1968: ENTRE LA REFORMA UNIVERSITARIA Y LA REFORMA DEL SOCIALISMO
Enrique Semo
El carácter del ser humano es tal, que el hombre quiere ser gobernado en forma humana, en lugar de ser arrastrado; ser convencido, en lugar de ser forzado, porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, un ser de razón, libre e independiente El arte de gobernar está por lo tanto basado en la sabiduría y no en la fuerza, en la prudencia y la previsión, no en el engaño
J A Comenius, educador checoslovaco; escrito en 1668
En julio de 1968 yo no estaba en México Hacía ya nueve meses que me encontraba en la República Democrática Alemana, ese experimento de socialismo germano que sólo duró 40 años Y, sin embargo, mi presencia ahí no era fortuita, tenía mucho que ver con el 68 mexicano, o más bien con los hechos que lo prepararon
El 68 tuvo varios ensayos generales en la UNAM En ellos aprendieron sus papeles muchos de sus actores individuales y colectivos El 2 de marzo de 1966 se inició una huelga en la Facultad de Derecho En abril, el movimiento se había extendido como mancha de aceite, adquiriendo un carácter masivo Tres facultades de la UNAM, todas las escuelas de Derecho, la mayoría de las preparatorias, estudiantes del Politécnico, estaban ya participando con demandas académicas y políticas, la principal de las cuales era la reforma universitaria Fue en ese movimiento en donde nacieron los comités de lucha y las brigadas volantes de información, que jugarían un papel tan importante en 1968 Muchos de los estudiantes que dos años más tarde participarían en el Comité Nacional de Huelga se formaron en ese movimiento Tiene razón Javier Barros Sierra cuando sostiene en Conversaciones con Gastón García Cantú que ese movimiento fue una expresión de un grave y generalizado descontento estudiantil con la situación de la educación superior, y no simplemente un movimiento contra el rector Ignacio Chávez En un suplemento de la revista Historia y Sociedad, elaborado en la casa de Boris Rosen y Raquel Tibol, con participación de Elí de Gortari y Ramón Ramírez, dijimos lo mismo
A fines de ese año, y como parte de las luchas por la reforma universitaria, se produjo en la Escuela de Economía un movimiento que se proponía elegir democráticamente al director Después de prolongados debates, se realizaron las elecciones que, naturalmente, no están previstas en la Ley Orgánica Estudiantes y profesores pidieron al rector que reconociera los resultados y nombrara director al vencedor Este procedimiento —que ha sido desde entonces motivo de irritación de más de una administración— se mantiene ya casi 30 años, pese a todas las presiones que contra él se han ejercido
El vencedor en las elecciones fue José Luis Ceceña Gómez, quien, como se esperaba, no fue reconocido por las autoridades Como profesor, tanto de ciencias políticas como de economía, participé en ambos movimientos Además, en aquel entonces era miembro del Comité Central del PCM La participación de Ceceña en la reforma universitaria no tardó en producir una respuesta de las autoridades, acorde con los tiempos En la noche del viernes 24 de febrero de 1967, cuando el maestro llegaba en coche a su casa, fue atacado y secuestrado por ocho jóvenes Conducido a las afueras de la ciudad, fue brutalmente golpeado, desnudado y abandonado inerte en su automóvil, previamente inutilizado Los estudiantes de la Escuela protestaron, y la directora Ifigenia Martínez los apoyó En los siguientes días, Eduardo del Río (Rius) y Raúl Ugalde fueron sometidos al mismo tratamiento
El 13 de abril me tocó a mí Al salir de una conferencia en la Sociedad de Amistad con la URSS, fui interceptado por un carro negro, y cuatro individuos intentaron secuestrarme Ayudado por los comensales de una taquería vecina, logré defenderme y escapar Desde entonces, el hostigamiento no cesó Otra noche fui llevado por la fuerza ante Raúl Mendiolea Cerecero, subdirector de la policía del DF, quien después de leer los nombres, direcciones, oficios y preferencias de todos los miembros de mi familia, dijo mirándome fijamente: “Estoy seguro de que usted no quiere que les pase algo a sus familiares No sea irresponsable No se meta en actividades subversivas” A mis clases de ciencias políticas comenzaron a asistir dos policías de civil, y mis hijos fueron amenazados varias veces en la calle En medio de la relativa normalidad en que vivía la gran mayoría de los defeños en 1966, las persecuciones producían una profunda sensación de marginación y aislamiento
En septiembre de 1967, decidí aceptar una vieja invitación para estudiar un doctorado en la RDA, sin sospechar lo que sucedería diez meses más tarde
Así, el 68 me alcanzó en Europa, en donde los hilos de México habían de cruzarse con los del Viejo Continente En Berlín tuve que tomar las mismas decisiones que los intelectuales estaban tomando en la Ciudad de México
No tardé en darme cuenta de los serios problemas de legitimidad de los gobiernos socialistas, del creciente cinismo de muchos de sus cuadros, del ambiente opresivo en que se desenvolvía la vida cotidiana En encuentros con funcionarios, comencé a manifestarles francamente mis opiniones, lo que no me hizo muy popular Sin embargo, por ser representante del PCM, siempre me trataron con consideración
