Y Frenaaa fue al Zócalo a despedir al “empleado” López Obrador

Plantón, manifestación, recursos judiciales, ruptura del discurso oficial y la determinación de no irse del Zócalo capitalino hasta lograr su objetivo son las armas del líder de la organización Frenaaa, Gilberto Lozano, para que se vaya el presidente Andrés Manuel López Obrador. En entrevista con este semanario argumenta que los intelectuales opositores se quedaron ya muy atrás, “en los noventa”, porque siguen defendiendo la vía electoral en vez de combatir a la actual “dictadura”.

El 30 de agosto hubo ensayo general. El propósito era conocer el lugar, saber por dónde llegar, identificar los puntos críticos, los puestos de seguridad, establecer el perímetro que serviría más tarde a la logística… Era una evaluación que empataba con la exigencia de renuncia al presidente Andrés Manuel López Obrador, pero sobre todo una previsión porque, eventualmente, llegarían a tomar el Zócalo capitalino.

El “consejo rector” del Frente Nacional Antiamlo (Frenaaa), un grupo de WhatsApp en el que según su vocero, Gilberto Lozano, se deciden las acciones a tomar, consideró las dos necesidades pero también una más: medir la capacidad de apoyo económico de los simpatizantes para saber si sería posible aspirar a una estancia más larga.

Consultado por Proceso, Lozano rechaza siempre que sea financiado por grandes magnates o fundaciones extranjeras. En particular, niega apoyo de José Antonio Fernández Carvajal, el presidente de Grupo Femsa, identificado por el propio presidente Andrés Manuel López Obrador como uno de los implicados en el llamado Bloque Opositor Amplio, el 10 de junio, cuando ya el Frenaaa había realizado su segunda caravana vehicular.

“Son puros empresarios medianos, pequeños… ninguno de los grandes. Gente que está en contra de esta dictadura”, dice Lozano.

A mediados de agosto Frenaaa había realizado cinco caravanas vehiculares en las principales ciudades del país, cada 15 días, exponiéndose a la burla en redes sociales por protestar en vehículos de lujo, por las cartulinas con clasismo y por los errores que se volvían virales en sus expresiones. En agosto avanzó con su iniciativa #TomalaPlaza y, culminación de eso, llegaba al 30 de agosto con asistentes de distintas partes del país que, en su estimado, reunió a 80 mil personas.

En el “consejo rector” hubo entusiasmo. Karina Rodríguez, coordinadora de Nuevo León; Nina Marín, de Torreón, y otros participantes propusieron precipitar la toma del Zócalo. La discusión se centraba en la fecha, pues una propuesta era realizar la movilización el 15 de septiembre y otra, esperar al 19, fecha conmemorativa de los sismos que sería aprovechada para señalar los asuntos pendientes.

Un empresario de la seguridad puso un cuerpo para proteger a los voceros del movimiento; un mayor del Ejército en retiro se ofreció a coordinar; empresarios de Nuevo León donaron efectivo para pasajes; otros capitalinos pusieron los alimentos y trabajaron rápidamente en la logística.

Consideraron los 195 por 240 metros de la Plaza de la Constitución, realizaron una cuadrícula para instalar “con medidas de sana distancia” 3 mil 600 tiendas para un total de 4 mil personas, contando individuos y matrimonios. La presencia sería escalonada, cinco días por cada contingente de cada tres estados, de manera que nadie debiera permanecer más tiempo ni regresar hasta dentro de dos meses.

Habitaciones de hotel rentadas en el Centro Histórico para recibir lo mismo pernoctas que para el aseo personal de los acampantes, según Lozano, porque nadie se tiene que quedar, no es obligatorio.

Con ese cálculo, el “consejo rector”, consideró que podían permanecer ahí tres meses para llegar al 30 de noviembre, fecha que habían elegido para que el presidente López Obrador renunciara, presionando diario con un equipo de sonido las mañaneras y generando una dinámica de motivación a los acampantes.

