Fue el Ejército del 68, el de García Barragán, no el de hoy, decía el general Riviello
2 de octubre: Del halago demagogo a Díaz Ordaz, al encubrimiento de militares y funcionarios responsables
Carlos Marín
Cuando habían pasado 25 años de la matanza de Tlatelolco, en diciembre de 1993, el entonces secretario de la Defensa, general Antonio Riviello Bazán, aceptó implícitamente una responsabilidad institucional
En un desayuno ante reporteros, en el Campo Militar Número 1 —que en 1968 rebosó de estudiantes cautivos, algunos de cuyos dirigentes fueron sometidos a vejaciones y simulacros de fusilamiento—, Riviello comentó:
“Es injusto que a los militares se les involucre de una época a otra, ya que ahora es un nuevo Ejército, con otra mentalidad, quizá sin ningún miembro que participó en ese entonces, por lo cual habría que ubicarse en tiempo y espacio al tratar de juzgar a la Sedena en estos momentos Se me hace injusto que a nuestras tropas, a nuestros soldados, los estemos culpando de algo que sucedió cuando todavía no nacían ellos Es como si a mí me echaran la culpa de lo que hicieron Carranza o Zapata No se me hace justo que se involucre una época con ésta y se pretenda hacer un ensayo histórico”
Cinco años después, Cuauhtémoc Cárdenas le dio la razón
El lunes 21, el jefe de Gobierno del Distrito Federal centró la responsabilidad de la matanza de Tlatelolco en la persona de Gustavo Díaz Ordaz y exculpó al Ejército como institución
En la Universidad Iberoamericana, Cárdenas también recordó que a Madero y Pino Suárez “no los asesinó el Ejército o la Presidencia, fueron sacrificados por el jefe de rurales Francisco Cárdenas, los integrantes de la escolta que él mandaba, por instrucciones precisas del usurpador Victoriano Huerta, más allá de la posición que cada quien pudiera, en aquel momento, adoptar sobre los hechos y sus consecuencias inmediatas”
Cinco años antes, el general Riviello Bazán se mostraba ufano debido al hallazgo de unos fragmentos de película (Proceso 884), en los que se aprecian tomas en que los soldados son recibidos a balazos desde la parte superior del costado sur del edificio Chihuahua, responden disparando hacia arriba, mientras la turba corre sin que los militares apunten a los que se encontraban en la Plaza de las Tres Culturas
“Tuvieron que pasar 25 años para que conociéramos la mejor, tal vez la única prueba convincente, para quienes no conocen a nuestras fuerzas armadas —porque nosotros no requerimos de convencernos— de que el Ejército nunca disparó a mansalva contra la multitud”, comentó el general Alfredo Ochoa Toledo, entonces subsecretario de la Defensa, a Susana Cato y a este reportero
Tanto gusto provocó el documento fílmico rescatado por el realizador Oscar Menéndez, que la Sedena logró que se difundiera en los mejores horarios de la televisión
Raúl Alvarez Garín —representante de la Escuela de Físico Matemáticas ante el CNH— se preguntó entonces por qué el Ejército se prestó a realizar acciones de policía preventiva, policía judicial y Ministerio Público:
“En el sistema político mexicano, es norma dar órdenes verbales para no dejar huellas, lo cual garantiza la impunidad La intervención del Ejército el 2 de octubre fue clara y debidamente planeada, como lo demuestra la desocupación previa de las cárceles, para llenarlas luego de estudiantes Rodearon el edificio Chihuahua, no permitieron movimientos de entrada o salida Y lo más grave: se autorizó la organización y activa participación de un batallón, el Olimpia, cuyos elementos estaban vestidos de civil”
Disfrazados
La tarde del 2 de octubre de 1968, varios miles de personas, en su mayoría estudiantes, se concentraron en la Plaza de las Tres Culturas
Sin uniforme, mezclados entre la multitud y ubicados en puntos estratégicos, militares provenientes de distintas partes de la República —los integrantes del Batallón Olimpia, creado específicamente para preservar “el orden público” durante el desarrollo de los Juegos Olímpicos— acudieron también a la plaza
A las órdenes del coronel Ernesto Gómez Tagle, este batallón especial tenía instrucciones de acordonar el área, en el momento en que una luz de bengala fuera lanzada al aire Previamente se convino en que, para identificarse entre sí, los militares del Olimpia llevarían puesto un guante blanco
