Por el TLC “hicieron todo lo que les pedimos, ¿y ahora les vamos a decir que no?”: Bentsen
México, espectador del debate que, con insultos y desprecio, decidirá su destino en Washington
Carlos Puig
WASHINGTON, D C- El futuro de las estrategias económicas y políticas de México, así como su relación con Estados Unidos, el país más poderoso del planeta, están a punto de decidirse en un debate que excluye a los mexicanos y se basa en prejuicios, desinformación y exageraciones
El Capitolio, el viejo edificio de mármol situado al final de la avenida Pensilvania de esta ciudad, sede del Poder Legislativo estadunidense, será el recinto donde se produzca el debate cuyo resultado —el rechazo o la aprobación del Tratado de Libre Comercio— influirá, de una u otra manera, en lo que sucederá en México durante los próximos días, meses y quizás años
A 40 meses de que los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari y George Bush comenzaron las negociaciones sobre el TLC, y después de decenas de millones de dólares y miles de horas-hombre invertidos, cientos de declaraciones, estudios, insultos, provocaciones, obstáculos y concesiones de ambos lados, será el voto de 435 estadunidenses, miembros de la Cámara de Representantes, el que decidirá de qué manera culmina el capítulo más importante en las relaciones entre México y Estados Unidos en este siglo
Los mexicanos sólo tuvieron una mínima participación en lo que será la decisión final sobre el TLC: por una parte, el gobierno mexicano, con los millones de dólares que invirtió en cabildeo y relaciones públicas, tratando de conquistar el voto en favor del Tratado; por la otra, grupos e individuos opositores que, a través de una red de alianzas binacionales establecida en los últimos años, hicieron escuchar su voz en Estados Unidos
De los 435 representantes estadunidenses, una docena habla español; otros tantos ostentan apellidos que insinúan origen hispano —De la Garza, Torres, Gutiérrez—, y todos se creen, después de un par de viajes a la frontera, expertos en México, o por lo menos hablan como si lo fueran Se necesitan 218 votos para aprobar o rechazar el TLC, y el voto en favor o en contra se basará en los intereses de los Estados Unidos y de sus habitantes, cuando en los hechos marquen el destino del gobierno de Carlos Salinas
En el debate previo, los mexicanos han sido considerados como “ganado, animales de carga”, en palabras de Ross Perot, o como individuos “más ricos de lo que pensamos, que adoran lo estadunidense, todo lo que nosotros hacemos”, según Lloyd Bentsen, secretario del Tesoro
México es una “brutal dictadura”, según los opositores, o una “ejemplar democracia”, de acuerdo con algunos congresistas
De esta manera, México se ha convertido en el centro de una discusión que, en la realidad, sólo busca defender los particulares intereses, ya sea de las grandes corporaciones, ávidas de mano de obra barata, o de sindicatos, desesperados por conservar el empleo de sus afiliados
Para unos, los mexicanos “quieren ser como nosotros; han privatizado, eliminado los subsidios, comprado productos estadunidenses y abierto y garantizado la inversión extranjera”, por lo que deben permanecer así, y eso lo garantiza el TLC Para los otros, no debe haber Tratado mientras en el país no se impongan los modelos de democracia, los procesos judiciales y la protección ambiental y laboral que existen en Estados Unidos
Y así como Bentsen, Bonior, Gephardt, Perot, Hills o Kantor son nombres ampliamente conocidos entre los mexicanos, Salinas, Cárdenas, Serra, Aspe, Colosio, PAN, PRI, PRD o maquiladoras, son nombres manejados en esta ciudad como si fueran propios
Y no falta quien crea que su voto, este miércoles 17, determinará el resultado de las elecciones de agosto de 1994 en México
Hace tres años se abrió la puerta para que en Estados Unidos se hiciera un escrutinio minucioso del quehacer mexicano Y las consecuencias están a la vista: mientras para el vicepresidente Al Gore la ratificación del TLC será tan importante como “la compra de Luisiana o de Alaska” por Estados Unidos, para Lee Iacocca, nombrado promotor del Tratado por el presidente Clinton, lo que importa es que los “pobres mexicanos” se queden con esos “trabajos de bajos salarios que a nosotros no nos interesan ni nos deben interesar”
Eran otros los tiempos cuando, hace tres años, el canciller mexicano Fernando Solana llamó al embajador de EU, John Negroponte, para “regañarlo” por su afirmación, en un cable confidencial, de que “el TLC institucionalizaría las posiciones proestadunidenses de la política exterior de México”
Hoy eso se da por descontado, y es parte fundamental del argumento de Bill Clinton, y a veces hasta de funcionarios mexicanos, para convencer a legisladores estadunidenses: si el TLC no se aprueba, “quién sabe cuál será el futuro de México y de la relación bilateral”
LOS “ENEMIGOS” DE MEXICO
La oficina “secreta” del senador Ernest “Fritz” Hollings en el Capitolio tiene una vista privilegiada de los monumentos nacionales norteamericanos situados en las cercanías Su ubicación corresponde a la antigüedad e importancia del legislador dentro del Senado Exgobernador de Carolina del Sur, miembro de los gobiernos de Eisenhower y Kennedy, senador desde 1966 y presidente del Comité de Comercio del Senado, a sus 71 años pocos temas le apasionan como el Tratado de Libre Comercio, al que ha prometido derrotar
