Campeche, en manos de Sansores
Ranchos, gasolinerías, balnearios, hoteles, aserraderos, terrenos, barcos pesqueros, periódicos
Francisco Ortiz Pinchetti
Hace 200 años, los habitantes de la entonces villa de San Francisco de Campeche construyeron una gran muralla para preservar a su ciudad de los ataques de bucaneros tan temibles como Francis Drake, Pata de Palo y Diego el Mulato
¿Vencieron finalmente los piratas?
Hoy, Campeche es una entidad amurallada por el silencio Tras el cerco se encuentra un pueblo pobre y explotado, ignorante, desinformado, sin opciones políticas ni canales de expresión: un pueblo apergollado
Hace poco, sin embargo, la entrevista del exgobernador José Ortiz Avila con el reportero Elías Chávez (Proceso 44 y 45) abrió un boquete en la muralla
Ortiz Avila acusó a Carlos Sansores Pérez, exgobernador también, hoy presidente nacional del PRI, de traidor, abyecto y autor intelectual de un homicidio, cargo que fue ratificado luego por un hijo de la víctima (Proceso 48); enumeró algunas de las cuantiosas propiedades del que fue su compadre y sucesor y lo describió como enriquecido cacique de la entidad, agregando que al gobernador actual, Rafael Rodríguez Barrera, “le han faltado pantalones” para sacudírselo
Estas declaraciones causaron un impacto inusitado en Campeche: durante días no se habló de otra cosa (y se sigue hablando) A tal grado entusiasmaron que la fiesta del Cristo Negro de San Román, patrono predilecto de los campechanos, se vio opacada por la atención general que mereció el público desenmascaramiento del Negro Sansores
“Ortiz Avila le dijo hasta el día en que nació” comenta en el malecón Carlos Chuc Mena mientras lanza su anzuelo en busca de un pargo
“POCOS EXGOBERNADORES LO PUEDEN HACER”
En ese ambiente, Carlos Sansores Pérez llega a Campeche el viernes 30 de septiembre pasado, para asistir como invitado a las celebraciones del bicentenario de la titulación de la ciudad Parte de ese día lo pasa en San Lorenzo, su rancho, a donde viaja en una kilométrica camioneta Ford escoltada por otros dos autos con guardaespaldas Por la noche asiste a la velada de coronación de la reina del bicentenario Lolina I, en el Cine de la Cruz Ahí, discretamente ocupa una butaca tres filas atrás del gobernador Rodríguez Barrera aunque dos de sus fornidos guardianes, sentados tras él, hacen evidente su presencia Los organizadores tienen el cuidado de que Sansores sea el último de los invitados en ser mencionado; pero el maestro de ceremonias da al traste con la intención, al pronunciar con especial énfasis —como si anunciara a la estrella del espectáculo— el nombre del presidente del PRI
Al término de la velada —grata, con música, poesía, danza y lágrimas— Sansores Pérez es abordado por Proceso en el repleto vestíbulo del cine:
“Sólo los imbéciles se ocupan de una gente como Ortiz Avila”, dice con voz tronante, entrecortada “Aquí nadie lo quiere”, agrega
—¿Son falsas las acusaciones que le hace? —se le inquiere
—Sólo los estúpidos pueden creer —repone— Ya quisiera un exgobernador pararse como yo me paro aquí y recibir el cariño de la gente Usted puede verme en cualquier parte y no hay uno que proteste en mi contra Pocos exgobernadores lo pueden hacer Se lo digo para que lo repita: pocos gobernadores lo pueden hacer
Y visiblemente molesto, concluye:
“Si Ortiz Avila se parara aquí junto a mí, él recibiría pedradas y yo aplausos”
Al día siguiente, sábado primero de octubre, Sansores Pérez asiste también a la sesión extraordinaria del cabildo con motivo del bicentenario, en la Cámara de Diputados Llega y sale acompañado del gobernador Rodríguez Barrera, con quien platica muy amigablemente En la explanada lo abordan algunos reporteros locales y el de Proceso
Mientras camina, el jerarca del PRI habla del significado de la celebración a la que asiste Se le pregunta luego sobre el presunto cacicazgo que ejerce:
