Salinas, modernización, TLC, democracia, el 68, el poder:
En vísperas de sus 80 años, Octavio Paz hace relación y recuento de su pensamiento
Julio Scherer Garcia y Octavio Paz
Inminente la aparición de sus obras completas por el Fondo de Cultura Económica y a medio camino entre los setenta y nueve y los ochenta años (los cumplirá en marzo), me acerqué a Octavio Paz Director de Vuelta le sugerí una vuelta a su vida Antes de separarnos cruzamos unas frases a propósito de su departamento de tanto tiempo en Guadalquivir y Paseo de la Reforma y ya en la puerta me dijo: “De aquí al panteón de Dolores”
Habíamos hablado de la sucesión presidencial y las versiones que crecen, pero no se multiplican, acerca del último capítulo del enigma Parece que Salinas optará entre su hijo, Colosio, y su hermano, Camacho y cualquiera que sea su decisión alterará sin remedio relaciones entrañables Será el principio de otra vida para el Presidente, a la que agregará una más al desprenderse de la banda con el águila y la serpiente bordados en oro Tendrá entonces 46 años
Su edad y la del poeta, que casi la dobla, me llamaron la atención:
—¿Conservan las pasiones de la vejez el ardor de la juventud? —indagué
—Las pasiones de la vejez son terribles, más fuertes que las de la juventud —respondió Paz
—No dejan de sorprenderme las paradojas de la vida como si fueran una sola y enorme contradicción Los adolescentes, eternamente perplejos, se suicidan con una frecuencia desconocida en los viejos Transitan por la duda y no la resisten —dije
—Yo me detenía en la vía del tren a Mixcoac, sensible a la tentación —citó Octavio
En la adolescencia conoció también la moda de la marihuana, sin dato que hoy valga Intimo entre los libros de su biblioteca recordó un poema fechado en Nápoles tres años después de la Segunda Guerra, dolido por la destrucción de las grandes ciudades de Europa Se preguntó entonces si “todo ha de parar en un chapoteo de aguas muertas”, y escribió:
Cae la noche sobre Teotihuacán
En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,
suenan guitarras roncas
¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,
dónde desenterrar la palabra,
la proporción que rige al himno y al discurso,
al baile, a la ciudad y a la balanza?
El canto mexicano estalla en un carajo,
estrella de colores que se apaga,
piedra que nos cierra las puertas del contacto
Sabe la tierra a tierra envejecida
Leyó Octavio las preguntas que me había pedido días antes Sobre el teatro —uno de los temas— comentó que nada importante tendría que decir “A Villaurrutia nada le debo, a Usigli, sí Bueno, déjame ver”
La pregunta diecisiete —¿Qué dolor cargas, Octavio? —lo precipitó en el misterio de su propia vida “Son tantos”, dijo
Julio Scherer García
Julio Scherer —Nuestra amistad prendió hace veinticinco años, en la matanza de Tlatelolco y tu renuncia como embajador en la India Yo trabajaba en Excélsior y te propuse la dirección de una revista a la que pondrías nombre, sello y contenido (Plural, antecedente de Vuelta) Fue una época difícil, el gobierno hostil a tu presencia ¿Qué es hoy del tiempo ensangrentado de Díaz Ordaz y qué de tu vida de entonces?
Octavio Paz —No sé cómo contestar a tu pregunta Es muy vasta y comprende muchos temas Me pides un juicio sobre la vida de México y sobre la mía propia, desde 1971 hasta nuestros días, más de veinte años ricos en cambios y peripecias Además o, mejor dicho: ante todo, tu pregunta resucita imágenes, sentimientos y episodios que, a pesar de los años transcurridos, me parecen apenas de ayer Pienso en nuestro encuentro en 1971 y pienso en nuestra amistad, que ha sobrevivido a tantos años y a tantas diferencias de actitudes y opiniones En fin, procuraré sobreponerme a mi natural emoción y trataré de responderte con cierto orden Pero te advierto que mi respuesta será un poco larga
Evocas mi regreso a México en 1971, después de doce años de ausencia Aunque en octubre de 1968 había dejado la Embajada de México en la India, no creí que fuese cuerdo volver al país inmediatamente Aparte de la hostilidad gubernamental, me habría visto envuelto en querellas estériles y circunstanciales, lo mismo con el poder público que con la oposición Decidí esperar un poco: era claro que la represión no podía prolongarse y que pronto se abrirían espacios libres que harían posible la crítica y el debate En octubre de 1969 pronuncié una conferencia en la Universidad de Austin que, ampliada, se transformó en un pequeño libro: Postdata (1970) En sus páginas sostenía que la salida de la crisis histórica que vivía México no era la revolucionaria que proponían los líderes estudiantiles y la mayoría de la izquierda sino la instauración de una verdadera democracia Hasta entonces habíamos vivido bajo la hegemonía de un partido estatal, un régimen de compromiso entre la democracia auténtica y la dictadura de un César revolucionario El sistema daba un poder inmenso al presidente pero lo limitaba a un periodo de seis años; un organismo impersonal —el partido— aseguraba la continuidad Afirmé que después de 1968 esta situación de excepción no podía prolongarse más sin peligro de estallido o de recaída en una franca dictadura La opción histórica consistía en elegir entre la democracia y la dictadura
—¿Cómo fue recibido Postdata?
