MONTES AZULES, CHIS – Convertido en “un obstáculo para el diálogo” entre el gobierno federal, según los zapatistas, el ejército mexicano ha desobedecido la orden presidencial de suspender los patrullajes en la selva y además, de acuerdo con la Coordinación de Organismos No Gubernamentales por la Paz (Conpaz), “viola tratados internacionales sobre la guerra”
Lejos de replegarse a las posiciones que mantenían hasta el 8 de febrero como demanda el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) para que el diálogo directo pueda realizarse en Chiapas, los militares continúan avanzando en operaciones comando hacia las profundidades de la Selva Lacandona y realizan patrullajes dentro de la reserva de la biosfera de Montes Azules, donde presumiblemente se encuentra el subcomandante Marcos
Mientras el EZLN y el gobierno anunciaban la noche del viernes 7 su disposición a un primer encuentro directo este domingo 9, los militares mantenían destacamentos en varios pueblos e impedían el libre tránsito de civiles
Precisamente la cañada de Ocosingo uno de cuyos ejidos, el San Miguel, fue designado como sede de dicho encuentro es uno de los sitios en donde el control militar se ejerce con mayor severidad
Lo anterior, dice Roger Maldonado, vocero de la Conpaz, “constituye una muestra clara de que el ejército está suelto; que no está supeditado al poder civil y que es un obstáculo para el diálogo y la salida política al conflicto armado”
Con documentos en la mano, elaborados con base en los convenios de Ginebra, La Haya y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Maldonado afirma: “con su permanencia en zonas ecológicas reservadas, en pueblos y en escuelas, el ejército está violando convenios internacionales firmados por México, además de la propia Constitución de nuestro país”
Explica: “el artículo 129 constitucional restringe la participación de los militares en tiempos de paz Establece que `solamente habrá comandancias militares fijas y permanentes en los castillos, (las) fortalezas y (los) almacenes que dependan inmediatamente del gobierno de la Unión; o en los campamentos, cuarteles y depósitos que, fuera de las poblaciones, estableciere para la estación de tropas’
“Esto no se está cumpliendo en Chiapas El ejército tiene campamentos en todas partes: en comunidades de los Altos y la Selva, e incluso en varias cabeceras municipales, lo cual contradice la Constitución, porque no existe el reconocimiento explícito de la existencia de una guerra”
Además, abunda, los soldados ya están instalados en toda la Selva Lacandona, “no tanto para buscar a Marcos y a la dirigencia zapatista sino para resguardar las reservas petroleras más grandes del país que se encuentran ahí, y que son la garantía de pago para el crédito otorgado por el presidente de Estados Unidos al gobierno de México”
Así, señala, el ejército, “más que ser el garante de la soberanía nacional, se está convirtiendo en un ejército mercenario al servicio de los intereses estadunidenses”
Según Roger Maldonado, quien es también miembro de la Comisión de Derechos Humanos de Xalapa, Veracruz, el ejército mexicano no aceptará salir de la selva para facilitar el diálogo entre el gobierno federal y el EZLN:
“Llegaron para quedarse, para proteger las reservas petroleras que descubrieron en la selva los franceses de la Compañía Mexicana de Geofísica No se van a ir, porque sería tanto como abandonar la garantía de pago que exigen los estadunidenses
“El problema no es tanto la guerra; el problema es que si no se aseguran las reservas petroleras probadas que se encuentran en la selva, entre Ocosingo y Altamirano, no hay dinero fresco para el gobierno de México”
Desde 1993, Fabio Barbosa, responsable del Grupo de Energéticos de la Red Mexicana de Acción Frente al Tratado de Libre Comercio, reveló que según documentos en su poder, procedentes de Estados Unidos, durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio “funcionarios de Pemex revelaron a sus contrapartes estadunidenses el descubrimiento de a large field (un gran yacimiento) cerca de Ocosingo, en el estado de Chiapas”
