“La más fiel compañera”

MÉXICO, D.F. (apro).- Se equivocan, si, los antropólogos y otros estudiosos de las ciencias llamadas sociales que afirman que el origen está en el miedo; aciertan por lo contrario lo que aseguran que en el origen está servidora, su más fiel compañera al hacerme presente de una manera inevitable en la vida de todo humano, de ese ser que es el único animal que ríe… y también el único ente que sabe que tarde o temprano, pero forzosamente, termina por tropezar con servidora; conocimiento de la mayor importancia, hasta puede decirse fundamental para él, pues ese saber de que siempre le alcanzaré, de que no podrá escaparse de mi dominio lo sume, lo hace presa de un a congoja, de una angustia existencial que ha dado pie a toda una filosofía, de la que fue precursor el filósofo y teólogo danés Sören Kierkegaard.

Y ese angustioso temor, conflictivo de por sí, provocado por servidora ha llevado y lleva a la humana criatura a rendirme pleitesía, a rendirme culto, todos los pueblos y desde los más antiguos tiempos, así como a todos los de su especie, que ya que han sido objeto de mi insatisfecha hambre de humanos.

Repito: esos cultos y ritos vienen de muy lejos, de miles de años antes de que los hombres crearan aldeas, como lo han demostrado y lo demuestran la arqueología. Se puede decir que esos cultos y rituales ha constituido, y constituyen aún, parte de la totalidad de todos los sistemas religiosos que en el mundo ha habido y hay, ya que son como una respuesta a fundamentales interrogantes del hombre ante su ser y devenir… a que le pasará cuando termine su vida.

¡Ay! Perdón, respetables lectores de la presente, pero en mi afán de explicarme y darme a entender, cometí la descortesía de no decir quién les escribe… aunque supongo que su perspicacia ya ha descubierto quien lo hace… su más fiel compañera la que siempre está con ustedes en su último suspiro aunque lo den en solitario… si, la Muerte.

Esa tan innata necesidad humana de trascender, esa cualidad de los hombres de sobrepasar sus propios límites, les ha llevado a establecer variados cultos y rituales bien para invocar, propiciar mi buena voluntad o bien para rechazar al menos disminuir o calmar mi implacable ejercicio de segadora de vidas.

Curioso, ese miedo a la nada que les abre mi existir, parece, afirman estudiosos del tema, que se convierte en la humana criatura en una imperiosa y contradictoria necesidad de imaginar, de crear, de construir sea templos, inmensas pirámides, mausoleos suntuosos pinturas, esculturas, narraciones o jocosas claveras, como ocurre con las últimas en el caso de México, por lo que esos estudiosos han aventurado la siguiente teoría: que también el arte en general, en muchos de sus aspectos es así mismo un hijo legítimo del miedo que provoca la inevitable presencia en sus vidas de servidora, con lo que el arte hace que la fugacidad de la vida se estrelle en la eternidad de la obra, o al menos en la pretensión de infinito de la misma, por lo que dicen esos autores que la burla a servidora… y al tiempo… por parte del hombre, en la creatividad de las personas.

Pero ha habido otros que me han sido fieles hasta su extinción, fieles por ser lo que soy: el fin de la vida, que no me tienen miedo pues piensan que soy la puerta a una existencia mejor, como por ejemplo, ocurrió con los mártires cristianos, que deban testimonio de su fe en la muerte, a veces con alegría… otros de mis adoradores, de esos que no les importaba morir, fueron bien diferentes, me refiero a los que añadieron una palara al vocabulario: los asesinos, esos hombres que embriagados de hachich, asesinaban a todos los que les mandaba su maestro, aunque en ello les fuera la vida.

Eso ocurrió en tiempos de las cruzadas. Otros de ese morir voluntario fueron los guerreros aztecas, cuyo ideal era el morir guerreando, pues creían que así irían a un mejor lugar: el de acompañar al Sol y se convertirían en pájaros de hermoso plumaje… otros más y más modernos son los adoradores de la santa Muerte, que de acuerdo con este tiempo de mercadeos han convertido nuestra relación en un toma y daca de favores entre ellos y servidora… y pro último están los musulmanes fanáticos que quieren convertir a su religión a todo el mundo por medio de la espada y del terrorismo, aunque en ello mueran también, creídos de que eso les asegura la entrada en el paraíso prometido por Mahoma.

Como pueden juzgar por lo expuesto en la presente, verán que su más fiel compañera es la generadora de muchos de sus sentires, pensares y de sus maneras de actuar en la vida.

Con cordiales saludos, hasta que los visite por última vez.