en Chiapas todo igual: hambre, enfermedad, represión, explotación, mentiras, ilegalidad
Salvador Corro
Cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional declaró la guerra, hace tres años, al Ejército Mexicano y a su “jefe máximo e ilegítimo, Carlos Salinas de Gortari”, dijo hacerlo como “una medida última, pero justa”, en busca de “trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”
En aquel entonces, los zapatistas advirtieron en su primera Declaración de la Selva —el 1¼ de enero de 1994— que no dejarían de pelear “hasta el cumplimiento de estas demandas básicas de nuestro pueblo, formando un gobierno de nuestro país libre y democrático”
En su espectacular aparición en el centro de San Cristóbal de las Casas, uno de los embozados, el subcomandante Marcos, declaró:
“Podrán cuestionar el camino, pero no las causas”
Los combates duraron sólo una semana y media y zapatistas y gobierno iniciaron la negociación que parece no avanzar
Desde entonces, el movimiento zapatista ha ido de las ilusiones a la realidad Del deseo de deponer al gobierno federal, a tener que negociar con uno inamovible, que se resiste a un acuerdo —el relacionado con los derechos y cultura indígenas—, apenas el primero de la agenda convenida
Entre rompimientos y reanudaciones, entre amenazas y promesas, cabildeos y gestiones públicas, las negociaciones de los zapatistas y el gobierno se prolongan y crean expectativas que a su vez obligan a otras pláticas Y así sucesivamente
Personalidades internacionales, artistas, cineastas, intelectuales, políticos y organismos civiles, principalmente de derechos humanos de todo el mundo; foros, encuentros, convenciones y congresos han apoyado las demandas zapatistas y exigido al gobierno que las tome en cuenta
Sin embargo, por más optimistas que se muestran los zapatistas, la realidad se impone
En julio de este año, en el Foro sobre la Reforma del Estado, el subcomandante Marcos reconoció:
“30 meses después, 912 días después, y seguimos en lo mismo ¿Hasta cuándo seguirán los zapatistas? ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo nos vamos a cansar de lanzar iniciativas de paz con democracia, libertad y justicia? ¿Hasta cuándo nos vamos a cansar de luchar? ¿Hasta cuándo vamos a dejar de provocarle trastornos estomacales al poder? ¿Hasta cuándo vamos a dejar de levantar la esperanza como bandera, la dignidad como guía, el amor como arma y la alegría como futuro? Y, finalmente, ¿hasta cuándo vamos los zapatistas a dejar de ser zapatistas?”
Planteadas desde un principio en la mesa de negociación —primero en los Diálogos de la Catedral de San Cristóbal y luego en las pláticas de San Andrés Larráinzar—, peticiones concretas como la autonomía indígena y las modificaciones a los artículos 4 y 115 constitucionales están por entrar a una nueva etapa de negociación, dependiendo del rechazo de la propuesta del presidente Ernesto Zedillo o, de aceptarla, si es enviada a la Cámara de Diputados
En tanto, el rechazo a las reformas al artículo 27 constitucional que privatizó el campo y el repudio al Tratado de Libre Comercio, hasta ahora, sólo han quedado en eso
En el tiempo que lleva el conflicto, Chiapas ha tenido cuatro gobernadores y, supuestamente, han sido aplicados 30,000 millones de pesos para aliviar la situación de miseria y marginación en la entidad Pero los efectos no se notan
En los últimos tres años, los problemas, las razones y las causas del movimiento armado siguen vigentes Marcos las enumeró en los Diálogos de la Catedral de San Cristóbal:
“1) El hambre, la miseria y la marginación que hemos venido padeciendo desde siempre 2) La carencia total de tierra dónde trabajar para sobrevivir 3) La represión, desalojo, encarcelamiento, torturas y asesinatos, como respuesta del gobierno a las justas demandas de nuestros pueblos 4) Las insoportables injusticias y violación de nuestros derechos humanos como indígenas y campesinos empobrecidos 5) La explotación brutal que sufrimos en la venta de nuestros productos, en la jornada de trabajo y en la compra de mercancías de primera necesidad 6) La falta de todos los servicios indispensables para la gran mayoría de la población indígena 7) Las mentiras, engaños, promesas e imposiciones de los gobiernos, desde hace más de 60 años La falta de libertad y democracia para decidir nuestros destinos 8) Las leyes constitucionales no han sido cumplidas de parte de los que gobiernan el país; en cambio, a nosotros, los indígenas y campesinos, nos hacen pagar hasta el más pequeño error y echan sobre nosotros todo el peso de una ley que nosotros no hicimos y que los que la hicieron son los primeros en violarla”
Con base en esos señalamientos, demandó 34 puntos, entre los que destacaban la petición a que hubiera nuevas elecciones; que renunciara el Ejecutivo Federal y los titulares de los gobiernos estatales “que llegaron al poder mediante fraudes electorales”
También, que se reconociera al EZLN como fuerza beligerante; un nuevo pacto entre los integrantes de la federación; elecciones generales en el estado de Chiapas, y que las comunidades chiapanecas recibieran el beneficio de sus riquezas naturales, luz, petróleo, madera
“Revisión del Tratado de Libre Comercio firmado con Canadá y Estados Unidos, pues en su estado actual no considera a las poblaciones indígenas y las sentencia a la muerte, por no tener calificación laboral alguna”
Otra: “El artículo 27 de la carta magna debe respetar el espíritu original de Emiliano Zapata: la tierra es para los indígenas y campesinos que la trabajan No para los latifundistas”
También: “Que las grandes cantidades de tierra que están en manos de finqueros y terratenientes nacionales y extranjeros y de otras personas, sean repartidas entre los que no tienen”
Pidió viviendas, hospitales, que se terminara el analfabetismo, derechos para la mujer, juicio político a Patrocinio González Garrido, Absalón Castellanos Domínguez (exgobernadores de Chiapas) y Elmar Setzer (gobernador sustituto)
Prácticamente todas estas peticiones, con excepción de las políticas, fueron aceptadas de palabra por el gobierno salinista, pero jamás se concretaron Todos los temas fueron tocados en las negociaciones en que Manuel Camacho Solís encabezó la parte oficial
Cuando los zapatistas realizaban la consulta con sus bases, fue asesinado Luis Donaldo Colosio La descomposición política del país, las elecciones y el homicidio de José Francisco Ruiz Massieu complicaron las negociaciones entre gobierno y zapatistas y hubo que volver a empezar
En octubre de 1995, durante una entrevista de prensa, Marcos afirmó que el problema con Manuel Camacho había sido un “doble lenguaje” Por un lado, sostuvo, “Camacho nos daba reconocimiento como una fuerza con la que había que negociar, mientras que Salinas insistía en que no existíamos, que éramos un grupo de transgresores”
El EZLN se apoyó más en las organizaciones civiles, con las que realizó la Convención Nacional Democrática, en Aguascalientes, Chiapas La consideró “única opción para el país”
En su Segunda Declaración de la Selva Lacandona, los zapatistas volvieron a plantear las mismas demandas y reiterar que “es en la sociedad civil en quien reside nuestra soberanía, es el pueblo quien puede, en todo tiempo, alterar o modificar nuestra forma de gobierno, y lo ha asumido ya”
De manera intermitente, Marcos pidió ayuda, dio la voz de alerta y reclamó:
“Estamos otra vez solos, como en enero Que nos devuelvan la bandera quienes crean que se perdieron en agosto”
Inclusive, fustigó a algunos dirigentes del Partido de la Revolución Democrática, pero estrechó su relación con Cuauhtémoc Cárdenas
