Partidero

Entre los cinco magistrados que conformaban el Tribunal Electoral del estado y que fueron cesados casi dos años antes del término debido a las reformas electorales que derivaron en la creación del Instituto Nacional Electoral (INE), hay la sensación de que el causante de todo es el gobierno estatal. Todo porque, dicen algunos de ellos, Jorge Aristóteles Sandoval y su equipo no quieren saber nada de lo que de una u otra forma huela al exsecretario general de Gobierno Arturo Zamora Jiménez, quien los habría apoyado y hasta impulsado. Y que de ahí, de pilón, no quieran indemnizarlos, pese a que, contra su voluntad, los echaron (el lunes 6). Los magistrados corridos son José Reynoso Loza, presidente; Luis Antonio Corona Nakamura, José Guillermo Meza García, Gonzalo Julián, Rosa Hernández y Rubén Vázquez. Fueron sustituidos, respectivamente por: Everardo Vargas Jiménez, José de Jesús Angulo Aguirre, Luis Fernando Martínez Espinosa, Teresa Mejía Contreras y Rodrigo Moreno Trujillo.

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Hace alrededor de 20 años, la inmobiliaria GYG, propiedad de los hermanos Gómez Flores, construyó entre 800 y mil casas entre las avenidas Valdepeñas y Torremolinos, en la colonia Lomas de Zapopan, y las dividió en varios cotos privados. Con “cláusulas muy amañadas”, la empresa entregó al municipio dichas viviendas, sin especificar ni a los compradores ni al municipio quién o quiénes se harían cargo de los servicios públicos. Cuentan los vecinos que cuando hace unos meses el ayuntamiento zapopano revisó la situación, se encontró con que había irregularidades de origen en el alumbrado público y dejó de pagarlo. Así las cosas, entró en operación la Comisión Federal de Electricidad y cortó el fluido hacia las lámparas de las calles de los cotos, al grado de que ahora llevan semanas a oscuras sin que alguien se quiera hacer responsable de la situación. Los propietarios de las fincas afirman que GYG se las entregó sin especificarles nada y que siempre se dio por hecho de que el alumbrado lo pagaría el municipio y así se hizo durante todos estos años, pero ahora dice que no le compete a él sino a los vecinos. La fraccionadora se lava las manos y el ayuntamiento no ha definido la situación. En tanto, quienes habitan en esa media decena de cotos de clase preponderantemente media baja pasan las noches entre la oscuridad y el temor por tanta inseguridad que se vive en todo Lomas de Zapopan y colonias adyacentes, ubicadas en el noroeste de la cabecera municipal.

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Anda mal la administración en la Universidad de Guadalajara. Desde el aseo hasta el mantenimiento se subrogan a compañías extrauniversitarias. “Ya no hay ni intendentes. Por eso hay goteras e instalaciones eléctricas viejas y humedecidas que pueden provocar descargas eléctricas y los equipos –importados y costosos– se echan a perder. Cualquier persona corre riesgos. Ya ocurrió en Odontología hace dos semanas”, lamenta un maestro.

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De las vueltas de la vida. En la década de los noventa, cuando la empresa Televisión Tapatía, S.A. –Canal 6–, parecía consolidarse como uno de los pocos canales independientes del país, y el único en Guadalajara con noticias, comentarios y programas de entretenimiento de buen talante, su director, Ignacio Martín del Campo, dio la oportunidad a varios periodistas y por lo menos a un conductor: Óscar Ábrego de León. Posteriormente, ese canal televisivo vino a menos porque sus dueños, liderados por la familia López Rocha, no quisieron invertir en proyectos viables. Tentados por Televisa que no quería competencia enfrente, vendieron instalaciones y, por supuesto, la concesión misma. Pronto terminó ese duopolio por desaparecer esa frecuencia. Martín del Campo se quedó un tiempo sin trabajo. Después desempeñó distintos cargos en el sector privado. Más tarde condujo durante varios años un programa para desvelados en Canal 4 de Guadalajara, al tiempo que alternaba con otras actividades dentro de la iniciativa privada, primero en la Confederación Patronal Mexicana y después en el Consejo Económico y Social de Jalisco para el Desarrollo y la Competitividad. A la llegada a la presidencia de este organismo del industrial Enrique Michel Velasco, arriba con él su publirrelacionista Ábrego de León, a quien nombra secretario ejecutivo. Ahí coincide con Ignacio Martín del Campo, que llevaba las relaciones públicas. No pasó mucho tiempo, y a decir de testigos, Óscar empezó a ponerle obstáculos a Ignacio, su original patrocinador o formador; y finalmente éste se vio obligado a renunciar. Los vuelcos que da la vida.

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