“Estamos en tránsito hacia un presidencialismo constitucional”

“Estamos en tránsito hacia un presidencialismo constitucional”
Zedillo renunció a la obligación de designar a su sucesor y ahora todas las reglas se desconocen: López Portillo
Antonio Jáquez
José López Portillo suelta un término duro que define la actual coyuntura sucesoria: “vacío político” Y es que la era del “presidencialismo presidencialista” se acaba: Ernesto Zedillo “renunció a una de las obligaciones del sistema presidencialista, que era participar en la elección del candidato de su partido”
El hueco que dejó Zedillo se llena “con la iniciativa política de grupos o individuos”, como los que en el PRI participan ya en el juego sucesorio
Observa que de la baraja actual saldrá el candidato, pues, “como decía el difunto Aristóteles, para que haya un ganador se necesita que haya participación”
Metido de lleno en la política partidista, discrepa de los priístas que están a favor de que el candidato sea elegido mediante consulta directa, sistema en el que “es muy fácil hacer o hablar de fraudes dirían que votaron hasta los muertos”
Son tiempos de sucesión, dice emocionado López Portillo, libre ya del peso de la tradición que forzaba a los expresidentes a guardar silencio:
“Ya en este momento ni al presidente le hace daño nuestra actividad, porque ya renunció a lo más fuerte e intenso en política, que es la sucesión”
Igualmente, los otros expresidentes, Luis Echeverría, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, de una u otra manera se presentan ante la opinión pública De la Madrid, incluso, se deja ver con el precandidato Manuel Bartlett, como lo hizo, por ejemplo, el 12 de marzo, en un concierto en el Teatro Metropólitan, según lo atestiguó el reportero
Los expresidentes, menos Salinas, se reunieron en la ceremonia en la que el gobierno español condecoró al exembajador Rodolfo Echeverría Ruiz, el 25 de febrero, unas semanas antes de que éste se lanzara como aspirante a dirigir al PRI En el acto estuvo también Amalia Solórzano viuda de Cárdenas
Al servicio del partido y la sociedad
A cuatro años de la embolia que le paralizó medio cuerpo, el expresidente se ve muy repuesto, sin más secuelas que la falta de movimiento en la mano izquierda Instalado en la biblioteca de su casa en Cuajimalpa, comenta algunos detalles de la sucesión que le tocó conducir, en 1981-82:
“Después de una depuración en mis encuestas —que empezaron desde la formación del gabinete a finales de 1976—, me quedaban dos personajes, Javier García Paniagua y Miguel de la Madrid Uno, si el país se desorganizaba y se requería de alguna manera una mano fuerte que mantuviera la unidad nacional y que evitara el derramamiento de sangre; y otro, si el problema, como parecía serlo, era financiero”
Es decir, “si hubiera habido desorden en el país, el candidato idóneo hubiera sido García Paniagua ¿Por qué? Por esa vinculación que tiene con el Ejército, porque con esa sabiduría popular que lo caracterizó podía conectarse con el Ejército, controlarlo y, en consecuencia, controlar el país Pero como el país no se desordenó porque la nacionalización de la banca de algún modo tranquilizó los extremos, entonces el fiel de la balanza señaló a De la Madrid”
—David Ibarra le dijo a Jorge G Castañeda, según cuenta en su libro La Herencia, que usted escogió a De la Madrid porque “cree que sabe de economía, porque garantiza la carrera política de su hijo, porque va a proteger a Rosa Luz Alegría, a Oteyza y a Margarita, su hermana, y porque la familia también lo apoya”
—Aprecio mucho a David Ibarra, lo respeto como técnico, pero como intérprete de situaciones políticas no es acertado, porque en la determinación del sucesor no intervienen razones personales Es un auténtico servicio al partido y a la sociedad Es una obligación en la que manda el interés nacional Ya si uno acierta o no, es otra cosa, pero lo que manda es el interés nacional
Destaca: “No pensé en mi hijo ni en mis amistades ni en mi familia Si hubiera pensado en eso, hubiera sido García Paniagua, que tenía vinculaciones con mi familia En lo que Ibarra acierta es en que yo consideraba a De la Madrid por su conocimiento de la economía, su experiencia financiera, que según recuerdo se inicia desde la época de Ruiz Cortines
—Con los años, ¿cree usted que acertó o se equivocó con De la Madrid?