Antes de la irrupción del EZLN, Pemex desarrollaba una gran actividad en la zona: exploraba, perforaba pozos, comprobaba su rendimiento y luego los tapaba Según Barbosa, eso indicaba que Petróleos Mexicanos tenía planeado explotarlos en el futuro, mediante compañías contratistas (Proceso 897)
LA ETICA DE LA GUERRA
Un estudio realizado por Karen Parker, JD, de Humanitarian Law Project, destaca que hay reglas básicas en las operaciones militares, por lo cual existen acciones que no pueden ser realizadas durante la guerra, conforme a los acuerdos de Ginebra, La Haya, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros convenios
Titulado Las operaciones militares: ¿qué es legal y que es ilegal de acuerdo con la ley internacional humanitaria?, el documento señala que los hospitales, las clínicas, las escuelas, los templos religiosos, los pueblos, las villas, las casas, los monumentos históricos, los edificios usados con fines caritativos y las instalaciones que proporcionan agua potable, los almacenes de víveres y las presas constituyen “objetos muebles que no pueden ser objeto de operaciones militares”
Asimismo, aun en la guerra, existen leyes que establecen la protección especial de la naturaleza: “las áreas agrícolas, los lagos que contienen peces y las áreas esenciales de bosque no pueden ser objeto de las operaciones militares”
Con base en estos estudios, la Conpaz asegura que el ejército mexicano “está violando convenios internacionales signados por México, al realizar incursiones en la reserva ecológica de Montes Azules, al mantener presencia en los pueblos y al ocupar incluso algunas escuelas”
CONTINUAN LOS PATRULLAJES
Armados con ametralladoras G-3, escopetas calibre 2, machetes y puñales, miles de soldados realizan patrullajes en la Selva Lacandona, cerrando el círculo en torno del lugar donde se supone están los guerrilleros zapatistas: los Montes Azules
A sólo dos kilómetros de la frontera entre México y Guatemala, en las orillas del río Lacantún, se encuentran atrincherados 70 soldados bajo el mando del capitán primero Eric Romero Gutiérrez, quien dirige el operativo en ésta que es la reserva ecológica más grande del país Otro grupo similar se encuentra acantonado en el Ixcán, río arriba de Loma Bonita
Pequeñas casas de campaña de nailon negro, camas improvisadas con delgadas ramas, dos fogones, trastes, mochilas y escasos víveres (maseca, frijoles y enlatados) constituyen el campamento y las provisiones de estos soldados, que patrullan la zona casi un mes después de la suspensión de la orden de aprehensión contra el subcomandante Marcos y otros líderes del EZLN
Al ejido Loma Bonita se llega por avioneta, después de 35 minutos de vuelo desde Comitán Proceso visitó la zona, desplazándose además por río, para comprobar la presencia militar tanto en este lugar como en el Ixcán
Ocho soldados, algunos con gafetes del 73 Batallón de Infantería, son los responsables de cuidar el campamento mientras dos grupos de 30 se internan a “peinar la selva”, aparentemente en busca del grupo rebelde
Reacios a platicar, los soldados dicen no saber lo que buscan ni cuánto tiempo permanecerán en la zona Reconocen que los recorridos que ahora realizan no eran comunes antes del inicio del conflicto armado con el EZLN
El grupo, dicen, está integrado por elementos de diferentes batallones de todo el país, por lo cual ni entre ellos se conocen bien Prefieren no hablar de su procedencia, pero aseguran que el comandante, Eric Romero Gutiérrez, pertenece al 80 Batallón, con sede en Villahermosa, Tabasco
Cuando los reporteros visitaron el lugar, el miércoles 5 de abril, el capitán primero no se hallaba en el campamento pues, según sus subordinados, coordinaba las maniobras en esta franja limítrofe con Guatemala
Extrañamente, los soldados permitieron tomar fotografías del campamento y platicar unos minutos con ellos Hablaron de la escasez de alimentos y del poder de destrucción de sus armas
