Un hospital fuera de norma

Personal del Hospital de Pediatría del Centro Médico de Occidente documenta a Proceso Jalisco las vicisitudes cotidianas que observan en las descuidadas instalaciones a las que acuden a consulta miles de menores por año. Les preocupa no sólo el riesgo de que los pacientes se contagien durante su convalecencia a causa del desaseo, sino también la indolencia de los directivos que, aun cuando recibieron una partida federal de más de 53 millones de pesos, no pueden arreglar los desperfectos.

De manera paradójica, los menores que acuden a consulta o están internados en el Hospital de Pediatría del Centro Médico de Occidente, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), corren el riesgo de contagiarse de alguna enfermedad. La razón: las instalaciones del nosocomio están en mal estado y son un potencial foco de infección.

Ahí, según las estadísticas oficiales, son atendidos cada año alrededor de 118 mil pacientes, de los cuales ingresan a quirófano entre 6 mil 800 y 7 mil 220 menores. El hospital tiene capacidad para 294 camas –205 censables y 89 no censables, que se usan para urgencias–, pese a que se planeó sólo para 100.

Esa saturación provoca el hacinamiento de los internos, pues entre cada cama hay un espacio del ancho de una silla, por lo que el riesgo de contagio de enfermedades, como hepatitis, es elevado.

De hecho, ya se han presentado casos de infecciones de pseudomona aeruginosa –una bacteria aeróbica oportunista que ataca a los humanos y a las plantas–, muy resistente a los antibióticos. “Se le conoce también como ‘virus de quirófano’, aunque en realidad no es un virus, sino una bacteria”, comentan a la reportera empleados del pediátrico.

Además, dicen, el espacio de recuperación es reducido y a algunos pacientes les provoca daños psicológicos, puesto que cuando uno de ellos fallece, los demás se dan cuenta.

Una trabajadora, quien pide omitir su nombre por temor a represalias, comenta que hace tres meses aproximadamente unos niños enfermos de cáncer se hicieron amigos pues eran vecinos de cama: “Uno de ellos entró en paro; el otro observó las maniobras de los médicos para resucitarlo; no lo lograron. Fue tal el impacto, él también falleció minutos después”.

Los riesgos de contagio ocurren también en el quirófano, cuando entran o salen después de una intervención. Durante el recorrido se topan con bolsas transparentes que dejan ver los residuos peligrosos biológico-infecciosos (RPBI) que los facultativos y sus ayudantes colocan justo detrás de la puerta.

La Norma Oficial Mexicana sobre el manejo de los RPBI (NOM 087-ECOL-SSA1-2002) marca que ese material se debe clasificar, identificar y envasar “de acuerdo con sus características físicas y biológicas infecciosas… en bolsas de polietileno de color rojo traslúcido de calibre mínimo 200 y de calibre amarillo traslúcido de calibre mínimo 300, impermeables… además deberán estar marcadas con el símbolo universal de riesgo biológico y la leyenda ‘Residuos Peligrosos Biológico-Infecciosos’”.

Sin embargo, en el nosocomio se usan simples bolsas jumbo transparentes que se compran en cualquier tienda.

Otra de las recomendaciones de la NOM 087 es que esas bolsas deben llenarse a 80%, “cerrándose antes de ser transportadas al sitio de almacenamiento temporal y no podrán ser abiertas o vaciadas”. Sin embargo, las bolsas transparentes están a 100% de su capacidad, según se observa en las instalaciones.

Respecto a los residuos punzo-cortantes, de acuerdo con la norma, “deberán contar con la leyenda que indique ‘Residuos Peligrosos Punzo Cortantes Biológico-infecciosos’”, pero en el pediátrico todo el material –sábanas, batas, gasas, navajas, etcétera– se deposita en una misma bolsa transparente.

También advierte que el área de almacenamiento temporal de los RPBI debe estar separada de las “de los pacientes, del almacén de medicamentos y materiales para la atención de los mismos, cocinas, comedores, instalaciones sanitarias, sitios de reunión, áreas de esparcimiento, oficinas, talleres y lavanderías”.

Incluso recomienda que el área de almacenamiento de esos residuos esté techada y cuente con señalamientos alusivos a su peligrosidad. Y advierte que sólo debe permitir el acceso al personal responsable de su recolección. No obstante, en el nosocomio los residuos están a la vista de todos.

Y todo funciona mal

El Hospital de Pediatría del Centro Médico de Occidente cuenta con 33 especialidades y su plantilla laboral está conformada por mil 386 trabajadores de base.

Pese a su importancia –el edificio está ubicado en la avenida Belisario Domínguez, mide 24 mil 460 metros cuadrados–, las instalaciones no reciben el mantenimiento que recomienda el manual del Programa Hospital Seguro, según el cual los sistemas de líneas vitales –calefacción, ventilación y aire acondicionado– deben estar en excelentes condiciones.

Son varias las zonas del pediátrico, incluida la del quirófano, en las que el descuido es manifiesto. En las fotos obtenidas por Proceso Jalisco se pueden ver las ventilas rectangulares con moho a su alrededor, así como barrotes doblados, descarapelados y oxidados; algunos carecen de tapa.

