Un estudio del Tecnológico de Monterrey desmiente a los “optimistas de oficio” con fines electorales

Un estudio del Tecnológico de Monterrey desmiente a los “optimistas de oficio” con fines electorales
Maquillada por el gobierno, la economía se deteriora, vuelve al pasado y enfrenta los mismos riesgos que con Salinas
Carlos Acosta Córdova y Antonio Jáquez
Como en los mejores tiempos de Carlos Salinas de Gortari y Pedro Aspe, cuando anunciaban festivos el virtual ingreso de México al Primer Mundo, el gobierno actual reedita ánimos triunfales y exacerba su optimismo discursivo en torno de la marcha de la economía nacional:
El presidente Ernesto Zedillo insiste en que lo perdido en la crisis ya se rescató, y que ahora sí es sólida la recuperación económica; 1997 será, asegura, el año del despegue hacia el crecimiento sostenido
El secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, estima por su parte que la política económica que él conduce es tan exitosa y de resultados tan superiores a los previstos, que no hay necesidad de cambiar ni la estrategia seguida ni, mucho menos, el modelo económico
Sin embargo, un análisis reciente del Centro de Estudios Estratégicos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey advierte que el gobierno maneja las cifras económicas en una connotación electoral, con el fin de “mostrar un país que, de nuevo, está saliendo rápidamente de la crisis” Y, con datos, desmiente a los que llama “optimistas de oficio”
El jueves 15, Ortiz planteó un panorama espléndido: en la economía no hay ningún “foco rojo”, ningún aspecto que preocupe, ni una desviación a la vista La economía nacional marcha sobre ruedas y, más aún, el comportamiento de las principales variables económicas “es mejor de lo que habíamos esperado” Esto dijo luego de dar a conocer el informe sobre la situación económica, las finanzas y la deuda pública en los tres primeros meses del año
A contrapelo de lo que sustentó el Banco de México en su más reciente Informe Anual —dado a conocer dos semanas atrás—, en el sentido de que “no se puede decir que ya no existan problemas en México”, y de que aún persisten una “agobiante pobreza en una parte de la sociedad” y el subempleo, “que en numerosos casos raya en el desempleo”, el secretario de Hacienda fue, ese jueves, más optimista que de costumbre al referirse a un “desempeño notablemente favorable” de la economía nacional
Regularmente es Alejandro Valenzuela, el vocero oficial de la dependencia, el encargado de dar a conocer el comportamiento de las variables económicas Ese día, empero, el secretario Ortiz hizo citar a los medios informativos nacionales y extranjeros para escucharlo en el Salón Panamericano de la Secretaría de Hacienda, en Palacio Nacional, lugar donde suelen darse a conocer noticias económicas que podrían tener un impacto positivo en los mercados financieros No obstante, la bolsa perdió 018% ese día y los demás mercados no registraron movimientos relevantes
Y ahí en Palacio Nacional, muy temprano —mientras maestros de todo el país empezaban a llenar el Zócalo en demanda de mejores condiciones de vida y en protesta por el aumento a su salario, de 16%, que aceptaron los dirigentes oficiales—, Ortiz dio rienda suelta a su optimismo: la actividad económica, en repunte; la producción industrial, dinamizada; el empleo, creciendo; las cuentas externas, en constante superávit; la inflación y las tasas de interés, a la baja; los ingresos públicos, en ascenso; la deuda pública, sin problemas “Todo está en línea con lo previsto”
En suma, dijo, “los resultados son un poco mejores de lo que habíamos anticipado en noviembre, cuando presentamos el Presupuesto son signos alentadores; la economía en su conjunto, la macroeconomía, continúa desempeñándose favorablemente”
Tanto que —auguró—, ahora sí, a partir del segundo semestre, pero sobre todo a fines de año, “ya deberemos tener un efecto notorio en el ingreso de las familias”
Los otros datos
En tono triunfal, Ortiz fue señalando cómo en cada una de las principales variables económicas ha resultado exitosa la estrategia oficial Así, por ejemplo, apuntó que la producción industrial creció 62% en el primer trimestre de 1997 en relación con igual lapso de 1996