Sin identificarse, dicen que unos 20 días antes, vía aérea, los habían abastecido de comida, pero que ya se les estaba acabando Reconocen que no es común que un soldado porte, además de la ametralladora, una escopeta pero, explican, “sirve para matar a varias personas de un solo disparo, a corta distancia”
Según ellos, su presencia no causa temor ni malestar en las comunidades donde acampan Sin embargo, los civiles entrevistados opinan diferente
Santos Jamangapé, un indígena zoque que llegó a poblar este lugar en 1983, es uno de los inconformes Dice que los militares llegan a las poblaciones y se instalan sin autorización de la comunidad En este caso, en Loma Bonita, acamparon en un potrero de su propiedad, “causando destrozos en el alambrado, provocando que los animales huyeran y dañaran los cultivos de otros compañeros
“No está bien que nos perjudiquen así, porque ahora, sin tener culpa, los demás ejidatarios me están cobrando los daños que causan mis animales por culpa de los soldados”
Al igual que otros pobladores de la selva, piensa quejarse ante las autoridades municipales de Ocosingo “para ver si el ejército paga los destrozos”
Asegura que, venciendo el miedo, acudió con los militares para reclamarles, pero no le hicieron caso y le advirtieron que no tienen fecha establecida para abandonar el lugar: “puede ser en días o en meses”
Otros habitantes, tras manifestar su molestia por la presencia militar, entre risas cuentan que ya se vengaron: les ganaron un partido de futbol a los soldados, por tres a uno
La situación es la misma en Boca de Chajul, donde los federales acamparon durante más de 15 días Los ejidatarios se quejan de la destrucción de alambradas y del daño causado en algunos cultivos, principalmente hortalizas
Pero el grueso de la tropa se encuentra en el otro extremo de la reserva ecológica de Montes Azules, controlando los accesos principales a la Selva Lacandona, en las cañadas de Ocosingo y Altamirano
Los campamentos más grandes, que cuentan con más de 1,000 efectivos cada uno, están en La Soledad, La Garrucha y San Caralampio, a los cuales puede llegarse por un camino de terracería desde Ocosingo Otros tantos, según la Conpaz, están situados en San Agustín, La Fortuna, El Zapotal, Patihuitz, Santa Elena, La Estrella, Bellavista y Amatitlán, en el mismo municipio de Ocosingo
En la cañada tojolabal, el destacamento principal se halla en Aguascalientes, en las inmediaciones de Guadalupe Tepeyac Desde ahí controlan, mediante patrullajes permanentes, los ejidos Gabino Vázquez, Nuevo Momón, Vicente Guerrero, Cruz del Rosario, Guadalupe Tepeyac donde aún ocupan algunas viviendas, San José del Río, La Realidad, Santa Rosa Copán y San Quintín, donde existe otra partida
En todas estas comunidades, principalmente en sus alrededores, es común ver columnas de soldados entre el monte Ante la presencia de los reporteros, los soldados optan por esconderse
El acceso a Aguascalientes, lugar donde el 8 de agosto de 1994 se realizó la primera sesión de la Convención Nacional Democrática, está vetado para los civiles, incluso para quienes gozan de fuero constitucional, como los diputados federales
Pero el operativo militar no se circunscribe exclusivamente a la selva En los Altos mantienen posiciones dentro de las cabeceras municipales de Chanal y San Andrés Larráinzar
En el primer poblado se encuentran acampados en los barrios Pamal Aquil, La Montaña y Barrio Bajo, ocupando incluso la escuela bilingüe “Benito Juárez” para sus actividades deportivas
En contra de la orden presidencial, en este lugar los militares impiden el libre tránsito de civiles, les piden identificación y prohíben tomar fotografías En el pueblo es común ver a soldados armados realizando recorridos que parecen de rutina
Lo mismo sucede en San Andrés Larráinzar, donde Martín Salas, fotógrafo de Proceso, captó a un soldado enseñando a marchar a los niños indígenas tzotziles
En todos estos lugares, los militares se han fortificado con trincheras y están apoyados por tanquetas y vehículos blindados
AGRESIONES DEL EJERCITO
De acuerdo con un informe elaborado por observadores nacionales e internacionales, a su paso por las poblaciones de la selva el ejército mexicano continúa violando los derechos humanos de los civiles