Alrededor y al interior de las ventilas se pueden ver también mangueras conectadas a máquinas, así como instrumentos clínicos tirados en el piso. En una de las ventilas incluso se derramó alguna solución que dejó manchas en sus rendijas dobladas (las cuales ya perdieron su forma lineal), así como en la pared y en el piso.

Los centros de control de la electricidad no tienen cubierta, por lo que los cables y fusibles están a la vista, lo que aumenta los riesgos de un siniestro. Además, las líneas de electricidad fueron “reparadas” de manera provisional y hoy los cables están fuera de los canales; las lámparas de los quirófanos son obsoletas, pues tienen más de 40 años.

Los tubos que conectan las tarjas y lavamanos con los ductos del drenaje también son un desastre. Uno de ellos tiene un cintillo de plástico atajo a unas mangueras que están fijas a la pared para evitar que se mueva; a otro le colocaron cintas negra, canela y transparente para evitar la fuga de agua.

Los conductos que están entre muros también están oxidados, a punto del quiebre. Para colmo, entre las paredes el personal suele dejar bolsas de plástico con basura, cajetillas de cigarros y envases de agua vacíos; una vez incluso apareció ahí un zapato. Y los muros internos de tablarroca grises muestran grietas y están descuidados.

Lo mismo se observa en el exterior del edificio: los ductos del aire acondicionado están deteriorados; sus láminas, carcomidas, y el cemento, desgastado.

De acuerdo con el manual del evaluador del Programa Hospital Seguro, los “sistemas de calefacción, ventilación, aire acondicionado en áreas criticas deberán contar con anclajes adecuados a techos, paredes y/o pisos para (sortear las contingencias) en caso de sismos, huracanes e inundaciones”.

Esa norma no se cumple. Tampoco el postulado, según el cual se deben colocar “dispositivos de amarre a los muebles que contengan sustancias, materiales o equipos almacenados para evitar la posible caída y pérdida del material almacenado. Los objetos y recipientes más pesados deberán ser ubicados en las partes bajas del mueble y los más ligeros en las partes superiores”.

En una evaluación interna a la infraestructura y funcionamiento del Hospital de Pediatría se detectaron fallas, por lo que las autoridades del nosocomio pidieron ayuda a la federación, que autorizó una inversión de 53 millones 286 mil 520 pesos. Hasta ahora se han ejercido 25 millones 432 mil 935 pesos, pero hasta ahora no se han resuelto los problemas sustantivos, comenta personal del nosocomio.

La Norma 016-SSA3-2012, que establece las características mínimas de infraestructura y equipamiento de hospitales, indica que los nosocomios deben contar con áreas de circulación para “brindar atención y movilización de los pacientes con comodidad, rapidez y seguridad”. Sin embargo, en el caso del pediátrico las autoridades no se apegan a la norma, como se observa en el mínimo espacio que hay entre las camas de los pacientes.

Además, la vía de traslado de pediatría a patología –en la parte central del Centro Médico de Occidente– “se encuentra con un grave deterioro, pues genera un gran impacto, ya que se comparte con ginecología”, asegura uno de los médicos entrevistados.

Para optimizar la vía, dice, es necesario ampliar la banqueta “que se encuentra en la zona de los contenedores de basura de pediatría a ginecología. Además, debe construirse una rampa desde ropería para unir ginecología con patología”.

Respecto de la vía que conduce al depósito de desechos, que hoy está en el sótano del edificio, debe contar con techo y luz, agrega, “para brindar el servicio de recolección de basura y su evacuación de los residuos de patología”.

El entrevistado comenta también que “es necesario tener un control riguroso de los residuos sólidos, como lo pide la Norma 087, así como dar mantenimiento a las áreas de contenido y vigilar que los contenedores tengan tapas para RPBI y los desechos sólidos urbanos”.

Para los entrevistados, es urgente una capacitación constante en la gestión integral de los residuos; incluso proponen solicitar a la Universidad de Guadalajara una capacitación de por lo menos cuatro veces al año.

La misma Norma 016 destaca que cualquier hospital debe “contar con la protección necesaria contra fauna nociva, llevar a cabo el mantenimiento preventivo y correctivo de la infraestructura física, instalaciones, equipamiento mecánico y electromecánico del establecimiento, de acuerdo con los estándares recomendados por el fabricante, su vida útil y las necesidades de la unidad operativa”, y llevar un registro en las bitácoras de control.

Pero eso no se cumple en el Hospital Pediátrico. En el área de aislados de oncología, por ejemplo, no funciona el aire acondicionado, por lo que tienen que abrir las pequeñas ventanas. El problema es que en la parte exterior anidan las palomas, que son portadoras de bacterias y virus, por lo que penetran las plumas a ese lugar que, según la norma, debe estar completamente esterilizado.

Peor, aún, en lugar de atender el problema, el personal que ingresa al lugar lleva cubrebocas, batas y se lava sus manos previamente. Pero mientras las ventanas sigan abiertas, eso no sirve de nada, dicen los entrevistados.