Este liberal, pionero de los derechos civiles en Estados Unidos, se ha ganado el odio del gobierno norteamericano y de grupos cercanos al gobierno mexicano por su esfuerzo para derrotar el TLC, así como por sus críticas al sistema político mexicano, al que considera “uno de los más corruptos” del mundo
Pero a la vez, Hollings, con toda su experiencia política, es una buena muestra de las preocupaciones y posiciones de quienes el miércoles votarán contra la ratificación del Tratado
Audiencia tras audiencia, Hollings enfatizó la “absoluta falta de libertad política en México” Su frase preferida es la de Vargas Llosa: “la dictadura perfecta”, a la que Hollings agrega un concepto: “México es una dictadura deshonesta; de otros países por lo menos sabemos que son dictaduras, y así lo dicen y lo presumen; en México se consideran una democracia, pero no lo son”
Recibe al corresponsal de Proceso en su oficina al día siguiente del debate entre Perot y Gore, y comenta: “ninguno de los dos se vio muy bien, pero no creo que el debate afecte demasiado la votación final”
El senador, que ha trabajado estrechamente con David Bonior, coordinador de las fuerzas opositoras en la Cámara Baja, afirma: “se tienen los votos para derrotar al Tratado El TLC está muerto”
Recuerda que es el principal patrocinador de una resolución legislativa para impulsar lo que sería el mercado común de América, y explica: “tenemos que ver a los europeos; ellos han hecho las cosas con calma y bien; por ejemplo, no aceptaron a España hasta que se murió Franco y el país se convirtió en una democracia”
Hollings afirma: “lo que tenemos que hacer es acabar con ese PRI que tanto daño le ha hecho a México, y lograr la democracia Yo me he reunido con los opositores, gente honesta, capaz; si tan sólo les dieran una votación libre”
A pesar de que llamó a Carlos Salinas “señor feudal con grado de Harvard”, y que a su vez ha sido acusado de racista y antimexicano, Hollings no considera que lo anterior haya dañado las relaciones entre México y Estados Unidos; al contrario, señala que a partir del 18 de noviembre “hay que comenzar a trabajar en el concepto de Mercado Común de América y advertir a México con claridad que mientras no sea democrático y en tanto no respete los derechos humanos, civiles y políticos de sus habitantes, no habrá libre comercio”
Tras de explicar que también se opone al TLC porque provocaría el traslado masivo de empresas norteamericanas a México, Hollings cuenta: “yo hice lo mismo cuando era gobernador; con otros gobernadores del sur del país, nos trasladábamos al norte, a Nueva Inglaterra, y les decíamos que en las empresas de nuestros estados los trabajadores tenían salarios más bajos y nuestras regulaciones eran menos rígidas, y así fue como creamos nuestra base manufacturera a costa del norte del país”
Hoy el estado de Hollings sufre porque las inversiones se van a México y a otros países en vías de desarrollo: “tenemos inversionistas extranjeros: Bosch hace casi todos los frenos de Estados Unidos en mi estado; Fuji tiene una planta enorme; BMW va a invertir, pero no puedo conseguir inversión estadunidense
“¿Por qué? Por un problema de costos, que no sólo está relacionado con los salarios Por ejemplo, en México no hay compensación por desempleo; nuestras leyes ecológicas son más rígidas y están mejor aplicadas; tenemos leyes que nos prohíben la discriminación sexual en materia laboral y que establecen igualdad racial en las contrataciones; todas estas cosas, que son triunfos de la sociedad estadunidense, pero que implican costos para una empresa, pueden ser evitadas simplemente yéndose a México”
Lo que más preocupa a Hollings es el carácter “dictatorial del sistema político mexicano”:
“Mucho se ha hablado de contaminación del aire en México, pero yo creo que es más importante hablar de contaminación política En México estamos tratando con una dinastía política, que ejerce el control en todos los aspectos de la vida nacional Los poderes Judicial y Legislativo dependen del Ejecutivo Mucho se habla de que las cosas han cambiado, pero el cambio no ha sido real y no creo que debamos firmar un acuerdo con un país no democrático”
Hollings cree que el primer TLC de Latinoamérica debería ser con Chile: “ya han tenido elecciones limpias”
La visión de Hollings sobre México es similar a la del resto de los legisladores, ya sea que estén a favor o en contra del TLC
Hollings viajó hace unas semanas a Tijuana y visitó la zona de las maquiladoras, donde habló con trabajadores Una de las historias que conoció quedó marcada en su mente: “la fábrica había tenido problemas con algunos trabajadores y los había despedido sin indemnización Cuando una supervisora se embarazó, y por no darle vacaciones perdió a su hijo, los obreros se organizaron y quisieron hacer un sindicato, pero se dieron cuenta de que ya tenían uno, afiliado a la CROM, y que por ley no podían tener otro Así, cómo podemos hablar de derechos laborales ante tales circunstancias, cuando es el gobierno el que decide qué sindicato vale y cuál no”
—¿Es usted proteccionista?
