Danza al interior

Danza. Debate..
Foto: Alejandro Saldívar

MÉXICO, D.F. (apro).- Cada vez es más evidente la fuerza y el talento dancístico hacia el interior del país. Se hace necesario entonces replantearse si es posible que la danza siga centralizada institucionalmente en la Ciudad de México o si debe establecer a la brevedad posible un sistema que permita que los estados y municipios sean dueños de su propio presupuesto para generar, distribuir, animar y promover la danza –particularmente la contemporánea– de manera autónoma.

Los ejemplos:

El movimiento dancístico en el sureste del país crece cada vez más y el nivel técnico de los bailarines va en aumento. Lourdes Luna marca el paso en Mérida, Yucatán, con su ambicioso proyecto de un Conservatorio de Danza, en él se enseña rigurosamente una gran variedad de técnicas de entrenamiento corporal y al mismo tiempo el espacio es sede de la compañía Créssida Danza Contemporánea.

Luna tiene en su haber dos premios nacionales de danza y es una bailarina virtuosa y con un temperamento pocas veces visto, en la reciente gira que hizo su compañía a la Ciudad de México presentaron La isla de aluminio, que si bien no pudo apreciarse adecuadamente en la sala Miguel Covarrubias por problemas técnicos, es una pieza que vuelve a colocar a Luna como una artista en búsqueda constante de un vocabulario personal y autentico.

Monterrey siempre ha sido una potencia dancística y ha habido tiempos en que parecía que serían los regios los que marcarían la línea de desarrollo de la danza nacional. No obstante, la falta de apoyos significativos y los cambios de políticas culturales mermaron a toda una generación de artistas que se han sostenido como una forma de resistencia civil encomiable:

Aurora Buensuceso, Ruby Gámez, Brisa Escobedo, Jaime Sierra y Mizraim Araujo, entre otros siguen siendo autoridades en su campo y gracias a ellos y a que la Escuela Superior de Música y Danza siempre ha sido un semillero de talentos la danza regiomontana se sostiene, es de considerarse que debería de crecer de forma sistemática y autodeterminarse.

El movimiento dancístico de Guadalajara y Colima avanza cada vez más. Rafael Zamarripa ha abierto su multipremiada compañía de folklor a nuevas formas de expresión. La danza contemporánea se inicia en el occidente con fuerza y se fortalece con el movimiento tapatío que descolla por la búsqueda de una identidad y por el interés en lograr consolidar proyectos experimentales.

Nadie puede negar que el noroeste y en particular Sonora y Sinaloa poseen uno de los grandes movimientos artísticos del país. Tan sólo en Sonora, Adriana Castaños, Evoé Sotelo, David Barrón, Benito González y Miguel Mancillas son poseedores de premios nacionales y son considerados como creadores punta de lanza en el país.

Qué decir de la fuerza que tiene la compañía Delfos en Mazatlán, y la muy reciente compañía de Culiacán. A estos esfuerzos hay que integrar a la compañía Lux Boreal de Tijuana, Baja California, surgida de la escuela que dirigen los Delfos y que es en este momento la que más viaja y funciones da en el extranjero.

Ante tal avalancha de artistas, más los que poco a poco se han organizado en compañías en Cuernavaca, Morelos, Guanajuato, Guanajuato, y Morelia, Michoacán, valdría la pena sentarse a crear modelos parecidos a los que se tiene en Francia con los “Centros Coreográficos Nacionales” o el de Alemania, que busca crear centros artísticos dentro de los propios teatros para que existan compañías de danza, grupos de ópera, coros y orquestas dentro de una sede para que los teatros siempre estén programados con espectáculos de primer nivel.

La danza crece a pesar de los desastres políticos y de seguridad. Hay que apostarle a su descentralización y capacitar más a aquellos que desean ser artistas de una actividad que no debe ser más el patito feo de las artes.