Arenas movedizas
Francisco Ponce
Todo conflicto bélico —como éste del Pérsico— ganen o pierdan los protagonistas, les significará una derrota Como en los cruentos combates deportivos en los que la violencia irrumpe como visitante inescrupuloso, devastador
Nadie triunfa: ni en el laboratorio instalado ahora en el Pérsico, ni en las cotidianas batallas entre bandoleros merodeadores de los estadios de futbol
Por ejemplo, el domingo 13, miembros del grupo “Boixos nois” o “Nenes locos”, adeptos del club Barcelona, mataron a un aficionado francés, y son no sólo responsables de batallas campales al término de los partidos de futbol, sino que están relacionados con los extremistas denominados “Brigadas Blanquiazules” del equipo español y los “Skin heads”, bandas urbanas de origen anglosajón, tan aceptadas entre muchos jóvenes españoles
En su guerra, tan ajena a la sociedad —quizá precisamente por estar tan insatisfechos o resentidos con ella—, incurren en excesos, pero se les permite la entrada al Camp Nou del barsa, libre y gratuitamente por la puerta 48
En Orkney, a unos 150 kilómetros de Johanesburgo, en Sudáfrica, unos locos fanáticos dejaron más de 40 muertos y 50 heridos por aplastamiento en otro partido de futbol En la tribuna había blancos y negros y las víctimas fueron todas negras, entre ellos, claro, muchos niños
Muchos, como el ministro de la juventud y el deporte francés, el exposeedor de la marca mundial en los 100 metros planos, Roger Bambuck, estiman “impropio” detener el “funcionamiento del deporte” en estas “horas dramáticas”, principalmente “por su valor simbólico y por los lazos que anuda entre los hombres”
El deporte en México, como en básicamente todos los países del mundo, ha sido tradicionalmente una de las alternativas para proyectar a niños y jóvenes a un tipo de competencia que difiera, en esencia, de la depredación humana
Es difícil encontrar sólo en pautas pacifistas razones para evitar el abuso en la conquista del poder y el maniqueismo económico El deporte llega hoy a una etapa en que se mantienen instancias violentas, como en el espectáculo futbolístico, eufemísticamente calificadas como “pasión deportiva”, o bien el doping, con el argumento de que conducirá a la humanidad a contar con héroes portentosos, odiseos cotidianos, por la selección natural de los esteroides
Recordemos que hace ya desafortunadamente muchos, muchos años, cuando se exaltaba el helenismo —ese ideal que de alguna medida pudo ser retomado por el Comité Olímpico Internacional y que desdeñó antes que designar a Atenas sede la Olimpiada de 1996—, las guerras se detenían ante las competencias deportivas
Ahora, el deporte se estremece ante las guerras








