MÉXICO, D.F. (apro).- Partir, el largometraje de la cineasta francesa Catherine Corsini, ha dado vuelta al mundo con infinidad de comentarios positivos por la fuerte historia y actuaciones.
Se estrenará en México a principios de agosto, pero en pocos cines. Es la tragedia de Suzanne (Kristin Scott Thomas), de unos 40 años, quien vive en el sur de Francia con su marido médico y sus hijos. Su cómoda vida le pesa y convence a su esposo de volver a ejercer y abrir un consultorio de kinesioterapia.
Durante las obras de su nuevo negocio conoce a Iván, el encargado de los trabajos de la albañilería, un hombre que siempre ha vivido al filo del peligro e incluso ha estado en la cárcel. La atracción es mutua, inmediata y violenta. Suzanne decide dejarlo todo para dar rienda suelta a la pasión que la devora.
Corsini le contó a la productora del filme, Fabienne Vonier, que escribió y dirigió esta película porque llega un momento en la carrera de una realizadora “en la que se tienen ganas de enfrentarse al rodaje de una auténtica historia de amor”.
Quería contar una historia muy clásica, muy simple, que le permitiera seguir la trayectoria de una mujer del calibre de las heroínas que siempre han hecho soñar, de Ana Karenina a Madame Bovary:
“El retrato empezó ahí, en un contexto clásico, el retrato de una mujer que se atreve a lanzarse a la aventura, que decide arriesgarse, quizá porque ha llegado a un punto de su vida en que sabe que ya no puede limitarse a dejar pasar las ocasiones. Ni sus hijos pueden detenerla. He intentado mostrar lo que es el deseo, qué ocurre cuando irrumpe en una vida normal, ordenada, su potencia, su lado inevitable… Por eso me he inclinado por una puesta en escena depurada, para dejar más sitio a la sensualidad, a la naturaleza… Lo digo en el sentido de que el amor limpia la película de cualquier psicología y le da un impulso puro, el impulso de los cuerpos que se buscan o huyen.”
Desde el inicio de la historia advierte que es una tragedia. Según ella, “porque la verdadera pasión tiene mucho que ver con la tragedia”:
“Es egoísta, incluso cruel y ciega. Rechaza al resto del mundo, que a veces se lo hace pagar caro. Al poco de empezar el guión, sentí la necesidad de abrir la película con un efecto de golpe que presagiara el drama. Quería crear tensión, dejar claro que se llegaría al final de la pasión con todo lo que eso implica de fuerte, de maravilloso, de trágico.
“Se sabe desde el principio que ocurrirá un drama, pero no se sabe si es un asesinato o un suicidio. El suspenso queda intacto. Pero sabemos que vamos a presenciar un drama y eso hace que las escenas de amor sean todavía más intensas, como si sobrevolara una amenaza. Se es consciente de que los personajes están condenados de antemano, pero lo fascinante es descubrir cómo llegan, cómo se abandonan, cómo se precipitan hacia ese drama.”
La también actriz (estudió en el Conservatorio de Arte Dramático de París) ha confesado que lo más difícil de escribir Partir fue conseguir que encajara todo: el deseo, la pasión, el suspenso y el contexto social:
“Lo más complicado quizá lo sentí al inclinarme hacia el radicalismo sin caer en la caricatura; esforzarme en avanzar con elegancia dentro de la ruptura de la mujer con un marido acomodado para irse con un obrero catalán, y no sobrepasarme en cuanto a las emociones y los sentimientos.”
A la directora se le ha cuestionado un sinnúmero de veces el contexto social de su personaje, casada con un médico, dispuesta a volver a trabajar como kinesiterapeuta, pero deja a marido e hijos, comodidades y casa, por un obrero catalán…
Éste es uno de sus argumentos más claros al respecto:
“Esta dimensión social, política, que sirve para denunciar la situación de la mujer era muy importante. La película reivindica un punto de vista feminista. Suzanne está atrapada, no goza de independencia económica, depende totalmente de su marido, y éste, cuando ella se va, intenta retenerla por cualquier medio, incluso el más bajo, dejándola sin dinero.
“Es el relato de una mujer capaz de abandonar su medio social, de emanciparse al precio que sea. La casa, bastante fría y austera a propósito, es una cárcel dorada. Es un poco como si hubiera vivido medio deprimida, escondida durante años, y de golpe, el deseo, el amor, la pasión consiguen que lo deje todo, que se entregue plenamente a esa nueva relación a sabiendas que nunca podrá volver atrás. Con su marido está más próxima al encarcelamiento, pero con su amante, aprende a ser ella misma.”
