Los perros amaestrados no encontraron la bomba que se dijo había sido depositada en la Asamblea de Representantes. En ese mismo día, el viernes 6, había suspiros de alivio porque se dijo que la visita presurosa a Nueva York del secretario de Hacienda emergente, Guillermo Ortiz Martínez, había persuadido a ganadineros, inversionistas e intermediarios internacionales, y que México garantizaba la libre convertibilidad del ahora subvaluado peso, y, sobre todo, que se pagará lo mucho que se debe.
Las dos noticias, amenaza de terrorismo y garantía verbal de que las enajenaciones financieras mexicanas serán obsequiadas con puntualidad, dan la tónica del arranque de la nueva administración federal y de las actitudes sociales en el país. Los tenedores del descomunal regalo en los Tesobonos, en manos extranjeras, ganarán sumas no pactadas y el egreso cuantioso del trabajo de los mexicanos –dineros–; es una de las instancias indignantes de los manejos malos, torpes, de la hacienda nacional.
Los sedantes que ofreció el secretario de Hacienda son entreguistas, contrarios a los proyectos populares y nacionalistas derivados de la Revolución de 1910, sustento político y orientación oficial y social, si bien soslayados y envenenados con la ideología neoliberal que auspicia creencias y fantasías de una sociedad indiferente a sus orígenes y esfuerzos colectivos.
Carta de intención, demanda de créditos, la afirmación de que se cuenta con 31,000 millones de dólares para enfrentar el desastre financiero de una devaluación inoportuna: 18,000 millones obtenidos con el agio internacional, 6,000 de reservas internacionales y lo que traman conseguir vendiendo bienes nacionales, lo que llaman privatizaciones, 7,000 millones.
Este es el enésimo crimen, su reiteración, de malbaratar lo que ha sido producido por décadas de trabajo, pagos, negociaciones, para poseer en común empresas e industrias como la petrolera y la eléctrica, botines que anhelan las trasnacionales. En los regímenes de Lázaro Cárdenas, de Adolfo López Mateos y de José López Portillo estos mismos hijos del aparato priísta alababan como triunfos y reivindicaciones nacionales que estuviese en manos sociales la riqueza que elaboran los trabajadores del país y no los burócratas de la Federación: su energía y su dinero en banca nacionalizada.
La banca privatizada ha sido acusada, incluso por los mismos empresarios, de enriquecimiento indebido. La clase media acuciada y seducida por el dinero de plástico, por las tarjetas de crédito, aúlla por su endeudamiento con el aumento insólito, también de usura, de los intereses. La morosidad, las carteras vencidas, se incrementan al paso de las horas. Parte de cartera vencida se registra entre el 30% y el 10%, según los sectores. El promedio de cartera vencida del sistema, banca comercial y de desarrollo, es de 5.54%, según los datos que no escatima el Banco de México.
A pesar del desastre, mafiosos, desdeñosos de la opinión y juicio sociales, de pobres y de ricos, los embajadores políticos Jesús Silva Herzog y el de pacotilla y de fuga, Guillermo Cosío Vidaurri, junto con el diplomático de carrera, Andrés Rozental, perpetraron cinismo político, desprecio a la moral mexicana, al aseverar que oficialmente el gobierno de Zedillo mantenía la candidatura del engañoso y engañador, mentiroso, Carlos Salinas de Gortari en su ambición de servir a los EU a través de la Organización Mundial de Comercio. “Hablen con Salinas, mi vocero”, dijo el menoscabado Clinton. No será el elegido, a pesar de las diligencias presuntas de la Cancillería mexicana.
Se trata de que el desastre socioeconómico, moral, de la quiebra económica de México no sea cabal, ni del todo. No ha habido ninguna recuperación de crédito político. Perpetuando la mafia y la pobreza no podrán.