En abril de 1977, Proceso reprodujo varias de las constancias ministeriales acerca del papel anticonstitucional que jugaron militares agrupados en ese Batallón
En ellas quedó asentado que la misión de cuando menos 65 militares vestidos de civil, al mando de Gómez Tagle, era detener a los representantes estudiantiles
Uno de quienes integraron el Batallón Olimpia llegó a general: Héctor Ricardo Careaga Estrambasaguas En el sexenio salinista fue responsable de la seguridad del Palacio Legislativo y prefería negar (Proceso 896) ser el capitán primero de Infantería, adscrito al Batallón Olimpia, que estuvo en Tlatelolco el 2 de octubre
Contratado por el secretario de Seguridad Pública del naciente gobierno de Cárdenas, Rodolfo Debernardi, tuvo que separarse del cargo por el estigma de Tlatelolco
Las columnas y los muertos
El reflejo en la prensa de lo sucedido entre julio y noviembre del 68, durante el Movimiento Estudiantil, quedó registrado así en las ocho columnas de algunos diarios:
—30 de julio (la noche anterior, una de las puertas de San Ildefonso había sido abierta con un bazucazo) La intemperancia de un grupo sectario provoca la acción enérgica del gobierno (El Día) Cierre indefinido de la UNAM y el IPN; intervino el Ejército (Excélsior) El Ejército restableció el orden Se evitaron mayores problemas (El Heraldo) Agitadores sometidos por el Ejército en el centro del DF (Novedades) Suspenden las clases en IPN y en la UNAM Alboroto, angustia, daños en el centro (El Universal)
—28 de agosto- La fuerza pública desalojó del Zócalo a la guardia estudiantil, sin resistencia (El Día) Manifestación, mitin y nuevas demandas de los estudiantes (Excélsior)
—19 de septiembre- El Ejército ocupó la Ciudad Universitaria (El Día) Ocupación militar de CU Todas las oficinas y facultades bajo control del Ejército (El Universal)
—3 de octubre- Muertos y heridos en grave choque con el Ejército en Tlatelolco (El Día) Recio combate al dispersar el Ejército un mitin de huelguistas (Excélsior) Sangriento encuentro en Tlatelolco (El Heraldo) Balacera entre francotiradores y el Ejército, en Ciudad Tlatelolco (El Heraldo) Tlatelolco, campo de batalla (El Universal) cifras de muertos
Las razones de los generales
En el libro Trampa en Tlatelolco, escrito en julio de 1969, del licenciado y coronel Manuel Urrutia Castro, aparece una entrevista con el secretario de la Defensa Nacional durante el gobierno de Díaz Ordaz, Marcelino García Barragán, quien sostuvo que quizá ni los sucesos de Huitzilac o los de Tlaxcalaltongo (1927 y 1920, en que fueron asesinados el general Francisco Serrano y Venustiano Carranza) puedan compararse con los ocurridos en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968, pues en esos casos “no se mató a tanta gente inocente”
Explicó:
“La grave perturbación del orden público y la magnitud que alcanzó la agitación en los últimos días del mes de julio del año pasado, hicieron insuficiente la labor de la policía metropolitana para controlar el movimiento Ante esa circunstancia ordené, previa solicitud que recibí de las autoridades civiles, que algunas tropas al mando del general Crisóforo Mazón Pineda intervinieran, primero en los sucesos del 26 de julio, cuando los alborotadores se refugiaron en la Preparatoria de San Ildefonso; luego cuando se les desalojó de los edificios escolares de la Universidad y del Politécnico, y después cuando trató de impedirse, el 2 de octubre, que los agitadores condujeran a los manifestantes de la Plaza de las Tres Culturas al Casco de Santo Tomás, ocasión en la cual el Ejército fue agredido por pistoleros En todos estos casos se dieron instrucciones precisas para que los miembros del Ejército se limitaran a cumplir con sus misiones constitucionales de mantener la seguridad y el orden interno como lo dispone el artículo 89 fracción VI de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
” Las únicas peticiones de tipo estudiantil que pueden justificar un estado de huelga son aquellas que se relacionan directamente con problemas de orden académico y que afectan la pureza de las enseñanzas que se imparten en los colegios o la funcionalidad de los mismos; pero que yo sepa ningún problema de esta índole fue planteado a los rectores de la Universidad y del Politécnico, que eran los conductos adecuados para que los estudiantes elevaran sus quejas y protestas en la forma mesurada que su condición intelectual exigía Como no hubo un planteamiento de esta naturaleza, se acudió a demagogia propia de agitadores profesionales y bastó un incidente trivial para que la antipatria pusiera en marcha el abominable plan que todos conocimos
