El derecho a la información
Julio Scherer García
¿El derecho a la información elevado a rango constitucional? Enhorabuena Se acabarán los días de la oscuridad en que no podíamos saber qué pasó el dos de octubre de 1968 ni cual fue la intervención del secretario de Gobernación en la matanza de ese día, ni que tan ciertas —o falsas— fueron las versiones que hablaban de la preparación de grupos o brigadas de halcones en el estado mayor presidencial No regresarán los tiempos en que no sabíamos hasta donde y que tan profundas eran las diferencias entre personajes de la talla de Echeverría y Díaz Ordaz, que ocasionaron desajustes en el país y sumieron en la perplejidad a la opinión pública No nos interrogaremos más acerca del misterio por el cual un hombre se ve investido de pronto con todos los poderes del mundo mexicano ni cuánto dinero le cuesta al país una transformación de esta naturaleza y sabremos por qué si a una economía se le saquea hasta las entrañas unos cuantos van a la cárcel o al exilio dorado y la gran cauda de culpables prosigue su vida como si nada hubiera ocurrido
¿Derecho a la información? Vamos a penetrar, después de medio siglo, a los secretos del Ejército mexicano y averiguar qué pasó la tarde terrible de Huitzilac y qué ocurrió con el general Serrano, ahijado y pasión de Alvaro Obregón Vamos a llegar al fondo de los archivos inviolados de la Secretaría de la Defensa y saber, con pelos y señales, qué sucedió en un pueblo diminuto con un puñado de hombres asesinados con saña escalofriante Sabremos, al fin, hasta donde llegó la responsabilidad del rayo de la revolución, la del general Amaro, organizador del Ejército Nacional, y cuáles fueron la culpas —si las hubo— del jefe Máximo, Plutarco Elías Calles
El país será otro porque tendremos oportunidad de averiguar por qué extrañísimas virtudes los hombres del sistema son buenos para todo, más allá de cualquier comparación con los artistas del Renacimiento que pintaban, esculpían y levantaban templos prodigiosos, todo a la vez Conoceremos las razones por las cuales saltan de un puesto a otro, ágiles y vertiginosos, y lo mismo aplican el talento a la teoría del derecho penal que su energía a la práctica del voltio, o lo mismo se vuelven especialistas en la lucha contra el tráfico de drogas que peritos en el derecho de huelga Sabremos también —derecho constitucional de información— por qué los líderes obreros son pilares del estado y jefes de mafias, sagrados en el establecimiento y padrinos entre ahijados, y por qué así de contradictorios son reverenciados en los dos bandos
Gracias al nuevo ordenamiento constitucional podremos estar seguros que el funcionario pensará dos veces antes de mentir, porque si grave es mentir en las circunstancias actuales imperdonable será faltar a la verdad en los tiempos que se avecinan Mentir en los asuntos de interés público será tanto como enfrentar a la carta magna y vulnerar un derecho consagrado en la ley de leyes Se anuncia así, por el peso brutal de la innovación legal, un cambio de hombres o un cambio en la mentalidad de hombres que por mucho tiempo han ejercido el poder sin entregar buenas cuentas
Periódicos, radio, televisión tendrán su responsabilidad paralela La mentira, encubierta o cínica, la ocultación de datos, el retorcimiento de situaciones con propósitos ajenos a la verdad serán tramas y problemas del riesgo manifiesto, pues viviremos un clima nuevo Quedarán superadas las épocas en que grandes periódicos estaban más atentos a los negocios particulares de sus dueños que a la exposición, cruda o no, de la realidad mexicana, y será rebasado el equívoco que hacía uno solo, una sola alma y un solo cuerpo, al político y al periodista
Hablaremos como de un tiempo vencido de la época aquella en que el gobierno y los medios de comunicación crecían paralelamente, cómplices en el arte de engañar y manipular, y comentaremos, entusiasmados, cómo fueron tristes los días en que a fuerza de mentir gobernantes y “medios” negaron el futuro de México Editorializaremos sobre la corrupción que se desarrollaba en la política y la que crecía en los instrumentos de comunicación y cómo no era muy distinta una de otra, tan parecidas que acabaron por ser gemelas Y diremos cómo se fue perfilando un país con 17 millones de desnutridos, 52 por ciento de desempleados, y subempleados, una escolaridad de 36 grados que nos sitúa en los niveles de un analfabetismo más real que retórico y un gigantesco territorio dependiente casi exclusivamente de un solo mercado para subsistir
El derecho a la información elevado a rango constitucional habrá acabado con esa complicidad de gobernantes e informadores que en épocas que ya desde ahora quisiéramos olvidadas, nos hizo decir un día, dividida la nación entre millonarios y miserables, entre superprepotentes y superdesvalidos, que todos somos responsables del destino nacional ¿O no fue “slogan” aquella frase inolvidable que rezaba: “la solución somos todos”?
En fin: vivimos la víspera de un país distinto con la inclusión de cuatro palabras al texto constitucional; Derecho a la Información








