“Todo lo que dicen de él es cierto”

La noche del viernes 2 el Auditorio Juan Rulfo estaba a reventar. Durante el homenaje al periodista y comunicador hidalguense Miguel Ángel Granados Chapa en el marco de la XXV Feria Internacional del Libro (FIL) los casi 2 mil asistentes no dejaron de aplaudir.

Veinte minutos antes del evento el recinto estaba repleto y afuera aun había centenares de personas que intentaban entrar, ante el nerviosismo de los organizadores. 

Desde el escenario, el presidente de la FIL, Raúl Padilla López, pidió al director de Medios de la UdeG, Rogelio Campos Cornejo, que se quitaran los muros móviles para ampliar el espacio: “Por favor, vean cuánta gente hay afuera”, dijo Padilla. Su instrucción se cumplió de inmediato.

Acto seguido aparecieron los ponentes: la periodista Carmen Aristegui; el escritor y dramaturgo Vicente Leñero; el diputado Javier Corral; el arquitecto Fernando González Gortázar, amigo cercano de Granados Chapa, fallecido el pasado 16 de octubre, y del rector de la UNAM, José Narro Robles. Iban acompañados por la viuda del homenajeado, Shulamit Goldsmith, y por el rector del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), Tonatiuh Bravo Padilla, quien coordinó la mesa.

Atentos, los asistentes, jóvenes en su mayoría, escucharon las alocuciones de los participantes. Y aunque Aristegui arrancó encendidas porras, Leñero fue el más aclamado: “Leñero, Leñero”, coreaban los adolescentes. En contraste, Raúl Padilla fue abucheado cuando dio la bienvenida a los invitados:

“Granados Chapa es (fue) uno de los columnistas más valientes, lúcidos y críticos en la historia del periodismo mexicano y un paladín de la libertad de expresión”, dijo.

Pero Padilla continuó. Recordó que el 14 de octubre el columnista publicó su última Plaza Pública en el diario Reforma y otros más afiliados a esa casa editorial. Y citó las líneas con las que Granados Chapa concluyó su columna: “Esta es la última vez en que nos encontramos. Con esa convicción digo adiós”. Dos días después partió físicamente, expuso.

Cortés Guardado prefirió guardar silencio. Luego se presentó un video producido por Medios UdeG. Y mientras se exhibían fotos del recién fallecido comentarista se oían como fondo musical las notas y la letra del célebre tango Cambalache, compuesto en 1935 por José Santos Discépolo:

Que el mundo fue y será una porquería,
ya lo sé.

En el quinientos seis y en el dos mil, también.

Que siempre ha habido chorros,

maquiavelos y estafaos,

contentos y amargaos, barones y dublés.

El video incluyó fotografías de Granados Chapa y se recordó su trayectoria profesional de más de tres décadas en diversos medios:  Excélsior, Unomásuno, La Jornada, la revista Mira, que él mismo fundó, Reforma, Radio Educación, Radio UNAM y el semanario Proceso, entre otros.

También se mencionaron los innumerables reconocimientos que obtuvo durante su prolífica carrera: el Premio Nacional de Periodismo, al que se hizo acreedor en dos ocasiones, la primera en 1981 en la categoría artículo de fondo; la segunda en 2004 por trayectoria periodística, así como la Medalla Belisario Domínguez en 2008.

En su turno, el diputado panista Javier Corral, férreo opositor a la Ley Televisa, recordó que fue Granados Chapa quien informó en su Plaza Pública la fusión de Televisa-Iusacell con meses de anticipación. “Desde el 21 de diciembre de 2010 se empezaron a negociar esas nupcias por conveniencia –dijo el legislador–. Y él desnudó ese proceso de simulación”.

Corral cedió el micrófono a Aristegui. El salón retumbó de júbilo. “Sin su figura no se entendería la fundación de los medios más relevantes de México (Proceso, La Jornada y Reforma); hablar de él es congruencia y vocación de servicio. Es un personaje clave para entender a México”, comentó la periodista.

Resaltó la agudeza, olfato, inteligencia incisiva y memoria prodigiosa de Granados Chapa. Dijo que él era “la pluma más poderosa e influyente”, junto a la de Julio Scherer García. Y añadió: “Ellos son los dos más grandes”.

González Gortázar, articulista de Unomásuno en la época en que el hidalguense participaba en ese proyecto periodístico, recordó que se encontraba en Barcelona con su hija cuando se enteró de su muerte. “Nos levantamos del restaurante y lloré como hace muchos años no lloraba a alguien”, relató el arquitecto.

El rector de la UNAM, José Narro, recordó que Miguel Ángel fue jefe del Departamento de Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la institución, además de investigador y profesor de redacción, historia moderna de la sociedad e investigación documental, entre otras asignaturas. “Nos deja un hueco”, expuso.

Y anunció que a partir de enero la UNAM abrirá la Cátedra Granados Chapa y promoverá una beca con su nombre para que los jóvenes se acerquen a su quehacer periodístico y conozcan su legado. La noticia emocionó a los asistentes.

Tocó cerrar las intervenciones a Vicente Leñero. El autor de Los albañiles lanzó una ráfaga de frases para definir a Granados Chapa: “Era misterioso”, dijo; “Con su barba era un Santa Claus prematuro”; “Siempre de traje impecable, me decía que no como yo, que era zarrapastroso”; “Tenía un tic, voz rumiada y espesa de pausas prolongadas”; “Reía poco… jamás a carcajadas”. “Le gustaban los boleros y tenía corazón de niño”.

Su prosa no necesitaba de metáforas; se construía con párrafos claros, sin epítetos, sin desenfado ni juegos literarios, en línea recta siempre, comentó Leñero. Y recordó algunos aspectos del texto que publicó sobre el hidalguense: “Si por hermandad se entiende esa amistad a prueba de tropiezos, sí fuimos hermanos, no mucho tiempo, no lustros, sólo pocos años, pero intensos” (Proceso 1824).

Al final, directa y sin rodeos, Shulamit Goldsmith declaró: “Poco puedo agregar ante voces tan lúcidas que hoy participaron aquí. Él decía que la muerte embellece, que todos hablan bien de ti al morir. Pero hoy todo lo que dicen de él es cierto. (Migue Ángel) fue un hombre recto, trabajador, pero sobre todo un gran compañero.”

Y la sala estalló en aplausos.