Ante la inflación, las crisis y las carencias, la solidaridad de las cuotas
No se vale afectar a la UNAM por problemas políticos o macroeconómicos: el presidente del Patronato Universitario
Rafael Rodríguez Castañeda
No se vale”, dice Francisco Rojas, presidente del Patronato Universitario “La Universidad Nacional no puede ser más de lo que el país es Y no pueden exigirle lo que no está en sus manos resolver La huelga es un exceso”
Con una larga trayectoria de funcionario público que culminó como director de Pemex en el sexenio salinista, miembro destacado del PRI, orgulloso exalumno de la UNAM, contador público titulado, Rojas examina en entrevista con Proceso la forma como la máxima casa de estudios se ha visto arrastrada a una situación financiera crítica por las crisis recurrentes del país y por la explosión demográfica
Ataja la menor insinuación sobre una posible baja en la calidad académica de la Universidad:
“En su conjunto, la Universidad sigue siendo el centro fundamental de estudios superiores del país”
Pese a su rechazo casi visceral al paro estudiantil en contra del Reglamento General de Pagos aprobado por el Consejo Universitario, Rojas, miembro fundador de la Fundación UNAM, acepta, sin embargo, que no hay otra salida que la negociación
Éste es el diálogo con el presidente del Patronato Universitario, efectuado en sus oficinas de la colonia Polanco
La injusticia de la pobreza
—¿Cómo se fue generando el proceso de deterioro financiero que ha llevado a la UNAM a sus penurias actuales?
—La UNAM nunca ha vivido en la holgura económica Al contrario, consecuente con la marcha del país, es víctima ahora de las crisis recurrentes que ha experimentado México en los últimos 25 años, derivadas de la falta de control sobre la inflación y del incremento demográfico El Estado ha hecho el mejor de sus esfuerzos por dar a la Universidad la prioridad que merece, pero un dato adicional ha contribuido a que sea insuficiente: hace tres o cuatro décadas la proporción entre los alumnos que ingresaban a primaria y los que llegaban a la educación superior era del orden de 3 o 4% Actualmente, anda alrededor de 15%, todavía muy lejos del 40% de los países altamente desarrollados, aunque el avance es extraordinario
—¿Realmente el Estado ha sido justo con la Universidad?
—Ha sido justo al utilizar los escasos recursos de que dispone para asignarlos a las clases más desprotegidas y a las prioridades que ha ido determinando como fundamentales, y estoy convencido de que una de ellas ha sido la educación Si pudiéramos hablar de injusticia, es la injusticia de la pobreza en nuestro país
—Descríbanos cómo se vive esa pobreza en la Universidad
—Todos quisiéramos mejores recursos de todo tipo; que nuestros maestros estuvieran mucho más preparados y mucho mejor pagados; que nuestros investigadores contaran con mejores laboratorios y mayores recursos para hacer una investigación de más altura; que nuestros trabajadores también recibieran lo que merecen en función del servicio prestado a la Universidad; y que nuestros alumnos, todos, dispusieran de lo necesario para desarrollarse con todas sus facultades puestas en el estudio Quiero decir que muchísimos alumnos no aprovechan lo que debieran por falta de recursos para los libros o equipos que necesitan O, lo que es todavía más grave, porque no están adecuadamente alimentados
—¿Qué tanto influyen estas limitaciones en el rezago de la Universidad respecto de otros centros de estudios?
—Éste sigue siendo el centro fundamental de estudios superiores en el país No hay universidad que en su conjunto tenga lo que tiene la UNAM La mayor parte de la investigación del país se hace en sus instalaciones El nivel de sus posgrados es elevado, de acuerdo inclusive con estudios hechos en el extranjero Hay escuelas que son ejemplo de la mejor preparación nacional, aunque otras, es preciso reconocerlo, no necesariamente conservan el mayor de los prestigios y quizás se han visto rebasadas por universidades públicas de otros estados o por instituciones privadas
—¿Como cuáles?
