“La restauración del viejo PRI es imposible”
Como en tiempos de Porfirio Díaz, el sucesor del sistema político mexicano debe ser la ley: Enrique Krauze
Antonio Jáquez
Reflexionando sobre el destino del PRI, Enrique Krauze recuerda un poema sinfónico de Richard Strauss, Muerte y transfiguración:
“Le puede ocurrir a un tiempo su muerte y su transfiguración El viejo PRI se muere pero renace transfigurado, sería el cuarto PRI en 70 años Pero la restauración del viejo PRI es imposible” Fracturado en 1987 por la Corriente Democrática, el PRI corre el riesgo de una escisión aún mayor en el proceso interno de elección de su candidato presidencial para el 2000; en todo caso, anticipa Krauze, “no puede ser un proceso muy puro y democrático” cuando este organismo ni siquiera cuenta con un padrón de militantes
Con indicios a la mano, el autor de Biografía del poder explora la versión de que el asesinato de Luis Donaldo Colosio, y otras convulsiones de 1994, fueron la respuesta de fuerzas políticas ante el intento de “reelección colegiada” de Carlos Salinas de Gortari (ver recuadro)
Las tres etapas del PRI
Atareado en sus empresas culturales — en especial en la edición de Letras Libres—, Krauze estira su agenda para la entrevista con Proceso acerca del PRI, a primera hora del viernes 26 en sus oficinas en Clío
—¿Ha sido el PRI tres partidos distintos, como sostienen algunos historiadores, o se trata del mismo partido de Estado?
—En 70 años ha sido el mismo partido y ha sido un partido diferente, las dos cosas son verdad
Repasa los hechos centrales en las tres etapas del PRI:
La primera es la del Partido Nacional Revolucionario, con el presidente Calles, cuando en un conciliábulo de generales se acuerda dejar las armas sobre la mesa y hacer cola pacíficamente para tener acceso a la silla presidencial y a las muchas otras y crecientes posiciones de poder
En la Presidencia de Cárdenas llega la segunda etapa, la del Partido de la Revolución Mexicana; se constituye el aspecto social-corporativo, al estilo de los partidos europeos —incluso de los partidos fascistas de los años veinte y treinta—, y se incorpora a los obreros, a los campesinos y al Ejército
La tercera etapa ocurre en el gozne del periodo de Avila Camacho y el de Miguel Alemán; es entonces cuando surge propiamente el Partido Revolucionario Institucional, con la salida de los militares como sector y la incorporación de grupos y corporaciones en el paraguas del sector popular
En este sentido, “hubo esos tres PRI, tres encarnaciones distintas de ese mismo partido, y creo que estamos en los albores del cuarto PRI Pero, por otro lado, desde su primera versión, el PNR, el PRI fue una maquinaria de control político; en los años cuarenta, ya el PRI propiamente, fue mucho más una maquinaria sofisticadísima de manipulación electoral”
Documenta esa historia con los testimonios que recogió cuando preparaba su libro La presidencia imperial:
“Muchos de los jerarcas del PRI de los años cincuenta y sesenta que llegué a entrevistar me decían que, fuera de los periodos electorales, al PRI tenía que inventársele la chamba, pues era una mera maquinaria electoral Pero todos sabemos que también funcionaba como una agencia de colocaciones y de empleos en los niveles estatales y municipales En fin, es un organismo político muy sui géneris”
—Octavio Paz comparaba al PRI con el Partido Comunista de la antigua Unión Soviética El PC ya desapareció y el PRI sigue aquí, ¿qué explica su larga sobrevivencia?
