MÉXICO, D.F. (apro).- Luego de siete años de trabajo culminó el rescate y restauración del templo de la comunidad xi’ói (pame) de Santa María Acapulco, en San Luis Potosí, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, que el 1 de julio de 2007 recibió la descarga de un rayo que provocó un devastador incendió.
Aquel fue un día de desolación para la comunidad, se relata en un folleto electrónico editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), pues el templo –construido por los franciscanos en el siglo XVIII– no sólo era su mayor tesoro sino el ángel protector al que rezan y piden protección para los hombres que migran a Estados Unidos en busca de oportunidades de trabajo.
No es una monumental obra arquitectónica vasta en riquezas o retablos con excesos estilísticos como las muestras del barroco y churrigueresco, su belleza radica más bien en su modestia, su piso de tierra y techo de palma, conjuga las tradiciones indígenas que rinden tributo al trueno con la religión católica que les enseñaron los misioneros franciscanos desde el siglo XVIII.
Ha sido además punto de encuentro de la comunidad, considerada una de las más pobres del estado de San Luis Potosí, conformada por apenas 600 habitantes que viven en pequeñas rancherías.
El incendio devastó en apenas cinco horas la techumbre, retablos, esculturas, un lienzo con la imagen de la virgen de Guadalupe, el púlpito y el artesonado que cubría toda la nave.
La comunidad guardó luto por su iglesia que fue velada durante semanas. Se le colocaron ofrendas de desagravio pues creían que habían hecho algo mal y la pérdida de su templo era un castigo. Incluso volvieron a rendir tributo al trueno.
Pero un querubín sobrevivió al incendio, y en cuanto vieron su rostro consideraron que era símbolo de buen augurio. Así iniciaron las labores de rescate y restauración por parte del INAH. La restauradora Renata Schneider, integrante de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural coordinó los trabajos.
Se comenzaron a rescatar imágenes y retablos. Y la propia comunidad participó en los trabajos. El propio INAH consignó en un comunicado de febrero de 2010 que los “puristas” criticaron ese hecho pues consideraban que debe ser un trabajo de especialistas. Pero para Schneider es importante considerar a las comunidades:
“El INAH nunca restaura en una comunidad que no nos invita –dijo en aquel momento–. En este caso, los pobladores de Santa María Acapulco se interesaron en nuestro apoyo porque conocen la restauración que se realizó en los conventos de la Sierra Gorda de Querétaro.
“Desde mi punto de vista, las comunidades tienen todo el derecho a participar en las decisiones de restauración de su patrimonio. Los puristas dicen que no se puede, pero es cuestión de dialogar”.
Como son expertos en artesanía de cestería, los pames hicieron de nuevo la techumbre. Y así, paso a paso se fue recuperando el conjunto del templo.
El pasado 29 de enero se reinauguró el simbólico edificio con una ofrenda de tamales, galletas, refrescos y flores. El templo fue consagrado por el obispo de Ciudad Valles, Octavio Balmori, la ceremonia fue encabezada por el representante tradicional de la comunidad Santos Nieto Medina.