—Permítame no opinar sobre el particular
Romper para estabilizar
También se muestra cauto al tocar el tema del maquillaje de cifras para disimular el tamaño del déficit al cierre de su sexenio, una de las maniobras que allanó el acceso al poder de De la Madrid y su equipo desde la Secretaría de Programación y Presupuesto
“Lo sigo viendo como lo vi cuando escribí el libro Mis tiempos No ha cambiado en lo más mínimo Creo que ahí hubo una insuficiencia de información, que es la base para la toma de decisiones Pero esa información no se me dio a tiempo; tal vez hubiera sido distinto lo que después aconteció”
—Usted ha dicho que De la Madrid no era el candidato de la nacionalización bancaria; ¿tampoco hubiera sido el candidato de un déficit mayor, dado que las medidas que se hubieran tenido que tomar afectarían la imagen de la SPP?
—De un déficit mayor, definitivamente no Pero ése no era el problema El problema es que no había una información confiable y consistente entre Programación y Hacienda (cuyo titular era Ibarra) Y ante esa situación, tomé la decisión que se tomó, que tuvo sus consecuencias
—Entre ellas, un alto costo económico
—Pues sí
López Portillo comenta que tampoco advirtió que el grupo delamadrista —que incluía a Carlos Salinas— tuviera definido desde la SPP un proyecto político de largo alcance, que implicó, además, un viraje al modelo económico estatista:
“Creo que así se dio, no hubo un diseño intencional Simplemente se dio un cambio de generaciones Lo que sí fue consciente fue mi reflexión de que mi sucesor debería ser de otra generación, ya no de la mía Yo dejaba el poder de 62 años, mis contemporáneos tenían más o menos la misma edad; en consecuencia, propuse que el candidato fuera de una generación más joven, pero nunca un cambio tan serio como el que usted señala”
Como haya sido, entrando al poder De la Madrid arremetió contra su antecesor, aplicando al pie de la letra una de las divisas del presidencialismo que el propio López Portillo definió: romper para estabilizar
La regla tenía sentido en la hipótesis de un sistema político equilibrado, con presidentes que sucedían a presidentes, todos del mismo partido, dice; para que la inercia del anterior no ensombreciera o impidiera o de algún modo estorbara al siguiente, éste tenía que hacer público un rompimiento para estabilizar al país
Pero en un sistema que está cambiando —puntualiza—, “ya no necesariamente se da esa regla Por ejemplo, Carlos Salinas no rompió con De la Madrid, es otra manera, no de romper, pero sí de impedir los efectos negativos de una participación indebida del expresidente”
—¿Siente que a De la Madrid se le pasó la mano cuando le aplicó a usted esa regla?
—Pues, ya que usted lo dice, en sus propias palabras
—Zedillo también rompió con su antecesor
—Ahí sí no quisiera opinar, por una prudencia que viene de mi propia historia Pero tengo mi propia hipótesis
Opina, eso sí, que la regla de romper para estabilizar ya no es válida “porque ya no está inscrita en un contexto totalizador Cuando permanecía un solo partido con una sola doctrina y un ideario común, había que subrayar las diferencias entre uno y otro régimen por su naturaleza política”
Derechos y obligaciones del presidente
En su mesa de trabajo al centro de la biblioteca, rodeado por estatuillas de próceres de los siglos XIX y XX, con un gran busto de Morelos a sus espaldas, López Portillo se entusiasma al abordar el tema del papel de los expresidentes en la etapa actual:
—Mire usted, el tiempo fluye y produce cambios, es algo obvio Pero ocurre con los cambios, lo que ocurre con los ríos: a veces va la corriente lenta, otras se remansa, y otras se precipita en rápidos Estamos entrando a una etapa de nuestra historia de cambios rápidos, porque se han precipitado, pero atrás tienen toda una historia que es indispensable entender para entender nuestro momento
En tono profesoral, abunda:
“Lo que se ha llamado la transición a la democracia, que no es otra cosa que la adaptación de una idiosincrasia, la mexicana, a la horma del Estado moderno, empezó en 1824 Cada institución del Estado moderno se ha modelado y ha ido modelando a nuestro pueblo; y nuestro pueblo ha ido influyendo en la horma, condicionándola, mexicanizándola, haciéndola así
“El siglo pasado fue una etapa tremenda de inconformidades y adaptaciones y readaptaciones que nutren una historia inquietante, que se tranquiliza un poco después la Revolución, de la que resultan instituciones muy hechas por los mexicanos”
—¿Como el presidencialismo?
