Intimidación, justificación, descalificación
UNAM: el recurso del desplegado, bajo sospecha
Álvaro Delgado y Antonio Jáquez
Aparentemente indeciso para intervenir en la solución del conflicto de la UNAM, que dura casi 10 meses, el gobierno federal y las autoridades universitarias encontraron la fórmula para salir de su pasmo y poder recurrir al uso de la fuerza pública: El discurso legitimador de acaudalados dirigentes empresariales, guías espirituales de todas las tendencias e integrantes destacados de la comunidad cultural
De una parte, un extraño grupo de líderes empresariales, religiosos y de medios de comunicación, apoyados por “instituciones afines”, como dentistas, vendedores de autos y taxistas, urgieron al gobierno federal, en un desplegado de prensa, a que reprimiera a los paristas, “una minoría con fines políticamente desestabilizadores”, mediante “medidas que conjuguen inteligencia, rapidez, eficacia y prudencia”
De la otra, también con un desplegado —pagado por la Rectoría de la UNAM—, buena parte de la intelectualidad se hermanó en la demanda de que el Consejo General de Huelga (CGH), al que se identifica como una “minoría intolerante”, devuelva las instalaciones de la institución, si es que quieren diálogo
Ambos grupos avalan el resultado del plebiscito convocado por el rector Juan Ramón de la Fuente, el 20 de enero, y coinciden en que el siguiente paso para restablecer el Estado de derecho en la UNAM es que los paristas entreguen los planteles
“Ante el radicalismo y la absurda posición del CGH, no cabe ya un nuevo diálogo El rector cedió a todas las demandas que podía aceptar Ya no hay más nada legítimo que pueda otorgarse”, resumió el “Grupo ¡ por México!”, en un desplegado publicado en todos los diarios —con excepción de La Jornada—, el sábado 29 de enero
Encabezados por Juan Francisco Ealy Ortiz, director de El Universal, los dueños de Televisa, Emilio Azcárraga; de Televisión Azteca, Ricardo Salinas: de Multivisión, Joaquín Vargas, así como de varios diarios y de seguidores de Francisco Labastida, como Eduardo Bours y Alfredo Miguel, exigieron al gobierno federal restablecer el Estado de derecho
El desplegado fue concebido el martes 25 de enero en la reunión mensual de un grupo de amigos de Ealy Ortiz, el acopio de firmas concluyó el viernes 28 y se publicó cuatro días antes de que la Policía Federal Preventiva (PFP) entrara, el martes 1 de febrero, en la Preparatoria 3, al cabo de un choque entre paristas y personal de la UNAM
“Fue muy oportuno, porque contribuyó, parcialmente, a la decisión del Estado mexicano”, resume, en entrevista con Proceso, Guillermo Velasco Arzac, uno de los promotores del desplegado
—¿Le pareció correcta la actuación del gobierno federal?
—Dentro del problema, porque es muy difícil, me parece correcto Para los problemas complicados no hay soluciones mágicas En este caso un ingrediente indispensable de solución era precisamente la intervención del Estado
Los hechos de violencia que precedieron a la acción policiaca, que culminó con la detención de 248 paristas, motivaron que 88 intelectuales, entre ellos tres miembros de la comisión negociadora del rector —Federico Reyes Heroles, Rolando Cordera y Luis Villoro— firmaran en los diarios un desplegado cuyo costo de inserción corrió a cuenta del presupuesto de la UNAM
Redactado la misma noche del martes 1 por Ignacio Solares y José Ramón Enríquez, directores de Literatura y del Centro Universitario de Teatro de la UNAM, respectivamente, el texto argumenta que la iniciativa del plebiscito fue “frenada por actos de violencia y de irracionalidad”, y urge a los paristas a devolver los inmuebles universitarios, “que son de todos”