“Es natural que cuando algún campechano tiene el privilegio de llegar a ocupar un alto cargo en la política de nuestro país —dice— surjan diversos rumores malévolos Igual pasó en la época del doctor Héctor Pérez Martínez, que llegó a la Secretaría de Gobernación Pero en Campeche todos los exgobernadores, sin excepción alguna, cuando terminan su mandato no vuelven jamás a intervenir en la política del estado y se convierten en colaboradores leales de quien representa a las instituciones, que es el gobernador
“En Campeche —agrega— en cada informe de gobierno, en todos los actos, ustedes ven juntos a los exgobernadores: los de épocas pasadas, como don Romero Esquivel y otros, ayer estaban en la velada, el maestro Trueba Urbina siempre viene Y López Hernández, Lavalle Urbina Hay confraternidad de exgobernadores al servicio del pueblo”
Ya en el vestíbulo del Palacio de Gobierno, al que ha llegado el grupo de periodistas, guaruras y algunos funcionarios, Sansores puntualiza en tono afable:
“Quiero que se diga esto con toda honradez: en Campeche el que manda es el pueblo y si el pueblo manda no puede haber cacicazgo Díganlo así con mucho énfasis: pocos estados gozan de la unidad que hay en Campeche Y yo desafío a los que
hacen circular esos rumores, que me digan en qué estados hay más tranquilidad y más unidad del pueblo que en Campeche”
UN PROCESO PARA PROCESO
Se le pregunta luego sobre su posible renuncia al PRI Dice que ésa es una campaña también de rumores falsos, “de la que forma parte la campaña de que aquí hay un maximato” Añade que los únicos a quienes incumbe su relevo del cargo es a los miembros del PRI que se reunirán en asamblea en diciembre próximo
Habla luego de las intenciones de la llamada “democracia transparente”, que es sólo, dice, un instante de un proceso
Y Proceso interviene para preguntar:
—Usted acaba de hablar de la confraternidad entre los exgobernadores
—¿Usted es de Proceso? —pregunta, interrumpiendo
—Sí
—Se le debe de abrir un proceso, si sigue hablando así de esas cosas
—¿Por qué? —se le indaga
—Porque está usted fuera de órbita aquí
El ambiente es tenso A un costado de Sansores, ligeramente atrás, su principal guardaespaldas —un tipo de pelo chino, atlético, sus brazos como postes de semáforo— observa sin pestañear Los reporteros locales toman apresuradas notas Y el diálogo continúa:
—Yo sólo estoy preguntando —dice el reportero
—Si la pregunta es correcta —advierte Sansores— se la voy a contestar; si es majadera no se la voy a contestar
—Acaba de hablar de cordialidad entre los exgobernadores Quisiera saber cuál es su opinión sobre el exgobernador Ortiz Avila
—Insiste usted en esa puerqueza que ustedes mismos han fraguado —dice, al tiempo que señala con el índice
“El director de Proceso, Julio Scherer, en Desayuno, cuando era reportero de Excélsior, puso a Ortiz Avila pinto Hizo declarar en ese sentido, pidió su opinión a Trueba Urbina, exgobernador del estado Trueba Urbina confesó que había puesto en el poder al más lacayo de sus lacayos, de acuerdo con Julio Scherer Pero como Julio Scherer tiene mala memoria, ahora reproduce otra cosa que fue lo que Trueba dijo de Ortiz Avila
“Ustedes insisten en ese tema mañosamente —agrega Sansores, ahora francamente irritado— Yo me niego a opinar acerca de cualquier exgobernador Nada más le recuerdo que Julio Scherer, que ahora ensalza a Ortiz Avila, cuando era reportero del Excélsior destruyó la personalidad política de Ortiz Avila Voy a mandarle a reproducir, y se lo mando a su casa, el Desayuno de Scherer Entonces es un periodista amargado, de mala memoria, y un exgobernador de mala memoria Eso es todo lo que le tengo que decir Ya quite el tema Hay muchas cosas interesantes en Campeche”
—No es el señor Scherer el que lo dice —se le replica—, es el exgobernador Ortiz Avila