En cada uno de los temas abordados, el secretario fue siempre cuidadoso en buscar la comparación más favorable En el caso de la producción industrial eso fue patente Comparó el aumento de 62% del primer trimestre de 1997 con el incremento de 34% en el mismo periodo del año anterior Pero no hizo referencia a que la producción industrial creció 111% en el segundo trimestre de 1996, 142% en el tercero y 13% en el cuarto
A pregunta expresa sobre la desaceleración en el ritmo de crecimiento de la producción industrial que indican las cifras, el secretario rechazó que la haya: “El hecho de que las tasas de crecimiento de la producción industrial sean menores de las que fueron durante 1996, no significa que la economía se esté desacelerando”, porque —dijo— “ya estamos partiendo, de ahora en adelante, de una base más alta Entonces, no es posible pensar que vamos a tener crecimientos de 15% o 16% de aquí en adelante Pero eso no significa que la economía se vaya a desacelerar Al revés: lo que estamos observando es que la economía se está fortaleciendo”
Y en apoyo de su argumento, expuso que si se toma en cuenta que en marzo último hubo menos días laborables —porque la Semana Santa cayó en ese mes, a diferencia del año pasado, cuando fue en abril—, el crecimiento de la producción industrial en realidad fue de 11% respecto al primer trimestre de 1996
Apoyado en gráficas, a través de diapositivas, mostró también cómo el empleo industrial ha crecido “significativamente”: “desde diciembre de 1994 se han creado más de 400,000 empleos, lo que confirma la consolidación de la recuperación económica”
Y si se toma también en cuenta el mes de abril, dijo, en los primeros cuatro meses del año se han creado más de 280,000 empleos en el sector formal de la economía “Esta es una cifra récord para un cuatrimestre; es más, desde 1981 no se creaban tantos empleos en un primer cuatrimestre”
No aclaró, empero, cuántos de esos empleos son permanentes y cuántos eventuales Mucho menos hizo referencia al tamaño del desempleo, que, en opinión de David Ibarra —secretario de Hacienda en el gobierno de José López Portillo, y uno de los críticos más severos de la política económica vigente—, “alcanza proporciones alarmantes”
Justo la noche anterior a las declaraciones de Guillermo Ortiz en Palacio Nacional, Ibarra —durante la presentación del libro 1995: La economía mexicana en peligro, de Rolando Cordera— ofreció, con información del propio gobierno mexicano, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de analistas privados, estos datos:
“La Población Económicamente Activa (PEA) creció 77% entre 1980 y 1996, a una tasa de 36% por año En contraste, el empleo en las manufacturas —el sector más modernizado— vio declinar su participación en la PEA en casi 50% Sus puestos de trabajo bajaron 18% en números absolutos, con un ritmo medio de contracción superior a 1% por año
“Según estimaciones de la OIT —agregó Ibarra—, 60% de los empleos en México se ubica en el sector informal; el 40% restante corresponde a empresas privadas grandes o al gobierno: 18% y 22%, respectivamente Y según cálculos del Grupo de Economistas Asociados (GEA), el empleo urbano ascendía al término de 1996 a 216 millones de personas, de las cuales 127 millones —61%— son ocupaciones informales”
Más: “Entre 1992 y 1996, el empleo en el sector formal apenas se acrecentó en 26,000 trabajadores, mientras que la economía informal absorbió —espántense— más de 26 millones de personas La inferencia es en verdad preocupante: las nuevas generaciones, cuando se incorporen al mercado de trabajo, verán menguadas sus posibilidades de ingreso y ascenso social”
Fuera de las siempre polémicas cifras oficiales sobre empleo y desempleo, Ortiz apuró el paso en otros temas En relación con el sector externo, las cuentas —sugirió— también salieron a pedir de boca: se tuvo en el primer trimestre un superávit en la balanza comercial de cerca de 1,500 millones de dólares, una “cifra ligeramente mayor a la que traíamos en programa”
Pero se cuidó de hacer comparación alguna En el informe que presentó se señala un superávit de 1,4186 millones de dólares, “cifra ligeramente menor a la alcanzada en el mismo lapso del año anterior” En realidad, no es “ligeramente menor”, pues en el primer trimestre de 1996 el superávit comercial, de acuerdo con cifras de la propia Secretaría de Hacienda, fue de 1,9344 millones de dólares; es decir, el primer trimestre de 1997 presenta una diferencia sustancialmente negativa de 5158 millones de dólares, equivalentes a una caída de casi 27%, respecto al mismo lapso de 1996