Entre los firmantes se encuentran personajes habitualmente confrontados, como Carlos Fuentes, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín y Enrique González Pedrero, aunque algunos no fueron ni siquiera consultados, como Juan García Ponce
—¿Quién pagó el desplegado —se le pregunta a Solares
—Lo pagó la Universidad, es obvio
Al respecto, el filósofo Luis Villoro dijo a Proceso que las posiciones que se expresan en los dos desplegados son comprensibles, pero señala: “Obedecen más al hartazgo por la situación que a la reflexión tranquila y fría de cuál sería la salida adecuada”
Villoro es uno de los 22 intelectuales que suscribió un tercer desplegado, el viernes 4, en La Jornada, que alude a los otros dos En el texto se señala que los consensos se construyen con razones y voluntad, “no con presiones, amenazas y conductas extrauniversitarias que carecen de legitimidad y autoridad moral”
Firmado, entre otros, por intelectuales como Pablo González Casanova, Víctor Flores Olea, Rodolfo Stavenhagen, Julio Boltvinik, Enrique Semo y el propio Villoro, el documento alude a los otros dos desplegados, y exige:
“Que las cúpulas empresariales, eclesiásticas, intelectuales y de los medios de información no continúen presionando a favor de una salida violenta, ajena al diálogo”
Un “grupo de amigos”
La historia del primer desplegado, dirigido al presidente Ernesto Zedillo y a funcionarios de su gabinete, así como al gobierno del Distrito Federal, tiene su origen en un grupo “informal” constituido hace poco más de un año, que coordina el dueño de El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz
Se trata de un puñado de empresarios y líderes religiosos que suelen reunirse cada semana a comer en el domicilio de alguno de ellos o en restaurantes Comensales habituales son el cardenal Norberto Rivera y el obispo Onésimo Cepeda, así como Antonio Chedraui, de la Iglesia ortodoxa, y Jaziel López, de la Iglesia luterana
Con ellos departen el dueño de la Casa Domecq, Antonio Ariza; el director de Unomásuno, Manuel Alonso; Guillermo Salas Poyró, presidente del Núcleo Radio Mil; Beatriz Pagés, directora de Siempre!, así como Eduardo Bours, encargado de recolectar fondos para la campaña de Labastida, y Alfredo Miguel, amigo del candidato priísta y cuyas empresas fueron rescatadas por el Fobaproa En su periódico, Federico Arreola aseguró no haber sido consultado para incluir su nombre entre los abajo firmantes
A esta iniciativa se sumaron agrupaciones “afines”, como la Asociación Dental, cuyo presidente, Antonio Estrada, dijo a este semanario que aceptó firmar porque “ya estamos hasta el cepillo” de los paristas, lo mismo que Tarcicio Herrera, de la Alianza de Maestros
Otro firmante es el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Alberto Fernández Garza, el mismo que propuso, en julio, cerrar la UNAM y becar a los estudiantes “Sale más barato”, aseguró
“Somos un grupo de amigos que quiere hacer algo por México”, dice uno de los miembros de “¡ Por México!”, Guillermo Velasco Arzac, presidente de “México unido contra la delincuencia”, quien revela que, el martes 25 de enero, los concurrentes a la reunión decidieron, “unánimemente”, publicar un desplegado para “pedir una acción más firme del Estado” en la UNAM
—¿Están hartos del conflicto?
—Más que hartazgo es la enorme preocupación, porque es un año muy importante para la democracia, para su economía, para su reconciliación nacional
—Existe la impresión de que ese desplegado atiza el fuego
—No, no, no, es una impresión equivocada Es un desplegado que exhorta a la autoridad y que reconoce que el rector ya hizo su papel con el plebiscito y que se intentó entregar los resultados sin éxito y que los moderados han modificado su postura
—¿No es un llamamiento a la mano dura?
