicos en sus pensares, decires y decisiones, para que mejor los comprendamos y ni en modo alguno se parezcan a nosotros.
Tal petición la motiva el comprobar que, en cartas a este buzón, han andado a las vueltas y vueltas sobre el tema del trabajo de manera contradictoria. Vean: los firmantes de las mismas, de una u otra manera, a la directa o la sesgada, comulgan con la idea de José Ortega y Gasset, la que afirma que “el hombre y la sociedad no tienen naturaleza, sino historia y evolución”; y de la misma manera admiten que ese hecho se debe principalmente al trabajo, como lo aseguran tanto sus filósofos, sociólogos y pensadores… y la sabiduría popular cuando dice que “no es lo mismo predicar que dar trigo”, “del dicho al hecho hay mucho trecho” o “el león no es como lo pintan”, por ejemplo.
Así la situación, ustedes dirán si no es para que nos caigan por sorpresa y nos confunda el que en esas cartas, los optimistas de la corriente del doctor Pangloss, tras afirmar que el trabajo es un castigo, una maldición merecida, digan que hay que acogerlo hasta con alegría, aunque sea un mal, así nos produzca desgracias, ya que el mismo forma parte de una armonía superior establecida por una divinidad omnipotente y omnibondadosa; armonía en la que todo es necesario, hasta el mal, pues en el mundo que viven, que es el mejor de los posibles (según Pangloss, recuerden), las desgracias particulares contribuyen al bien general, de manera que cuantas más desgracias haya, todo irá mejor… ¿Y creer eso y admitirlo no es lo mismo que consentir una relación sadomasoquista entre Dios y sus criaturas preferidas, los humanos?, es decir, ¿una perversa y cruel relación entre un victimario y sus victimas?… nosotros sólo preguntamos, de ustedes es la respuesta… ¡Ah! Si van a responder, tengan en cuenta y no olviden que estos optimistas panglosianos ni se detienen ni para nada toman en cuenta el número de huevos que haya que romper en la práctica de su paradójica filosofía pues, como dicen, si quieres hacer una tortilla a la española, necesario es que rompas los huevos precisos.
Por otra parte, lo mismo extravían a nuestra entendederas el meditar y actuar de los pesimistas del estilo del sabio Martín, cuando dicen y repiten que ese mundo en que viven es el peor de los posibles y no proponen otro remedio que entregarse al trabajo de una manera animal: ¡sin pensar! (¿Es qué no tienen posibilidades de cambios para hacerlo menos peor? ¿Qué dicen?). Con ese actuar, en los hechos, no son muy diferentes de sus dizque contrarios, los optimistas, a pesar de los opuestos y rivales que suponen que son los conceptos bajo los que se apiñan, enarbolan y agitan para identificarse. (Así lo piensan estos fieles servidores de ustedes. ¿Vamos bien o estamos equivocados?)
Igualmente nos sorprenden, desorientan e incluso nos alarman los tantos y tantos cándidos que hay en el mundo, lo sean por naturaleza o bien lo deban al haber sido enseñados a no juzgar nada por sí mismos u otros motivos, ya que con su abulia, o sea, a su falta de voluntad, debida a lo que gusten y manden, no van más allá de admitir sin chistar y a seguir, a poner en práctica lo que les sugieren o recomiendan o imponen, tanto los optimistas como los pesimistas, que en el fondo, como señalamos más arriba, pensamos que es lo mismo: un someterse con pasiva resignación al mundo que les toque y trabajar a lo animal, sin pensar. A cultivar su propio jardín en el mejor de los casos, como aconseja el Cándido cuyas aventuras escribió el francés Voltaire. Consejo a nuestro parecer peregrino por los siguientes motivos:
–En la actual globalidad democrática en que respiran, la mayoría de ustedes, los humanos, no tienen jardín propio.
–Millones de ustedes ni siquiera tienen la oportunidad de que los alquilen para cultivar jardines ajenos, y así poder vivir, de llevar una vida digna junto con sus familias.
–Muchos de los que tienen la fortuna de vivir cultivando un jardín ajeno están en riesgo de perder ese empleo o bien por necesidad o bien por así convenir a los intereses de los jardines que los contrataron.
–Millones de ustedes, los humanos, se ven forzados a trabajar en peores condiciones que antes, y otros más tendrán que hacer lo mismo, debido a las reformas laborales que se están imponiendo… necesarias para la supervivencia de la globalidad democrática en que respiran.
Así los hechos, queridísimos humanos, nos angustia la sospecha de si esa tortilla a la española que está resultando ser la conservación de la actual globalidad democrática en que respiran, no les estará obligando a romper demasiados huevos. ¿Es así o no es así?
¡Ah! Y dejen de andar a las vueltas y vueltas sobre el tema del trabajo sin solucionar el problema, pues les hace ver como a los nuestros en su intento por morderse la cola sin conseguirlo y terminan mareados.
Sin más por el momento, en nombre de los míos y el propio, reciban nuestro perruno y sincero afecto.
SNOOPY