Mis impresiones sobre la RDA se confirmaron pronto en Checoslovaquia El problema no era de uno de los países, sino del sistema en su conjunto A finales de 1967 y principios de 1968, la Revista Internacional organizó en Praga una serie de encuentros sobre la integración económica en América Latina, a los cuales fui invitado Durante mis cuatro estancias en esa ciudad, platiqué extensamente con los estudiantes mexicanos que vivían ahí Todos, sin excepción, me pintaron imágenes deprimentes sobre la situación política Más tarde habían de declararse partidarios entusiastas de la Primavera de Praga Recuerdo aún las palabras de una médica mexicana que proseguía estudios de especialización: “Entre los estudiantes, los miembros del Partido Comunista checo se portan como miembros de una organización ilegal Cuando llegan a reuniones sociales, se ven obligados a quitarse el emblema que llevan obligatoriamente en el ojal, para evitar las burlas y las pullas Tolerado y obedecido, porque no hay de otra, el partido carece totalmente de autoridad moral en la universidad”
La Primavera de Praga nació en pleno invierno, en la reunión del Comité Central, del 3 al 5 de enero de 1968, en la cual Novothy renunció y Alexander Dubcek fue elegido en su lugar primer secretario del partido Poco después, los nuevos dirigentes anunciaron una “nueva política” de reformas democráticas moderadas En marzo, los ciudadanos entraron en acción y se produjo un auge sin precedente de discusión y participación política Organizaciones inferiores del partido comenzaron a tomar sus propias decisiones, y los dirigentes se vieron empujados hacia una línea de acción mucho más radical de la que se habían propuesto al principio Se abolió la censura, y la prensa, la radio y la televisión se transformaron en un inmenso foro en el cual comenzaron a discutirse temas silenciados durante 20 años La Primavera de Praga estaba en marcha A mis ojos, lo que sucedía en la patria de Kafka era la alternativa tanto tiempo esperada: un socialismo “con cara humana” La prensa oficial de la RDA pasó rápidamente de la frialdad a la hostilidad En mayo, el gobierno de la RDA, miembro del Pacto de Varsovia, presionaba abiertamente a los líderes checos para que renunciaran a las reformas
En ese mismo mes, apareció París Mientras las noticias de México llegaban a cuentagotas, a girones, tarde y deformadas, los medios de difusión de Berlín Occidental transmitían día y noche, en vivo, las imágenes y noticias de Checoslovaquia, París, Italia De lo que pasó en México el 26 de julio, me enteré el 9 de agosto, y no fue sino hasta finales de ese mes cuando capté en su plenitud la importancia de la novedad del movimiento Mientras tanto, en Europa, los movimientos llegaban a su culminación, acallando, para los que nos encontrábamos ahí, el estruendo de los sucesos de México
Sin advertencia alguna, durante la noche del 20 al 21 de agosto, las fuerzas armadas de los “cinco” miembros del Pacto de Varsovia entraron a Checoslovaquia, cruzando cuatro de su fronteras Después de medianoche, decenas de gigantescos transportes aéreos aterrizaban en el aeropuerto de Praga De sus entrañas comenzaron a fluir regimientos enteros, que ocuparon la capital de acuerdo con un plan previamente trazado con una exactitud espeluznante Un ambiente de histeria bélica cayó sobre ambas alemanias
En la Universidad Humboldt, muchos estudiantes y profesores se oponían a la intervención, pero los pocos que hicieron públicas sus opiniones fueron rápidamente transferidos a otras instituciones o bien mandados a trabajar a las fábricas La mayoría no se atrevió a expresar su opinión Para mí también la hora de la verdad había llegado Yo apoyaba íntegramente a Dubcek y sabía que tendría que tomar pronto una posición pública El 27 de agosto, un miembro del Comité Central del Partido Socialista Uniformado me hizo saber que deseaba conversar conmigo Después de hacerme algunas preguntas sobre la situación en México, entró en materia Según él, las reformas implementadas por el gobierno checoslovaco ponían en peligro el socialismo en ese país El gobierno había perdido el control, y los partidarios de la restauración capitalista estaban ganando la partida Además, me dijo, Alemania Occidental, con el apoyo de los Estados Unidos, estaba ya preparando una intervención directa en Checoslovaquia No había quedado más remedio que intervenir militarmente Y luego, por primera vez, oí la “doctrina Brejnev”: La salvaguarda del socialismo estaba por encima de la soberanía de cada uno de los países del campo socialista
Le dije que no compartía su opinión Las reformas de la Primavera de Praga no debilitaban, sino fortalecían al socialismo El gobierno de Dubcek gozaba de una gran popularidad La posibilidad de una intervención armada de la República Federal Alemana era un invento absurdo “¿Crees que estás mejor informado que nosotros?”, me dijo molesto “No —le respondí—, en lo que diferimos es en la interpretación de los hechos El socialismo necesita democratizarse, exige más libertad Postergar las reformas tendrá consecuencias funestas para todos Se ha perdido una gran oportunidad para renovar el socialismo” Siguió una larga y agria discusión Me despedí pensando que ahora todo podía suceder y que debía prepararme para asumir plenamente la responsabilidad de mis opiniones y mis actos Sin embargo, no tomaron medida alguna contra mí
En los días que siguieron, el teléfono subterráneo que circulaba las noticias prohibidas en la Universidad Humboldt de Berlín Oriental transmitió la conversación Para mi sorpresa, varios adustos profesores que jamás me habían saludado, se acercaban para sacudirme la mano y decirme con una gran sonrisa: “Señor profesor Semo, este es un hermoso día, es un gusto tenerlo entre nosotros”








