1982: la nacionalización de la banca; 1995: ya nos volvieron a saquear
Detrás de crisis recurrentes que tienen al país en ruinas, el amasiato entre el poder político y económico cumple tres sexenios
Antonio Jáquez
En su recuento alegre de la privatización bancaria, Guillermo Ortiz anota que ésta causó un “interés inusitado”: Desde el anuncio de la reforma constitucional, en mayo de 1990, diversos grupos del sector financiero del país, e incluso del exterior, “se acercaron con autoridades de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México con el fin de manifestar su deseo de participar como adquirentes”
Ortiz —que presidió el Comité de Desincorporación Bancaria— afirma además que “grupos diversos de otros gremios, con ánimo de diversificar y de comprometer sus recursos con el país, también tocaron las puertas de quienes se convertirían más tarde en integrantes del Comité”
Pero al final del proceso de subasta, unos dos años después, resultó que las puertas de los bancos se abrieron sobre todo para los dueños de casas de bolsa, en su mayoría empresarios de nuevo cuño que se habían colado al sistema financiero por la puerta trasera de los negocios bursátiles y que en unos cuantos años habían amasado grandes fortunas y se habían visto involucrados en operaciones fraudulentas
Casualmente, muchos de esos intermediarios financieros que compraron bancos eran aliados del Partido Revolucionario Institucional, en particular como miembros de la Comisión de Financiamiento y Consolidación Patrimonial que recaudó los fondos para la campaña de Carlos Salinas de Gortari a la Presidencia, en 1988 Seis años después, contribuyeron con fondos a la campaña de Ernesto Zedillo
Entre los integrantes del Comité que manejó la venta de los bancos, destacan los que —tres años después— impulsaron un programa de rescate de los neobanqueros: el presidente Zedillo, entonces secretario de Programación y Presupuesto; Ortiz, hoy gobernador del Banco de México; y el actual secretario de Hacienda, José Angel Gurría, quien era subsecretario de esta dependencia, con Pedro Aspe como titular
Esa colusión del poder económico con el poder político refulge en el Fobaproa, señala el senador Juan Antonio García Villa, del Partido Acción Nacional “A la hora en que los bancos truenan, entre otras cosas por malos manejos y falta de supervisión, no hay culpables, o los hay de modo selectivo; por eso es importante conocer toda la información del Fobaproa”
Para García Villa, una seria revisión del Fobaproa pasa necesariamente por la reapertura del expediente de la privatización bancaria, “el cual tiene muchos hoyos negros a los que apenas pudimos asomarnos en su momento” Propone que se forme una comisión legislativa investigadora de la venta de los bancos, “como la que se hizo para indagar irregularidades en Conasupo”
Los antecedentes
En realidad, la reprivatización bancaria empezó en el gobierno de Miguel de la Madrid, que de plano ignoró el compromiso de su antecesor José López Portillo cuando, al nacionalizar la banca, en septiembre de 1982, dijo: “No nos volverán a saquear” Apenas tres meses después de la nacionalización, se regresó a los exbanqueros 34% de las acciones bancarias expropiadas
Y de ahí en adelante, De la Madrid decretó una serie de medidas que compensaron con creces a los antiguos dueños de los bancos —indemnizaciones jugosas, por ejemplo—, y que fomentaron el ascenso de una banca paralela, apuntalada mediante las casas de bolsa y reforzada por las arrendadoras financieras, las aseguradoras, sociedades inversión y las organizaciones auxiliares de crédito
El sector bursátil mexicano se fue a las nubes En 1986, la prensa internacional calificó al mercado accionario mexicano como el más activo del mundo, con los mejores rendimientos El gobierno, en tanto, se hizo a un lado, liquidando a finales de ese año el Instituto para el Depósito de Valores y vendiendo unos meses después su casa de bolsa, Acciones Bursátiles Somex
