LAS CONCESIONES: CAMINO A LA RIQUEZA
Enrique Velasco Ugalde
Investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana
27 de junio de 1969: Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México, emite un acuerdo que autoriza a los radiodifusores comerciales pagar en especie el impuesto que grava los ingresos de sus empresas Dicho pago quedará cubierto con el 125% del tiempo diario de trasmisión de cada estación en el país, para que el Estado sea quien use ese tiempo “para las funciones que le son propias” Hoy, a 22 años de distancia, la experiencia acumulada demuestra que tal medida fue un grave error, que ahora es urgente corregir
Los orígenes del Acuerdo de Díaz Ordaz se remiten al artículo noveno de la Ley que Establece, Reforma y Adiciona las Disposiciones Relativas a Diversos Impuestos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 31 de diciembre de 1968 Se establece ahí “un impuesto sobre servicios expresamente declarados de interés público por ley, en los que intervengan empresas concesionarias de bienes del dominio directo de la nación” (entre otras, mineras, transportistas y, por supuesto, de radiodifusión) El objeto de este impuesto —señala dicha ley— “comprenderá: a) Los pagos al concesionario b) Los pagos a las empresas que por arreglos con el concesionario contraten los servicios y presten los que sean complementarios c) Los pagos a cualquier otra empresa que intervenga entre el que cobra el costo total del servicio y el concesionario”
En radiodifusión el inciso a se refiere a los concesionarios de radio y televisión; el b, a agencias de publicidad, de noticias, de representación artística, servicios técnicos, entre otros; el c, a empresas de producción, disqueras, brockers o compradores de tiempo, etcétera La base del impuesto “será el monto total de los pagos en efectivo o en especie que se hagan por los conceptos señalados” El impuesto se determinará “aplicando la tasa del 25% a la base señalada”
Tal tributo debería entrar en vigor en toda la República el 1+ de julio de 1969 En el caso de la radiodifusión no entró A cambio, Díaz Ordaz dio su Acuerdo para que operara una situación de privilegio tributario en favor de los causantes Esta prebenda le ha significado al país altísimos costos económicos, sociales y políticos No sólo por lo que el erario ha dejado de recaudar en dinero constante y sonante a lo largo de 22 años, sino porque en medio de la estrechez monetaria que en las últimas décadas y, aún ahora, ha caracterizado al Estado Mexicano, que lo ha obligado a desatender obras y servicios sociales de enorme necesidad, tal situación de excepción hacendaria todavía sigue vigente
De sobra es conocido el grado de monopolización que priva en la industria de radiodifusión Más que sabido es también que tal actividad es auténtica fábrica de dinero Pero si usted no conoce esto, lea con detenimiento y cuidado el siguiente ejemplo, basado exclusivamente en las 49 emisoras radiofónicas privadas comerciales que difunden en la ciudad de México 49 de las más de 950 estaciones de radio comerciales que operan en todo el país y sin considerar a la televisión, cuyos ingresos son mucho más cuantiosos
El precio promedio por minuto de publicidad en esas 49 emisoras es de 267,000 pesos, por hora es de 16 millones 20,000 pesos De acuerdo con los cálculos que dieron base a la resolución de Díaz Ordaz para determinar el tiempo sujeto a la modalidad impositiva del 125% o Tiempo Oficial (TO), esas emisoras comercializan 544 horas diariamente, tiempo equivalente al 50% del total de horas de trasmisión que acumulan las 49 estaciones, que es de 1,088 por día En consecuencia, reciben pagos a razón de 8,714 millones 880,000 pesos diarios; 61,004 millones 160,000 semanarios; 261,446 millones 400,000 mensuales, o tres billones 180,931 millones 200,000 pesos al año (un billón más que el presupuesto anual de la UNAM) Calcule usted el impuesto que se debería pagar en dinero a la tasa del 25% (más o menos la mitad de lo que costará mover la refinería de Azcapotzalco) Habrá que decir, por cierto, que de esas 49 radioemisoras, 43 pertenecen únicamente a ocho familias: los Aguirre, los Salas, los Azcárraga, los lbarra, los Fernández, los Suárez, los Serna y los Vargas; y que a esas estaciones, o casi a todas, en julio de 1989 les caducaron sus concesiones, mismas que ya les han sido refrendadas sin mayor problema
