Ahora que el Vaticano designó al arzobispo de Monterrey, cardenal José Francisco Robles Ortega, como sucesor suyo, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez deberá repensar su muy anticipada decisión de no dejar la residencia arzobispal de Tlaquepaque, que fue acondicionada precisamente tras la llegada de Juan Jesús Posadas Ocampo, pero no para que se queden ahí toda la vida los arzobispos en turno aun después de la renuncia, sino para que vivan ahí mientras son los pastores de la Arquidiócesis de Guadalajara. Tal vez don Juan creyó que quien llegaría sería un inferior en cuestión de dignidades, pero no. Le enviaron a uno de su nivel, al menos en su calidad de miembros del colegio de cardenales y, en tal sentido, igual que él como consejero del Papa. Ignoro por qué el cardenal Sandoval no quiere mudarse, pero creo que debe reflexionar al respecto. En última instancia, ¿no podrían coexistir dos dignatarios de esa naturaleza bajo un mismo techo? Así sería todavía más funcional una quinta que tiene todas las comodidades.
Ya encarrerado en el tema, transcribo parte de la columna que se publicó el 26 de junio pasado (Proceso Jalisco 346), de por qué no llegó uno de los aspirantes que parecían más fuertes, el arzobispo de Tlalnepantla: Carlos Aguiar Retes, presidente de los obispos mexicanos y del Celam, no será el sucesor de Sandoval Íñiguez porque entre ellos hay conflicto y el cardenal prácticamente lo ha vetado. Así se desprende de la esencia de la carta que el arzobispo envió a sus pares el 18 de marzo pasado tras las reformas a la Constitución: La aprobación inmediata, entusiasta y desmedida del Presidente de la CEM (Conferencia Episcopal Mexicana) a nombre de los Obispos, pero sin consultarnos, tuvo como efectos: *Primero, taparnos la boca y atarnos las manos a los obispos para no enfrentarnos con él en público, pues hubiéramos dado a los medios mucha materia de qué hablar, con el peligro de desviar los temas de fondo de la Reforma hacia un enfrentamiento personal de obispos.*Segundo efecto fue el profundo malestar, disgusto y desaliento de los grupos laicales, que han venido luchando valientemente en defensa de la familia y la vida ante los ataques de las leyes. Ahora se sienten desorientados y desarmados: los Legisladores les dicen a estos laicos que estaban equivocados y que ya los obispos están de acuerdo con la Reforma y muchos laicos, no enterados del problema, también les dan a entender que estaban equivocados en su lucha por la familia y la vida.*Naturalmente surgen algunas preguntas: ¿Por qué el presidente de la CEM aprobó un día después, el 9, la Reforma del Congreso sin haberla examinado y sin haber consultado? ¿Quién le asesoró? ¿Qué motivos le indujeron a ello?* Una vez aprobadas, tanto por el Congreso de la Nación como por el Senado estas Reformas a la Constitución, de consecuencias tan dañosas para el país en lo que se refiere a la familia, a la vida y a la libertad religiosa (…). Es necesario que todos los obispos mexicanos conozcamos las enmiendas y sus consecuencias y (…) no dejar que pasen adelante, porque están en juego la familia y la vida, la libertad religiosa y el bien de nuestra Patria.
Sobre quiénes han sido los últimos jerarcas de la Arquidiócesis de Guadalajara, concluyo con un dato curioso. Del cardenal José Garibi Rivera (1936-1969) a la fecha, los nombres de todos los arzobispos empiezan con la letra J y entre ellos hay tres José y dos Juan: José Salazar López (1970-1987), Juan Jesús Posadas Ocampo (1987-1993), Juan Sandoval Íñiguez (1994-2011) y José Francisco Robles. Ahora bien, los componentes de la terna que fue presentada al papa Benedicto XVI, y que encabezó precisamente el último, todos tienen la misma letra inicial: José Luis Chávez Botello y Javier Navarro. Más todavía: de los distintos candidatos que se mencionaron, aparte de los referidos, la mayor parte empieza con jota: José María de la Torre Martínez, de Aguascalientes; José Benjamín Castillo, de Celaya; Jonás Guerrero, de Culiacán; José Francisco González y José Trinidad González, ambos, auxiliares de Sandoval. l
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