El poeta y el periodista, conjunción de dos ideas, dos voluntades, dos intransigencias

El poeta y el periodista, conjunción de dos ideas, dos voluntades, dos intransigencias
Hitos de Octavio Paz: el 68, el “Excélsior” de Julio Scherer, “Plural”, el golpe de Echeverría, “Vuelta”
Carlos Marín
El derrotero periodístico de Octavio Paz fue determinado por un suceso extraordinario en el mercado de publicaciones: su incorporación al Excélsior que había iniciado la crítica a los presidentes mexicanos, sin otra propuesta que la de ejercer, como y con quien quisiera, su libertad intelectual
Después de su histórica renuncia en 1968 a la embajada en la India en protesta por la represión al movimiento estudiantil, el poeta había permanecido fuera de México durante tres años, y su retorno le planteó inclusive la posibilidad de su eventual participación en un nuevo partido político
Alejado del mundo oficial, rotas muchas de sus relaciones y distante de algunos de sus antiguos amigos, encontró una puerta abierta de par en par
En el primer número de Vuelta escribió su testimonio:
“En 1971, el director de Excélsior, Julio Scherer, nos propuso la publicación de una revista literaria, en el sentido amplio de la palabra literatura: invención verbal y reflexión sobre esa invención, creación de otros mundos y crítica de este mundo Aceptamos con una condición: libertad Scherer cumplió como los buenos y jamás nos pidió suprimir una línea o agregar una coma”
En 1993, en vísperas de cumplir 80 años y en una entrevista concedida a Scherer, en la que repasó la situación política de México a partir de 1968, recordó de esta manera el nacimiento de Plural en octubre de 1971:
Tú me propusiste, con extraña generosidad —apenas si me conocías— la dirección de una revista semanal de opinión Rehusé: no me sentía con inclinaciones por el periodismo militante Tampoco con talento Tenía otra idea y te propuse la creación de una revista mensual de cultura: letras, arte, pensamiento, política Tú aceptaste con entusiasmo Todavía me maravilla tu gesto Así nació Plural: conjunción de dos ideas y dos voluntades Hoy pienso que también podía haberse llamado Encuentro
En muchos sentidos, a partir de ese año, la relación entre el periodista y el poeta, los dos intransigentes en sus respectivas pasiones, se afirmó y retroalimentó aun en amables discordancias acerca de lo que uno y otro debían hacer Cada uno dejaría constancia del otro en sus libros
Tres meses antes del primer número de Plural había ocurrido —10 de junio, el Jueves de Corpus— otra matanza de estudiantes, mientras Octavio Paz daba un recital poético (en compañía de Carlos Fuentes y José Alvarado) en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que ante la noticia fue suspendido Unos días después, Luis Echeverría cesó al jefe del departamento del Distrito federal, Alfonso Martínez Domínguez
Julio Scherer García escribió en Los presidentes (Grijalbo, 1985):
Participó Excélsior en la indignación y esperanza del país A Octavio Paz le pedí un artículo que abordara el tema Me respondió que no tenía tiempo Le rogué que me dictara por teléfono un texto breve Accedió La actitud del presidente le parecía loable No obstante, deberíamos aplazar cualquier opinión definitiva Al Príncipe ha de mirársele de lejos, si de juzgarlo se trata, sostenía Octavio “No te acerques demasiado al juego del poder, que no es fuego que purifique”, me previno También le pedí un texto a Carlos Fuentes Aceptó del mejor grado Dos columnas paralelas en la parte superior izquierda de la primera plana de Excélsior dieron cuenta de sus opiniones Echeverría no era Díaz Ordaz
Con Paz, ingresó al Plural de aquel Excélsior un destacado equipo de colaboradores, entre quienes figuraron Tomás Segovia, Gabriel Zaid, José de la Colina, Alejandro Rossi, Vicente Rojo, Kasuya Sakai, José Luis Cuevas, Julieta Campos, Jaime García Terrés, Marco Antonio Montes de Oca, Juan García Ponce y Salvador Elizondo
