De Mario Lavista No. 1213

De Mario Lavista
Señor director:
Solicito la publicación de la siguiente carta que, por mi parte, será la última
En su respuesta a mi carta (Proceso 1211), el señor Julio Estrada vuelve a las andadas: basado en sus propias mentiras y verdades a medias, le urge erigirse en la conciencia moral de la música mexicana La pureza —es un decir— de sus acciones justifica todo lo que hace y le permite, a la vez, juzgar y descalificar de un plumazo a funcionarios, instituciones, compositores y demás, hasta abarcar en un todo compacto, lo que él llama —no yo— “la mediocre música mexicana”
Van algunas perlas entresacadas de la entrevista de José Alberto Castro y de las cartas que envió a Palabra de Lector
1 “La cultura en México está en manos de edecanes y no de gente que entienda” Supongo que entre los edecanes se encuentran el pianista Raúl Herrera, director del Departamento de Música de la UNAM, y el musicólogo Ricardo Miranda, coor-dinador nacional de Música y Ópera del INBA
2 Dice que firmó como profesor del Conser-vatorio pero omito una larga lista de puestos acu-mulados a partir de la creación del sistema al que pertenezco Se trata, como es usual en él, de una más de sus mentiras No tengo puestos acumulados por la sencilla razón de que no tengo ninguno, a menos que el señor Estrada considere como puestos el dirigir una revista de música y el formar parte del consejo editorial de Ediciones Mexicanas de Música
3 Asegura que tengo a mi cargo en la UNAM una Colección de Música Sinfónica Mexicana Otra mentira más Soy solamente uno de los miembros del consejo editorial de dicha colección
4 Sigue y seguirá sin aceptar que su afirmación en el sentido de que “los artistas consagrados, entre comillas, han abandonado la formación de nuevos artistas” es una mentira más Para refutar su dictum, cité en mi carta anterior a siete miembros del Sistema Nacional de Creadores que ejercen la docencia musical, tres en México, dos en el extranjero y dos que imparten clases particulares Pero según él, con esto, lo único que logré fue mostrar mi resentimiento ¿Por qué? Sólo él y su arcana lógica lo saben Para agudizar aún más mi resentimiento, agrego algunos nombres: Luis Jaime Cortez, director y maestro del Conservatorio de Las Rosas de Morelia; Ignacio Baca Lobera, maestro de la Universidad de Querétaro; Ramón Montes de Oca, profesor en la Facultad de Música de la Universidad de Guanajuato
5 Declara, muy en serio, que se prohíbe personalmente formar parte de la cultura oficial existente en México, pero acepta ser miembro del Foro Internacional de Música Nueva “Manuel Enríquez” organizado por el CNCA y el INBA Pero claro, él, a diferencia de todos los demás, lo hace por una causa altruista: “Para democratizar y reglamentar los procesos de selección” Ni hablar del peluquín: él es (¡oh sí!) la conciencia moral de la música mexi-cana Pero, pequeño detalle, antes de que él le entrara como jurado, la programación del foro ya la decidía un cuerpo colegiado (al igual que las becas del Fonca, por cierto) Añade que omití decir que dos obras mías no fueron programadas en el foro en 1998 y 1999 cuando él era uno de los jurados Lo que él omite es que esas dos obras no las propuse yo, sino el flautista islandés Kolveinn Bjarnason y el Cuarteto de Cuerdas Latinoamericano Si no las programaron fue porque, obviamente, el jurado no las consideró dignas de tocarse en el foro, y porque estoy seguro de que eran retefeas
6 No es nada inteligente, por decir lo menos, afirmar que al igual que el senador vitalicio Augusto Pinochet pone en riesgo la transición a la democra-cia, los nombramientos vitalicios son “una gangrena para la cultura que estorba a nuestra transición a la democracia” De ser cierto esto, el panorama se antoja francamente tristísimo: de ahora en adelante, según el señor Estrada-Garzón, los becarios ya no podremos ir a curarnos a un hospital londinense
7 Finalmente, el señor Estrada declara: “La música que se protege en México es mediocre” Esto incluye, naturalmente, todo, y entre este todo habría que destacar al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, a la Escuela de Música Religiosa Monseñor Darío Miranda, al Instituto Nacional de Bellas Artes, a las academias Bach, a la Universidad Nacional Autónoma de México, a mi maestra de piano Adelina Benítez, al Centro Nacional de Investigación Musical (Cenidim), a la Escuela Superior de Música de Monterrey, a la Escuela Coral de las Hermanitas Águila, al Conservatorio Nacional de Música, al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, al Colegio de Solfeo para Señoritas Do-Re-Mi y a la Escuela Superior Rondallas del Norte —que dirige en Saltillo mi amigo Bilo
Atentamente
Mario Lavista
Profesor del Conservatorio Nacional de Música