Seis empresarios de Sonora financiaron el equipo de sonido, que asciende a 10 millones de pesos. No es cualquier megáfono, sino grandes altavoces similares a los utilizados en conciertos, que reproducirían mensajes de Frenaaa a la hora de la conferencia matutina de López Obrador: una especie de “contramañanera”.

“Dijimos: hay que hacer lo que hizo Bolivia –reitera Lozano–. Plantarnos, decididos, pacíficos, hasta que López se vaya.”

Con todo listo, el sábado 19 Frenaaa intentó concretar su plan, pero nada resultó. En la avenida Juárez un cerco policiaco les impidió avanzar.

El campamento

Las tiendas de campaña se instalaron en la avenida Juárez, dejando estampas para el amplio anecdotario en torno a Frenaaa.

Las tiendas, multicolores y de dimensiones similares, invocan en lonas el ayate de la virgen de Guadalupe; son estandartes que reivindican al sector ultracatólico de los colectivos sumados a Frenaaa que cada jornada desplegarán en oración su fe y esperanza frente al comunismo que le imputan al gobierno.

Persistente en carteles y dos discursos diarios (“para no saturar”), el reclamo al comunismo se resiste a decir “presidente” o a llamar por su nombre completo a Andrés Manuel López Obrador.

“López”, renuncia, fuera, vete ya… Evitar el nombre, evitar la reiteración de la narrativa oficial es acto deliberado: “Debemos romper el discurso”, dice Lozano.

El cerco policiaco impidió el avance, según la jefa de gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, porque había una protesta feminista que podía terminar en confrontación con Frenaaa.

López Obrador mencionó, el lunes 21, que era un asunto del gobierno capitalino, que quiso evitar un enfrentamiento, pero de repente, sin abundar en el asunto, mencionó también que fue para resguardar la Catedral Metropolitana.

La alocución presidencial fue irónica. Recomendaba cómo realizar la protesta a sus líderes, quedarse a dormir en el campamento, una consideración que también tendría Sheinbaum en los días siguientes.

“Romper el discurso” es esencial en la estrategia de Frenaaa e intenta aplicarlo en cada oportunidad. Ya para el domingo 20 los reducidos contingentes eran objeto de atención, tanto para medios como para las redes sociales. Las tiendas vacías eran mencionadas con insistencia.

Pero Lozano aclaró en diferentes oportunidades: “Nadie se queda 24 horas en una tienda, es gente estúpida la que piensa eso. Tienes que ir a mear”… “La policía de la ciudad nos robó 50 tiendas, a lo mejor son esas las que están mostrando”… “Sí acepto que al principio pedimos que se colocaran las tiendas, pues en lo que llegaban los contingentes debíamos ocupar los espacios porque temíamos terminar encapsulados, como después sucedió”… “Nadie está obligado a quedarse, hemos sido muy claros desde el principio”… “Ahora resulta que los patos le tiran a las escopetas: él es nuestro empleado y nosotros lo estamos despidiendo, no nos va a decir cómo lo despedimos”.

Mientras, López Obrador garantizaba la libertad de manifestación, aunque decía: “Yo creo que muy bien pueden protestar ahí”, es decir en avenida Juárez.

Lozano acusa: “Paré a los contingentes que venían de otras ciudades. Nos querían asfixiar. Estábamos rodeados por la policía, no había baños, todos en el Hemiciclo a Juárez. Nos querían dejar sin agua, sanitarios ni alimentos. Nos tenían en un gueto”.

Judicializar la protesta

Desde el campamento en avenida Juárez y ya en el Zócalo desde el miércoles 23, pequeños contingentes acuden a gritar consignas en torno a las vallas y la formación policial: “No quieren pagar impuestos”, “ya se les acabó la corrupción”, “minoría rapaz”, y de manera personalizada, los insultos tienen nombre y apellido: Gilberto Lozano.