Agrega que Suzanne de pronto está frente a una persona que la mira, que la escucha, que la desea:
“Tenía todas las comodidades del mundo, y su amante le aporta cosas mucho más simples, pero esenciales, el deseo, el placer, la promesa de la felicidad… De ahí la importancia que se da a la naturaleza, a una cierta dulzura, como la escena en Cataluña al lado del mar con la hija de su amante, o en la ruina que les sirve de refugio. No deja atrás un infierno, pero descubre algo absoluto que le impide dar marcha atrás. Cuando su marido le prohíbe que le deje, ella se revela tal como es.”
Un guión para Scout Thomas
Corsini escribió el guión pensando ya en la actriz Kristin Scott Thomas:
“Por una vez quería escribir con alguien definido en mente. Enseguida pensé en Kristin. Primero redacté ocho o diez páginas y se las enseñé. Me dijo que el personaje y el tema le interesaban y me puse a trabajar pensando en ella. Hace veinte años quise trabajar con ella en una película para la televisión, pero desafortunadamente no fue posible.
“Esta artista me fascina. Tiene algo misterioso, una especie de belleza helada, de aparente dureza, tocada por cierta melancolía que la hace frágil y vulnerable. Era ideal para encarnar a una burguesa distante con su lado desesperado. Además, es capaz de perturbar, despertar emociones. Consigue transformarse lentamente, partiendo de un rostro pasivo hasta llegar a la increíble determinación que deja entrever hacia el final.”
Corsini sedujo enseguida a Scott Thomas con la historia de Suzanne:
“Es un personaje muy especial, un poco extremo. Me gusta el trabajo de Corsini. Se atreve a tocar otros temas. Vino a verme y me habló de un proyecto que quería hacer conmigo. La historia de una mujer de mi edad a la que le pasa lo que a muchas hoy en día… Es increíble la cantidad de parejas que se rompen. Se llega a los cuarenta y todo empieza a derrumbarse. Me interesaba el tema.”
Además le atraía trabajar con un equipo así:
“Catherine en la dirección; Fabienne Vonier, una productora que me gusta mucho y que hace un cine muy hermoso; Agnès Godard como directora de fotografía… Me apetecía estar con esas mujeres, contar con ellas la historia de una mujer que lleva años viviendo medio ahogada y que cree poder reinventar la segunda parte de su vida. Conozco a mujeres cuyos maridos no consideran que deban tener una tarjeta de crédito ni trabajar. Están atrapadas y algunas se enfrentan a la violencia de género.”
A la pregunta de cómo definiría el personaje de Suzanne, ha declarado que es una mujer que, en un momento de su vida, hace un balance y no le gusta lo que ve:
“Dejó de trabajar para criar a sus hijos. Ahora son adolescentes a punto de ser adultos y Suzanne quiere volver a su profesión de kinesiterapeuta. Con cierta condescendencia, su marido Samuel decide ayudarla a instalar un consultorio… al fondo del jardín, para que no se aleje demasiado. Está claro que él lo considera como un capricho. Suzanne quiere a su marido, que le da todo lo que quiere: ropa cara, una casa grande, un coche caro, espléndidas vacaciones, pero que siempre la menosprecia. Es su mujer, le pertenece, es parte de su estatuto social. Y de pronto, conoce a un hombre opuesto a su marido. Amable, atento, simple. Es albañil, catalán. Viene de un ambiente totalmente diferente y vive en un sitio horrible. Suzanne es presa de una especie de revelación a la que se añaden un deseo y un placer sexual que creía haber olvidado.”
Es la cuarta vez que Corsini trabaja con Agnès Godard como directora de fotografía. Y así la cineasta se refiere a su cinefotógrafa:
“Filma muy bien a las mujeres. Ha sido muy delicada en las escenas de amor, que debían ser crudas y bellas a la vez. Sabía que aportaría una luz llena de sensualidad a la película. Era necesario sublimar, dar gracia y belleza a la historia de amor. Las dos nos conocemos bien, existe una gran complicidad entre nosotras aunque seamos diferentes y no estemos siempre de acuerdo. Solemos reírnos de lo mismo. En el rodaje no nos hace falta hablar mucho, pero sí hablamos mucho antes, pensamos en los decorados, los encuadres, cómo íbamos a rodar…”
Artecinema distribuye en México Partir. Primero en el Distrito Federal y luego recorrerá todo el país.









