El propio gobierno induce el rechazo al pago a ultranza
Advertencia a los acreedores: la moratoria puede ser inevitable
Carlos Acosta Córdova
La tradicional resistencia de los bancos acreedores a las propuestas del gobierno mexicano en materia de deuda externa —acompañada siempre de respuestas tardías y de corto alcance— y el apremio real de la economía nacional, que exige divisas suficientes —las reservas del Banco de México no dan para más de tres meses y la balanza comercial sigue deteriorándose—, han obligado a las autoridades a inducir una atmósfera de rechazo público a la forma en que actualmente se paga la deuda
El propio presidente Salinas de Gortari inició, al menos el discurso, lo que ahora es un rechazo generalizado a los términos en que actualmente se paga la deuda Desde el inicio de su gestión, sobre todo en diciembre y enero, fueron pocas sus declaraciones públicas en que no se refirió al asunto
Su propio discurso de toma de posesión marcó el nuevo tono en el que el gobierno habría de referirse, en lo sucesivo, al problema de la deuda Fue directo: “La prioridad ya no será pagar sino volver a crecer” La situación actual, dijo, impide la recuperación económica: “No volveremos a crecer de manera duradera si seguimos, como hasta ahora, transfiriendo al exterior cada año 5% del producto nacional” Esto, advirtió, “es insostenible y es inaceptable”
Marcó también la conducta que seguiría su gobierno frente a los acreedores: “Evitaré la confrontación, pero declaró enfáticamente y con convicción, que por encima de los intereses de los acreedores, está el interés de los mexicanos” No podemos, dijo, vivir en una situación en la que en un año contamos con recursos, pero el siguiente quién sabe: “deben encontrarse soluciones de carácter permanente y no de efectividad pasajera”
Las palabras del Presidente impactaron a la comunidad financiera internacional Cundió el temor a la moratoria, pero él mismo se encargó de tranquilizar a los alarmados Dijo el 5 de diciembre al diario The Wall Street Journal: “nunca he dicho que no pagaremos; pero para pagar primero debemos crecer Como dijo alguien un cliente muerto nunca pagará” Sin embargo, no descartó del todo una suspensión de pagos: la moratoria, dijo, “no es una opción política, sino simplemente un recurso”
En el transcurso de ese mes fue fortaleciendo su discurso, agregándole elementos nuevos El 14, exhortó a todos los mexicanos a “la unidad”, a hacer un frente sólido ante nuestros acreedores y tener una “base más firme” para llevar a cabo la negociación de la deuda Dijo: “Después del gran sacrificio interno ya realizado, debemos ahora romper las restricciones que nos vienen del exterior y para ello tenemos que mantenernos unidos” También advirtió: “Quien no cumpla con el pacto (económico de concertación), debilita el acuerdo interno y, en consecuencia, le hace el juego a los acreedores externos”
El 30 “invito” a la nación a que, independientemente de divergencias, de diferencias en opinión política, de concepciones distintas, nos unamos “ante la difícil negociación que tenemos con el exterior”
Como mensaje velado y advertencia para los acreedores fue tomado lo que dijo, el 2 de enero, frente a los responsables de las fuerzas armadas: “Hemos mostrado seriedad y seguiremos mostrando seriedad Preferimos la negociación a la confrontación Pero, repito, para mí los intereses de los mexicanos están por encima de los acreedores” (El 20 de febrero el mensaje sería más claro También ante los representantes de las fuerzas armadas, dijo: “Más allá de nuestras fronteras se ha emprendido un esfuerzo inaplazable para evitar la carga de la deuda externa, apegados a nuestra determinación y soberanía Lo digo con firmeza ante ustedes, defensores de los principios esenciales de nuestra nacionalidad” También: “México encara desafíos que precisan del esfuerzo conjunto de todos los sectores La participación de las fuerzas armadas es fundamental”)
Que la negociación actual se hará con firmeza sin precedente, dijo el tres de enero: “En este esfuerzo no caben dudas ni titubeos; escatimar esfuerzos o ignorar compromisos es debilitar la unidad que necesitamos para negociar frente al exterior” Dos días después reiteró: “Tenemos que quitar de los hombros de los mexicanos el fuerte peso que significa el servicio de la deuda externa y lo haremos por la vía de la firme negociación He insistido en que evitaremos la confrontación, pero daremos pasos nuevos en esta renegociación”
Casi al finalizar el mes abundó: “La deuda impide que crezcamos Es una necesidad económica tener éxito en esto, pero también lo es moral Hay que revertir, terminar con esa barrera en que se ha constituido la deuda El país ya no aguanta la situación actual ya no mucho Por eso la negociación va a tomar tiempo, pero no demasiado Ya no puede haber más ajustes en términos de baja en los niveles de vida”
En las siguientes semanas bajó el número de alusiones al problema de la deuda, pero cuando lo hizo insistió en los términos: firmeza en la negociación, unidad de los mexicanos, no más prioridad al servicio, volveremos a crecer, no a la confrontación, etcétera Las tesis del Presidente han servido de base para que se generalice la opinión —de los que no la habían expresado antes, inclusive— de que urgen cambios en la forma de encarar el asunto de la deuda