—El presidencialismo a la mexicana, porque el presidencialismo está en la Constitución estadunidense, que establece tres poderes; el presidente es uno de ellos
Molesto, refuta la “leyenda” de que el presidencialismo mexicano sea casi un absolutismo:
“Es resultado de nuestra historia, como un sistema político, no un régimen jurídico Es importantísimo hacer el distingo, porque en este momento estamos en tránsito del sistema político al régimen jurídico, vamos a un presidencialismo constitucional, por decirlo así Si no se entiende nuestra historia, no se entiende el presidencialismo Y si no se entiende el presidencialismo, no se entiende nuestra realidad
“México es muy complejo, por su historia; es la historia de desigualdades que nos tienen en el trance que en este momento estamos, en un proceso de adaptación, purificación, perfeccionamiento, decantación, que, le repito, como los ríos a veces se precipita”
—Y en este trance, ¿qué papel tienen los expresidentes? ¿Están siendo consultados sobre las reglas para la elección del candidato presidencial?
—Ya me está complicando la pregunta con otra pregunta Déjeme decirle primero que el expresidente es una función política no tipificada ni en el sistema ni en el derecho Somos simples rezagos del pasado, que no teníamos más lugar en el sistema político que el de respetar la vigencia que tienen los presidentes No estorbar Esa era una regla implícita
“Pero era una regla implícita de un sistema total, cerrado, autosuficiente y funcional Mientras funcionó, no había vacíos políticos Ahora está operándose un cambio de sistema, a partir de las reformas que los presidentes presidenciales han propiciado; porque el presidencialismo sólo puede ser modificado o alterado por un presidente Mientras eso no sucedía, el presidencialismo permanece como sistema político
“Lo que ocurre es que en virtud de los cambios que propiciamos los presidentes, ha cambiado la situación y la estructura electoral del país, con la presencia sistemática e institucional de partidos políticos de oposición, que están ocupando el lugar que la sociedad quiere que ocupen”
Se lanza a fondo:
“Ahora, el Ejecutivo está desligándose de lo que pudiera llamar derechos y obligaciones, sobre todo obligaciones, que el sistema presidencialista propiamente dicho tenía Los anteriores presidentes reconocíamos la obligación, insisto en esta palabra, de participar en el proceso electoral de nuestro partido
“Pero en el momento en que el actual presidente de la República renuncia a ese derecho tácito —metaconstitucional, metajurídico, lo que usted quiera— y rechaza una obligación que tenía para participar en la elección del candidato de su partido, se crea entonces un vacío político
“La sociedad reclama orientación y opiniones respecto de cosas que le importan tanto, como la sucesión presidencial, que es el núcleo de la vida social Y como hay un vacío político, se llena con fórmulas distintas que intentan su participación; y también con opiniones, nada más opiniones, de los expresidentes, que son consultados porque la época es propicia
“Los expresidentes hemos sentido —hablo por mí— la casi necesidad de satisfacer esa curiosidad pública y hemos contestado sinceramente las preguntas que se nos hacen No tiene otro propósito ni otra explicación que esa demanda de información, no hay que ver más cosas; en este momento ni al presidente le hace daño nuestra actividad, porque ya renunció a lo más fuerte e intenso en política, que es la sucesión Y entonces, como que los expresidentes recobramos el libre albedrío para manejarnos en esta área”
—¿A usted no le queda ninguna duda de que el presidente Zedillo efectivamente renunció a esa obligación de intervenir en la elección del candidato del PRI?