A la par que se cimentaba la nueva publicación, entre los directores de Excélsior y Plural se acendraba una amistad irrenunciablemente crítica
Avanzado 1974, hubo una reunión en casa de Daniel Cosío Villegas, pionero en Excélsior de la desmitificación de la figura presidencial
Asistieron el director del diario, Octavio Paz, Víctor Urquidi, Mario Ojeda, Luis González, Mario Moya Palencia, Porfirio Muñoz Ledo y un José López Portillo que disculpaba a Luis Echeverría por un retraso propio de los quehaceres presidenciales Con la comida lista, hacía rato que doña Emma, esposa del anfitrión, había convocado a que se sentaran a la mesa
Scherer García recordó en el libro que se cita:
Media hora después, se escuchó de nuevo la voz de don Daniel:
—Pasamos, por favor
—Yo le ruego, don Daniel —intercedió por segunda vez López Portillo
—En el país manda el presidente, pero en mi casa mando yo, licenciado —y se adelantó sin otro comentario rumbo al comedor
El propósito del encuentro era intercambiar opiniones sobre las relaciones entre el intelectual y el político, la cultura y el poder Con casi una hora de retraso llegó Echeverría y borbotearon los distintos y excluyentes enfoques
Ocupaba Octavio Paz un asiento secundario en una esquina de la mesa Don Daniel le pidió su opinión acerca de cuanto se hablaba y escuchaba Se hizo de la palabra Octavio y se hizo el silencio para escucharlo Habló diez, doce minutos Entre sus juicios, evoco uno, que me llamó la atención como ningún otro, la frase directa al corazón en lo asuntos que debatíamos: es muy distinto mandar a pensar
Apenas en agosto del año pasado (1985) lo visité en su departamento de Paseo de la Reforma La presencia de Octavio me reconforta siempre Más allá de carencias y defectos, su mirada descubre mundos literarios y poéticos que su talento recrea para poder inventar otros mundos Le pregunté si recordaba la comida en la casa de don Daniel y le pedí que armara, hasta donde le fuera posible, su exposición aquella tarde memorable
Incitado por el periodista, Octavio Paz, quien recordaba bien aquel encuentro, escribió un texto de cinco hojas (se reproduce en Los presidentes), en las que destella:
No recuerdo ahora quiénes fueron mis contradictores ni cuáles sus razones Recuerdo, sí, que acudí al ejemplo de la antigua China y cité la filosofía política de Lao Tsé y de Chuang Tzu Los “sabios”, es decir: los que ahora llamamos intelectuales, dividen siempre a los hombres en instruidos e ignorantes, buenos y malos; poseídos por una inmoderada y estúpida confianza en el “bien” —o sea: en su sistema—, castigan a los que juzgan malos e ignorantes, que son la mayoría, y premian a los que consideran virtuosos, que son los pocos devotos de su sistema El mundo moderno corrobora de una manera impresionante las ideas de los dos filósofos taoístas En un pasaje memorable, Chuang Tzu dice que el gobierno del príncipe tiránico es menos malo que el gobierno de los “sabios” virtuosos: al tirano se le puede asesinar con el puñal o con el veneno, mientras que las ideas con que los “sabios” justifican sus exacciones son inmortales e incorpóreas Entonces, ¿cuál es el mejor principio de gobierno? La ausencia de principios En otro momento Chuang Tzu dice que el mejor gobierno es aquel bajo el cual las cosas pasan por sí mismas y no movidas por la voluntad de arriba: un gobierno débil y mediocre es mejor que un gobierno activo y poderoso El puro anarquismo de Lao Tsé y de Chuang Tzu es inaplicable pero es un modelo y puede ser una inspiración Si los gobernantes tuviesen presentes sus ideas, los pueblos sufrirían menos La reacción ante mis palabras fue un cortés silencio y dos o tres sonrisas No importa: me consuela pensar que tú las recuerdas
Un abrazo de tu amigo
(Rúbrica)