—Su flexibilidad ideológica El hecho de que el PRI, aunque fue un partido predominante, nunca fue un partido que impuso el terror ideológico; no se fundió con el Estado del mismo modo en que los partidos comunistas se fundieron con el Estado en los países del bloque soviético y que blandían no solamente una ideología, sino casi una religión de Estado, completamente intolerante, con una policía, como ocurre en Cuba, y con grupos que vigilan la pureza ideológica de los ciudadanos
De manera que “este mecanismo de terror ideológico es una diferencia fundamental; me parece que las confluencias que veía Paz en su momento existían, pero eran más formales que de fondo”
—Esa flexibilidad ideológica tiene que ver con el discurso que marcan los presidentes
—Es verdad, el partido se ha hecho un eco de los presidentes Fue populista con Cárdenas, civilista con Avila Camacho, desarrollista con Miguel Alemán Pero no hay que ver en esto solamente oportunismo o pragmatismo, hay que ver también la matriz de cultura política profunda en la que se arraiga el PRI
Cuenta que esas raíces provienen del pasado remoto de México:
“Lo vio muchas veces Richard Morse, historiador estadunidense que fue el primero que realmente estudió la noción corporativa del edificio político de México, como si en el inconsciente colectivo tuviéramos un edificio, no una plaza pública, un edificio corporativo; él lo veía como el diseño que vino de Santo Tomás o que fue el diseño que existió en la Colonia, es decir, el diseño monárquico español”
Ahí no había disidencia, todos estaban adentro, todos tenían una función, todos dependían del dinero de la Corona, todos miraban hacia arriba al rey —como si fuera la cabeza de un cuerpo— y todos ocupaban algún lugar “Claro, querían dejar de ser los pies para volverse las manos y luego el cerebro o el corazón de ese cuerpo político, pero en realidad todos estaban adentro de ese cuerpo y la disidencia era inimaginable”
En cambio, en otras tradiciones políticas, como la anglosajona, esa noción corporativa o corporal no existe en absoluto “La política es la que hacen un conjunto de individuos, que votan, que discuten, que disienten, que aceptan, en fin, la política es un hecho que se lleva a cabo en la plaza pública Son dos tradiciones muy distintas Y nosotros venimos de la tradición corporativa, no es casual que el liberalismo democrático o la democracia liberal no haya penetrado con tan hondas raíces y nos esté todavía costando trabajo, aunque vamos hacia allá, volvernos un país plenamente democrático y liberal en lo político, porque tenemos esa carga del pasado, que tenemos que entender para podernos liberar de ella”
El mundo priísta
Krauze sonríe cuando se le recuerda que priístas como Alfonso Martínez Domínguez ha dicho que el PRI sobrevive a los presidentes y es tan resistente como la Iglesia católica:
“Me llama la atención porque no hace mucho le escuché a Jan de Vos, el gran historiador de la Selva Lacandona y de Chiapas, decir que la Iglesia era el PRI planetario, de modo que a los priístas se les ocurren metáforas eclesiásticas y a los antiguos eclesiásticos se les ocurren metáforas priístas Algo tendrán de paralelo, pero es un exceso de ambos La Iglesia es milenaria y no es comparable con ninguna otra institución de Occidente”
Más que a la Iglesia, el PRI se parece al Estado corporativo novohispano, ibérico, “a ese mundo de prebendas, de Corte, de los virreyes, los alcaldes, los gobernadores, todos haciendo negocios Y además negocios de manera lícita Eran ilícitos a nuestros ojos, pero era bien visto que hicieran sus negocios, que dieran puestos y que concedieran mercedes y tierras, una visión patrimonialista de la política: usar el dinero para mantener el poder, usar el poder para tener más dinero”
En ese mundo priísta, “la libertad de prensa no tiene sentido, la división de poderes es un absurdo, porque a un cuerpo no se le cercena Entonces, esta visión integrista, para usar una palabra excesiva, de la política, es algo que está en la cultura política mexicana Creo que esto sí explica por qué el prinosaurio sigue allí”