“Desde un principio, el señor Presidente de la República hizo un llamado cordial a todos los mexicanos y les tendió su mano amiga; pero las fuerzas del odio fueron tan brutales que ensordecieron con sus estridentes calumnias los oídos débiles de gente ingenua Los verdaderos estudiantes no deben olvidar nunca que serán ellos los que asumirán la responsabilidad de conducir a su propio país por las rutas de progreso de la Revolución Mexicana y que en esa tarea habrán de sortear gravísimos problemas, tal vez como los que confrontó el señor presidente Díaz Ordaz, o quizá de mucha mayor gravedad todavía, pero que siempre deberán responder a la confianza del pueblo mexicano y sentir con verdadero patriotismo, evitando que nuestros enemigos, sean quienes fueren, dañen nuestra unidad nacional Un presidente no puede dar de baja a sus colaboradores porque un reducido sector del pueblo se lo exija, y esta actitud no se funda en consideraciones de vanidad personal, sino que responde a la necesidad imperiosa de mantener íntegramente el principio de autoridad, de cuyo respeto depende en gran parte la buena marcha de la administración pública del país Esto no quiere decir que deban solaparse las arbitrariedades de los malos funcionarios Por otra parte, no son atribuciones propias de estudiantes demandar el cese de funcionarios públicos; aunque las peticiones que se formularon en ese sentido y que todo mundo conoció, no fueron inspiradas por estudiantes, sino por agitadores dispuestos a complacer los sentimientos de venganza de políticos desplazados”
—¿Qué opinión tiene usted con respecto a lo ocurrido el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas?
—El 2 de octubre, la acción de los provocadores llegó a su máximo grado de maldad y el Ejército fue agredido por gente que estaba dispuesta a llevar las cosas hasta las situaciones extremas que llegaron, y ellos fueron los únicos responsables del derramamiento de sangre en Tlatelolco La trampa que allí se preparó la meditaron fríamente los autores de este crimen sin precedente Quizá ni lo de Huitzilac ni lo de Tlaxcalaltongo pueda compararse con esto, pues en estos casos no se mató a tanta gente inocente ni se atentó en contra de los intereses del país, como se hizo el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas Las órdenes que giré en esa fecha fueron en el sentido de que se evitara el desorden en el mitin de Tlatelolco y que no se permitiera que los estudiantes fueran conducidos por gente irresponsable al Casco de Santo Tomás, como habían anunciado que iban a hacerlo Con todo lo que había sucedido anteriormente, era lo más natural y lógico que tomáramos toda clase de precauciones; pero nunca sospechamos que una trampa tan miserable como ésta nos habían tendido para inculparnos calumniosamente de un crimen que cometió la antipatria y jamás el Ejército Mexicano Serán muchas las pruebas que en el futuro presentaremos para demostrar la veracidad de los partes militares que se me rindieron con motivo de estos hechos y en los cuales se asienta que nuestras tropas fueron recibidas con nutridas descargas de armas de fuego que se hicieron desde distintos puntos de las azoteas y partes altas de los edificios del complejo habitacional de Tlatelolco, cuando trataron de intervenir para imponer el orden Aproximadamente como a las seis de la tarde del día 2 de octubre, se escucharon disparos de armas automáticas y esto originó el caos en la Plaza de las Tres Culturas Estudiantes y gente del pueblo en general murieron o fueron heridos en estos sucesos, y por parte del Ejército fueron asesinados un soldado y un cabo, y heridos un general brigadier, tres oficiales y 12 individuos de tropa El 2 de octubre de 1968 mutiló nuestros corazones, dejó en el alma de los buenos mexicanos los más negros e indelebles crespones de dolor; pero es probable que su lección nos sirva de invaluable experiencia para no permitir que en el futuro gente perversa y traidores a la patria sigan corrompiendo a la juventud
—Finalmente formulamos esta última pregunta: ¿A qué causa cree usted que obedezca la campaña de calumnias en contra del Ejército?