—Sí es el señor Scherer Cuando fue corresponsal de Excélsior, reportero, y ahora es director de Proceso Un Scherer que ya cambió Si tienen ustedes los recortes, búsquenlos y verán lo que les estoy diciendo
El presidente del PRI hace el ademán de irse; pero regresa:
“No me pregunte a mí: pregúntele a la gente Vea el ambiente de cordialidad que hay aquí en Campeche No lo puede usted transformar por más que haga, por más que trate de retorcer las cosas No puede Si yo fuera lo que ustedes están tratando de demostrar no podría pararme en mi estado Y le vuelvo a repetir: Pocos exgobernadores hay en el país que pueden pararse ante su pueblo Y yo lo invito, escoja usted, y Ortiz Avila y Scherer, el lugar de Campeche donde quiera que nos paremos ante el pueblo y que el pueblo nos juzgue Claro, traigan ustedes sacos blindados, porque las piedras duelen”
Y, ahora sí, se va, seguido de su séquito de seguridad
EL DUEÑO DE CAMPECHE
Pregúntele a la gente Observe el ambiente En realidad, el consejo es tardío: Proceso lo ha hecho ya
“¿Que quién es el Negro Sansores? ¡Es el dueño de Campeche!”, dice Julio Ortiz Raúl, parlanchín parroquiano de la lonchería Puga, donde se prepara el mejor pan de cazón de todo Campeche
El y otros campechanos —a pesar de un temor que se siente, se respira— aportan datos que parecen confirmar tal postulado Carlos Sansores Pérez tiene de hecho injerencia en todas las actividades productivas del estado: pesca, turismo, madera, miel El y sus parientes e incondicionales —sus hermanos Manuel y Ramiro, su primo Pepe Sansores, su cuñado Gustavo Sanromán, su sobrino Wiliam Ruiz, su yerno el arquitecto Bolio; Alvaro Arceo Corcuera, Xavier Urtado Oliver, Manuel Borges, Amílcar Olivera, Carlos Arcila y Eduardo Castillo Reyes, son algunos de ellos— poseen empresas como Mar de Campeche, SA, Servicios Especiales, SA y Diesel Centrifugado, SA Es dueño del hotel Siho Playa, en la carretera de Champotón y allegados suyos aparecen como propietarios de los hoteles Baluartes, Señorial, Campeche y Castelmar; acerraderos en Escárcega y Champotón; gasolinerías en Campeche y Escárcega; terrenos urbanos en la capital del estado y en Champotón; ranchos, barcos pesqueros
El único diario que se edita en Campeche, Tribuna, es el periódico de Sansores
Su casa, en la esquina de las calles 49 y 18 —a espaldas de una de sus gasolinerías, la de avenida Gobernadores— es algo digno de verse: media manzana ocupa la residencia, una mole de altos muros pintados de blanco, ventanas enrejadas, portones metálicos: una fortaleza que ocupa un terreno de no menos de 3,500 metros cuadrados En los días en que el señor está en Campeche la casa es un hormiguero: ayudantes entran y salen, llegan en autos, bloquean la entrada Por la puerta entreabierta, en un desnivel, puede verse el “recibidor”: sobre un escritorio, un rifle de alto poder
Pero Sansores tiene predilección por su rancho, el San Lorenzo, al que es imposible entrar Se sabe, sin embargo, que en ese lugar (más adelante, el relato de cómo lo adquirió) construye un hotel de veinte cuartos, casas, y búngalos y un muelle para su yate, según platica el viejo Leovigildo Alamilla Castillo, celoso guardián del portón de acceso, que al negar la entrada explica que “es propiedad privada del licenciado Sansores; pero ustedes pueden ir al hotel Siho Playa; que también es de él Ahí pueden hospedarse”
Para el control político, Sansores tiene a su gente colocada en puestos clave Por ejemplo, la senadora Rosa María Martínez Denegri, en el sindicato de la Educación; Enrique Castilla Magaña, en la delegación agraria; Abelardo Carrillo, en la federación sindical (CTM); Fernando Castillo en la oficina fiscal regional La universidad está controlada por los “porros” de Sansores y gran parte de los presidentes municipales, incluido el de la capital, Carlos Pérez Cámara, son fieles sansoristas
¿Cacique?