La salida gubernamental del sector bursátil fue impulsada, sobre todo, por Agustín Legorreta, quien era dirigente de los empresarios y accionista mayoritario de la casa de bolsa Inverlat Manuel Somoza Alonso, uno de sus empleados, fue el encargado de negociar con las autoridades la liquidación del Indeval y la privatización de la Casa de Bolsa del gobierno
En su momento, el diputado Jorge Alcocer, del PSUM, escribió en Proceso (número 529) sobre el contubernio existente entre Somoza y el secretario de Hacienda, Gustavo Petriccioli:
“Con Petriccioli en Hacienda, Somoza ve su oportunidad y solicita y obtiene de su exjefe (en Nafinsa) y amigo un paquete de ventajas fiscales, organizativas y administrativas para las casas de bolsa, casas de cambio y sociedades de inversión y, lo más importante, obtiene que el Indeval le sea vendido a las casas de bolsa Somoza está feliz; Petriccioli queda bien con los dueños del dinero; el camino del entendimiento con los empresarios pasa ahora por la venta de organismos que cumplen funciones de regulación y control (Indeval) de actividades privadas que se realizan por cuenta de terceros, o sea de ahorradores”
El gobierno federal contribuyó además al crecimiento espectacular de la bolsa al utilizar el mercado bursátil para financiar su déficit mediante los Cetes, petrobonos y otros valores Dada la importancia de los montos en estas colocaciones y lo elevado de los intereses que se pagaron por ella, la deuda pública interna “pasa a ser la vertebradora de los mercados y las ganancias financieras en el país”, apuntó en un ensayo el investigador Celso Garrido
La expansión bursátil se derrumbó a finales de 1987, en medio de acusaciones por manejos fraudulentos en las casas de bolsa que llevaron a la quiebra a miles de inversionistas Pero en vez de indagar a los empresarios, Petriccioli removió al presidente de la Comisión Nacional de Valores, Lorenzo Peón Escalante, quien reiteradamente había alertado sobre el alza irracional del mercado bursátil e intentado reforzar los candados regulatorios
El reportero Carlos Acosta informó que, por instrucciones de Petriccioli, Peón Escalante nunca pudo tocar a las grandes casas de bolsa: Operadora (Obsa), de Eduardo Legorreta; Inverlat, de Agustín Legorreta; Acciones y Valores, de Roberto Hernández; Probursa, de José Madariaga; Inversora Bursátil, de Carlos Slim; Interacciones, de Carlos Hank Rohn
Ni siquiera pudo castigar a las casas de bolsa chicas, porque ello significaba enfrentarse con sus dueños, de “tal poder e influencia que tratan sus asuntos directamente con el presidente De la Madrid, y que en varias ocasiones, cuando se dignaron ver a Peón Escalante fue para gritarle en su cara y reprocharle airadamente que metiera las manos en sus negocios”
De todos modos, tras el crack de octubre de 87, las casas de bolsa quedaron en evidencia, denunciadas por ilícitos tales como violación de contratos, falsificación de firmas, alteraciones de documentos, simulación de actos públicos, disposiciones indebidas de fondos, retención de documentos y estados de cuenta, cargos indebidos en las cuentas; hubo incluso denuncias por secuestro, amenazas diversas, extorsiones, hostigamiento telefónico
La casa de bolsa que acumuló más denuncias fue Obsa, en cuyo consejo de administración confluían prominentes empresarios como Guillermo Ballesteros, Antonio Madero Bracho, Isaac Saba Raffoul, Adrián Sada González y el propio Legorreta, que fue al único que se encarceló, en febrero de 1989, a la llegada de Salinas al poder
Legorreta, como otros de sus socios y colegas, formó parte de la Comisión de Financiamiento y Consolidación Patrimonial del PRI que apoyó la campaña de Salinas; fue de hecho tesorero de este Comité, que recabó unos 18,000 millones de pesos, cifra oficial muy por abajo de las enormes utilidades que amasó Obsa de 1984 a 1987, que la llevaron al primer lugar entre las 26 casas de bolsa en rendimientos, captación, clientes, sucursales