La tarde en que le solicitó ese texto, Julio Scherer García le volvió a hablar de su recurrente meditación sobre la condición humana de los presidentes mexicanos
Me dijo sentencioso: “El presidente en México puede hacer todo el mal que quiera y aunque quiera apenas puede hacer el bien”
Conversábamos sin orden Le recordé a Octavio Paz los días de su regreso a México, después de su renuncia como embajador en la India por la matanza de Tlatelolco, la fundación de Plural, la revista cultural de Excélsior que dirigió desde su nacimiento hasta su muerte (de octubre de 1971 a julio de 1976) Evocamos amigos comunes
Uno de aquéllos fue Gastón García Cantú, ligado como pocos a Excélsior y colaborador desde el número inicial de Plural Sus artículos en el diario fueron determinantes en la decisión de Echeverría para apoyar el golpe
De Los presidentes:
Fue testigo de la asamblea del 8 de julio y juntos salimos de Reforma 18; fue firmante de la página en blanco, acallado su derecho a opinar en un memorándum que firma Díaz Redondo; fue autor con Octavio Paz y todo Plural de una declaración que me honra; fue protagonista de sucesos memorables en el Salón Colima, inocultable a sus ojos la intervención de Echeverría en los acontecimientos del 8 de julio, censor el presidente de la República de mis actos; lector de Los periodistas (donde Vicente Leñero novela el tránsito de Excélsior a Proceso) eligió las palabras “dramático y nauseabundo” para hablar del trasfondo de los acontecimientos que culminaron con nuestra salida de Excélsior, y así, con toda esta historia a cuestas, volvió a Reforma 18
Radical del ejercicio de las libertades, Octavio Paz llegó al extremo de entender al revés las ventajas del respeto irrestricto a su trabajo, al calificar el que se le tuvo como una “actitud ejemplar, sobre todo si se recuerda que más de una vez los puntos de vista de Plural no coincidieron con los de Excélsior”
Por esa razón, Paz y sus colaboradores inmediatos, “sin vacilar un instante”, decidieron irse de aquella casa editorial cuando se consumó el atentado de Regino Díaz Redondo, el 8 de julio de 1976:
“Me parece indudable que el golpe no se habría dado si sus autores no hubiesen contado por lo menos con el consentimiento tácito del Poder”, escribió Paz
“Las consecuencias han sido igualmente funestas para el régimen y para la nación Para el régimen porque, después de seis años de respetar la libertad de crítica, acabó o permitió que se acabase con uno de los poquísimos centros de crítica independiente del país Para la nación, porque el conflicto de Excélsior ha coincidido con la crisis de los partidos políticos”, añadía
En síntesis: “Dejamos Plural para no perder nuestra independencia”
En muy pocos diarios (ninguno de la Ciudad de México), entre éstos La voz de Durango y Diario de Yucatán, se publicó el desplegado que suscribieron Paz y sus colaboradores:
Excélsior era un periódico como los otros; gracias a la nueva coyuntura política y, sobre todo, gracias a la iniciativa de su director, Julio Scherer, se transformó en un periódico distinto de los otros: Excélsior empezó a decir lo que muchos querían y no podían decir: El diario se convirtió en el centro de convergencia de las opiniones libres y disidentes de México No todo lo que se dijo en Excélsior coincide con lo que yo pienso y creo Más de una vez estuve en desacuerdo con muchos de sus colaboradores No defiendo sus opiniones: defiendo su derecho a sostener ideas distintas a las mías Defiendo nuestro derecho a disentir del poder y de los poderosos
Justo en el momento en que el ocaso de los partidos independientes clausuraba el reducido espacio político mexicano, Excélsior abrió otro espacio Hoy ese espacio también se cierra No asistimos al triunfo de una ideología verde, roja o negra: asistimos al triunfo del color gris, el color del conformismo y la pasividad ¿Por cuánto tiempo?
