Una pareja de músicos ingleses llega a Nueva York con la ilusión de realizar el sueño de hacer música en la ciudad que nunca duerme; la fantasía se acaba cuando Dave Kohl (el roquero Adam Levine del Maroon 5), convertido en estrella, abandona a Gretta (Keira Nightely) por su jefa de prensa.
La noche antes de regresar a Londres, Gretta canta en un bar donde la oye un decadente productor de música a punto del suicidio (Mark Ruffalo). El par de decepcionados emprende la aventura de grabar un disco contra toda probabilidad de éxito. A falta de poder pagar un estudio de grabación, Manhattan, la ciudad completa, será la locación.
La anécdota de Empezar otra vez (Begin Again; Estados Unidos, 2013) es sólida, y el realizador irlandés John Carney libra los lugares comunes del amor redimido por la música. El esquema es el de la comedia romántica de Hollywood; pero la vocación de Carney es el cine independiente, por eso invita a sus actores a improvisar. La química entre los protagonistas fluye bien y se mezcla con la música y las canciones. Su cinta anterior, Once (2006), cuya historia ocurre en su natal Irlanda, recibió un premio en Sundance, la capital del indie.
En esta aventura en la ciudad de Woody Allen, el tono naturalista aumenta en proporción inversa al sueño americano, que termina por extinguirse; basta la magia neoyorquina con sus ruidos y sus vistas, la aventura de los callejones, azoteas de edificios o plataformas del Metro, y sobre todo, la extravagancia de los músicos de la banda que reúne el productor.
Empezar otra vez es en realidad una comedia musical. John Carney combina el ritmo de lo urbano con la música, deja de lado el espectáculo de Nace una estrella para explorar las peripecias de aquellos que viven para la música y quizá nunca alcancen el estrellato. Aunque de soslayo, la crítica hacia la industria y las productoras comerciales, o la leyenda de la gran estrella de rock contra los perdedores, queda bien anotada. A diferencia de los patéticos personajes de los Cohen (Inside Llewyn Davis), los amates musicales de Carney encuentran la recompensa en la aventura misma de cantar y componer: la música como arte de vivir, no como camino de evasión. Tema muy cercano a Buscando a Sugar Man, ese famoso documental sobre el célebre músico de origen mexicano en Sudáfrica y desconocido en su propia tierra.
La línea que divide el cine comercial del cine independiente, el indie, como lo habrían entendido los fundadores de Sundance, es cada vez más borrosa; por lo pronto el producto es menos complaciente y permite que participen actores inteligentes como Ruffalo y Kiera Nightely, quien canta aquí con su propia voz.