De las casas de bolsa a los bancos
El golpe contra Legorreta fue más una medida publicitaria de coyuntura que una decisión de fondo para desplazar a los también llamados “casabolseros” del sector financiero Por el contrario, fueron precisamente socios de casas de bolsa los que acapararon más bancos en el remate que emprendió Salinas
La procedencia de los ganadores de bancos se advierte en la misma papelería en que presentaron sus posturas ante el comité privatizador, integrada a la documentación de los llamados libros blancos:
Roberto Hernández y Alfredo Harp Helú (Accival) se quedaron con Banamex; Alonso de Garay (GBM), con Banco del Atlántico; Eugenio Garza Lagüera y Alberto Bailleres (Vamsa), con Bancomer; Antonio del Valle Ruiz (Prime), con Bital; Madariaga Lomelín (Probursa), con Multibanco Mercantil de México; Hugo Villa Manzo y Raymundo Gómez Flores (Multivalores), con Cremi
Igualmente, Angel Isidoro Rodríguez (Mexival) se hizo de Banpaís; Eduardo Carrillo y Saba Raffoul (Finamex), de Promex; Sada González y Saba Raffoul (Obsa), de Serfin; Manuel Senderos, Carlos Gómez y Somoza Alonso (Inverméxico), de Banco Mexicano Somex
En total, aclara Elvira Concheiro Bórquez en su libro El gran acuerdo, de los bancos vendidos, sólo Bancrecer, Banco de Cédulas Hipotecarias (BCH) y Banco Mercantil del Norte (Banorte) fueron adquiridos por grupos industriales no vinculados directamente a alguna casa de bolsa: el Grupo Alcántara, el Grupo Cabal y el Grupo Maseca, respectivamente
Señala que la publicitada declaración del grupo salinista, en el sentido de que la reprivatización de las instituciones de crédito buscaba “garantizar una participación diversificada y plural en el capital”, escondía lo principal: los bancos reprivatizados fueron tomados por “grupos de control” que poseían la mayoría de las acciones y la capacidad directiva
Unos meses después de que concluyó el reparto de los bancos, los vínculos de los neobanqueros con el poder político saltaron a la vista en la famosa cena en casa de Ortiz Mena, en abril de 1993, en la que el presidente Salinas pasó la charola a 39 magnates para que costearan la “independencia” del PRI, tasada entonces en unos 1,000 millones de dólares
Entre los asistentes a la cena, descollaron los que se beneficiaron en el banquete privatizador, especialmente en el remate de los bancos: Raymundo Flores, Alonso de Garay, Madariaga, Bailleres, Antonio del Valle, Roberto Hernández, Sada González y Lorenzo Zambrano; estuvo también el ganador de Telmex, Carlos Slim, poseedor de acciones de Banamex y otros grandes bancos, además de tener su grupo financiero propio
“Como ningún otro presidente desde el sexenio de Miguel Alemán —escribió Rafael Rodríguez Castañeda en su libro Operación Telmex—, Carlos Salinas unió sin embozo el destino de los empresarios al de su propio partido”
Las ganancias de esa alianza fueron mutuas Salinas tuvo el apoyo de la élite empresarial para impulsar su proyecto de apertura económica y los magnates pudieron redondear sus negocios con apoyo del Estado; en sólo dos años, los neobanqueros se hicieron tan ricos que pudieron codearse con las fortunas más grandes del mundo, por lo menos en las listas de revistas especializadas
Aparece Raúl Salinas
Pero hay además cabos sueltos en la privatización bancaria que sugieren otro tipo de ganancias, como lo son las relaciones amistosas o de negocios de Raúl Salinas de Gortari con empresarios prominentes de Monterrey que luego compraron bancos
En el clan regiomontano de Raúl Salinas destacan Garza Lagüera y Sada González, dueños de Bancomer y Serfin, quienes poco después de comprar estos bancos tuvieron oportunidad de expresarle su gratitud al hermano del presidente: le abrieron líneas de crédito para la compra de dos casas en Monterrey, en el caso de Serfin por 1,738 millones de pesos, y en el de Bancomer, hasta por 7,500 millones