—No me gustaría poner ejemplos, porque probablemente ofendería a alguna escuela o facultad, a algún centro o instituto de investigación Por otro lado, qué bueno que en el país exista cada vez más y mejor educación, que la impartan instituciones privadas, también mexicanas, en donde estudian mexicanos Qué bueno que haya esa proliferación de centros de educación superior —ojalá tuviéramos más—, pues permiten una sana competencia y propician la participación social de muchos connacionales preocupados por la preparación de la juventud Esto, a su vez, redunda en un mayor acceso a la educación superior y en un creciente número de jóvenes bien preparados —no importa si en la UNAM o en otras instituciones— para afrontar el reto del futuro, no sólo en lo que se refiere a la inserción del país en el contexto mundial, sino también por lo que toca a la satisfacción personal y al éxito familiar Es muy importante que nuestros jóvenes sientan que tienen futuro en el país
—Uno puede ver, en los anuncios de empleo, empresas que ponen como requisito que los solicitantes no sean de la UNAM
—Obviamente cada empresa privada puede elegir a quienes cree mejores o a los profesionales que, por su formación, parecerían llenar sus requisitos Pero insisto: muchas escuelas y facultades en la UNAM siguen siendo semilleros de extraordinarios profesionistas, y no dudaría en calificarlas como las mejores del país Las que han sufrido deterioro en su nivel académico son la excepción, no la regla
Absolutamente simbólicas
—Si ya hay otras opciones universitarias, a las que pueden acudir los jóvenes que tienen mayores recursos, ¿por qué pensar que la UNAM debe cobrar colegiaturas?
—El cobro en la Universidad Nacional ha sido casi simbólico, pero autorizado prácticamente desde el inicio de su etapa moderna, a partir de la obtención de su autonomía, en 1929 Siempre ha habido cuotas, que, por supuesto, no cubren los costos de la educación, pero que tampoco han sido obstáculo para quienes desean prepararse Las cuotas son absolutamente simbólicas Si existen obstáculos, son de otra índole: insuficiente talento, poca dedicación, falta de vocación o carencia de las habilidades necesarias para los estudios superiores; también —debe reconocerse— hay jóvenes que no sufren tales deficiencias pero que no pueden acceder a la Universidad por las condiciones económicas estructurales de sus familias
—El concepto del mural de Siqueiros en la Rectoría, del pueblo a la universidad y de la universidad al pueblo, ¿pasa necesariamente por la frialdad de las finanzas?
—En México nunca hemos concebido que la educación pública superior esté reservada a la capacidad de pago de los alumnos Vuelvo a decir: Ningún mexicano que aspire a la educación pública superior se queda fuera por razones económicas Lo que reclama la educación superior es voluntad, talento, habilidad y ganas, muchas ganas de hacer y de ser
—La Universidad Nacional, sobre todo a partir de la obtención de la autonomía, es como la casa de todos los mexicanos ¿Por qué, aunque sea poco, debe uno pagar por estar en su propia casa?
—Retomo su concepto Es como si dijéramos: ¿Por qué, en un hogar mexicano, todos cooperan para que la familia viva mejor, para que la familia tenga el bienestar suficiente o mayor bienestar? Recuerdo —y perdóneme aquí un ejemplo personal— que cuando empecé a trabajar, gracias a que había concluido mis estudios en la Universidad, mis padres me dijeron: ‘Nos da muchísimo gusto que ya vas tener ingresos, pero con ellos tienes que aportar a la casa’ Podría haber dicho: ‘Bueno, ¿y por qué tengo que pagar en mi propia casa si antes, cuando no trabajaba, mis padres me mantenían?’