En materia de inflación y tasas de interés, el secretario mantuvo su tónica: “Vemos que en el mes de abril la inflación fue de 108%, que es la menor variación de precios desde diciembre de 1994 Y desde luego, como consta también en las gráficas, las tasas de interés han estado siguiendo el comportamiento de la inflación”
Otra vez, la comparación favorable No dijo que la inflación acumulada entre enero y abril —de 673%— consumió poco menos de la mitad —casi 45%— de la meta oficial de inflación establecida para todo el año, que es de 15% Y en relación con las tasas, su dicho quedó en que van bajando, sin mencionar que siguen siendo muy elevadas y que el año pasado propiciaron un severo desplome del crédito bancario
De acuerdo con el último Informe Anual del Banco de México, el financiamiento total de la banca comercial al sector privado disminuyó 115% en términos reales En particular, el crédito a empresas cayó 132%; el crédito al consumo, 37%, y, de éste, el crédito vía tarjetas plásticas bajó 43%, en tanto que los préstamos para la adquisición de bienes de consumo duradero descendieron 23%
Entre las causas que explican esa caída contundente en el financiamiento bancario, el Banco de México señala las siguientes: sigue siendo elevado el nivel de endeudamiento de un gran número de empresas y personas, “lo cual ha coartado su capacidad para asumir compromisos crediticios adicionales”; las tasas de interés reales siguen “muy altas”; los salarios reales continúan bajos, y, finalmente, la recuperación económica “no ha llegado a todos los agentes de la economía”
Pese a todo, para Guillermo Ortiz “la actividad económica está en línea con lo que se había anunciado” y, mejor aún, con “resultados un poco mejores de los que habíamos esperado”
Tan bien va la economía —concluyó— que, en breve, los indicadores macroeconómicos empezarán a traducirse ya “en una mejora en el ingreso familiar”
Ese fue el tono de su discurso, que se apoyó en comparaciones cuando resultaban favorables, y las evitó en caso contrario
Como hacían Salinas y Aspe
La visión del ITESM
Para el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), el manejo que el gobierno hace de sus cifras económicas tiene un sentido político-electoral, que parte de la necesidad de acumular votos para su partido, por la vía de “mostrar un país que, de nuevo, está saliendo rápidamente de la crisis”
No es casualidad, sostiene, que “líderes de opinión del partido en el poder y funcionarios públicos importantes de la actual administración llamen la atención al electorado para que se abstenga de votar por la oposición y así evitar otra crisis económica”
En el análisis de su Centro de Estudios Estratégicos (CEE) —organismo fundado en 1991 que es contratado continuamente por grandes empresas y dependencias públicas estatales para servicios de asesoría, estudios y proyectos— sobre las cifras del desempeño económico en 1996, el Tecnológico de Monterrey —por cuyas aulas han pasado personajes de fama pública en el gobierno, como Luis Donaldo Colosio y Herminio Blanco— afirma:
“Ahora resulta que el grupo de funcionarios públicos que se han vuelto expertos en promoverse o perpetuarse en sus puestos, generando crisis recurrentes, intentan convencernos de que la única forma de evitar tales crisis es votando por el partido en el poder al que, por supuesto, ellos pertenecen”
Justamente por eso, afirma, el discurso económico oficial obliga “a una duda razonable sobre la supuesta solidez de la recuperación económica”
Al tenor de esa duda, pasa revista al comportamiento que tuvieron las variables económicas el año pasado, que ha servido de base para el triunfalismo de los diseñadores de la política económica, a quienes califica de “optimistas de oficio”
De entrada, cuestiona la capacidad del Banco de México para cumplir las metas económicas: la inflación en 1996, de 277%, resultó 35% superior a la meta oficial de 205%; el PIB, de 5%, también fue mayor al 35% esperado, y la base monetaria creció arriba de lo pronosticado Una de las razones por las que sucedió así, dice el estudio, es que el modelo econométrico del Banco de México “modela los buenos deseos del gobierno federal y tiene poca relación con lo que ocurre realmente en la economía”