En otro intento de reanudar las negociaciones, Marcos estableció contacto con Esteban Moctezuma, con quien se entrevistó dos veces En una de las pláticas, según le relató el subcomandante al periodista Carlos Fazio —cuya versión está publicada en el libro El tercer vínculo—, “el EZLN había planteado que el problema principal era el de la autonomía de las regiones indígenas, pero Moctezuma dijo que ese problema no existía, que en México ni siquiera la autonomía universitaria existe Que el asunto era muy discutible, que no teníamos ningún fundamento, pero que se podía llegar a tocar el tema”
Con el nuevo gobierno zedillista, el 19 de diciembre de 1995, el EZLN efectuó una segunda acción militar, cuando rompió el cerco del Ejército para demostrar que tenía presencia armada más allá de la zona supuestamente controlada por éste
Se endurecieron las posiciones El 9 de febrero, Zedillo ordenó la aprehensión de los líderes del EZLN, encabezados por Rafael Sebastián Guillén, Marcos, según el propio presidente de la República
La situación volvió al punto de partida Nuevamente movilizaciones de organismos civiles, protesta internacional y presiones para que se reanudara la negociación
“No podemos dialogar con una parte del gobierno, mientras otra nos persigue y ataca”, dijeron los zapatistas
El primero de marzo, Zedillo firmó una iniciativa de paz que incluía el repliegue militar y la suspensión de las órdenes de aprehensión
Otra vez los contactos con la Comisión Nacional de Intermediación, la Comisión de Concordia y Pacificación y la Secretaría de Gobernación
Una vez acordada la reanudación del diálogo, se fijó que la sede fuera San Andrés Larráinzar
Sin tregua, la representación gubernamental encabezada por Marco Antonio Bernal, y la zapatista por los comandantes Tacho y David, se enfrentaron
A poco más de tres meses de haberse iniciado los encuentros de San Andrés, en julio de 1995, el senador priísta Luis Felipe Bravo Mena reportó: “Estamos como al principio Las dos partes han violado el espíritu de los Acuerdos de San Miguel, base del diálogo por la paz”
Como resultado, nuevamente el riesgo de que estallara la guerra La representación gubernamental dijo: los zapatistas sólo buscan ganar tiempo, porque tienen gran ánimo de dialogar, pero no de negociar Por su parte, los zapatistas dijeron: el gobierno no muestra voluntad y sus representantes actúan soberbios y prepotentes, imitando a los antiguos conquistadores que humillaron a nuestra raza
Los zapatistas realizaron su consulta nacional, que determinó que deberían convertirse en fuerza política independiente
Por esos días, el Papa nombró un coadjutor al obispo Samuel Ruiz y en agosto de 1995 todo indicaba que las nuevas negociaciones retrocedían
Marcos veía así las cosas, según lo expuso en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona, en enero de 1996:
“Más de un millón 300,000 diálogos se realizaron para hacer verdad este encuentro de voluntades democráticas Como resultado de ésta, la legitimidad de las demandas zapatistas fue ratificada, se dio un nuevo impulso al amplio frente opositor que se encontraba estancado, y se expresó claramente el deseo de ver a los zapatistas participando en la vida política civil del país
“La gran participación de la sociedad civil internacional llamó la atención sobre la necesidad de construir los espacios de encuentro entre las voluntades de cambio democrático que existen en los distintos países El EZLN tomó con seriedad los resultados de este diálogo nacional e internacional, e inició los trabajos políticos y organizativos para caminar de acuerdo con esas señales”
Luego vino la reunión intercontinental contra el neoliberalismo, la construcción de nuevos Aguascalientes, como lugares de encuentro entre la sociedad civil y el zapatismo y la Mesa Uno del Diálogo de San Andrés
En esos trabajos, dijo Marcos, “los indígenas mexicanos, los siempre obligados a escuchar, a obedecer, a aceptar, a resignarse, tomaron la palabra y hablaron la sabiduría que anda en sus pasos La imagen del indio ignorante, pusilánime y ridículo, la imagen que el poder había decretado para consumo nacional, se hizo pedazos y el orgullo y la dignidad indígenas volvieron a la historia para tomar el lugar que les corresponde: el de ciudadanos completos y cabales”
