WASHINGTON, DC.- Preocupado por signos de que la crisis monetaria en México deje de ser un mero “problema temporal de liquidez” para convertirse en un desajuste económico de mayores proporciones, y asediado localmente por enemigos de su decisión de brindar asistencia financiera al vecino del sur, el gobierno de Estados Unidos “invitó” a esta capital al secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, para terminar de fijar los términos en que el gobierno mexicano dispondrá de los recursos frescos que el presidente William Clinton le ofreció el 31 de enero.
Lo que, en palabras de Ortiz mismo, debía ser una simple “firma de papeles”, se tornó una larga negociación de dos semanas. En ese lapso, el gobierno mexicano volvió a la ofensiva contra la guerrilla chiapaneca, y los opositores estadunidenses a la respiración de boca a boca que dio Clinton a México cobraron mayor fuerza. Esos factores, junto a otros, como las versiones de que parte de los 52,000 millones de dólares de créditos y swaps está en veremos, sacudieron nuevamente la economía mexicana. El valor del nuevo peso se situó momentáneamente en uno de los peores niveles que ha tenido desde que despuntó la crisis, y la bolsa alcanzó su peor marca en 17 meses.
Víctima aún de todo tipo de rumores, la economía fue sacudida con la noticia de que pequeños bancos norteamericanos y canadienses, coordinados por Citibank y J. P. Morgan, se oponían a aportar 200 millones de dólares cada uno en el plan de reunir una suma de 3,000 millones de dólares, que había sido ofrecida a México desde los primeros días de enero. Simultáneamente, la prensa estadunidense difundió que el gobierno mexicano no había tenido éxito en convencer a acreedores de Tesobonos de que reinvirtieran sus ganancias en deuda de largo plazo, y que la situación financiera de muchos bancos mexicanos era ya “insostenible”.
Por si fuera poco, el periódico británico Financial Times publicó el jueves 16 que casi una quinta parte del paquete crediticio –10,000 millones de dólares, que reunirían los miembros del Banco de Pagos Internacionales (BPI)– difícilmente se materializaría y serviría cuando mucho para efectos de imagen. Citando a un “funcionario financiero de Europa”, la nota del diario especializado decía que “el dinero se quedaría en los bancos centrales (miembros del BPI), y México podría describirlo como parte de sus reservas, pero no tendría posibilidad de usarlo”.
Además, el largo plazo de negociación sobre las condiciones en que México tendrá acceso a los 20,000 millones de dólares provenientes del Fondo de Estabilización Cambiaria de Estados Unidos reforzó las posiciones de quienes se oponen, en el Congreso norteamericano, al método que eligió William Clinton para intentar rescatar la economía mexicana.
Uno de los síntomas más claros de que la inestabilidad económica en México persistía fue la depreciación diaria del nuevo peso. El lunes 13, la moneda cayó 2.7% frente al dólar; el martes, 2.6%; el miércoles, 2.8%, y el jueves, 1.9%. A la súbita decisión del presidente Ernesto Zedillo de detener el avance del ejército en la Selva Lacandona, siguió un fuerte derrumbe de la bolsa. Al margen de sus motivaciones, el anuncio de Zedillo fue visto aquí como muestra de indecisión, tanto por quienes habían justificado la acción del presidente mexicano como por quienes la habían condenado.
En el manejo de la crisis económica, la reacción fue similar. “El gobierno mexicano no ha dado muestras de qué quiere hacer”, afirmó Steve Hanke, catedrático de la Universidad John Hopkins y experto en política monetaria. “Está hablando con demasiada gente y está dejando pasar el tiempo dramáticamente sin resolver nada”, añadió, en entrevista con el corresponsal, el también exconsejero económico del presidente Ronald Reagan y asesor en materia financiera de gobiernos como los de Argentina, Jamaica, Estonia y Lituania.
En su esfuerzo por buscar una salida al problema económico que afronta, el gobierno de Ernesto Zedillo ha recurrido lo mismo a los servicios del expresidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, como a los del banco J. P. Morgan. Asimismo, ha encomendado al exsecretario de Hacienda, Pedro Aspe, que haga “viajes de bajo perfil” a esta capital para “explorar alternativas”, de acuerdo con una versión del diario Financial Times. Interrogado sobre si él también ha sido consultado por el gobierno mexicano, Steve Hanke se abstuvo de comentar.
Trascendió que una propuesta de Hanke, la de establecer en México un consejo monetario que sustituya el Banco de México, estaba siendo considerada por el gobierno. Con asesoría suya, Argentina, Estonia y Lituania han adoptado ya el sistema –que consiste en sólo imprimir moneda local respaldada por reservas internacionales, con una paridad fija–, y Jamaica y El Salvador podrían hacerlo pronto.
El también colaborador de la revista Forbes dijo que el gobierno mexicano estaba demostrando indecisión y perdiendo tiempo en consultas a diestra y siniestra. Interrogado acerca de por qué persiste la inestabilidad financiera en México, pese al anuncio del paquete crediticio, Hanke observó: “en mi experiencia, los préstamos sólo sirven cuando la política monetaria es estable”. Afirmó que la única alternativa a la constitución de un consejo monetario sería dejar la moneda como está, en flotación, y que esa medida sólo resulta conveniente “cuando hay un banco central con credibilidad, y no es el caso”.
En este momento, argumentó, “lo único que puede ayudar a México a mantener bajas las tasas de interés y de inflación es un consejo monetario, pero el tiempo para adoptarlo se está acabando; de nada le sirve una buena medicina a un cadáver. Mientras México no ponga orden en su política monetaria, persistirá el riesgo de que los créditos se agoten, sin haber solucionado nada”.
Citado por el Financial Times el viernes 17, Ariel Buira, vicegobernador del Banco de México, descartó la adopción de un consejo monetario.
Sin que hubiera claridad sobre los aspectos en que estaba centrada la discusión, las negociaciones entre el Departamento del Tesoro y la Secretaría de Hacienda debían arrojar resultados el sábado 18 o el domingo 19. Al cierre de esta edición, los responsables de una y otra dependencia sólo habían dicho públicamente sendas frases al respecto.
El jueves 16, durante un brevísimo contacto con la prensa, en las oficinas centrales del Departamento del Tesoro, el secretario Robert Rubin comentó: “estamos trabajando juntos muy constructivamente en una situación muy compleja”. Ortiz únicamente añadió: “estamos trabajando bien”.
Dos semanas antes, el secretario de Hacienda había dicho que, luego del anuncio del presidente Clinton, sólo faltaba “firmar los papeles” del préstamo. Sin embargo, un alto funcionario mexicano, que no quiso ser identificado, había desestimado comentarios de un colega estadunidense, quien manifestó que el interés que pagará México sobre el crédito estará “entre 5% y 12%”; el funcionario mexicano rebatió: “no rebasará 4%” (Proceso 953).
Si estaban atorados en esa tasa, nadie lo dijo. Interrogados sobre “cuál es entonces el problema”, Rubin y Ortiz dejaron la respuesta en el aire.