—Cuando juramos, al tomar posesión en el Senado, prometemos proteger al país Por supuesto que esto que hago es protección: para la industria, para nuestros trabajadores Todos somos proteccionistas; la diferencia es a quién protegemos unos y otros
LOS “AMIGOS” DE MEXICO
Flaco favor han hecho al gobierno de Carlos Salinas muchos de sus aliados en la lucha por ratificar el Tratado de Libre Comercio Desde el expresidente Carter, quien afirmó que México y Cuba son los únicos países donde no hay democracia en el hemisferio, hasta el vicepresidente Gore, confirmando lo anterior, o Lee Iacocca, al que le dan “pena” esos “pobres mexicanos” a los que “debemos ayudar”
Pocos recurren tan frecuentemente al argumento político para recomendar la aprobación del TLC, como el secretario del Tesoro, Lloyd Bentsen Con el razonamiento de que vivió cerca de la frontera y “conoce” a los mexicanos, Bentsen se considera experto en política mexicana
Apenas el jueves 11 advirtió, en San Francisco, que el rechazo del TLC “regresaría las relaciones de México y Estados Unidos a los viejos días de confrontación”
Más aún, Bentsen predijo que la negativa a aceptar el Tratado podría hacer que el PRI escogiera un candidato que no tuviera la misma filosofía política y económica que el presidente Salinas de Gortari
“En México aman los productos norteamericanos —dijo Bentsen—, pero si dejamos que fracase el Tratado, verán cómo cambia la política de Salinas”
El argumento de Bentsen, repetido por otros, es: “por fin México hizo lo que tanto tiempo le habíamos pedido Acabó con esa economía estatista, privatizó, eliminó subsidios, acabó con el proteccionismo, y ¿ahora qué? ¿Les vamos a decir que no?”
Exageraciones van y vienen en el debate Lee Iacocca —contratado por la Casa Blanca en su esfuerzo de cabildeo— es el campeón: “tienen un enorme poder de compra (los mexicanos) Se asume lo contrario, pero si trabajamos con ellos y levantamos su nivel de vida, son un gran mercado que adora nuestros productos El mercado automotriz está creciendo diez veces más que el nuestro, su economía crece al doble que la nuestra (este dato es falso por lo que hace a los últimos tres años) y es un mercado que está en nuestra puerta Es el segundo mercado de mayor crecimiento en el mundo hoy (sic)”
Esta es la interpretación que hace Iacocca sobre la historia de las relaciones bilaterales: “tenemos a Salinas en el limbo, y para mí eso es trágico Porque el rechazo sería acabar con Salinas, que es el primer presidente que hemos tenido ahí que ha traído democracia Hemos tenido 200 años de mala relación con México; yo siempre me pregunté por qué había pasado esto y, bueno, les quitamos Texas y Nuevo México, y es entendible que se hubieran enojado; pero nosotros siempre hemos tenido esta mentalidad de gringos, que no queremos cooperar, y ellos tampoco Pero ahora vienen y nos dicen: ‘ya bajamos nuestras tarifas Nos encantaría hacer negocios con ustedes’, y nosotros estamos a punto de patearlos en la cara”
Para Iacocca, el TLC no es panacea, pero casi: “no digo que si lo ratificamos todo se va arreglar, pero el problema de migración mejorará, el combate al narcotráfico mejorará y, además, limpiarán su agua y su aire”
México, para los que apoyan el TLC, es un gran país hasta que se trata de contestar argumentos sobre el impacto económico del Tratado en la economía estadunidense; entonces se vuelve en un país “seis veces menos productivo que el nuestro” y con una “economía que es apenas la mitad de la de California”, según dijo Gore
O en palabras de Iacocca, “ganan la sexta parte de lo que ganan nuestros obreros, porque eso es lo que producen No son tan buenos trabajadores como los nuestros”
Iacocca otra vez en el desprecio: “sólo cuando has construido autos en un país como México te das cuenta de que al vivir con mal servicio telefónico y eléctrico, malas carreteras y mal servicio de luz, se pierde el poder y es más difícil entrenar a la fuerza de trabajo; además, los funcionarios gubernamentales no cooperan contigo y todo eso se refleja en la productividad
“¿Se dan cuenta? México lo está arriesgando todo en este asunto No son eficientes, ni siquiera en agricultura Somos la nación más productiva del planeta, seis veces más productivos que ellos, seguramente les haremos daño Salinas está tomando un gran riesgo ¿Qué tememos? ¿A quién le tememos? ¿Al pequeño México? No están en la misma división que Japón, ¡por favor!”