“El que manda en este estado es el pueblo campechano”, dice a Proceso, tajante, el gobernador Rodríguez Barrera
ASÍ MANDA EL PUEBLO
El estado de Campeche tiene casi 350,000 habitantes Dos ciudades, Campeche y Carmen, concentraron el 40 por ciento de esa población; el resto está disperso en 641 localidades, 453 de las cuales son de menos de cien habitantes
En 1970, un 30 por ciento de la población económicamente activa tenía ingresos familiares inferiores a 500 pesos mensuales El actual salario mínimo para la entidad es uno de los más bajos del país: en su zona centro, 6490 pesos para la ciudad y 5410 para el campo
En el sector rural, la constante es el atraso Con recursos potencialmente ricos, pero métodos de cultivo arcaicos y falta de infraestructura, la agricultura campechana observa índices de crecimiento y productividad muy inferiores a la media nacional Apenas el uno por ciento de las tierras cultivadas está bajo riego
Uno de cada cinco campechanos no sabe leer y escribir
La desinformación incluye a los órganos de gobierno Su oficina de “estadística” no dispone de más datos que los correspondientes al censo de 1970 El “archivo estatal da grima: en el sótano del Palacio de Gobierno, a la vez estacionamiento, se amontonan en estantes polvosos, o de plano en rincones, sobre el suelo, los legajos y cajas de documentos oficiales, en absoluto desorden Es prácticamente imposible localizar lo que se busca
No existen partidos de oposición, ni siquiera en membrete Tampoco hay organización popular independiente alguna El control de campesinos y obreros, a través de las centrales priístas, es absoluto La disidencia no puede expresarse y la “actividad política” se reduce a las tertulias en los cafés Portales y Campeche
Datos que ilustran la situación de los pobladores del interior del estado son proporcionados por el secretario del ayuntamiento de Champotón, Roberto Campos Mendoza, sansorista por cierto En ese municipio hay 45 poblaciones; 17 carecen de electrificación, 10 no tienen agua potable y 11 más la tienen insuficiente; 7 requieren centros de salud y 19 escuela o más aulas
Campos Mendoza dice que el presupuesto municipal, un millón y medio de pesos al año, no alcanza “ni para pagar los sueldos” y que “pasan quincenas y quincenas sin que cobremos” El endeudamiento es ya crónico
EL “ESTILO SANSORES”
En Champotón, por cierto, hay un buen ejemplo del tipo de negocios que fueron comunes durante la gubernatura de Sansores Este es el caso: en 1970, la cooperativa de producción pesquera “Puerto de Champotón” se enfrentó a una crisis económica Un adeudo de 90,000 pesos en el Banco de Comercio de Campeche, vencido, puso a la cooperativa al borde del embargo Solicitada una prórroga para pagar, el banco puso como condición que el gobierno del Estado diera su aval Según consta en un apéndice de la escritura pública número 4 (70), volumen I, notaría 17, de fecha 3 de febrero de 1970, el presidente del consejo de administración de la cooperativa, Ignacio Rivero Rivera, se entrevistó con el gobernador Sansores Pérez para solicitarle el aval El mandatario le dijo que el gobierno aceptaba que se le diera en garantía un terreno que la cooperativa tenía en Champotón
La cooperativa realizó una asamblea y decidió la venta de ese terreno a la empresa Mar de Campeche, SA, una de las de Sansores y socios, que pagó 9,000 pesos por un predio de 2,600 metros cuadrados y ubicados a orillas del río Champotón Los pormenores de la operación, en la que Xavier Urtado Oliver aparece como representante de la empresa compradora, constan en la escritura notarial mencionada
DE LA AMENAZA A LA REPRESIÓN
A pesar del miedo de hablar —la presencia de Proceso provocó una desbandada de políticos y exfuncionarios que rehusaron hablar para bien o para mal— se conocieron otros casos que pintan el singular “estilo Sansores” Uno de ellos es el del balneario Playa Bonita, cuyo propietario fue presionado por todos los medios para que lo vendiera al gobernador
