Editorial
Los signos que auguran cómo será 1977 para los mexicanos no son, en su conjunto promisorios de una vida mejor en los diversos órdenes que interesan a los hombres Detengámonos a examinar sólo algunos de ellos
Sucesivas y reiteradas abdicaciones de sus deberes fundamentales han conducido al Congreso de la Unión a un desprestigio que sólo empeñándose en cerrar los ojos puede dejar de verse Más parece que no hemos llegado, aún a los extremos Así lo indica la burlesca, descabellada resolución dada al conflicto surgido en la elección extraordinaria de Nuevo Laredo Declarar diputado de partido al candidato del PARM — opción que éste, con desprecio hacía sus electores admitió alegremente— no sólo es abierta, claramente violatorio de la ley, sino que contradice y anula la esperanza de que las Cámaras tomaran en serio, como se había anunciado, su papel de contralores de la deuda y el gasto público
Si en materia política esta muestra de desdén a la inteligencia y a la dignidad cívica de los mexicanos no puede ser pasada por alto, en lo que concierne a los salarios mínimos tampoco puede dejar de decirse una palabra
Es cierto que el aparato gubernamental ha buscado, a través de sus mecanismos de comercialización de subsistencia cotidianas, detener la carestía con objeto de evitar que ésta siga avanzando mientras los salarios experimentan un refrenamiento Pero es claro que el aparato resulta matizado por la participación oficial, y son sus normas las que imperan en el mercado Aunque se procura intensificar la vigilancia administrativa sobre los precios, casi nadie puede racionalmente confiar en la eficacia de este modo de encarar alzas ilegitimas
De esa manera, lo cierto es que el alza apenas perceptible en los salarios mínimos está siendo ya absorbida, o no tardará en serlo, por los incrementos en los precios, los que ya han ocurrido o los previstos Piénsese por ejemplo, en el anunciado aumento en las tarifas del Metro
Triplicar el precio del boleto de transporte subterráneo significaría dejar reducido casi a la mitad, por ese solo concepto, el aumento de $1000 o menos aplicado al salario mínimo del Distrito Federal si se tiene de los trabajadores Por supuesto que es saludable que la operación del Metro no sea tan abrumadoramente deficitaria como hoy lo es pero asimismo debería ser natural que el pago de los faltantes no se hiciera recaer, y menos de modo tan abrupto, sólo en los usuarios, pues es viable encontrar medidas fiscales que tuviesen las consecuencias deseadas
Este problema que nos ocupa, que de modo tan adverso grava la economía de los trabajadores, se toma mayormente dramático si se considera que la porción de los mexicanos protegidos por el salario mínimo se exigua en relación con el total de la población económicamente activa Y eso no ocurre por que sean amplios porcentajes los que obtienen remuneraciones mayores, sino por lo contrario Es un hecho que aún oficialmente se admite, que suman millones los obreros y empleados, y particularmente los jornaleros agrícolas, que teniendo derecho a esa prestación laboral, no la reciben consiguientemente, no se han visto, ahora como antes, favorecidos no siquiera por el minúsculo aumento en los salarios mínimos








