NINJAS MUTANTES…

NINJAS MUTANTES
Por Francisco Ponce
Siempre ha sido común para muchos padres de familia permitir a sus hijos —y en ocasiones alentarlos— disfrazarse con trajes de sus superhéroes televisivos o cinematográficos
Y vemos deambular por las calles o en los jardines o en los conjuntos habitacionales, a niños-supermanes, niños-luchadores y, ahora como lo indica la moda, a pequeñas tortugas ninja adolescentes mutantes
Finalmente, son los padres quienes deciden cómo quieren vestir a sus hijos De ninguna manera cabe parafrasear aquello de que cada hijo tiene los padres que se merece, porque de ridiculeces los niños son los menos culpables
Pero las manías de colocarse trajes ajenos se dan en todas partes
Como ocurrió con los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, principalmente porque miembros del Comité Organizador, de las federaciones deportivas y otros funcionarios, se colocaron un traje de luces sin ser toreros
Y, como todo, aparecieron en los periódicos, en la tele, repartiendo saludos y entregando medallas de premiación
Los que menos pudieron disfrazase —porque así ocurre siempre—, fueron los atletas: ellos fueron el personaje que ellos mismos, sus entrenadores y sus funcionarios, construyeron a lo largo de duros periodos de trabajo intenso
Son ganadores o perdedores Y entre éstos, medallistas y no medallistas Y, en este amplio espectro, hay derrotas honrosas así como mediocridades lamentables
Lo mismo palpamos en los Centroamericanos: ¿cuántos de nuestros deportistas llegarán a Barcelona? Y, claro: de ellos ¿cuántos lograrán medalla?
Resulta prematuro hablar de porcentajes, pero la historia habla de diez por ciento de cuántos llegarán Es decir, si la delegación mexicana fue integrada por 620 atletas, quiere decir que 63 estarán en la Olimpiada Y si, atenidos a la experiencia, suponemos que el 1% debe ganar medalla, podríamos concluir que México contaría con seis preseas en Barcelona
No es decepcionante, considerando la realidad de un deporte nacional depredado por sus propios dirigentes
Depredado, precisamente, por la improvisación ya habitual —hubo demasiada gente ajena en la organización de los Juegos— de nuestro deporte
Claro, también el sistema político mexicano interviene para permitir el uso de trajes de luces a quienes no son toreros
Esto, en el caso de que los políticos que se los ponen crean que en realidad se colocaron el terno de luces y no, en realidad, el de las famosas tortugas ninja adolescentes mutantes
Es el peligro del circo deportivo cuando se convierte en foro para políticos