—No Los calificativos son muy claros: la acción inteligente, prudente, oportuna, conforme a derecho, del Estado Eso es todo lo contrario a la mano dura
El empresario Antonio Sánchez Díaz de Rivera dice:
“Me da la impresión de que el gobierno federal considera que la política es como el libre mercado: la oferta y la demanda Así no funciona la política Dejar las cosas al garete va a crear una situación peor de la que ya estamos viviendo”
Comensal, también, del grupo y firmante del desplegado, el expresidente de Coparmex hace un planteamiento a la comunidad que se expresó en el plebiscito: “Recuperar las instalaciones con la custodia de la policía”
Rectoría paga
Buena parte de la comunidad cultural, por su parte, hizo a un lado sus discordias —”no los unió el amor sino el espanto”, escribió Adolfo Gilly citando a Borges —, y convocó también a los demonios Pero también este incidente produjo encontronazos con otro sector de la intelectualidad
En un desplegado dirigido “a la opinión pública”, insertado a media plana en La Jornada y Reforma, unos 90 intelectuales, algunos de ellos parte de la burocracia universitaria, dijeron que “los recientes sucesos de violencia en la Preparatoria 3 son prueba fehaciente de que la retención de las instalaciones por parte de una minoría intolerante es lo más perjudicial para la vida universitaria, el diálogo y la realización del Congreso Universitario”
Y añadieron: “Si el CGH quiere contribuir a ese diálogo y evitar las provocaciones tiene, para ello, un elemento invaluable: la devolución inmediata de las instalaciones, lo que en este momento quiere decir que, entre universitarios, el método civilizado es el diálogo y no la retención a toda costa de espacios que son de todos”
Ignacio Solares, quien apareció como responsable de la publicación, al lado de Sealtiel Alatriste y Federico Reyes Heroles, acudió el viernes a las instalaciones de Proceso a dar su versión:
Enterado la noche del martes del choque en la Prepa 3, “donde los únicos golpeadores fueron los paristas”, acordó con José Ramón Enríquez redactar en ese momento un desplegado y convocar a otros intelectuales para que lo sucribieran, como lo habían hecho en otras dos ocasiones durante el conflicto universitario
—¿En calidad de qué aparecen algunos firmantes? ¿Como funcionarios universitarios o cómo intelectuales independientes?
—Lo que sucede es que siempre he dicho que espero no ser un funcionario que escribe, sino un escritor que funciona Por supuesto que mi convicción está en lo que escribí allí y es una convicción de escritor independiente Claro, lo que pasa es que estamos insertos en todo un aparato que es la Universidad yo no me preocuparía ahorita por decir: Es el director de Literatura el que está llevando agua a su molino
—Sin embargo, el que empleados de la UNAM promuevan o firmen desplegados de intelectuales se presta a malos entendidos, a que se crea que el texto se hizo por encargo y que lo pagó la propia Universidad
—Claro, pero en ese sentido no me preocupo mucho, porque la Universidad se relaciona directamente con lo humanístico y con la literatura, y yo soy el editor Por decirles algo, el año pasado edité 50 libros, algunos de ellos de escritores que aparecen en el desplegado La intelectualidad ha girado siempre en torno de la Universidad, y de lo que estoy seguro es que la firma de un Carlos Monsiváis no se da por algún interés con la Universidad, sino que simplemente el texto le parece congruente y por eso lo firma Respecto al pago, alguien lo tenía que hacer, yo no lo podría pagar de mi propia bolsa
—¿Quién lo pagó?
—Lo pagó la Universidad, es obvio Pero eso siempre ha sido así
—Ustedes invocan el plebiscito para pedirle al CGH que devuelva las instalaciones, pero la finalidad del mismo era la reanudación del diálogo
—Lo que sucede es que las cosas caen por su propio peso A partir del plebiscito, teniendo el aval de 180 mil universitarios, lo que procede en ese momento es que el CGH devuelva las instalaciones y se den las condiciones para la realización de un Congreso Universitario
“El conflicto está mal planteado, no es el gobierno contra CGH, yo creo que es al contrario: los universitarios tenemos que integrarnos al CGH, no unirnos al gobierno y por eso el Congreso es nuestra solución ¿Me explico? Para escapar del gobierno hay que regresar las instalaciones para que todos los universitarios estemos allí adentro”
—¿Y por qué no establecen con claridad esa posición en su desplegado?
—Porque de lo que se trata ahora es de lograr que el CGH devuelva las instalaciones No vemos otra salida real para evitar un acto de fuerza pública que la devolución de las instalaciones
—¿Qué les hace creer que el CGH atenderá su llamado cuando ha ignorado tantos otros?