“Es decir, ¿me debía sentir mal por tratar de ayudar a mi propia casa? No Al revés: era un orgullo que pudiera aportar a mi propia casa y devolver un poco, o ayudar un poco, a lo que habían hecho mis padres En la Universidad es lo mismo No por ser nuestra casa debemos caer en la irresponsabilidad de no ayudar si tenemos la posibilidad de hacerlo Todos los que dispongamos de recursos debemos contribuir a que nuestra casa esté mejor, más limpia, con mejores equipos y laboratorios, con más investigación y mejores maestros y bibliotecas Quienes cooperemos para ello no solamente viviremos la satisfacción de contar con una mejor universidad, sino que la sentiremos más nuestra
—Ha insistido en lo simbólico de las cuotas Tengo entendido que el reglamento que el rector propuso aportaría una mínima parte del presupuesto universitario ¿Por qué no exigirle al Estado que cumpla su deber, se replantee su política educativa y contribuya más a frenar el deterioro de la UNAM?
—Tenemos que hacer las dos cosas, y aún más Hay que exigir al Estado que, dentro de sus posibilidades, otorgue más recursos a la Universidad, con la convicción de que la educación es la única forma de que los jóvenes tengan éxito y de que, al tenerlo, aseguren el éxito del país Pero eso no nos releva a los miembros de la comunidad universitaria —tanto a los actuales estudiantes como a quienes ya egresamos— de seguir cooperando para que, en lugar de deteriorarse, la Universidad se supere y tenga un eco más fuerte en el desarrollo del país, de manera que se mantenga a la vanguardia del mismo sin dejar de ser garante de la movilidad social, promotora de las clases medias La Universidad ha sido un factor de desarrollo que debemos seguir cuidando, pero ese cuidado no solamente corresponde al Estado
—¿Por qué no convocar a los universitarios más ricos a participar en una gran campaña de recaudación de fondos para la UNAM?
—Estamos empeñados en ello, a través de la Fundación UNAM, creada hace cuatro años Hemos recolectado ya más de mil millones de pesos entre exalumnos de la UNAM La campaña existe y se llama “Unamos Esfuerzos”
Lo que no se vale
—Puede decirse que la actual es una huelga anunciada ¿Por qué tomar el riesgo político de un incremento en las cuotas, en lugar de sensibilizar aún más al Estado y a los exalumnos?
—En primer lugar, tendríamos que matizar el número de alumnos que están en contra del Reglamento General de Pagos Como suele suceder en este tipo de casos, lo más probable es que sea una minoría Creo que la mayoría de los universitarios está en favor Pero más allá de eso, ¿por qué pensar en el asunto? Creo que por dos razones: por responsabilidad y por equidad En la medida en que los alumnos sientan que tienen una responsabilidad con la Universidad —no solamente en términos de estudios y requisitos académicos, sino también en la cooperación— podrán más fácilmente exigir a las autoridades, maestros y empleados que cumplan con su deber El aspecto de la equidad estriba en que, quienes podamos, hagamos una aportación para que otros mexicanos, hermanos nuestros sin posibilidades, accedan a las becas y puedan estudiar Becas que, seguramente, serán mejores entre más recursos haya
—Con todo respeto, creo que describe usted un mundo utópico La Universidad no es una isla, la Universidad está en un país no digo que convulsionado, pero sí con problemas económicos, en un ambiente particularmente tenso por las actividades preelectorales No se puede negar que estaba prevista la reacción negativa de ciertos sectores de la comunidad universitaria La Universidad siempre ha sido campo de pugnas políticas ¿No puede pensarse que fue casi una provocación proponer el nuevo reglamento en esta atmósfera?
—En primer lugar, es una pena que en estos tiempos tan delicados para el país la Universidad se utilice con fines políticos, cuando la tenemos que utilizar con fines de desarrollo económico y social de nuestros jóvenes Es una pena que en lugar de que hagamos política en donde debe hacerse la queramos practicar dentro de la Universidad Y entonces lo único que hacemos es perjudicar a decenas de miles de alumnos y a los que vienen detrás
“Es obvio que el cálculo que se hizo al establecer el Reglamento General de Pagos no incluía la previsión de una huelga El reglamento fue aprobado en el Consejo Universitario, la instancia de gobierno adecuada, y por ello nunca se pensó en un paro de esta naturaleza Si alguien considera que el Consejo Universitario ya no es un órgano de gobierno representativo, ese es otro asunto y otra discusión; si otros estiman que el porcentaje del PIB destinado a la educación no es suficiente, ello tampoco justifica la medida, porque la Universidad no es la que aporta los recursos a la educación Es decir, creo que el problema se circunscribe al asunto del Reglamento de Pagos Sin embargo, volvemos a lo mismo: se empieza a hacer política y, a través de un paro, se quiere ventilar asuntos que nada tienen que ver con el tema original Eso es lo que, a mi juicio, no se vale
—Si los motivos alegados son insuficientes, ¿cuál cree entonces que sea el origen de la huelga?