—Definitivamente, que renunció no tengo duda No tengo dudas porque fue muy expreso y el partido lo sintió
Voto de calidad
El expresidente se da un respiro Pide un vaso con agua a uno de sus asistentes Aclara luego que aún no ha sido consultado por la dirigencia del PRI sobre las reglas, “aunque tengo la sospecha de que tarde o temprano vendrán a hacerlo”
Entretanto, adelanta a Proceso su posición:
En material electoral, hay dos formas de realizar elecciones o preselecciones: la directa y la indirecta “Usted sabe que en nuestra historia, en el siglo pasado y hasta Porfirio Díaz, la elección era indirecta Fue Venustiano Carranza el primer presidente elegido por votación directa, porque quería fortalecer al Poder Ejecutivo Federal y para que el pueblo tuviera relación directa con su mandatario”
Esas formas, directa o indirecta, pueden ser sustituidas con cualquier otra modalidad, “porque a final de cuentas en la política, como en el derecho, como en tantas cosas, lo consensual o lo que se convenga, es lo que se hace Muchas normas son puramente convencionales ¿Que se haga selección de candidatos por volado? Pues válido ¿Por concurso o pasarela? Pues válido Un partido político se da las normas que quiere”
Con un dejo de nostalgia, recuerda la era en que el presidente de la República hacía la consulta y movía el fiel de la balanza: “Es otra forma que aceptó el partido durante mucho tiempo y que funcionó, y que, sobre todo, resolvió problemas fundamentales”
En esta hora de definición de las reglas —apunta—, “es cuestión de ver inconveniencias, porque las conveniencias en todos existen Una elección directa sería duplicar prácticamente la elección de presidente y establecer una especie de primarias, con el costo correspondiente que el partido no puede pagar Además, en este sistema hay muchos inconvenientes poselectorales, porque es muy fácil hacer o hablar de fraudes, de las dos cosas hay”
Garantizar elecciones directas “implica tener un padrón fundado, que no se discuta, de miembros del partido, que yo no sé si exista o se pueda actualizar Luego, credenciales para que no haya cochupos Tantas cosas Imagínese, dirían que votaron hasta los muertos y todo lo que se dice en estos casos”
Por eso “afirmo que la elección directa, siendo la ideal, es impráctica, costosa y sus resultados objetables”
Así que “no pudiendo acudir a la democracia, perdón, a la elección directa, tendremos que acudir a la indirecta, con delegados estatales de preferencia o distritales si se quiere Pero algún tipo de representación de las bases del partido, que acudan a una convención, en la que en un solo acto y en forma indubitable expresen su voluntad”
—Si el presidente Zedillo deja de ser el fiel de la balanza, según la expresión que usted acuñó, ¿qué papel le corresponde en esta sucesión?
—El ya lo definió Como miembro del partido, tiene su participación, tiene su voto, y posiblemente entre las reglas tenga un voto de calidad, con el que resuelva una situación crítica, como un empate por ejemplo
Adiós a las reglas
—¿Y cómo ve lo que está pasando? Hay tres precandidatos en campaña, Alemán dijo que no y luego que sí, Labastida que sí y después se frenó
—Es lógico, están esperando las reglas Si hay un cambio tan fundamental, como que el presidente no acepta la obligación Insisto, es una obligación, no es placentero, no es el ejercicio de un derecho, el presidente no designa al que más le convenga a él sino al pueblo
“Si el presidente renuncia y no ejercita esa obligación, se crea un vacío político en la selección del candidato y eso implica que todas las reglas se desconocen En política, como en todo el universo, el vacío tiende a ser llenado de algún modo; en política lo llena la iniciativa de grupos o individuos Los individuos que se creen con capacidad para ocupar ese puesto tan interesante, pues concurren al proceso”
—¿Qué factores pesan más en este momento de búsqueda de consenso en el PRI? ¿La unidad del partido? ¿El bien del país? ¿Cuáles?
—No es necesario plantearlos como excluyentes Esa es una pregunta hábil, una de esas cuestiones en las que uno no debe caer No es contradictorio con el bien de la República, la unidad del partido Y el que no vea más que unidad del partido, es un político incompleto
—Pero los priístas tienen que ponderar el factor unidad, sobre todo cuando la oposición está armando una alianza
—Fundamentalmente, para presentar su frente y su proyecto Lo que aquí está faltando es un proyecto de nacionalidad que nos satisfaga Tanto el PRI como los otros partidos están perdiéndose en el proceso electoral Y la democracia no se agota en el proceso electoral, es un fenómeno cualitativo además de cuantitativo
El expresidente se escabulle cuando se le pide que nombre a su candidato “No le voy a decir ningún nombre”, afirma sonriente mientras encoge los tres dedos de en medio y estira el meñique y el pulgar
—Se ven demasiadas fintas en la sucesión priísta, ¿en sus tiempos usted engañaba a los presuntos, alentaba el juego de los engaños?
—No, qué va, yo no soy una chucha cuerera Yo soy un pobre venadito