El jueves 24 el presidente López Obrador llamó a sus simpatizantes a no acudir a confrontarse al campamento de Frenaaa, aunque esa misma noche, en un recorrido realizado por Proceso, se observó que el mismo contingente de días previos permanecía gritando consignas.

Lozano dice que la única vez que sintió miedo fue en su avance al Zócalo el miércoles 23, porque el gobierno los confinó “a un canal”.

El dispositivo de seguridad de Frenaaa estaba compuesto de tres anillos: el primero, coordinado por un mayor del Ejército en retiro, que no quiso ser identificado, en torno a Lozano, Karina Rodríguez y otros miembros del “consejo rector”. El segundo anillo se extendía un poco más allá, con guardias de seguridad privada, y un tercero, formado por voluntarios del propio Frenaaa, trataba de cuidar a la totalidad de la manifestación.

El Juzgado Octavo concedió una suspensión que posibilitó la libertad de tránsito y, aunque fijó nueva audiencia para octubre, por lo pronto Frenaaa pudo avanzar ese miércoles 23. Sheinbaum acató la disposición y tanto ella como el presidente López Obrador ofrecieron cuidar a los manifestantes, garantizar su salud y seguridad.

Sólo una reconvención hizo Sheinbaum, muy en la línea presidencial: que se queden a dormir en las tiendas, porque la noche previa, dijo, se andaban volando con el viento.

Pero en Frenaaa acusan desacato. El perímetro de seguridad con vallas y contingentes policiacos, según ellos, desoye la suspensión judicial y todavía el viernes 25 intentaban conseguir que un actuario acreditara “inejecución de sentencia”.

En torno al Zócalo, la orden de los policías, confirmada al reportero ahí mismo, es que nadie puede pasar excepto a comercios y oficinas de la zona. El argumento oficial es evitar una confrontación y garantizar la seguridad de la protesta. La jefa de gobierno instruyó que se dispusieran ahí dos ambulancias, se habilitó un centro de atención médica y la disposición de policías es preventiva.

Lozano dice que no: que el plan es que no pueda pasar su equipo de sonido, que no puedan llegar los contingentes de relevo cada cinco días, que “todo está calculado para aplastarnos”.

En tanto, desde Palacio Nacional, el consejo se mantuvo a través de la semana: que duerman ahí, decía el presidente a los líderes de Frenaaa, pero también a los “machuchones” que están detrás, mencionando explícitamente a Gustavo de Hoyos, el líder de la Coparmex; aludió a miembros del “consejo rector” como Rafael Loret de Mola y Pedro Ferriz de Con, diciendo que se iba a asomar para ver si ya habían llegado, lo que motivó una respuesta en video del segundo comunicador ironizando al respecto.

Inclusive López Obrador consideró que el movimiento de Frenaaa y el de Chihuahua están relacionados y “nada más es de que se junten” para promover la revocación de mandato, urgiéndolos a realizarla el próximo año y no hasta 2022, con mención especial para “los intelectuales orgánicos” que, con todo y “los machuchones” deberían acampar y no abandonar a su gente.

Lúdico, el mandatario continuó refiriéndose a Héctor Aguilar Camín, director de la revista Nexos y (con error de por medio) Creel, para luego aclarar que es Krauze. Les recomendó: “Pongan su casita de campaña aquí (en el Zócalo) digo… si son miembros del movimiento, si no, pues no tienen por qué estar aquí”.

Lozano admite: el único con el que he tenido comunicación es con Héctor Aguilar Camín. “Pero los intelectuales ya quedaron rebasados, siguen defendiendo el sistema electoral, todos ellos, como Woldenberg, pero no se han dado cuenta de que esto ya es una dictadura, que lo que piden quedó en los noventa y que hoy lo que tenemos que lograr es parar a López, hacer que renuncie y no movernos de aquí hasta conseguirlo”.