—No tengo elementos de juicio Lo que sí me parece es que la huelga es un exceso
—¿Qué piensa de las acusaciones de los paristas respecto de que el nuevo reglamento de pagos obedece a lineamientos establecidos desde el extranjero, en particular por organismos internacionales, como el Banco Mundial y la OCDE?
—Como mexicano me apena mucho que otros mexicanos crean que el país no pueda fijarse por sí metas tan claras, tan transparentes, como la de tener una mejor universidad, a través de los principios de responsabilidad y de equidad; que no podamos decirnos: necesitamos más recursos para la Universidad, necesitamos mayor responsabilidad de toda la comunidad universitaria, necesitamos ser más equitativos entre nosotros mismos ¿No podemos discernir ni eso, nosotros, como mexicanos? ¿De veras ni eso podemos hacer? Me niego a aceptarlo, y me niego a aceptar que organismos como el BM o el FMI nos tengan que venir a decir estas cuestiones tan obvias de solidaridad social, como las que estamos viendo en la Universidad Nacional Para mí, como mexicano, es ofensivo Creo que tenemos la suficiente inteligencia como mexicanos para saber qué queremos y cómo hacerlo
—No se puede negar —porque los documentos existen— que los mencionados organismos internacionales establecen parámetros de modernización para nuestro país, que incluyen renglones como el de la educación superior
—Eso es diferente a la forma en como se hace la acusación Si como país queremos estar en determinado tipo de organismo, compartir ciertos intereses con la comunidad internacional, y no estar aislados en el mundo, pues tenemos que compartir ciertas obligaciones, ciertas responsabilidades y obtener ciertos beneficios, es decir, no podemos aspirar sólo a los beneficios, sin las obligaciones ¿Queremos participar? Pues es preciso hacerlo con las reglas que todos asumen Creo que eso es muy propio del derecho internacional
—Bien pueden decir los sectores universitarios que están contra el reglamento: “¿Por qué vamos estar en esos organismos? ¿Por qué vamos a aceptar necesariamente las estructuras de organización mundial que exigen ese tipo de requisitos?”
—Probablemente difiera de ellos, pero respeto su manera de pensar Lo que no veo es que esa discusión sea suficiente para hacer un paro en la Universidad No veo la conexión Podemos discutirlo —y respeto su derecho a disentir—; lo que no puedo aceptar es que esa discusión sea la causa de un paro universitario Es decir, me parece que están castigando a la Universidad por algo en lo que la Universidad no tiene nada que ver
—El no se vale que usó respecto del paro, bien puede usarse para calificar la política económica del Estado mexicano que ha llevado a la Universidad en la que usted y yo estudiamos a la situación de deterioro en la que con frecuencia estudian los alumnos de hoy
—Como en muchas otras cosas, el crecimiento demográfico nos rebasó fenomenalmente Cuando usted y yo tuvimos la oportunidad de estudiar en la Universidad, todavía no venía ese boom de educación superior derivado del crecimiento demográfico En ese momento el crecimiento demográfico estaba afectando probablemente a las primarias; luego empezó a afectar a las secundarias y en seguida a la Universidad, a la educación superior, y es ahí donde nos rebasó Eso no lo podemos ni lo debemos olvidar
Voluntad de acuerdo
—Bueno, ya los hechos están como los estamos viviendo ¿Qué hay que hacer para destrabar la situación?