—Calumnian al Ejército porque saben que esta institución siempre ha gozado de la simpatía del pueblo; pero lo hace un reducido grupo de gente que no ha podido ni podrá jamás apoderarse del gobierno de la República, porque carecen de las más elementales convicciones revolucionarias Estoy seguro de que el pueblo mexicano no ha perdido en ningún momento la confianza en nuestras instituciones democráticas Estoy seguro también de que nuestro noble pueblo sabe bien que quienes hicimos la Revolución y aún tenemos la suerte de vivir y gozar y ver que todos gozan las conquistas de aquel movimiento que costó un millón de vidas, no permitiremos bajo ningún concepto que otros intereses, que otras facciones, que nada, en suma, se alce por encima de los sagrados intereses de la patria Repito, al Ejército se le calumnia o, mejor dicho, lo calumnian unos cuantos, porque somos nosotros la causa de que no prosperen sus planes subversivos, nosotros que somos una institución con misiones constitucionales que siempre hemos cumplido y seguiremos cumpliendo religiosamente al pie de la letra En cambio, el verdadero pueblo, la gente humilde sobre todo, que ha palpado los sacrificios de nuestros soldados cuando han intervenido para ayudarla con motivo de inundaciones y otros desastres que esporádicamente se presentan en diferentes regiones del país, esa gente siente afecto y admiración por el Ejército
Aflora la sospecha
En 1976, en una carta dirigida al general Alfonso Corona del Rosal, jefe del Departamento del Distrito Federal en 1968, revelada en Proceso (985, septiembre de 1995), García Barragán sembró la sospecha de que subsisten secretos inconfesables acerca de lo que sucedió en la Plaza de las Tres Culturas
Corona del Rosal había sido entrevistado por Joaquín López Dóriga en la revista Siempre! y dado su versión sobre el 68:
“En el gobierno no hubo línea dura, pero sí firme ante la dureza de la agresión y el terrorismo Más aún, se realizaron numerosos esfuerzos por conciliar y tratar de arreglar los problemas Usted recuerde que el presidente Díaz Ordaz dijo: ‘Una mano está tendida'”
El 10 de agosto de 1976, el general García Barragán envió esta carta a Corona del Rosal:
Recibí con agrado tu carta y leí con interés tus declaraciones, hechas con la sensibilidad política que siempre te ha caracterizado Por su contenido, deduzco que aún consideras prematuro que la Nación conozca la verdad de ese episodio deplorable que todos lamentamos
A los que fuimos responsables y protagonistas directos en aquellos sucesos, no nos queda sino esperar que los años serenen las pasiones y que la historia, que se escribe a largo plazo, corrobore con su juicio que servimos con lealtad y desinterés al entonces presidente de la República, C Lic Gustavo Díaz Ordaz, y a nuestras instituciones
El exsecretario de Gobernación de Díaz Ordaz y expresidente de la República, Luis Echeverría, a quien decenas de intelectuales y militantes de distintos partidos, incluido el PRI, han señalado como uno de los principales maquinadores de la matanza de Tlatelolco, dice que supo apenas la semana pasada de la existencia de la carta de García Barragán
En una entrevista seriada de la reportera Irma Rosa Martínez, de El Universal, dijo: “No la vi, ¿cuándo se publicó? ¿Una carta del secretario de la Defensa al jefe del Departamento, que estaba la copia en la Defensa y el original en el Departamento? Entonces, ¿cómo se publicó?
