BOGOTÁ.- Clara Rojas es liberal, devota de la Virgen de Guadalupe, representante en la Cámara (diputada federal), exsecuestrada de las FARC y madre de Emmanuel, un niño de 10 años que nació en la selva.
Ella fue rehén de las FARC seis años y durante su cautiverio se enamoró de un guerrillero que era su guardián. Es el padre de Emmanuel.
La historia de Clara ha sido relatada en libros, cine y un sinnúmero de crónicas periodísticas cuya veracidad ha sido cuestionada por ella misma. El silencio, o la defensa de su privacidad en tribunales, ha sido su respuesta frente a los relatos no autorizados de las adversidades de su maternidad y su amorío en la selva tropical.
Para exsecuestrados de las FARC que, como ella, vivieron durante años con guardianes a su lado cada minuto del día, encadenados junto a otros rehenes largos periodos de tiempo y hacinados en corrales, la intimidad se convirtió en un asunto inherente a la libertad recobrada y tan preciada como ésta.
A Clara –quien reparte su vida entre su actividad como congresista y sus labores como “madre y padre” de Emmanuel– le resulta especialmente “incomprensible y desafortunado” que las FARC hayan decidido divulgar un relato sobre su secuestro en el que una guerrillera de prosa fluida e identificada como Diana hace supuestas revelaciones en torno a los días difíciles de su cautiverio.
“Yo venía haciendo un esfuerzo enorme por pasar la página del secuestro y hasta alcance a hacer el ejercicio del perdón (a las FARC), pero con esto ya uno queda replanteándose toda la situación”, dice Rojas a Proceso.
“El daño está hecho”
El 23 de febrero de 2002 la actual congresista del Partido Liberal era jefa de campaña de la candidata presidencial del Partido Verde, Ingrid Betancourt, cuando ambas fueron secuestradas por las FARC en la sureña región de San Vicente del Caguán, sede de los fracasados diálogos de paz entre esa guerrilla y el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana.
Según la crónica de Diana la guerrillera, difundida en la página web de las FARC, el único objetivo del secuestro era Ingrid, por lo cual los rebeldes le dijeron a Clara que se podía ir junto el chofer y un escolta que las acompañaba.
“Clara Rojas rehúsa irse y por su propia determinación decide quedarse con Ingrid. Afirma que cualquier cosa que le suceda a Ingrid también debe ocurrirle a ella. En ese momento parece un gesto de lealtad personal a su amiga y compañera de política, en el que insiste de modo enfático. Más adelante se sabría que era mucho más que eso. Tanto insistió que terminó quedándose”, escribió Diana.
Según el relato, Clara e Ingrid tenían una relación sentimental que finalizó cuando la primera se enamoró de uno de sus guardianes y quedó embarazada de él, en el primer semestre de 2003.
“La noticia del embarazo de Clara causó serias diferencias entre ellas. Ingrid no entendía que ella se hubiera enamorado del papá del niño. Aquello las llevó a reñirse, a romper su relación. Ingrid duró un buen tiempo sin volver a dirigirle la palabra”, asegura la autora en el escrito fechado en las “Montañas de Colombia” el 1 de septiembre de 2014.
Durante su embarazo, afirma el texto “¿Es Clara Rojas una víctima de las FARC?”, la mujer “era poseída por arranques incontrolables de nervios que la conducían a golpearse fuertemente la barriga, con el propósito declarado de perder el bebé”, y que tras el nacimiento de éste ella lo maltrataba deliberadamente, lo cual llevó a Ingrid a pedir al jefe de sus carceleros “que le quitaran el niño a Clara, porque a su juicio ella, pese a ser su madre, o lo dejaba morir o lo salía matando”.
–¿Usted avala esta versión de las FARC sobre el maltrato a Emmanuel y su relación con Ingrid? –se le pregunta a Clara.
–No, no, no. Falso de toda falsedad. Con esto ellos pretenden minimizar y evadir una responsabilidad que tienen frente a sus víctimas. Ellos deben ser consistentes con lo que dicen en la mesa de negociación y respetar a sus víctimas y el derecho que tenemos a ser escuchadas.
–¿Teme que esta versión pueda llegar a oídos de su hijo y afectarlo?