—Creo que como lo están planteando las autoridades universitarias y los propios alumnos: es necesario encontrar la forma de diálogo constructivo y representativo Con esto quiero decir que dialoguen quienes verdaderamente representen a ambos lados de la discusión Tenemos que pedir también que haya independencia entre los que dialogan y, sobre todo, voluntad de acuerdo; que pongamos a la Universidad por encima de las diferencias; que no empujemos a la institución a un paro indefinido en aras de una discusión Si ponemos a la Universidad por encima de nuestros propios intereses, encontraremos fórmulas de diálogo constructivo en los temas que sea preciso debatir
—Ambas partes deben aceptar la negociación, ¿es así?
—Absolutamente a través del diálogo al que se está refiriendo la comunidad universitaria, con representatividad, con independencia y con voluntad
—¿Cree usted que el grupo de jóvenes paristas no es representativo?
—No sé, no sé, yo espero que sí Espero que sí sean ellos precisamente los que estén representando y que pueda armarse el diálogo a la brevedad posible
—¿Siente usted al rector flexible?
—El rector ha dado muestras innegables de que quiere dialogar
—Parece que quiere dialogar a partir de establecer como inamovible el reglamento de pagos
—Bueno, hasta donde yo sé, parece ser que de lo que se trata es de ver cómo si la instancia de aprobación del reglamento es el Consejo Universitario, a lo mejor es ahí donde podría encontrarse la fórmula de diálogo, pues esa autoridad universitaria lo aprobó
—Ya hemos hablado de las fuerzas políticas que se mueven ahí adentro Tomando en cuenta los momentos que está viviendo el país, ¿será suficiente el diálogo estrictamente universitario para alcanzar la desactivación del movimiento?
—Debiera ser suficiente
—¿O habría que recurrir a instancias extrauniversitarias?
—Si metemos toda la voluntad universitaria de las autoridades y de los alumnos, debiera ser suficiente
—Las autoridades gubernamentales, tanto federales como locales, que están viviendo este movimiento, yo no sé desde qué tan lejos, ¿qué papel tendrían que jugar? ¿Abstención total?
—Permitir y respetar la autonomía universitaria La autonomía implica una forma propia de gobierno y, por ende, una propia forma de solución de controversias Existen los órganos adecuados para entablar diálogos con pleno respeto a la autonomía universitaria En la medida en que haya respeto a la autonomía, la Universidad podrá resolver sus problemas internamente
—¿Está inmersa la Universidad en una crisis que la pueda llevar a algo distinto de lo que es?
—No creo que la Universidad esté en crisis Pienso que está en dificultades, como puede estarlo el país en su conjunto No vivimos tiempos fáciles; económicamente tenemos limitaciones fuertes Pero siempre hemos estado en dificultades Y hay soluciones, hay fórmulas para fortalecer a la Universidad Creo que todos convenimos en que, respetando nuestras diferencias, la universidad debe estar por encima de todo
“A pesar de que ya me tachó usted de utopista o idealista, quisiera agregar que, efectivamente, si uno no tiene en la mente un ideal, una utopía que perseguir, difícilmente se puede encaminar hacia ella rápidamente Hay que conservar en la mente una Universidad como la que hemos tenido, sin la cual no podríamos explicar muchos de los avances del país en términos intelectuales, de investigación científica, culturales, de movilidad social Usted y yo podemos ser representantes de esta movilidad social Dado lo que usted y yo conocemos de nuestras respectivas biografías, sabemos que sin la Universidad no tendríamos ni seríamos quizás lo que somos ni lo que hemos alcanzado hasta hoy Así que sí, sí tenemos que conservar ideales, ya que los mexicanos requerimos ideales, esperanzas, razones por las cuales sentirnos orgullosos, y creo que una de ellas debe seguir siendo la Universidad Nacional Ahora bien, para mantener delante de nosotros este ideal, debemos ser más responsables, más solidarios con la Universidad, más solidarios con los alumnos de escasos recursos con el fin de que también ellos disfruten de la oportunidad que tuvimos, nosotros por ejemplo, para tener éxito en la vida