En ello, que se ha constituido en una fórmula para forzar y apurar la negociación, participan todos: partidos políticos de todo signo, legisladores, gobernadores, centrales obreras y campesinas, funcionarios, instituciones académicas, organizaciones empresariales todos
Y todos se manifiestan, en uno u otro tono, en pro de una solución distinta a la deuda: desde la negociación firme y sin concesiones hasta la moratoria No hay día que en la prensa nacional, en la radio y en la televisión, no aparezca como nota destacada declaración alguna en torno del particular
Independientemente de la carga retórica que en todo ello se advierte, la inducción de esa “atmósfera antideuda”, de ese ambiente de rechazo generalizado a los términos actuales en que se cubre el servicio, tiene razones de peso para que exista Destacan tres En primer lugar, se advierte la decisión del gobierno de proceder, en la negociación de la deuda, de manera distinta a como se ha venido haciendo: a la sabida, y padecida tozudez de los acreedores —particularmente los bancos comerciales extranjeros, con los que se tiene contratado el 80% de la deuda—, se ha antepuesto, al inicio de la actual negociación, la decisión gubernamental de advertir a los representantes de los acreedores, que esta vez la firmeza no quedará en retórica; que o se crece o no habrá modo de pagar Y no por una actitud beligerante de las autoridades mexicanas, sino porque, en definitiva, no hay de otra
Información recogida por Proceso en la Secretaría de Hacienda señala que, si bien las primeras incursiones del secretario Pedro Aspe en los trabajos de negociación son de exposición de planteamientos, necesidades y propuestas, ha sido claro en la advertencia de que a la economía mexicana no le queda otra —so pena de generar consecuencias graves en lo social y en lo político— que crecer
Las otras dos razones por las que se está creando el ambiente de rechazo a la deuda son: por un lado, que hay un verdadero apremio en la economía por contar con recursos suficientes: si bien los indicadores económicos señalan que la situación es manejable en el corto plazo, también señalan que, de no haber divisas suficientes, en junio empezará a descuadrarse, radicalmente, el panorama económico Por otro lado, para nadie es novedad que el servicio de la deuda es en verdad oneroso y cubrirlo como hasta ahora representa riesgos inocultables
No es posible ya, como advierten las autoridades, seguir pagando a costa de un ajuste que implica el deterioro grave en las condiciones de vida de los mexicanos y en la planta productiva nacional Sirva un ejemplo para cada caso En materia de salarios, el ajuste económico —la mayor de las veces en respuesta a lineamientos marcados en el exterior—, ha implicado una caída constante en el poder adquisitivo Cifras de la CEPAL indican que en 1983 el salario mínimo perdió el 218% del valor que tenía en l980; en l984, el 283%; en 1985, 292%; en 1986, 368%, y en 1987, 398% Para l988, a resultas de la contención de los precios inducida por el Pacto de Solidaridad
Económica, el deterioro fue menor, —12% dice la CTM— hecho que, sin embargo, no compensa el rezago de el todo período
Además, la planta productiva, la economía en general, se vio privada de estímulos, de recursos, no sólo por el propósito oficial de contener la inflación, sino porque la mayor parte del esfuerzo productivo nacional, del ingreso generado por el trabajo de los mexicanos, se fue a cubrir el servicio de la deuda A él se destinaron —también datos de la CEPAL— 19,400 millones de dólares en l982; 14,300 en 83; 14,300, también en el 84; 13,300 en 85; 11,700 en 86; 13,700 en 87, y casi l4,000 en 88 Total, en siete años, !00,700 millones de dólares destinados a pagar intereses y amortizaciones, mientras que lo recibido en créditos del exterior, no llegó a los 25,000 millones
Del apremio que hay en el gobierno por llegar a un acuerdo pronto y positivo —reducción de la transferencia neta de divisas, por cualquiera de las vías posibles (recursos frescos, quitas, baja en los intereses, capitalizaciones, etc)— las propias autoridades han sido insistentes El subsecretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, dijo en Washington, en la reunión del Overseas Development Council, que México tiene la urgencia ya de reducir la salida neta de divisas; que el país no puede esperar a las “fechas mágicas” previstas por los países desarrollados para hacer una nueva valoración de la deuda externa del Tercer Mundo y, por último, que al gobierno mexicano no le queda mucho margen de maniobra en el manejo de la política económica, ni tampoco está dispuesto a sostener un ajuste con los enormes costos que ha tenido hasta ahora, dijo el subsecretario Ortiz, según despacho, la semana pasada, de la agencia EFE
