Carta de James R Fortson
Señor Director:
Atentamente solicito se publique esta comunicación que le envío con el objeto de protestar enérgicamente por la nota difamatoria que a Margarita Michelena le publicó el diario Excélsior el pasado 28 de septiembre Esta carta no fue publicada en ese periódico
El artículo de la señora Michelena está lleno de irracionalidad, cólera y agresividad, las cuales asientan sus reales en el propósito bochornoso de levantar falsos, públicamente y sin fundamento Ante sus lectores niego enfáticamente que lo que mi colega dijo se corresponda mínimanente con la realidad Me resulta penoso el ver que su espacio periodístico no se dedica a los grandes intereses de la Nación
Quisiera evocar las palabras del doctor Albert Ellis —iniciador y fundador de la escuela de terapia racional-emotiva en el mundo—: “Las emociones no las provocan los hechos, sino lo que uno piensa acerca de ellos”
La nota de la Michelena —que es paradigma del periodismo trivial y perverso, ejercido por un articulista que sólo intenta erigirse en parte, juez y verdugo— me recuerda, inevitablemente la vieja sentencia: “Difama, que algo quedará”
Me parece importante declarar que la señora Michelena y yo jamás nos hemos conocido cara a cara Nunca hemos cruzado palabra; lo cual, en mucha medida, descalifica su actuación de “crítica” tan conocedora como pretende serlo Ella salió a ofender por la ofensa misma
Creo, además, que la autora de tanta sandez sólo merece el calificativo de “buscapleitos”, pasatiempo que ejerce doña Margarita a falta de mejores causas
Inevitablemente me he de preguntar a qué intereses ocultos habrá respondido ella para intentar atacarme tan burda como malintencionadamente ¿Pretende la defensa —imposible— de sus amigos políticos por mí citados? ¿Es, acaso, una mercenaria de la pluma? Lo que resulta claro es que sus desahogos son meramente viscerales
Cuando un dama le agrede a uno con más dolo y gratuidad que inteligencia, veracidad y cordura, sólo se puede lamentar que la dama no sea varón
La filípica que me dedica muestra mucha amargura, mucha violencia y mucha frustración A la señora le faltó matiz Es una provocadora
Si yo hibiera de tomar a pecho sus envectivas, tendría que proceder a suicidarme No obstante, mis colegas periodistas, mis colegas editores y los señores publicistas de mi país —es decir, quienes toman tales decisiones gremiales— no concuerdan con los gustos personalismos de la Michelena Así, pues, le refrescaré la memoria: EL Club de Periodistas de México AC me ha distinguido con dos Premios Nacionales de Periodismo (en 1974 y 1979); la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana confirió a mi grupo de trabajo el Premio Nacional de Arte Editorial (1978-1979); y la Asociación Nacional de la Publicidad, de Teponaxtli de Malinalco, como “El Entrevistador del Año” (1981) Y, a mayor abundamiento, quien suscribe esta carta fue Director General del Instituto de Cultura Domecq (1980-1981), así como colaborador de primera plana de Excélsior durante casi una década; y entrevistador y editorialista de una docena de diarios y revistas Ergo: no me suicidaré (Y que conste que todo esto lo cito no con afanes de soberbia o arrogancia, sino para demostrarle a Margarita Michelena que su opinión acerca de mi trabajo no tien validez universal)
La intolerancia que a la imperfección humana profesa doña Margarita me asombra mucho No es eso lo que la sabiduría, la madurez y la serenidad aconsejan
Para colmo, esa señora incurre, en su nota en muchos errores gramaticales, ortográficos y de juicio (que le he enseñado directamente a ella, mediante una carta privada que por correo certificado le he remitido a su domicilio paticular) Como fuere, su texto es ejemplo de odio gratuito en el corazón de alguien que dispone de un espacio periodístico para cometer sus fechorías, en calidad de francotiradora
Doña Margarita debe ser —a juzgar por las cosas que dice— una de esas extrañas personas que creen que el león es siempre de su condición La señora miente, y su estilo para hacerlo es vulgar
En cuanto a su “dilecto amigo Enrique Mendoza” (sic), he de sugerirle que ella misma le pida llevar a cabo un ejercicio de momotecnia y un examen de conciencia, habida cuenta de que las amenazas fueron —obviamente— telefónicas y que, por lo mismo, no es gran cosa lo que yo podría hacer para acogerme al amparo de la Ley o de la justicia, que no son necesariamente lo mismo
Yo ignoro si a los llorones siempre les va mal, pero sí se —más allá de toda duda— que la mención que hace de don José López Portillo sólo confirma la histeria de doña Margarita que ataca a demasiada gente con demasiada frecuencia, para su desprestigio)
Dicho está ya: “Perro no come carne de perro”
Y si Eros —esa bellísima revista— no hubiese sido censurada por los demagogos que se autonombran guardianes de la “moral pública” de este país —para regocijo de los fanáticos del puritanismo disfrazado y persignado, emisarios del pasado que vociferan patéticamente en el umbral del siglo XXI—¡otro cantar sería! (Y será)
Atentamente
James R Fortson
Watteau No 51
Col San Juan Mixcoac
México, DF CP 03730_








