MÉXICO D.F., 27 de febrero (apro).- Fue el 21 de junio de 1962 cuando por decreto presidencial se creó oficialmente la entonces denominada Unidad Artística y Cultural del Bosque, hoy Centro Cultural del Bosque (CCB).
No obstante, sus orígenes datan de 1948, cuando el presidente Miguel Alemán donó la pista de prácticas del campo de polo Marte para la construcción de un complejo ecuestre.
Parte de este complejo incluía un granero para la alimentación de los caballos que posteriormente se convertiría en lo que hoy es el teatro El Granero. El arquitecto Pedro Ramírez Vázquez fue el encargado de construir el que sería el primer teatro círculo en México que rompió con el estrecho modelo del tradicional teatro a la italiana.
La inauguración se llevó a cabo con la obra Los desarraigados, de Humberto Robles Arenas, el 4 de septiembre de 1956.
A diferencia de otros teatros, el público pudo ubicarse a los cuatro costados del escenario, lo que lo convirtió en un foro versátil que a la fecha permite a los creadores experimentar y jugar con el espacio.
El espacio fue adaptado con la supervisión del director de escena Xavier Rojas, quien recuerda:
“Fui a visitar a José Gorostiza –jefe del Departamento de Teatro de Bellas Artes– para ver si lo inauguraba, el sabía del éxito que tuve en la Casa del Arquitecto, pero no quería darme el teatro. Entonces le pedí a Ramírez Vázquez que me dejara hacer una función de prueba para verificar la acústica, el equipo de sonido y las luces.
“Decidimos hacerlo con el elenco de El deseo bajo los Olmos y Pedro se encargó de invitar al secretario de Educación, Ángel Ceniceros. Esta función la preparamos en secreto, ensayamos el día anterior y una hora antes de la función le hablé a Gorostiza para avisarle e invitarlo. Se enojó mucho pero ante los hechos consumados estuvo ahí para recibir al secretario de Educación y presenciar una maravillosa función”, rememora.
Al término de la representación, relata, Ceniceros se volteó hacia Gorostiza y le dijo: “Maestro, me dice que no encuentra quien inaugure este teatro, aquí tiene a Xavier, ya ha visto su obra, estupendamente hecha, aquí tiene a quien debe inaugurar el teatro. A Gorostiza no le quedó otra que aceptar”.
Esa es la razón por la que muchos años después, a partir del 30 de junio de 2003, se le agregó a El Granero el nombre de su creador, Xavier Rojas.
Otro de los recintos teatrales de mayor prestigio en México, también ubicado en el CCB, testigo de las más avanzadas expresiones del arte escénico nacional e internacional, es el Teatro El Galeón.
Sus orígenes se encuentran en el Laboratorio Teatral Foro Independiente que un grupo de estudiantes de la Escuela de Arte Teatral y de la Academia de la Danza Mexicana, crearon como un espacio de ensayos.
Ahí, en lo que fueron bodegas, el arquitecto Carlos Perdomo acondicionó una sala donde, además, ofrecieron clases maestros como Lola Bravo, Julio Castillo y Federico Castro.
Poco tiempo después, en 1972, el maestro Abraham Oceransky lo adaptó como teatro y se inauguró como tal con la puesta en escena de Simio, bajo su propia dirección. A partir de entonces y hasta 1977 hospedó a grupos de teatro experimental-profesional mexicanos, adaptando su espacio tanto a la italiana como en isabelino.
En 1978 se llevó a cabo la primera remodelación del Teatro El Galeón para ampliar su capacidad y dimensiones. En noviembre de 1978 se reinauguró con la obra Ubú Rey, de Alfred Jarry, con actores del Centro Internacional de Experimentación Teatral de París, Francia, dirigidos por el maestro Peter Brook, lo cual marcó una nueva etapa en la vida del emblemático recinto.
Dado el prestigio alcanzado como foro teatral, el Teatro El Galeón pasó a una nueva etapa con otra remodelación en 1984 y la creación del Centro de Experimentación Teatral (CET), bajo la dirección de Luis de Tavira.
Formada como compañía estable y con sede en El Galeón, esta agrupación realizó los montajes de obras como Grande y pequeño, de Botho Strauss; De película, de Blanca Peña; María Santísima, de Armando García; El balcón, de Jean Genet; Querida Lulú, de Wedekind; Casa llena, de Estela Leñero; Nadie sabe nada, de Vicente Leñero, y otras, con la participación de directores como el propio De Tavira, Julio Castillo, Ludwig Margules y el francés Georges Lavaudant, entre otros.
Con una disposición modular que permite adaptarlo a las necesidades de cada montaje, el Teatro El Galeón es una de las aspiraciones de los artistas mexicanos, y en la actualidad está dedicado a albergar las expresiones más vanguardistas del teatro nacional e internacional.