A mediados de febrero de 1996, los zapatistas firmaron los primeros acuerdos en San Andrés Larráinzar Principalmente, uno que sería enviado a las instancias de debate y decisión nacional y que establece una nueva relación entre los pueblos indígenas y el Estado, que contiene “como punto de partida necesario la edificación de un nuevo marco jurídico nacional, y en las entidades federativas”
El gobierno federal asumió, entre otros, el compromiso de impulsar reformas a los artículos 4 y 115, así como a otros derivados de las anteriores reformas
El segundo contiene una serie de propuestas conjuntas del gobierno federal y el EZLN, y que constituyen temas de alcance nacional, como la remunicipalización de los territorios en que estén asentados los pueblos indígenas; proponen también que el Congreso de la Unión y las legislaturas de los estados reconozcan y establezcan “las características de libre determinación y los niveles y modalidades de autonomía, tomando en cuenta que ésta implica territorio, ámbito de aplicación, competencia, autodesarrollo y participación en los órganos de representación nacional y estatal”
Otro punto es el de compromisos específicos para Chiapas, con apartados sobre los cambios constitucionales que habrán de impulsarse a nivel local, y con las acciones y medidas de inmediata aplicación Se formaría también la Comisión para la Reforma Municipal, la redistribución en Chiapas y la creación de una Mesa Agraria, entre otros
La firma de estos puntos fue considerada como “un acuerdo pequeño” por los zapatistas
Pasó poco tiempo para que la tensión, las acusaciones mutuas y nuevamente el riesgo de que los acuerdos desembocaran en nada, se hicieran presentes
Durante todo 1996, las negociaciones estuvieron prendidas de alfileres
Heberto Castillo renunció temporalmente a la Cocopa; la puesta en práctica de los acuerdos se retardó más allá de los tiempos pactados y las acusaciones mutuas no se hicieron esperar
Un nuevo enfrentamiento se produjo con motivo del Congreso Nacional Indígena, que tuvo lugar en la Ciudad de México Las pláticas que pondrían en práctica los acuerdos de San Andrés se habían suspendido El gobierno mantenía una ofensiva en contra de la Conai y Chiapas estaba sumida en una violencia que abarcaba lugares fuera de la zona de conflicto
La suspensión del diálogo —explicó entonces Juan Bañuelos, integrante de la Conai— se produjo cuando los zapatistas se dieron cuenta de que “en concreto, no tenían nada, que tenían puro papel firmado acerca de los derechos de los indígenas”
Finalmente, el EZLN se hizo presente en el Centro Médico Nacional, representado por la comandante Ramona
En un intento más, a principios de diciembre, se buscó concretar los acuerdos de San Andrés Sin embargo, el día 8 el proceso entró en una nueva crisis La parte gubernamental había solicitado un plazo para hacer “observaciones” respecto de la iniciativa
Y cuando todo hacía suponer que se allanaba el camino para la pacificación de Chiapas, mediante la aceptación del gobierno de legislar sobre derechos de los pueblos indígenas antes de que terminara el periodo ordinario de sesiones de la Cámara de Diputados, resurgió una vez más la incertidumbre:
Una semana antes, la Cocopa había elaborado una propuesta de iniciativa con base en los acuerdos de San Andrés Pero el gobierno dudó de lo que habían suscrito sus representantes
El presidente Zedillo hizo una contrapropuesta y hoy nuevamente está en suspenso el futuro del anteproyecto firmado en San Andrés
El próximo día 11 el EZLN dará a conocer si acepta o no la propuesta presidencial
Los zapatistas llegan a este tercer aniversario con la misma incertidumbre, con el tiempo en contra y con la urgencia de ver concretado algo de lo que han estado demandando desde enero de 1994