Además sigue allí “porque ha seguido, como en Guerrero recientemente, la vieja cultura y la vieja práctica de la corrupción y de las trampas y del manejo de las elecciones Y también siguen allí las expectativas de las personas de que todavía pueden lograr algo de beneficio de ese manantial inagotable que llegó a ser el PRI Y sigue allí porque los partidos de oposición no han podido, por lo visto, llenar las espectativas del electorado”
Reconoce el crecimiento de la oposición, pero lamenta que aún no se haya consolidado “y de ninguna manera tiene resuelta la elección del 2000, tiene razón en eso Manuel Camacho Para nada es seguro un triunfo de la oposición, puede perfectamente ganar el PRI de nuevo En cuanto al PRI, tampoco la tiene segura, pues aunque ha estado ganando algunas elecciones, los golpes de 1994 son golpes históricos: ahí está muy clara la crisis interna de esa vieja clase política y todavía hay ciertos riesgos de cisma dentro del PRI, ya no digamos de corrientes renovadoras, sino de auténtico cisma”
Afirma que la incapacidad de la oposición para consolidarse es más un problema de visión política intelectual que de personas “Realmente se han puesto a pensar poco en soluciones El ciudadano tiene poca idea y por eso poca fe de que haya planes concretos, asequibles; realmente estamos en un mar de escepticismo y la oposición no ha podido convocar esa fe Además, la opinión pública se da cuenta de que el espíritu de partido predomina sobre la atención responsable a los problemas”
Pero claro, “están los dos caudillos, Fox y Cárdenas Y en este país, que tradicionalmente es un país de caudillos, ahí están dos nombres muy fuertes, eso es indudable; pero yo creo que no va a ser suficiente”
—¿Ve a México entrando al siglo XXI gobernado por un caudillo?
—Puede ocurrir, por desgracia
—Sería horrible
—Sería terrible porque seguiríamos como atados al libreto de lo que llamé la biografía del poder ¿Va a seguir la historia de México reducida a la biografía de una persona que nos dicta el libreto a todos? Es lamentable ¿Cómo poder evitar eso? La única forma que veo, repito, es la palabra visión: necesitamos una visión, que nos digan en concreto cómo
Abunda: “Es muy fácil, para el populismo de derecha o de izquierda, postular la felicidad universal, decir que el otro es pésimo y que él encarna el bien, que todo está muy mal porque está el otro en el poder Bueno, eso es facilísimo Pero desde los teólogos del medioevo, lo más interesante de las discusiones es cuando alguien levantaba la mano y decía decidme cómo Lo que yo quisiera es que nos dijeran cómo”
Señala que hay temas urgentes en la agenda nacional, como el de la seguridad, el respeto a las leyes “El sucesor del sistema político mexicano debe ser la ley Parafraseando a Bulnes, que en 1903 dijo que en México había paz en las calles, pero no en las conciencias, y que el sucesor de Díaz debía ser la ley, diría que ahora en México no hay paz ni en las calles, mucho menos en las conciencias, y el sucesor del sistema político mexicano priísta debe ser la ley”
El que “nos diga cómo y que convoque un acuerdo nacional para que los partidos actúen de manera concertada en ese sentido, ese candidato ganará la elección en el 2000 y corregirá el rumbo de México”
Los precandidatos
La entrevista se aproxima a la actualidad priísta Sale a relucir el programa televisivo de Krauze El hombre que quiso ser rey (dentro de la serie “México, Siglo XX”), en el que recuerda que Salinas desplazó al PRI con el Pronasol Pero luego —se le comenta— el PRI se ha cobrado la factura, con los famosos candados que restringen las posibilidades de los tecnócratas para ser candidatos
“Tengo la impresión de que sería sano que se abrieran los candados, porque la baraja se cerró demasiado, en detrimento del propio PRI Pero, por otro lado, creo que está muy avanzado el proceso hacia la nominación del candidato como para que aparezcan caballos negros o barajas nuevas De modo que pienso que los que están perfilados dentro del PRI son los que van a contender”
Destaca: “Para el PRI, en este momento, inventar un candidato, sacarlo de la manga, sería tanto como asegurar su propia derrota, pues los candidatos de los otros partidos son perfectamente visibles desde el principio del sexenio; sacarse un candidato relativamente desconocido o que tenga poca visibilidad sería el harakiri”
