Señor director:
De elemental justicia sería que los huelguistas del Instituto Politécnico Nacional incluyeran en su pliego petitorio la restitución del derecho a revisión de examen para los egresados de la Escuela Superior de Medicina que, con la intención de obtener una residencia médica, lo presentaron y quedaron inconformes con la calificación que reflejó la computadora en la que se practica.
Lo mismo debiera hacerse por lo que respecta a los egresados sustentantes de las facultades de Medicina de la UNAM y la UAM.
Debido al procedimiento de la computadora, no queda constancia escrita de dichos exámenes y los políticos pueden manipular los resultados a su antojo, siempre en beneficio de los negocios –escuelas– particulares. Es muy probable el contubernio de las autoridades de las tres instituciones educativas oficiales mencionadas en acciones de ese tipo, más aún por el inexplicable silencio que han guardado en torno al tema.
Esperamos que tanto los exámenes como los resultados se hagan públicos, pues no estamos reñidos con la competencia, si ésta es leal.
Todo empezó con Zedillo, el de la cuestionada lealtad; siguió con Fox y, por supuesto, con el inefable Calderón, de triste memoria.
En cuanto a los sistemas abierto y a distancia, cabe decir por lo pronto que miles de alumnos son engañados, pues luego les complican la existencia con horarios infames a todas horas de la semana y exigencias escolares imposibles de cumplir.
Todo esto llevará inevitablemente a que muchos alumnos, hombres y mujeres, deserten. Es vergonzoso para las instituciones el alto porcentaje de deserción en ambos sistemas. Una profesora de la UNAM comentó el año pasado: “El sistema abierto ya no es lo que fue”.
A mi juicio, el exrector de la UNAM Pablo González Casanova se ha de sentir defraudado con los cambios hechos al sistema educativo que él tuvo a bien instaurar.
Atentamente
Alejandro Cuevas Sosa