En el programa de Larry King, “defendió” al sistema político mexicano:
Televidente: México no es una democracia y
Iacocca: y qué, ¿Japón es una democracia? ¿Por qué somos tan duros con nuestros amigos? ¿Qué sabe usted del Lejano Oriente? ¿Tienen un sistema de partido único como México? ¿Qué tienen, una dictadura, un Estado policiaco? ¿Qué tienen? ¿Por qué somos tan duros con nuestros amigos?
Televidente: déjeme terminar, por favor Dije que México no era un país libre, que Salinas explota a su gente
Iacocca: no, no, no Estás completamente equivocado Tenemos un presidente en México que por primera vez desde que nací quiere democracia para su país Quiere llevarlo al Primer Mundo y ser parte de Estados Unidos y Canadá
La metáfora preferida de la Casa Blanca fue explicada por el consejero de Clinton, David Gergen, en el programa Uno a uno:
“Por 20 años hemos querido entrar a México, hemos estado tocando la puerta que no se abría Por fin la abren, y ahora resulta que no queremos entrar Tenemos que entrar por la puerta que se nos ha abierto y ayudar en la modernización de México Necesitamos a un amigo al sur de nuestra frontera”
EL TRATADO QUE NO QUERIAMOS
Tal vez, como afirmó el Financial Times esta semana, el presidente Salinas nunca imaginó que aceptar la vieja proposición estadunidense de negociar un Tratado de Libre Comercio lo pusiera en la posición actual, después de tres años de intenso escrutinio de sus acciones por parte de los Estados Unidos
Después de todo, el presidente Bush había propuesto la posibilidad del tratado en la reunión que tuvieron en Houston como presidentes electos, en 1988, y Salinas la rechazó Un año después, en una sesión de preguntas y respuestas en el Club Nacional de Prensa, en Washington, Salinas rechazó específicamente la idea de un TLC por considerar a las dos economías “muy disímiles”
No fue sino hasta febrero de 1990 cuando envió en secreto a José Córdoba y a Jaime Serra Puche para aceptar la propuesta estadunidense
En un principio, el gobierno mexicano, ignorante de los procesos formales e informales necesarios en este país para concluir un acuerdo de esa naturaleza, confió en que la negociación y el resultado estarían listos para el cuarto año de gobierno de Carlos Salinas Pero las cosas se complicaron: el alargamiento de las negociaciones hasta el verano del año pasado, y el triunfo de Bill Clinton en las elecciones federales de noviembre, pusieron al Tratado de Libre Comercio en la arena pública estadunidense Los mexicanos tuvieron que volver a la mesa de negociaciones a discutir lo que, en esencia, son asuntos internos, como política laboral y ecológica, y eso abrió la puerta para que se derramaran las críticas sobre México
Para colmo, la debilidad de Bill Clinton y la nueva fuerza de grupos de izquierda en este país —desde ecologistas hasta coaliciones de consumidores— llevaron el debate del TLC a las primeras planas de los diarios norteamericanos y le dieron prioridad en la discusión pública México, de repente, se convirtió en un asunto interno en la política estadunidense
Así, el miércoles 17, los mexicanos estarán pendientes, a través de la radio y la televisión, de un debate en inglés que los afectará profundamente, pero en el que no pueden intervenir Se hablará de ellos como los grandes trabajadores o como “ganado que vive entre cartones” Se reinterpretará la historia nacional y se harán juicios severos sobre las formas en que funciona su país, para que al final los estadunidenses emitan un voto basado tan sólo en sus intereses
Cualquiera que sea el resultado de la votación de esta semana —y hay tantas predicciones y conteos como analistas—, la relación bilateral entre México y Estados Unidos se habrá trastocado definitivamente, porque los demonios del racismo, la intervención, el paternalismo, el desprecio y la compasión —de alguna manera contenidos largo tiempo gracias a una relación distante— andan sueltos entre muchos sectores de Estados Unidos








