Declarado pianista por su madre varios meses antes de nacer, Glenn Gould (25 de septiembre de 1932) fue el más original y excéntrico pianista del siglo XX. A los tres años ya daba señales de su gran talento y a los seis le hicieron una presentación interpretando sus propias composiciones.
Discípulo del chileno Alberto Guerrero en el Real Conservatorio de Música de Toronto, su ciudad natal, a los 10 años sufrió una fractura en la espalda, misma que lo obligó a desarrollar una técnica propia y poco ortodoxa para sentarse al piano.
En 1945 dio su primer concierto como profesional y desde ese entonces manifestaba un acercamiento diferente hacia la música y el piano. Prefería estudiar partituras lejos de su instrumento y rara vez se sentaba a practicar más de lo estrictamente necesario.
El pianista tenía capacidades musicales muy distintas y elevadas además de un filoso sentido del humor y ser un teórico muy avanzado sobre la relación público-artista.
En la famosa entrevista a sí mismo de 1974 comentaba:
“No me siento satisfecho con las implicaciones jerárquicas contenidas en la terminología que divide al público y al artista. Pero en lo posible, me parece que debería concedérsele al artista, por su propio bien como para el del público, el derecho al anonimato.
“Debería dejársele operar en secreto, sin que se sienta concernido por las exigencias supuestas del mercado, ni siquiera conscientemente, las cuales desaparecerían simplemente en el momento en que un número suficiente de artistas fuesen suficientemente indiferentes. Una vez desaparecidas aquellas exigencias, el artista abandonará el falso sentido de la responsabilidad pública y su público renunciará al papel de la dependencia servil.”
Esa forma de pensar lo orilló a retirarse de los escenarios en 1964 luego de dar alrededor de 200 conciertos. Su experiencia como centro de atención nunca le fue del todo satisfactoria ni sintió la necesidad de ser venerado por su gran talento, y aseguraba que al cumplir 50 años se retiraría del piano para siempre y se dedicaría a su carrera como director y compositor. Comentaba:
“Nunca fui capaz de disfrutar o evaluar la inspiración que se supone uno recibe de una audiencia. De joven sentía un cierto poder al caminar en el escenario para tocar, lo disfruté mucho cuando tenía 13 o 14 años, pero el sentimiento se fue rápidamente pues esta sinergia que se supone sucede entre el artista y el público nunca me sucedió a mí.”
Lejos de los escenarios dedicó su vida a la obra de Johann Sebastian Bach, de quien dejó una vasta colección de grabaciones, y nunca fue afecto a tocar piezas de grandes compositores pianistas como Liszt o Chopin pues no las encontraba muy atractivos.
El 27 de septiembre de 1982, el genio pianista sufrió un ataque al corazón que le paralizó la mitad del cuerpo. Cerca de una semana después de ser ingresado al hospital se le informó a sus familiares que el cerebro del músico había sufrido daños irreparables, por lo que el 4 de octubre fue desconectado del respirador falleciendo unos momentos después.
Gould, en su característico humor negro, cumplió de esa forma con su promesa de retirarse del piano al cumplir el medio siglo de edad.