—No sé, no sé cómo la obtiene la revista, pero nunca fue desmentida y se señala en ella que hasta el momento no se ha dicho la verdadera historia —repuso la reportera
No obstante, el miércoles 23, Corona del Rosal dirigió al presidente de la comisión legislativa especial del 68, Gustavo Espinosa Plata, una carta en la que afirma que lo que sabe está dicho en aquella entrevista que suscitó la misiva de García Barragán, que su versión de los sucesos la dio en su libro de memorias y en una entrevista radiofónica de 1995 con José Cárdenas, en la que dijo desconocer a qué se refirió el exsecretario de la Defensa con la frase: “deduzco que aún consideras prematuro que la Nación conozca la verdad de ese episodio deplorable que todos lamentamos”
Toda la responsabilidad
Luis Echeverría y Cuauhtémoc Cárdenas coincidieron en estos días previos al 30 aniversario de la matanza de Tlatelolco en que Díaz Ordaz fue el principal responsable
Dos días después de su discurso en la Iberoamericana, Cárdenas intentó rectificar, añadiendo a Echeverría a la lista de los que deben declarar quién dio y quién recibió las órdenes para violentar el Estado de derecho
El eje del sistema durante el Movimiento Estudiantil, Gustavo Díaz Ordaz, en su quinto informe presidencial (septiembre de 1969), enfrentó así lo sucedido un año antes:
“Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad: personal, ética, social, jurídica, política e histórica, por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado”
Cuauhtémoc Cárdenas, en su intervención ante cientos de estudiantes de la Universidad Iberoamericana, hizo esta reflexión:
“Gustavo Díaz Ordaz, entonces presidente de la República, expresó en sus informes de gobierno de 1968 (previo al 2 de octubre) y de 1969 que en los movimientos estudiantiles había intervención de manos no estudiantiles y de intereses ajenos a los de los estudiantes, tanto nacionales como extranjeros Habló de conjuras y contubernios que nunca expuso a la luz pública ni dio al respecto nombres ni de personas ni de organizaciones ni de países Fueron siempre señalamientos generales, vagos, subjetivos Dejó muy claro, a partir de sus argumentaciones nunca confirmadas por la realidad, que estaba decidido a utilizar, con toda la fuerza, el poder coercitivo del Estado Es, entonces, y por propia declaración expresa, el responsable principal de los acontecimientos de 1968”
En aquel año, el día de la libertad de prensa (junio de 1969) el escritor Martín Luis Guzmán, en nombre de los editores, elogió al presidente por la manera como su gobierno enfrentó la revuelta estudiantil:
“Lo felicitamos a usted, señor Y si, efectivamente, en algo fallamos a esa hora, lo lamentamos sin la menor reserva, y esto hace que nuestra felicitación resulte mayor aún Lo aplaude a usted una prensa que al ejercer plenamente su libertad, demostró no ser una prensa vendida”
En el mismo sentido que los generales García Barragán (excepto en su carta) y Corona del Rosal, y en incondicional apoyo de Díaz Ordaz (“mejor el Ejército mexicano que tanques soviéticos en Ciudad Universitaria”), opinaron legisladores adictos, tales como Luis M Farías, Octavio A Hernández El activo panista Diego Fernández de Cevallos se solidarizó con el Movimiento y casi se lió a golpes con la claque priísta
Porfirio y Heberto
En noviembre de 1969, cuando se analizó sin discusión el informe de Díaz Ordaz, un joven priísta, Porfirio Muñoz Ledo, no pareció conmovido por los sucesos
“Nada más ajeno a la rutina afirmar hoy que nos encontramos frente a uno de los textos de mayor significación para la vida política del país Pocas veces como ahora se había visto un gobernante tan claramente decidido a señalar, por sobre las circunstancias del tiempo e incluso por sobre su propia obra, la situación general y las alternativas reales de la nación mexicana”