Conmoción y solidaridad
La estampida de periodistas e intelectuales que originó la salida de Julio Scherer García de Excélsior, suscitó una tímida respuesta de asombro y solidaridad en México; pero la resonancia del golpe alcanzó una estruendosa condena en los más prestigiosos diarios y revistas culturales del mundo
Por lo que respecta al grupo de escritores, ensayistas, críticos literarios y poetas que encabezaba Octavio Paz, las reacciones generaron una gran expectación por lo que haría después de haber dirigido Plural durante casi cinco años
De un recuento somero (Vuelta de diciembre de 1976):
Un mes después del golpe, El Nacional de Caracas publicó una página con entrevistas a redactores y colaboradores de Octavio Paz, bajo el encabezado: Plural tuvo la oportunidad de decir lo que quería gracias a Julio Scherer
En El Universal de esa misma ciudad, aparecieron trabajos de varios intelectuales que afirmaron: “Lo importante es que con el sombrío suceso de Excélsior se cierra para nosotros la revista Plural, uno de los más importantes órganos de Hispanoamérica” (Lorenzo García Vega); “Desde México se confirma que el asalto oficialista contra Excélsior ha significado el fin de Plural” (Sofía Imber); ” Plural, una de las mejores, si no la mejor, revistas culturales y literarias de lengua española” (Nuño)
El Tiempo, de Bogotá, y La Opinión, de Buenos Aires, reprodujeron íntegro el texto de la salida de Paz
The Times Literary Supplement, bajo el título The Excélsior Affair, publicó un artículo de Isabel Fraire, en el que resaltó el hecho de que la revista cultural de Excélsior hubiese atraído “originales colaboraciones de una galaxia de escritores, artistas, críticos y científicos de la sociología, la economía y la política, de renombre internacional”
En efecto, desde su primer número, el de octubre de 1971, Plural empezó a publicar trabajos de escritores tales como Harold Rosenberg, Claude Lévi-Strauss y Henri Michaux, y en la nómina de mexicanos figuraron el propio Paz, su gran amigo de entonces, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska y Ramón Xirau
The New York Review of Books publicó: “No sólo México pierde su único periódico realmente independiente, sino además todo el mundo de habla española pierde su publicación literaria más respetada e influyente, Plural, mensualmente publicada por Excélsior y dirigida por Octavio Paz”
Apoyados en los despachos informativos de los corresponsales de The Washington Post y The New York Times —Marlise Simons y Alan Riding—, quienes resaltaron los afanes de Luis Echeverría por expandir su “imperio periodístico” y la secretaría general de las Naciones Unidas, manifestaron su repulsa al golpe y su apoyo a Scherer y Paz: Hugo Estenssoro, Woody Allen, Noam Chomsky, Elizabet Hardwick, John Kenneth Galbraith, Carey McWilliams, Arthur Miller, Philip Roth, Arthur M Schlessinger Jr, IF Stone y Gore Vidal
En Madrid, Cambio 16 publicó un artículo titulado Excélsior y el texto de Paz La libertad como ficción
Le Monde, en Francia, se ocupó del golpe y reprodujo también el texto de Paz
En Die Zeit, de Alemania, apareció: “La casa editorial Excélsior publicaba mensualmente, desde 1971, Plural, la revista cultural más importante de América Latina”, y Die Weltwoche afirmó que el atentado en Excélsior y su efecto en Plural “fue entendido como un golpe contra la cultura”
De diversas partes del mundo, el grupo de Paz recibió cartas de apoyo: Mario Vargas Llosa, Carlos Barral, Guillermo Cabrera Infante, Italo Calvino, Juan Goytisolo
De Juan Marichal: “En todos los países de nuestra lengua y cultura se siente el vacío que deja una revista de integridad ética”
Entre las mejores, por el reconocimiento que hizo de la dimensión que alcanzó el pensamiento mexicano y universal a través de la revista cultural de Excélsior, la del intelectual rumano Emile Michel Cioran:
“Plural era una revista de primerísimo orden, que me ahorraba leer las de aquí, aquejadas de provincialismo, como toda la Europa Occidental Paradójicamente, América Latina, donde todo va a contrapelo, donde la anomalía es de rigor, está más abierta que nosotros al mundo Plural era un reproche a la incuriosidad occidental, un desafío, una bofetada elegante”
Dos publicaciones, un origen
Con el golpe en Excélsior y las reacciones dentro y fuera de México, la expectación en torno de lo que harían Julio Scherer García en lo periodístico y Octavio Paz en lo cultural, se develó el 6 de noviembre con el primer número de Proceso y casi un mes después, el primero de diciembre, con el primer número de Vuelta