—Mis ideas fueron criticadas con dureza lo mismo por los voceros del gobierno que por los intelectuales de izquierda Unos estaban empeñados en la conservación del statu quo y los otros soñaban con la instauración, por medios revolucionarios, de un régimen socialista La reacción de los primeros era natural; lo era menos la de los intelectuales y los partidarios del movimiento estudiantil Ninguno entre ellos parecía darse cuenta de la contradicción que había entre su pasión revolucionaria, su culto al Che Guevara o a cualquier otro santón de la izquierda, como Mao, y la significación real del movimiento en el que había participado: la democracia Sí, hablaban de democracia pero para ellos era un medio subordinado a la acción revolucionaria, es decir, era una táctica, no un fin en ella misma La democracia era un episodio de la lucha de clases, un escalón en el camino hacia la toma del poder Su ideología y sus actitudes eran una viva ilustración de aquella profunda observación de su maestro Marx: los hombres hacen la historia pero casi nunca tienen conciencia de lo que realmente hacen: Colón va en busca de Cathay y descubre América, el Estado Mayor alemán envía a Lenin en un tren blindado a la estación de Finlandia y estalla la revolución de Octubre Pero es peligroso mencionar la soga en la casa del ahorcado: no me perdonaron que señalase la incoherencia de sus posiciones Escandalizados por las ideas y pareceres que exponía en Postdata, decretaron mi muerte civil La condena dura ya veinticinco años; en la mayoría de las recientes conmemoraciones de los sucesos de 1968 —reuniones, números especiales de revistas y periódicos, programas de televisión y de radio e incluso bibliografías— no se mencionaron ni mi nombre ni mis escritos Tampoco se me pidió participar en alguna de las numerosas mesas redondas consagradas al movimiento, con la sola y honrosa excepción de la revista Nexos Sin embargo, Postdata y mis otros escritos sobre el tema —sin excluir a un pequeño poema— en su momento fueron muy leídos, comentados y citados Algunos lo siguen siendo; Postdata lleva veinte ediciones Ese libro y los otros textos también han circulado en el extranjero, traducidos al inglés, al francés, al alemán, y a otros idiomas Una de las personalidades más populares del movimiento de 1968, Elena Poniatowska, quizá recuerde que su libro, La noche de Tlatelolco, se publicó en inglés debido a mis instancias y con un prólogo mío Y aquí corto este cuento aburrido Un consejo a mis apresurados enterradores: la próxima vez maten bien a sus muertos
—Aparte de tu diferente, heterodoxa interpretación política de los sucesos de 1968, ciertas afirmaciones tuyas te opusieron a la corriente general Por ejemplo, en Postdata y en las últimas páginas de otro de tus libros, Conjunciones y Disyunciones, destacaste ciertos rasgos que te parecían distintivos de la revuelta estudiantil y que no encajaban con la imagen que la mayoría se había hecho de los acontecimientos
—Así es Ante todo: es imposible callar o minimizar, como es ya costumbre, la influencia de los movimientos de París, Berkeley y otras ciudades Hubo contagio e imitación Fue una explosión universal y los ecos son numerosos Señalo dos que me parecen, a un tiempo, evidentes y capitales El primero fue la rebelión contra la autoridad del Padre, simbolizada en la figura del Presidente: la revuelta juvenil fue la sublevación de los hijos El segundo: el elemento orgiástico, de gran bacanal o fiesta ritual Los jóvenes exaltaron al placer y al erotismo como dos fuentes de creación y de libertad 1968 fue una subversión y, también, una representación: la Fiesta enmascarada de Revolución Ni los dirigentes estudiantiles ni los intelectuales mexicanos que se han ocupado del tema han ahondado en estos aspectos, a mi juicio centrales Hay, sin embargo, una excepción reciente: la de Luis González de Alba Sus declaraciones han sido notables tanto por su clarividente perspicacia como por su honradez En fin, ha sido y es un grave error desconocer la dimensión internacional del movimiento y su tonalidad pararreligiosa: la liberación del cuerpo y de la sensibilidad La afectividad definió a 1968
—¿Y tu idea de ver a la represión del 2 de octubre como un ritual del sacrificio?