Elaborado por su editor, el economista Francisco García Hernández —posgraduado en Economía y Estadística Aplicada en instituciones nacionales y extranjeras—, el documento del Centro de Estudios Estratégicos del ITESM no ve razón, por otra parte, para que los funcionarios de Hacienda celebren continuamente el superávit en la balanza comercial, pues —dice— es evidente el deterioro en las cuentas externas, producto de un crecimiento cada vez menor de las exportaciones contra el alza contundente de las importaciones
De hecho, afirma, casi la totalidad del superávit registrado el año pasado es atribuible a la industria maquiladora de exportación, sector muy poco integrado al resto de la economía Influyó en aquél, también, el hecho de que el mercado internacional del petróleo evolucionó favorablemente y las exportaciones petroleras contribuyeron con casi 3,000 millones de dólares en exceso de lo esperado para 1996
Considera que si los precios internacionales del petróleo bajan —como ya sucede— y la balanza comercial sigue debilitándose, “el déficit comercial aparecerá irremediablemente”
En materia de cambios, advierte, sólo en el corto plazo las cosas parecen bajo control La estabilidad del tipo de cambio y la continua entrada de capitales foráneos, que a su vez permiten esa estabilidad, conforman una “situación ideal para las autoridades monetarias que apoyan la imagen presidencial y al partido en el poder” Pero lo cierto es que —asegura— la vulnerabilidad de la economía ante los choques externos sigue aumentando
En relación con las tasas de interés, el estudio sostiene que su reducción —en términos nominales— tiene poca relevancia en el mercado, pues los programas de apoyo a la banca, a sus deudores y al fisco distorsionan el mercado; considera que las tasas ya están llegando a su piso, y alerta en el sentido de que “la percepción del mercado sobre el deterioro de las cuentas externas puede producir un ajuste brusco en el tipo de cambio al utilizar una política de mayor reducción en las tasas de interés”
Adicionalmente, apunta que en virtud de la sobrevaluación que viene experimentando el tipo de cambio —y que tanto quería evitar el gobierno del presidente Zedillo—, “las entradas de capital pueden suspenderse si no se ajusta de manera ordenada”
Sobre la inversión extranjera, el documento del Tecnológico de Monterrey —una de las instituciones de educación superior más prestigiadas del país— expresa que estamos en una verdadera vuelta al pasado Explica: Mientras que la inversión extranjera directa, la que va a la economía real, difícilmente tendrá los niveles de 1995, la inversión en cartera alcanzará niveles récord y rebasará probablemente los 20,000 millones de dólares
“De nuevo, como en los mejores tiempos del sexenio anterior, la inversión extranjera estará compuesta en una alta proporción (75%) de inversión en cartera”, dice Además, la tendencia observada en las cuentas externas —de constante reducción en el superávit— nos indica que, “a semejanza de lo ocurrido en el sexenio anterior, la economía crecerá en el futuro demandando altos montos de ahorro externo”
Eso quiere decir que “la vulnerabilidad de la economía mexicana a los flujos externos de capital especulativo está a la vuelta de la esquina”
Finalmente, el estudio del Tecnológico —que llegó, como todos los que elabora trimestralmente el CEE, a la totalidad de los estudiantes del sistema y a los 500 consejeros del ITESM, en su mayoría grandes empresarios—, expone que son muchos los resultados macroeconómicos que contrastan “radicalmente” con el pretendido propósito del “discurso político económico del gobierno” de que la recuperación económica se traduzca en bienestar para las familias
Uno de esos efectos es, sin duda, lo ocurrido con el salario real, que continúa a la baja: “En 1995, el salario real cayó más que la productividad, y en 1996 la productividad se incrementó, pero el salario real siguió a la baja”
En suma, concluye la investigación, si en el corto plazo el gobierno apura el paso —por necesidades político-electorales— en la consolidación de la recuperación económica, en el mediano plazo nada indica que ésta sea sostenida, ni se aprecia una correspondencia entre el discurso oficial —de crecimiento sostenido, mejores niveles de vida, distribución justa del ingreso— y la realidad
“Todo indica que la política económica continúa enfocada a un objetivo sexenal y carece de objetivos de largo plazo”