Calaveritas anónimas

Día de Muertos en el Zócalo capitalino.
Foto: Octavio Gómez

MÉXICO, D.F. (apro).- Hasta esta redacción llegaron varias muestras poéticas de “calaveritas”. Esas dos, anónimas, fueron seleccionadas:

 

LA LÉIDA CALAVERITA

Pocas veces la Calaca

Se llevaba sorpresa tal

Ignoraba que cargaba

A ese hombre, el más inmortal.

 

“Paradoja literaria”,

pensó cuando se enteró

“¿Que el muerto no está muerto?

¿Entons qué me voy a llevar?”

 

Y fue entonces cuando Gabo

Sonriente se quiso parar

Con calma estrujó huesitos

Y casi se pone a bailar.

 

A la pobre Madam Muerte

La imagen la congeló

No porque sienta frío

Sino porque nunca imaginó.

 

Tenía frente a ella a Gabito

Su preferido escritor,

Real, mágico y cachondo,

El que le calaba hondo.

 

“¿Cien años de soledad comunes?”

Se preguntó entusiasmada

Y sin quitar la mirada

Del guapachoso escritor.

 

Después le tomó la mano

Pero Gabo se la soltó:

“¿Pos con qué quieres que escriba?”

Reclamó con su negro humor.

 

Y la pobre Calaquita

Luego luego se resignó

“Es porque me ve flaquita

pues yo sé que es querendón”.

 

Y así, muy resignada,

Se sentó juntito a él.

Ella no deseaba nada,

Pero el deseo volvió a crecer.

 

Le pidió su firma al Nobel

Y éste aceptó el papel:

“A la Catrina querida

una flor dibujaré”.

 

Volvió a caer seducida

Y lo trató de besar,

Pero el Gabo se hizo el loco

Y no la dejó avanzar.

 

Fue entonces que la Catrina

Ofendida como mujer

Cambió su eterna rutina

Y lo lanzó al mundo cruel.

 

Hubo fiesta en todo el mundo

Por esa resurrección.

Lo triste es que es puro cuento

Realismo mágico, ficción.

NO SE OLVIDA

En este 2 de noviembre

La Calaca se enchiló:

“¿Por qué matan jovencitos

si no les toca panteón?”

 

Se enojó con el gobierno

De este loco copetón,

Al que nada lo conmueve,

Ni siquiera la Nación.

 

México era pa todos

Un lugar lindo y querido,

hoy es “CHANGARRO A LA VENTA”,

México lindo y qué-herido…

 

Y ya entrada la Catrina

Se zampó mil tragos desos,

tumbada en una cantina,

Que escurrieron por sus huesos.

 

Recordó los buenos tiempos

Cuando ella era deseada

Porque la gente moría,

No porque la mataban.

 

Y llegaron los cantores

Pero callados bebieron,

Ya no era “Canta y no llores”;

“Llora y no cantes”, gimieron.

 

Cada pulque le arrebata

Pues le da la temblorina,

Tanto muerto le da miedo

Hasta a la mera Catrina.