—Fue una interpretación arriesgada pero no insensata ni carente de fundamento Hay una continuidad en la historia de México (como en la de todos los pueblos) y esa continuidad es secreta: está hecha de imágenes, creencias, mitos y costumbres Si nuestra imagen de la autoridad tiene raíces precolombinas y virreinales, también la tiene la del castigo y la opresión Hay que saber leer lo que está escrito atrás de los acontecimientos La historia, siempre, es un palimpsesto
—¿Te sentiste muy aislado?
—Al principio Pero pronto encontré mentes afines y voluntades amigas Poco a poco se formó un pequeño grupo, compuesto por escritores y artistas, que sería el núcleo de Plural y de Vuelta No éramos políticos profesionales; tampoco buscábamos el poder ni teníamos una filosofía política definida Nos unían ciertas aspiraciones democráticas y nuestra doble oposición a la hegemonía del PRI y a las formas aberrantes y autoritarias que había adoptado el comunismo Aquí interviene otro hecho decisivo: nuestro encuentro Aún recuerdo nuestras conversaciones, primero en el hotel en donde nos hospedamos mi mujer y yo a nuestro regreso y, después, en un minúsculo apartamento de la calle de Galeana, en San Angel A pesar de que era visto con recelo tanto por el gobierno como por un gran número de intelectuales, me invitaste a colaborar en Excélsior
—En esto ocurrieron los sangrientos sucesos del Corpus Christi Estamos en 1971
—Esa tarde, invitado por un grupo de jóvenes universitarios yo debía leer mis poemas en un paraninfo universitario Me acompañaban varios amigos, entre ellos Carlos Fuentes y José Alvarado Suspendimos el acto y al día siguiente publicamos en la prensa una declaración de severa censura Entre los firmantes estaba, si no recuerdo mal, José Revueltas Ante el clamor público, el Presidente Echeverría destituyó a varios altos funcionarios y prometió una investigación Aplaudí la medida No fui el único Tú también compartiste mi actitud Pero unas semanas después, ante el incumplimiento de la promesa, reiteré mi crítica En esos días, decidido a recobrar la colaboración de los intelectuales y los escritores, rota en 1968, el Presidente Echeverría inició lo que sus voceros llamaron una “política de apertura” Un grupo de intelectuales decidió apoyar al Presidente Nosotros, en cambio, aprovechamos la nueva política para persistir en nuestra actitud crítica Mantuvimos esa posición durante todo el periodo de Echeverría, como puede comprobarlo cualquiera que se tome el trabajo de hojear Plural Por ejemplo —para muestra basta un botón— el número 13 de la revista, dedicado al tema Los escritores y el poder (octubre de 1972) Sin embargo, nuestros censores más acerbos no fueron, aunque parezca extraño, los defensores de la política gubernamental sino muchos intelectuales de la oposición de izquierda Nuestras críticas al régimen les parecían “idealistas” y trasnochadas, ecos de un anticuado liberalismo burgués
—¿Quiénes eran los críticos?