Playa Bonita está a 10 kilómetros de la ciudad de Campeche, en un punto que turísticamente resulta excelente Ahí, el señor Enrique Valladares posee un balneario bien acondicionado, con vestidores, sombras en la playa y un salón de baile En 1972, el valor de esa propiedad se estimaba en 500,000 pesos
Por medio de su secretario particular, Alvaro Arceo Corcuera, Sansores Pérez se empeñó en adquirir el balneario Le ofreció 30,000 pesos por él al señor Valladares, que obviamente rehusó “Playa Bonita no está en venta”, dijo Entonces se intentaron otros métodos de persuasión Primero, la amenaza; después, los tripulantes de la patrulla número 7 de la policía intentaron quemar el balneario
Siguió la advertencia de que, pretextando adeudos fiscales —el propietario demostró estar al corriente de sus pagos— Playa Bonita y otros negocios de los Valladares serían clausurados El propietario obtuvo un amparo, pero no pudo evitar que se le mantuviese secuestrado 48 horas, ni que el auto de su hijo fuera balaceado
También se organizaron pleitos juveniles, a media mañana, para con ese pretexto suspender los bailes en el balneario y, finalmente, cuando venció el amparo, clausurarlo
El problema duró año y medio, sin que Valladares —que inclusive tuvo que salir del estado durante seis meses, con toda su familia— cediera a las presiones La solución sobrevino repentinamente luego de que el presidente Echeverría fue enterado del caso: el balneario fue reabierto, aunque la hostilidad hacia su propietario no cesó
“ME OBLIGARON A VENDER; QUEDÉ EN LA CALLE”
Pero el caso más notable de los conocidos por Proceso es el del rancho San Lorenzo Lo relata su expropietario, Manuel Reyes
San Lorenzo —a 15 kilómetros de Campeche— es un predio de más de 1,000 hectáreas que tiene cinco kilómetros de las mejores playas de la región: le gustó al gobernador Sansores Pérez, en 1969
Esta vez el intermediario fue su sobrino, José María Sansores Abraham; pero el señor Reyes, un anciano de 70 años, tampoco tenía intenciones de vender el rancho, donde tenía su casa y donde planeaba, asociado con varios inversionistas, construir un centro turístico
Reyes cuenta que tras la insistencia vinieron las amenazas: me dijeron que si no lo vendía, me lo iban a quitar los de la agraria y me iba a quedar sin nada”
El viejo resistió; seis meses duró la presión de Sansores, con el que un día se entrevistó
—¿Qué le dijo?
—Me dijo que yo vendiera la finca Que me convenía
Endeudado, enfermo y acosado, Reyes se dio por vencido San Lorenzo valía más de 5 millones de pesos —”ahí invertí todo lo que gané en 40 años—; en un último intento, Reyes le pidió a Sansores dos millones por él “Me dio 300,000 pesos Que si quería yo, y que si no no iba a alcanzar nada”
Y agrega: “vendí, pero me quedé en la calle, porque tuve que pagar la deuda que tenía en el banco A los 70 años de edad, yo y mi señora quedamos en la calle: sin casa, sin nada”
Repite que se vio acosado, obligado a vender, aunque después, cuando sanó, “reflexioné: pues sí, debí haberme largado, huido de él, no venderlo; quizá hubieran hecho algo, pero no adueñarse de la finca en una forma tan ruin Perdí el control, no pensé en otro recurso; porque en realidad en esa época tampoco lo había; cualquiera que hablaba tenía un problema, lo amenazaban constantemente Un abogado que veía usted, no le servía Todos le temían al hombre éste Aquí él tiene un montón de propiedades Así, en esa forma compraba”
Y luego de confiar que “para mí la vida es un problema ya” relata que todavía hace un año acudió a Sansores para pedirle su aval para adquirir una casa “`No se puede’, me dijo”
En Campeche, el Campeche de Sansores, hay más, mucho más; pero la muralla de silencio que lo encierra apenas tiene una abertura