Dado a conocer por la Conpaz, el documento de 11 cuartillas detalla la existencia de retenes militares aún después de la decisión presidencial de retirarlos; denuncia los saqueos de casas, las detenciones arbitrarias de campesinos acusados de ser zapatistas y las agresiones físicas que sufren
Estos son sólo algunos de los casos:
“El pasado 15 de marzo, en el nuevo centro de población Arturo Albores, municipio de La Trinitaria, fueron detenidos diez campesinos junto con una brigada internacional de observación; entre ellos el alemán Duk Brettschneider, los estadunidenses Peter Heleius y Margaret Luckey, los italianos Francesco Marongiu y Camilo D’Alessio, así como la canadiense Anne Henderson”
La detención de los campesinos se justificó con el argumento de que estaban en terrenos controlados por los militares, mientras que a la brigada internacional se le obligó a cruzar un río sin que los soldados dejaran de apuntarles con sus armas Los observadores internacionales fueron trasladados a un campamento militar, donde se les puso a disposición de las autoridades migratorias
El comandante Roberto Castillo, encargado del campamento militar situado entre la frontera de Chiapas y Guatemala, negó estos hechos ante una comisión del centro de derechos humanos “Fray Bartolomé de las Casas” y de la brigada internacional que exigía una explicación
En La Barra, situada en la cañada de Monte Líbano, los militares según el informe de la Conpaz allanaron y saquearon las viviendas, después de que hace casi un mes el ejército mexicano atacó con helicópteros al poblado, originando que las dos terceras partes de las 58 familias tzeltales huyeran a la montaña
En la comunidad de Taniperla, donde los militares también establecieron un campamento militar con tanquetas, camiones y jeeps, constantemente realizan sobrevuelos con helicópteros artillados y patrullajes, “sin importarles destruir cafetales, allanar casas y saquear las pertenencias de los pobladores”
Caso similar ocurrió en Perla de Acapulco, donde el 15 de marzo no sólo se instaló un campamento con cerca de 500 soldados sino que obligaron a los pobladores a ayudarles a abrir un camino hacia la comunidad de San Caralampio, por donde sigue avanzando el ejército mexicano
En El Zapotal, los habitantes denunciaron que “los soldados que patrullan diariamente la localidad ofrecen a las señoras hasta 6,000 nuevos pesos por sus hijas; además, venden bebidas alcohólicas y mariguana a los adultos, mientras que a los niños les regalan dulces con droga”
El documento señala también que en San Caralampio, integrantes de la Asociación Rural de Interés y Colectivo (ARIC) independiente, han sido acusados de ser zapatistas por miembros de la ARIC oficial y amenazados de muerte por los soldados
La ofensiva militar continuó en la cañada San Miguel Patihuitz, municipio de Ocosingo, donde los soldados no sólo destruyeron casas sino que permitieron que ganaderos entraran a llevarse ganado y unas camionetas, aprovechando que la gente huyó cuando el 9 de febrero entró el ejército con unos 800 efectivos y aviones, disparando con morteros hacia la montaña
En Santa Elena, denunciaron que los soldados les quitaron sus machetes, les robaron sus cosechas y mataron a su ganado para comérselo Asimismo, unos 150 soldados se bañaban diariamente en el único pozo donde los habitantes toman agua Las mujeres dicen que los militares las obligan a lavarles los uniformes
En la cañada La Realidad, municipio de las Margaritas, entre el 13 y el 18 marzo, en un recorrido por Momón, San José del Río, Guadalupe Tepeyac, Aguascalientes y San Quintín se comprobó que el cerco militar y la continua presencia del ejército mexicano han tenido efectos negativos en las poblaciones, donde se ha agudizado la desnutrición, principalmente entre mujeres y niños
Según testimonios de los habitantes, los destacamentos militares, sin solicitar permiso a las autoridades, ocuparon escuelas y clínicas para acampar y dedicarse a jugar basquetbol y futbol