Ya en el tema de los precandidatos priístas, se le pide su opinión sobre Manuel Bartlett, Francisco Labastida y Esteban Moctezuma Comenta:
“Cualquiera de los tres que saliera, e incluso algunos de los otros que suenan, tendrían que avanzar más en el camino de fortalecer democráticamente al PRI que en el de soñar en una restauración que es completamente imposible; si alguno de ellos sueña en una restauración, en echar para atrás el reloj, es imposible, el cuadro mundial-nacional ha cambiado en todos los aspectos”
Vehemente, dice que lo ganado en la libertad de expresión en la prensa, en la radio y en la televisión “es ya un terreno no expropiable por el PRI Esa libertad de expresión es el veneno letal en contra de todo intento de restauración monopólica por parte del PRI en cuanto a sus viejos usos; no sólo hablo de las trampas electorales y la manipulación electoral, sino también de todos los procedimientos de corrupción inherentes a ese sistema político mexicano a la antigua que se niega a morir, pero que está moribundo y que va de salida”
Así las cosas, “lo que sí cabe es un liderazgo fuerte, firme, claro, una reinvindicación del oficio político; en eso, lo quiero decir con todas sus letras, Bartlett tiene razón Una reivindicación del oficio político frente al estilo tecnocrático o puramente técnico o frente a quienes siempre supeditan el arte de la política a la economía La economía es muy importante, pero la sociedad no puede restringirse a eso El país necesita liderazgo político, eso no cabe duda”
Insiste: “En los tres casos y otros más, tendrá que ser por la vía del liderazgo político, de dar pasos sustantivos en la democratización interna del PRI, en sus usos y costumbres —y utilizo esa expresión deliberadamente—, pero también frente a los otros partidos y frente a la sociedad Y, por ejemplo, ofrecer una visión del México del siglo XXI, o por lo menos de los 20 primeros años del siglo XXI, muy clara para la sociedad
“Entonces, a pesar de los desplantes y de los distintos estilos, me parece que esos tres precandidatos y otros más que salgan, para ganar la nominación y luego soñar en ganar la Presidencia, tendrán que convencer al electorado de que el PRI se está sustantivamente democratizando”
—El PRI se viene preparando para la elección democrática de su candidato presidencial con ensayos estatales, en los que se han denunciado injerencias de los gobernadores, por ejemplo
—Es mejor ese proceso, aun con imperfecciones, que el dedazo desnudo, brutal y puro Hay quien piensa que en este ejercicio que se dará a nivel nacional este año puede salirles el tiro por la culata y provocar allí un cisma y que las negociaciones desemboquen en un desprendimiento de una facción muy fuerte
Advierte que, en todo caso, “no puede ser un proceso muy puro y muy democrático puesto que no existe ni siquiera un padrón En los procesos democráticos reales en cualquier partido moderno, las bases votan por el candidato Creo que todo va a ser muy ecléctico y muy mezclado y muy ruidoso y hasta folclórico, y el que resulte va a tener su tinte más democrático y menos de dedazo, se habrá avanzado un poco en darle una retocada democrática a esta sucesión”
—En la entrada del nuevo milenio, ¿necesita México del PRI? De ser así, ¿de qué clase de PRI?
—Volvamos al paralelo sobre los países de la órbita del Este Desaparecieron esos partidos, con ese nombre, pero esas personas no murieron ni se fueron a otro planeta, lo que hicieron fue una especie de reingeniería política personal Y los partidos que eran rojos se volvieron rosas, suavizaron su ideología, dejaron los métodos de cooptación que tenían y sencillamente se volvieron partidos cada vez más modernos que tienen una oferta política que los ciudadanos compran o no compran
“Si el PRI avanza por ese camino podrá seguir ganando elecciones estatales, ganar o perder la elección presidencial esta vez, ganar o perder la elección presidencial la siguiente ocasión, pero siempre y cuando ese proceso que se dio en el Este ocurra aquí”
Dicho todo esto —concluye—, “en lo personal tengo la convicción de que lo mejor que podría ocurrirle a la naciente democracia mexicana, y aun al PRI en su cuarta transfiguración, sería la victoria de la oposición y la alternancia del poder presidencial en el año 2000”