–Ese es el dolor más grande que me embarga porque el daño está hecho. Usted sabe que uno no controla la información que llega a través de los medios. Es algo que fluye. Lo que me toca es prepararlo a él para que pueda tener la fortaleza necesaria en el momento en que puedan llegar a sus oídos versiones adversas sobre lo que significa su mamá. Pero el daño está hecho, está hecho. Esto se hizo con la intención de generar daño y Dios quiera que el niñito logre tener la fortaleza para que eso en el futuro no le afecte de ninguna manera.
El escrito fue divulgado por las FARC luego de que Rojas había criticado con insistencia el proceso de selección de víctimas de esa guerrilla que han viajado a La Habana para expresarse ante sus victimarios como parte de los diálogos de paz que sostienen en la capital cubana delegados del gobierno colombiano y del grupo insurgente. “Nos han dejado fuera”, dijo la congresista.
El círculo de la victimización
El texto de Diana pone en duda la condición de víctima de Clara Rojas, a pesar de su secuestro de seis años, y afirma que “el trato recibido por los prisioneros (de las FARC) fue el más adecuado desde el punto de vista humano. La vida en la guerrilla puede resultar demasiado dura y primitiva para la gente de la ciudad, más si se hallan habituados a ciertas comodidades muy superiores a las de la mayoría de la gente”.
La guerrillera y cronista sostiene que en los campamentos en medio de la selva donde mantenían a los secuestrados –a los que se refiere como “prisioneros”– tenían reses, cerdos, gallinas, patos y panadería para alimentarlos, así como servicios de odontología, enfermería, peluquería, biblioteca y televisores con DVD para ver películas.
Según el relato, cuando la ofensiva del Ejército contra las FARC arreció con el Plan Patriota, una estrategia militar implementada en 2003, los prisioneros debieron ser trasladados a otros campamentos en condiciones de extrema precariedad.
“Pisábamos a cada rato el trillo del Ejército, así como ellos encontraban el nuestro con frecuencia. Nos comenzamos a llenar de nuches (larva de una mosca), leishmaniosis, ronchas feas por la picadura de las sanguijuelas, gripa, las provisiones se nos fueron agotando”, cuenta Diana.
Afirma que por esas razones la guerrilla decidió entregar a Emmanuel a una familia campesina. Clara perdió todo contacto con su hijo. Durante tres años, entre 2005 y 2008, dejó de verlo. En enero de 2008 las FARC la liberaron junto con la congresista Consuelo González de Perdomo gracias a la intermediación del entones presidente venezolano Hugo Chávez. Ese año Rojas se reencontró con su hijo, quien fue localizado en un orfanato público.
Diana finaliza su relato con esta afirmación: “Clara Rojas es ahora representante en la Cámara, en representación de la ultraderecha. Se presenta como una víctima nuestra. Con la mano en el corazón, puedo decirle que no tiene ese derecho”.
La congresista sostiene que las FARC “deben entender que con estos oprobios y agravios siembran desconfianza. Lo que se necesita son gestos de respeto, de consideración y apertura hacia sus víctimas”.
El gobierno y el Congreso cerraron filas con Rojas y deploraron que las FARC intenten desconocer a sus víctimas.
La guerrilla respondió que ni “la delegación de paz de las FARC (en La Habana) ni nuestra organización como tal han emitido valoración ni descalificación alguna sobre las señoras Clara Rojas e Ingrid Betancourt”, sino que sólo se trató del relato de una guerrillera.
Especialista en el proceso de paz, Marisol Gómez Giraldo asegura que lo que menos conviene a las FARC en estos momentos “es quedar como una guerrilla que desconoce su compromiso ante las víctimas justo cuando se está discutiendo en la mesa el tema de los derechos de las víctimas”.
La politóloga y editora del diario El Tiempo considera que la divulgación del relato sobre Rojas forma parte de una ofensiva verbal de las FARC que se inscribe dentro de su estrategia de negociación.
Rojas es, por lo pronto, una víctima inconclusa que no ha acabado de cerrar el círculo de su victimización. Dice que espera viajar pronto a México para visitar de nuevo, como lo ha hecho varias veces, la Basílica de Guadalupe. “Es un tema espiritual que me ha dado mucha fortaleza en momentos muy difíciles de mi vida”, asegura.