Además, en el curso de las indagaciones de los fondos suizos de Raúl Salinas, afloró una transacción que hizo con Sada González por 15 millones de dólares Sada aceptó que había recibido el dinero, pero no entró en detalles sobre la operación, sólo dijo que le había regresado los fondos a Raúl al no concretarse “ningún proyecto”
Otro de los enigmas de Sada González son las operaciones de la filial de Serfin en Islas Caimán, entre ellas una con Gerardo de Prevoisin, exdiretor de Aeroméxico, al que se investiga en Francia y Estados Unidos por un donativo al PRI de 8 millones de dólares, en el marco de una averiguación por lavado de dinero que salpicó ya a Carlos Salinas
Garza Lagüera, por su parte, acogió a Raúl como investigador del Tecnológico de Monterrey, para un proyecto sobre telecomunicaciones Además, Othón Ruiz Montemayor, colaborador cercano de Garza Lagüera, apareció luego como socio de Jesús Gómez Portugal, uno de los presuntos prestanombres de Raúl Salinas; más tarde, Ruiz se convirtió en tesorero estatal y luego en presidente de Banorte, el banco de Roberto González Barrera
González Barrera —también cabeza del emporio tortillero Maseca— fue uno de los hombres más cercanos y leales a los Salinas, que lo llamaban don Roberto y lo sentaban en la mesa de honor en los eventos familiares Fue el único de los grandes empresarios que no le dio la espalda al expresidente cuando cayó en desgracia: al menos le prestó su jet para sus ires y venires en el curso de su comedia de huelga de hambre en San Bernabé
Los misterios
Son muchos los misterios de la privatización bancaria, comenta el senador García Villa, que la Legislatura pasada presidió la Comisión de Vigilancia de la Contaduría Mayor de Hacienda de la Cámara de Diputados “Nos entregaron los famosos libros blancos, con documentos voluminosos que suman más de 10,000 cuartillas, pero en los que falta información clave para entender todo el proceso”
No hay datos, por ejemplo, sobre el origen exacto de los casi 38 billones de viejos pesos que se pagaron por 18 bancos; tampoco se conocen los nombres de todos los inversionistas, sólo los que formaban los grupos de control; se omite además la opinión completa de las firmas extranjeras que asesoraron a la Secretaría de Hacienda en cada una de las ventas y el plan de negocios de los inversionistas, es decir para qué querían un banco
Menos aún se ha tenido acceso a los kilómetros de cinta en que, según Guillermo Ortiz, se registró la voz de los funcionarios y los postores que participaron en la subasta de bancos en alrededor de 500 visitas y presentaciones “Para escuchar completas estas conversaciones harían falta tres meses, sin una sola pausa”, dijo Ortiz
Con todo, los libros blancos arrojan datos interesantes sobre la privatización bancaria Consta en ellos, por ejemplo, los nombres de los funcionarios que participaron en la asignación de los bancos, que no en todos los casos fueron los mismos, con excepción de Ortiz, que estuvo en la mayoría de las sesiones
Zedillo participó en las sesiones extraordinarias en que se asignaron los dos bancos más grandes del sistema, Banamex y Bancomer, el 25 de agosto y el 27 de octubre de 1991, respectivamente, al igual que en la sesión en que se asignó Cremi, el 21 de junio de ese año En esos actos participó también José Córdoba Montoya, quien era jefe de la Oficina de la Presidencia de la República
Los expedientes de la privatización revelan también las ventajas adicionales de los ganadores de los bancos, quienes en la mayoría de los casos hicieron sus pagos en abonos y además consiguieron bonificaciones cuantiosas por “ajustes” en el valor de la cartera y de los activos
En cambio, ni en los libros blancos, ni en otra parte, hay rastro sobre el destino de los billones de pesos obtenidos por la venta de los bancos Y es que, según la historia oficial, los recursos se acumularon al llamado Fondo de Contingencia, de donde supuestamente se aplicaron al pago de deuda pública; es decir, se esfumaron en el resumidero al que ahora quieren arrojar los saldos del Fobaproa