Los propio números oficiales revelan el apremio de disponer, en los próximos meses, de recursos para atender las necesidades de la economía Según la programación financiera para este año, en el primer semestre debe hacerse un pago, por servicio, de 7,200 millones de dólares (4,500 de intereses, 2,700 al principal) Simplemente para cubrir ese gasto hay dificultades, aparte del que deba hacerse para pagar importaciones y generar las cantidades que se necesitan para impulsar el crecimiento económico a las tasas mínimas proyectadas por las autoridades No hay de dónde sacar los recursos que se necesitan: las cuentas con el exterior siguen deteriorándose y las reservas están a la mitad de lo que eran hace un año, no llegan a los 7,000 millones de dólares
Finalmente, la creación de esa atmósfera de rechazo generalizado al pago de la deuda, en las condiciones actuales, responde a la resistencia que siempre oponen los acreedores, en especial los bancos comerciales, a hacer caso de las propuestas mexicanas en materia de deuda Esta vez, las autoridades han optado por adelantar la presión política —discurso aquí, pero advertencias fundamentadas ante los acreedores— antes de esperar la rotunda negativa de los bancos a colaborar, con recursos y tiempos precisos, en la solución de un problema en el que también ellos, se les ha demostrado, son responsables
Un recuento histórico de las negociaciones de la deuda mexicana elaborado por la Secretaría de Hacienda, con datos hasta marzo de 1988, y editado recientemente por el Fondo de Cultura Económica, ilustra la poca solidaridad de la banca acreedora con México, que se ha expresado en respuestas lentas, no siempre las mejores y, lo peor, de cortos alcances y de beneficios, si bien los mejores para país deudor alguno, que son reducidos
Dice el texto: “En l982, el gobierno mexicano hizo ver a sus acreedores que si no recibía un apoyo rápido podría tener una crisis de grandes proporciones La advertencia no se escuchó adecuadamente El apoyo se organizó hasta el último momento, cuando ya debía declararse la moratoria (la de agosto de ese año) En consecuencia, la crisis ocurrió y todos —acreedores y deudores— resintieron grandes pérdidas
“En l983 el gobierno advirtió la necesidad de abandonar el esquema de reestructuraciones anuales y de dar un apoyo adecuado a México, que estaba iniciando un proceso de cambio estructural México no fue oído sino con muchos meses de retraso La reestructuración multianual llegó hasta que se hizo evidente la posibilidad de que hubiera acciones políticas simultáneas por parte de los deudores, posibilidad que se puso de manifiesto en las discusiones del Consenso de Cartagena Por su parte, la cuestión del dinero fresco no fue atendida En consecuencia, se perdió un tiempo precioso para consolidar los resultados logrados con las acciones de estabilización de l983 y 1984”
En 1985 pasó lo mismo, según el texto de Hacienda: México fue desoído El gobierno había advertido que si el precio del petróleo caía inmoderadamente, el problema “sería de todos” Tampoco fue escuchado con atención Asimismo, México advirtió que el contenido y el ritmo de la política de cambio estructural serían definidos sólo por México No se hizo caso de esa advertencia
Por lo tanto, continúa, “en l986 tuvo que darse el diálogo político (continuos llamados a la corresponsabilidad de los acreedores) y la posibilidad de suspender pagos para que la comunidad financiera aceptara la necesidad de proporcionar suficiente apoyo externo
“El costo de este retraso fue grande para México, pero también lo fue para los acreedores, ya que éstos tuvieron que volver a operar con el mecanismo de crédito involuntario a fin de apoyar a México con montos, plazos y costos que se acercaban a muchas de las propuestas que México había hecho desde el principio”
Para l987, la “gran lentitud de reacción de los acreedores” provocó también que los arreglos iniciados desde el año anterior tuvieran “algunas deficiencias”; la más notable es que —señala— no provee en forma segura el apoyo externo necesario para un período suficientemente largo Y la necesidad, entonces, de que en el futuro inmediato se vuelva a solicitar dinero fresco, es consecuencia “de que los acreedores no aceptaran la solicitud mexicana de ajustar más o menos en forma automática el monto del servicio de la deuda a la capacidad de pago efectiva del país”
Finalmente, el texto expone la tesis en la cual la administración actual sustenta el proceso de negociación de la deuda:
“Reaccionando a la experiencia pasada, se espera que los acreedores acepten que su mayor interés está en trabajar con fórmulas de pago y de financiamiento fresco que aseguren a México, hacer frente a una carga de servicio compatible con un ritmo razonable de expansión de su economía
“Podría, sin embargo —remata— no ser así, y ocurrir que los acreedores siguieran actuando con lentitud a veces con miopía y desconfianza De ser éste el caso, nadie deberá dudar que México tendrá toda la paciencia necesaria para exponer sus razones a sus acreedores, como la firmeza que haga falta para defender eficazmente sus intereses”
Así lo apuntaba la Secretaría de Hacienda, entonces al mando todavía de Gustavo Petriccioli; así lo advierte ahora, con Pedro Aspe al frente