—No recuerdo a todos Los más rigurosos fueron un grupo de jóvenes inteligentes, parapetados en el suplemento cultural de Siempre! ¿Pleito de generaciones o controversia ideológica? Tal vez las dos cosas Ese grupo fue el germen de lo que sería la revista Nexos De paso: mis diferencias con ellos no han sido pleitos de personas ni excluyen, en algunos casos, la estimación intelectual Casi siempre se ha tratado de divergencias ideológicas, aunque hoy sus posiciones son radicalmente distintas y aún opuestas a las que sostenían hace unos años Es humano y legítimo cambiar de opinión pero, sobre todo si se escribe sobre asuntos públicos, hay que reconocerlo francamente Nada daña más a una literatura que el silencio Prefiero las sátiras de Quevedo y Góngora o las de Neruda y Novo —aunque hayan sido escritas con bilis y caca— a nuestro “ninguneo” Te daré un ejemplo Es nimio y lo recuerdo sin inquina, sólo por mi maldita manía de poner los puntos sobre las íes En Plural apareció una serie de artículos míos sobre la guerrilla juvenil, activa en ese tiempo Mis artículos eran una análisis y un juicio severo de la teoría y la práctica terroristas; fueron recogidos en El ogro filantrópico No muchos me acompañaron en esa crítica La mayoría de los intelectuales de izquierda callaron, fuese porque simpatizaban con los guerrilleros o porque, aunque condenasen en su fuero interno sus prácticas violentas, no querían “darle argumentos al enemigo” Pues bien, una reciente y muy elogiada novela de Héctor Aguilar Camín (La guerra de Galio) tiene precisamente por tema la guerrilla de esa época; en ella se extiende largamente sobre las polémicas que desataron entre los intelectuales mexicanos las acciones de los terroristas El libro es un verdadero “roman à clefs” y de ahí que su autor no vacile en llamar a su obra “novela histórica” Sin embargo, aunque se propuso el retrato de una época, escamotea totalmente la posición de Plural y mis críticas
Y ya que toco estos temas, aclararé otro punto: la disputa en torno al Coloquio de Invierno No se originó porque ellos lo hubiesen organizado —tenían perfecto derecho para hacerlo— ni por la ridícula razón de haberme invitado tardíamente sino por la indebida, inmoral participación de CONACULTA y de la Universidad El gobierno y las instituciones nacionales de cultura tienen el deber de ser imparciales en esta clase de conflictos
Por lo demás, son sanas las diferencias de ideas y de gustos estéticos y literarios Para terminar, señalo otra de ellas, no de índole política sino literaria: así como me he opuesto al control o a la dirección del arte y la literatura por el Estado, también me he opuesto a las manipulaciones del mercado Ahora, algunos de mis antiguos críticos, ayer partidarios de la “literatura comprometida”, se han lanzado alegremente, con un optimismo que me deja perplejo, a la conquista del mercado No niego que los libros, como los cuadros, se venden: son artículos de comercio Pero son algo más: son obras La noción de valor, cardinal en el dominio de la literatura, no es reducible a la de circulación Hay que distinguir entre el negocio editorial y la literatura
—Has dado un salto Estábamos apenas en 1971 En nuestras primeras conversaciones se habló de una revista
—Sí, tú me propusiste con extraña generosidad —apenas si me conocías— la dirección de una revista semanal de opinión Rehusé: no me sentía con inclinaciones por el periodismo militante Tampoco con talento Tenía otra idea y te propuse la publicación de una revista mensual de cultura: letras, arte, pensamiento, política Tu aceptaste con entusiasmo Todavía me maravilla tu gesto Así nació Plural: conjunción de dos ideas y de dos voluntades Hoy pienso que también podía haberse llamado Encuentro
—Habría sido un buen título, pero Plural era más vivo, más actual
—Es una palabra que se ha puesto de moda Nosotros fuimos de los primeros en usarla Hoy se ha gastado En aquellos días era un término nuevo y combativo Plural en oposición a monolítico, monopolio, monocorde, monotonía y otras palabras que comienzan con el prefijo mono, que denota único o uno solo El nombre mismo de la revista era un manifiesto: nos oponíamos al monólogo del poder y al coro de las ideologías Sin embargo, Plural no era sinónimo de eclecticismo ni de condescendencia y manga ancha moral o literaria Aunque todas las opiniones nos parecían respetables, no todas debían ni podían tener cabida en nuestras páginas: éramos una revista crítica, con ideas claras, propósitos definidos y, en materia estética y literaria, con gustos y preferencias La historia de Plural es conocida y no la repetiré* En cambio, no me cansaré de repetir que, a pesar de las críticas que provocaba Plural entre tus amigos de izquierda —algunos de ellos eran tus colaboradores cercanos—, tú me defendiste sin jamás intervenir en la orientaci