Decepcionado del sistema oficial, líder hoy de la bancada perredista, Muñoz Ledo afirmó hace 30 años:
“El jefe del Estado estimó sin duda que nos encontramos en un momento de nuestra evolución en que determinadas coyunturas colocan al gobernante frente a decisiones excepcionales que lo obligan a revisar la estrategia global de nuestro desarrollo, a meditar serenamente el marco histórico y la correlación de fuerzas internas y externas que informan nuestra realidad, y a prever en consecuencia las eventualidades del porvenir
“Díaz Ordaz dijo, reiteradamente, que ninguna presión obligaría al gobierno a ‘mediatizar la soberanía de la nación’ y, podemos añadir, con justicia, que no permitió tampoco que se deteriora la autoridad que el Estado ejerce sobre los intereses particulares que componen la comunidad mexicana Con esta intención ha dicho que ‘ningún grupo, ningún sector, ninguna clase tiene el derecho de imponerse a los demás La voluntad mayoritaria del pueblo mexicano es la que decide’ En ejercicio de ese mandato, el Poder Ejecutivo tomó sus decisiones y la responsabilidad que asume es —al mismo tiempo— la reafirmación de la soberanía externa del Estado y de la supremacía del poder público en el interior del país”
Heberto Castillo mantuvo hasta su fallecimiento (1997) el criterio de que el Ejército como institución violó los preceptos constitucionales, entre otros los artículos 13 (la jurisdicción militar no puede abarcar a civiles), el 29 (suspensión de garantías en casos de gravedad), el 89 (facultades del Presidente respecto de la seguridad interior y exterior del país), y escribió:
“Si fue tan grave la situación que prevalecía en el país, ¿por qué no cumplió con el artículo 29 para suspender las garantías individuales, ya que dicho artículo prevé tales situaciones?”
En el mismo sentido han opinado Arnoldo Martínez Verdugo (hoy delegado del gobierno cuauhtemista en Coyoacán) o el exdirigente estudiantil y actual diputado perredista Pablo Gómez
Los muertos y el “chavito”
La periodista Oriana Fallacci afirmó (sin más apoyo que su propio cálculo) que el 2 de octubre hubo al menos 500 muertos
Díaz Ordaz, en conferencia de prensa en 1977, dijo que “pasaron de 30 y no llegaron a 40”
Un monumento en forma de estela en Tlatelolco, levantado en el 25 aniversario con el auspicio de exlíderes estudiantiles, tiene grabados únicamente 20 nombres “y muchos otros compañeros cuyos nombres y edades aún no conocemos”
1977, conferencia de prensa del primer embajador en España después de muerto Francisco Franco, el expresidente Gustavo Díaz Ordaz:
“Disiento totalmente del criterio, muy personal de usted, de que hay un hecho que ensombreció la historia de México Hay un hecho que ensombreció la historia de unos cuantos hogares mexicanos Yo le puedo decir a usted que estoy muy contento de haber servido a mi país en tantos cargos como lo he hecho; estoy muy orgulloso de haber podido ser presidente de la República y haber podido así servir a México Pero de lo que estoy más orgulloso de esos seis años es del año de 1968, porque me permitió servir y salvar al país, les guste o no les guste, con algo más de horas de trabajo burocrático, poniéndolo todo: vida, integridad física, peligros, la vida de mi familia, mi honor y el paso de mi nombre a la historia Todo se puso en la balanza Afortunadamente, salimos adelante Y si no ha sido por eso, usted no tendría la oportunidad, muchachito, de estar aquí preguntando”
—Usted acaba de decir que salvó al país ¿De qué lo salvó?
—Del desorden, del caos, de que se terminaran las libertades de que disfrutamos Quizá usted estaba muy chavito y por eso no se dio cuenta