Vicente Leñero, en Los periodistas:
No se estableció relación empresarial alguna entre Vuelta y Proceso, aunque el hecho de tener un origen común, un mismo impresor —Guillermo Mendizábal— y una básica coincidencia de espíritu y de principios, ligó desde sus comienzos a las dos publicaciones El intercambio publicitario hizo esta unión manifiesta
En enero de 1977, asaltado Plural por escritores apresurados en sustituir al grupo de Paz, dirigidos por Jaime Labastida (hermano del actual secretario de Gobernación), Vuelta publicó:
Se suponía que en Excélsior había habido un golpe represivo Ahora resulta que fue un avance revolucionario, colectivo, internacionalista, que cuenta con el apoyo de Mario Benedetti, Ernesto Cardenal, Roberto Fernández Retamar, y algunas glorículas locales como Juan Bañuelos y Adolfo Sánchez Vázquez
Mario Benedetti, que no sabemos por qué no figura en el directorio, envió una carta celebrando a los rompehuelgas con una frase maravillosa: “Deseo que Plural realmente se pluralice o sea, que de la élite de la primera etapa pase normalmente al pueblo” Hay que tener refinamiento (elitista) para usar con tanta delicadeza “normalmente” en Reforma 18 Admirable concepción sobre las vías normales para que una revista pase al pueblo
El texto consignaba que, “al no encontrar aquí colaboraciones de calidad, acudieron a La Habana para pedir a Casa de las Américas ayuda y dirección”
Todo resulta incomprensible, a menos que se entienda como un truco muy viejo: cuando un mediocre incompetente calcula que por sus méritos no va a llegar a ninguna parte, renuncia a dominar su oficio, enarbola el puño cerrado y pide solidaridad popular Lo cual no garantiza nada, porque también la política requiere oficio, competencia, talento La listeza, al final, se revela tontería; los listos se pasan siempre de la raya y lo que creían salida fácil se les convierte en callejón sin salida: poner el puño cerrado al servicio de Díaz Redondo, someterse al nombre de Plural y a todo lo que significa, multiplicar las declaraciones de continuidad necesarias para legitimar el golpe Es evidente que a los golpistas nunca les hubieran dado dinero para hacer otra revista: de lo que se trataba, precisamente, era de que unas ardillitas con banderas de izquierda ocuparan la casa abandonada, mostrando que todo continuaba “normalmente”, que nada había pasado, que las cosas seguían vigorizadas y ampliadas
Y comentaba así una felicitación del entonces gobernador de Chihuahua, Manuel Bernardo Aguirre, en el aniversario de la revista:
Plural perdió la atención de la élite y no ganó la del pueblo, pero sí la del PRI Y es que un político práctico, siempre necesitado de limpiar trabajos sucios, sabe apreciar en todo lo que vale un atajo de ardillas con banderas de izquierda
En Los periodistas, Leñero (vicepresidente del Consejo de Administración de Proceso) escribió este fragmento de una acalorada conversación entre Julio Scherer García y Luis Echeverría, en febrero de 1977, en la casa del presidente:
—No me importa, qué remedio Tantas atenciones que tuve y así me pagaste
—¿Cómo te pagué? Nosotros estamos fuera de Excélsior
—Igual que otros, no sé qué les pasa, no entiendo por qué tanto odio Ahí esta Octavio Paz con el que sólo tuve consideraciones Llegaban intelectuales extranjeros a Los Pinos y me preguntaban por él, y yo inmediatamente lo llamaba y los ponía en contacto Paz sólo recibió atenciones de mí y ahora hay que ver lo que hace en esa revista Vuelta Yo no sé quién es ese tal Gabriel Zaid, dicen que es buen poeta, yo no lo conozco Nada más leí ese artículo del brumario no sé cuántos de Echeverría, por encima, caray, porque no se le entiende, es confuso, enredado, dice mil cosas todo para terminar acusándome de que ambicionaba la presidencia del mundo Caray, no es posible, no hay derecho a decir esa barbaridad ¿Por qué tanto odio?
Gabriel Zaid, en el segundo número de Vuelta, había escrito su ensayo El 18 brumario de Luis Echeverría, en el que equiparaba al promotor del golpe en Excélsior con Luis Bonaparte
El “ingenio demagógico y maquiavélico de Echeverría —escribió— tuvo mucho de ilusión colectiva”, y se preguntaba “por qué un sexenio que se presentó con bigotes zapatistas, con gestos cardenistas, con frases allendistas, con tramoyas tercermundistas, acabó haciendo un número alemanista”
Corrían apenas los primeros meses de vida de Proceso y Vuelta Ambas publicaciones alimentadas por la convicción común de sus fundadores: la irrenunciable crítica del poder