Habrá quien diga en descargo de lo señalado que el tiempo que cubre el impuesto como lo fija el Acuerdo de Díaz Ordaz ha estado y está allí Habrá que decir entonces, que ésa es una verdad a medias, con responsabilidad compartida por gobierno y radiodifusores
El gobierno, porque no ha tenido, ni tiene ahora y tampoco se preocupa por tenerla, la capacidad de producción y programación para llenar ese tiempo y porque la administración, operación y normatividad del TO la ha dejado exclusivamente en manos de un aparato burocrático-político, la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación (RTC), que sobre todo con su actual administración, no ha entendido que un impuesto es patrimonio del Estado y no sólo del gobierno o de grupos vinculados al poder
Por esta concepción hemos visto cómo RTC destina el uso del TO para su autopromoción: campaña Para Ver y Oír Buen Cine; o para promociones de claro tinte electorero: Solidaridad A cambio, la actual administración de RTC, que no ha sido capaz de normar siquiera su carácter (pregúntese a directivos y empleados de esa dependencia que se han visto precisados a salir de ahí en medio de presiones, gritos y toda clase de majaderías de los funcionarios de ahora), ha truncado proyectos culturales de universidades, de organismos civiles y aún de dependencias oficiales, al negarles o retrasarles los oficios para la utilización del TO Con esta actitud, gobiernos estatales, municipales, dependencias oficiales y organismos sociales y civiles, se han visto en la necesidad de tener que pagar a las empresas radiodifusoras para llevar a cabo sus programas de difusión, desviando recursos cuantiosos que hacen falta en otras áreas Ejemplo concreto de la pésima administración que hoy hace RTC del TO diariamente lo da la emisora W-FM de Televisa, que para cubrir esos espacios nos receta por cortesía de la dependencia música de su habitual programación, evidenciando así que el Estado Mexicano no tiene mejor cosa para difundir que música extranjera
Por su parte, los radiodifusores, interpretando muy a su modo y conveniencia el Acuerdo de Díaz Ordaz, que en 22 años no se ha movido siquiera para precisar sus términos, frecuentemente se niegan a difundir la programación destinada a los TO Primero porque saben que nadie los vigila, pues no existe un sistema nacional de monitoreo Segundo, porque argumentan con base en las imprecisiones del Acuerdo, que su perfil programático no corresponde a lo que se pretende difundir en el uso del TO y porque al otorgar el tiempo se pone en peligro la estabilidad económica de la emisora, asunto que es condición, a juicio de ellos, para negar los espacios, pues así se estipula en el Acuerdo Argumentan lo que sea o simplemente no argumentan nada; sencillamente no trasmiten lo asignado En el mejor de los casos, trasmiten, pero en el horario que ellos deciden, sin importar los tiempos asignados en los oficios correspondientes Destinan para ello los peores horarios, justamente cuando según sus cálculos existe el menor número de auditorio, a altas horas de la noche regularmente Explore usted su cuadrante o pantalla en horas de la madrugada y verá cuántos mensajes oficiales o sociales aparecen Si usted se toma la molestia de contabilizarlos, se convencerá de que no son ni con mucho los suficientes para cubrir el impuesto al que están obligados a pagar los radiodifusores comerciales
Así las cosas, ¿qué hay detrás de todo esto? La urgente necesidad de revisar y modificar la caduca legislación que rige en materia de radio y televisión Número uno para alcanzar la verdadera democratización y modernidad de la vida nacional es actuar en este sentido No sólo ante el argumento válido de que estos aparatos llevan 30 años propiciando el más bárbaro desperdicio de la inteligencia de los mexicanos, sino porque está más que demostrado que con esas actitudes de los empresarios de la radiodifusión, habrá siempre un dique infranqueable para el desarrollo plural y democrático a que tanto aspira el pueblo de México El control de estos medios lleva ya muchos años en las mismas manos, que son sólo unas cuantas dedicadas más a especular que a compartir los anhelos ciudadanos de una sociedad más justa y equilibrada El asunto del TO que aquí se ha mostrado es sólo una faceta de los muchos absurdos y contradicciones del México actual Y siendo apenas una parte, indigna y conmueve O ¿no?