—Hay que ver quiénes son o eran los intelectuales de ellos Estaba Iván Zavala, que verdaderamente es una burla, el señor había escrito cosas de una falta de integridad moral absoluta Y hay que ver la falta de cordura de Luis Javier Garrido
—Pero también hay posiciones como las de Pablo González Casanova y Luis Villoro
—Estoy de acuerdo, pero hay un problemaVamos a decirlo así: en la junta de médicos se nos muere el enfermo, y no podemos pedirle a un médico que haga una determinada acción porque a lo mejor el paciente se muere más rápido De lo que se trata es de salvar al enfermo
Solares lamenta que el CGH “le haga el juego a la extrema derecha y caiga en lo mismo que en algún momento quiso evitar El gran problema de este país es que se ha desplazado la esencia de la Revolución Mexicana por una política globalizadora criminal En este sentido quiero decir que al presidente Zedillo sólo le faltó decir en Suiza que la Universidad es un incidente, así como dijo que Chiapas es un incidente”
Y reitera que la devolución de las instalaciones facilitará la realización del Congreso Universitario, del que espera se derive la transformación sustancial de la Universidad “Si el precio que pagamos para esa transformación fue esta huelga, bienvenida la huelga Nuestro gran riesgo, como universitarios y luego como mexicanos, es que en lugar de volverse transformación se vuelva tragedia”
Deslinde de Monsiváis
En entrevista telefónica con Proceso, el viernes 4, Carlos Monsiváis comunicó:
“El texto se firmó antes de que conociéramos la penosa iniciativa de la Procuraduría General de la República, con sus aberraciones jurídicas, en lo tocante a terrorismo y motín Es inconcebible que a estas alturas y después de la experiencia del 68, se caiga en una típica maniobra derechista de agigantar los hechos para usar la ley como amenaza Me atrevo a creer que todos los firmantes estarían de acuerdo en rechazar este uso inadmisible de los términos jurídicos Terrorismo y motín son palabras muy graves que la situación actual simplemente no admite”
Por otra parte, Monsiváis añadió a título personal: “Estoy convencido de que los estudiantes presos deben ser liberados de inmediato La solución al conflicto es estrictamente política También creo que continuar la huelga es, a estas alturas, muy dañino y que las medidas de la PGR están hechas estrictamente para apoyar la continuación de la huelga Da pena comprobar que las soluciones de la derecha no consiguen apartarse del modelo clásico de Gustavo Díaz Ordaz”
—Sin embargo, la exhortación de ustedes al CGH de que devuelva las instalaciones se parece a la de la PGR, ¿no?
—Nosotros le sugerimos eso al CGH, no le exigimos ¿A cuenta de qué podemos hacerlo? No tenemos ni la fuerza ni la autoridad
—El desplegado de ustedes tiene ecos de ultimátum y de justificación del uso de la fuerza pública
—El querer que se devuelvan las instalaciones es, en todo caso, un buen deseo, pero no es un llamado a la fuerza pública Estoy en contra de la idea misma de ultimátum
“Mal cálculo”: Villoro
Por su parte, en entrevista, el doctor Villoro analiza el desplegado de los intelectuales pagado por Rectoría, y señala que ellos lo firmaron con toda buena intención, porque les asiste la razón para que se acabe el conflicto y que el CGH negocie su salida con las autoridades
“Pero quizá no se dieron cuenta de la implicación que tenía el plantear esta necesidad como una especie de última llamada o de ultimátum, porque si el CGH no aceptara esta situación daría lugar a la entrada de la fuerza pública Creo que tenían buenas intenciones, pero no hubo una reflexión suficiente”
—Al parecer la Rectoría se montó sobre ese discurso y prácticamente lanzó un ultimátum
—Así es Me parece que es un error, un mal cálculo utilizar el resultado del plebiscito como un arma o una justificación de un ultimátum Me parece que el sentido del plebiscito fue porque pensamos que daría lugar a un renuevo de la negociación, por lo que utilizarlo de manera distinta aparece como una justificación a un llamado último del levantamiento de la huelga sin acuerdo de la otra parte
Puntualiza: “Me parece un error muy grave porque puede dar lugar a que ya no haya más salida que la entrada de la fuerza pública Y quiero decir que eso sería catastrófico, por sus repercusiones sociales y por su impacto en la capacidad y vida académica misma de la Universidad
“El uso de la fuerza pública tendría consecuencias terribles: Primero, porque no se habría solucionado el conflicto, permanecería el rencor de un grupo derrotado y probablemente, dentro de poco tiempo, volvería a haber un movimiento semejante; segundo, porque esta confrontación podría dar lugar a otras a nivel nacional, en que se implicaran otros grupos sociales en un momento de elecciones y con tantos conflictos no resueltos en el país Esto podría ser catastrófico”








