Once años después, condena el método que lo encumbró
Muñoz Ledo pide al PRI la autenticidad que él no le dio
Francisco Ortiz Pinchetti
Porfirio Muñoz Ledo, que como cabeza visible de una autodenominada corriente “nacionalista democrática” dentro del PRI reclama ahora juego abierto, público, ante la sucesión presidencial, fue en su tiempo fiel encubridor, diligente ejecutor e inclusive beneficiario director de la práctica del “dedazo”
Hombre cercanísimo a Luis Echeverría Alvarez, vivió como pocos la transición entre éste y su heredero, José López Portillo Dirigente nacional del PRI por fulminante “dedazo” presidencial, avaló la designación del futuro presidente de México a partir de una decisión personal, solitaria, omnipotente de su antecesor y no sólo eso: fue pieza clave en la maniobra echeverrista que cuajó en el destape
Fuera hoy del carro del poder, Muñoz Ledo impugna lo que ayer, encumbrado en el aparato político, alabó sin empacho
Así, su propuesta de democratizar al partido y abrir al debate el tema de la sucesión, a todas luces saludable y necesario, se convierte en incoherencia y toma visos de ardid claramente futurista
Los hechos lo atrapan, irremisiblemente
Secretario del Trabajo de Echeverría Alvarez, precandidato a la Presidencia, joven ideólogo del gabinete, Porfirio Muñoz Ledo fue designado presidente del PRI el mismo día en que ocurrió el destape de López Portillo, el lunes 22 de septiembre de 1975 Echeverría lo utilizó para desplazar de la dirigencia del partido a Jesús Reyes Heroles, el viejo político en el que el presidente había alentado la suposición de un cambio, al menos formal, en el mecanismo de la sucesión “Primero el programa y después el hombre”, había postulado Reyes Heroles al emprender una consulta nacional para la elaboración del Plan Básico de Gobierno; pero antes de que éste fuera dado a conocer, Echeverría precipitó su decisión a favor de López Portillo
Muñoz Ledo entró al relevo Lejos de cuestionar el procedimiento del “dedazo”, lo apoyó Y lo encubrió: repitió la consigna ritual de que la nominación del candidato era resultado de la expresión libre de la voluntad mayoritaria de los militantes priístas
Al tiempo, sin embargo, sería desmentido por el propio Echeverría Alvarez, expresidente ya, cuando relató la forma en que, solo, decidió por sí y ante sí la designación de su sucesor También López Portillo acabaría por contradecir la tesis defendida por Muñoz Ledo, al aceptar el papel preponderante del mandatario en turno como “fiel de la balanza” a la hora de la decisión política más importante del sistema mexicano
Muñoz Ledo calló en su momento y logró acomodo también en el gobierno de López Portillo, que lo hizo su secretario de Educación Pública, cargo desde el que alentó otra vez sus ambiciones presidenciales Inopinadamente, sin embargo, fue removido del cargo un año después de iniciado el sexenio Más tarde sería hecho embajador de México en las Naciones Unidas Sustituído el año pasado por Mario Moya Palencia, quedó fuera, desempleado como político
Ahora reaparece, en momento en que ocurre una prematura efervescencia política con visas a la todavía remota sucesión presidencial de 1988 Y encabeza a los democratizadores del PRI
LOS TIEMPOS DE PORFIRIO
Ninguna reforma en tal sentido intentó por cierto Muñoz Ledo durante el año en que pudo hacerlo, como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI Bien distinto pensaba entonces el joven personero del echeverrismo Ni por asomo la radical crítica que hoy hace al partido
Al tomar posesión como máximo dirigente priísta, el 25 de septiembre de 1975, recién destapado López Portillo, se refirió a la sucesión:
“Son importantes los programas y los hombres, ha dicho el presidente Echeverría en su V Informe Por eso, al tiempo que se preparaba nuestro partido para definir la estrategia y la táctica de los años venideros, fue encontrando entre sus militantes más dignos y esclarecidos al hombre que, por su honestidad, por su rectitud ideológica, por su apego a nuestra ideología constitucional, por su probada experiencia, por su energía vital y moral, por su capacidad de organización y de concreción de los principios de la Revolución, habrá de ser el abanderado de nuestro partido”
Postuló Muñoz Ledo que “la renovación de los hombres en los puestos de mando, que es principio cardinal de nuestro sistema político, nos da a los militantes del partido, y al pueblo de México, la capacidad de optar”
Abundó todavía:
“Sólo un pueblo que es libre puede elegir; sólo un pueblo que es libre puede sacar de su propia entraña al mejor y a los mejores de sus hombres para conducir sus destinos”
El PRI era entonces un partido sin tacha: “Un partido histórico, un partido que se realiza en la historia, merced a la coherencia de sus principios, a su cercanía con aspiraciones del pueblo, a su alianza con las fuerzas fundamentales que forman el frente nacional revolucionario” Y advertía Muñoz Ledo: “Estamos cerca de una hora, por excelencia en la vida de nuestro instituto político; de una hora en que el pueblo se convierte en partido y el partido se convierte en pueblo; pueblo: una hora en que el deber de todos los militantes, de todos los dirigentes, es dejar a un lado ambiciones y personalismos y seguir la divisa trazada por el presidente Echeverría: obediencia y lealtad Obediencia al mandato del pueblo, lealtad a los hombres y a las instituciones”
Ocho meses después, en el mitin de cierre de campaña del candidato López Portillo, el dirigente priísta dijo:
“El PRI decidió en 1975 concretar su ideología en programa Recogió demandas y aspiraciones, evaluó recursos y posibilidades para formular un Plan Básico de Gobierno destinado a orientar el esfuerzo colectivo durante seis años Simultáneamente, determinó la postulación como candidato a la Presidencia de la República de un ciudadano que por su patriotismo, lealtad a las causas populares y su capacidad para organizar las tareas del cambio, garantizara un firme avance en el cumplimiento de nuestro proyecto histórico”
Aseguró que el PRI “ha demostrado, de nueva cuenta, que no es un círculo cerrado de profesionales de la política, sino una gran institución nacional, un organismo abierto a la participación de todos los mexicanos que deseen contribuir al progreso y a la transformación del país”
Cinco años después, en vísperas ya de un nuevo destape, el propio Luis Echeverría Alvarez revelaría la forma en que escogió a López Portillo como su sucesor, por supuesto al margen del partido En una entrevista publicada por El Universal, en abril de 1981, el expresidente confió:
“López Portillo supo en los primeros días de junio —cuatro meses antes de su destape— quien sería el siguiente Primer Mandatario Yo personalmente le di a conocer la resolución, en discretísimo coloquio”
Echeverría fue insólito, inesperadamente claro:
“No tuve dudas, en el momento decisivo, sobre quién sería mi sucesor Estaba consciente de que el principal problema del país era el financiero y que, obviamente, correspondería enfrentarlo a mi secretario de Hacienda, quien había compartido conmigo los ataques de una iniciativa privada reaccionaria y obtusa, que no vacilaba en colocar sus fondos en el exterior, en su afán de doblegarme
“Pero sí tuve un secreto que guardé celosamente y que sólo revelé al interesado cuatro meses antes de que se diera a conocer públicamente quién sería el nuevo presidente”
El hombre que como presidente de la República había negado toda injerencia en la sucesión, que había fintado a todos, reconocía como expresidente la verdad de los hechos Contó Echeverría en esa entrevista:
“El 11 de abril de 1975, el secretario de Recursos Hidráulicos, echeverrista, Leandro Rovirosa Wade, estando en el ejido La Nopalera, en Morelos, alegremente, con ese tropical carácter de los tabasqueños, candidateó a Mario Moya Palencia, Hugo Cervantes del Río, Porfirio Muñoz Ledo, Augusto Gómez Villanueva, Carlos Gálvez Betancourt y José López Portillo Este, que era el último en la lista, supo en los primeros días de junio quién sería el siguiente Primer Mandatario Yo personalmente le dí a conocer la resolución, en discretísimo coloquio”
Por su parte, José López Portillo, que como presidente negó también que el mandatario en turno sea el que designa a su sucesor, acabó por reconocer, al final de su mandato, que era “el fiel de la balanza”, determinante su opinión en el momento de decidir
En esa forma, precisamente los dos presidentes en cuya transmisión del poder fue figura destacada Muñoz Ledo, asumieron finalmente una realidad secreta negada del sistema político mexicano
EL NUEVO DEMOCRATA
Ahora Muñoz Ledo pide abrir el juego de la sucesión, para sanear al sistema y democratizar al partido No más tapadismo, no más especulación, pide Y hace la crítica a fondo del partido
En una insólita reunión convocada por el IEPES del PRI y efectuada en Tepic, Nayarit, el pasado 21 de octubre, Muñoz Ledo instó a emprender la “reforma a fondo” del partido y, con miras a la sucesión presidencial, expuso la necesidad de que los aspirantes a la Presidencia de la República renuncien a sus cargos públicos, se sometan al debate nacional y desvinculen sus campañas de los recursos de la administración pública
El expresidente del CEN del PRI fue uno de los oradores que participaron en una especie de mesa redonda sobre el partido y la renovación política del país Predominaron entre los ponentes políticos identificados con el echeverrismo, como el propio Muñoz Ledo, Augusto Gómez Villanueva, Juan José Bremer, Heriberto Galindo y Enrique Soto Izquierdo En la misma corriente se ubica Alejandro Carrillo Castro, director del ISSSTE y presidente del Consejo Consultivo del IEPES, convocante del encuentro
La intervención de Muñoz Ledo fue no solamente la primera, sino la más sólida, central de la reunión Algunas de sus afirmaciones fueron las siguientes:
—La tendencia casi instintiva a retener el poder electoral, aun a costos desproporcionados, no nos ofrece respuestas válidas y nos coloca en cambio en riesgo de tener para mantenerlo un día a cualquier precio, con grave deterioro de nuestro sistema constitucional
—Afirmar que la apertura de los espacios democráticos dentro del partido y la movilización de sus bases favorecen a las fuerzas de la derecha, sería admitir que las vías autoritarias son las que mejor garantizan nuestra integridad nacional y el desarrollo igualitario del país, lo que resulta contrario a las lecciones de la historia, de la vida cotidiana y de la geopolítica que se invoca
—La tarea es compleja y va a demandarnos un extendido proceso de reflexión y de consulta previo a las decisiones políticas y programáticas que habremos de tomar con vistas a las elecciones federales de 1988
—La reforma central que debiéramos propiciar se refiere al concepto mismo del poder, cuyas reminiscencias medievales nos vedan una convivencia cabalmente contemporánea El poder en la sociedad moderna no es ya más un privilegio legado o una potestad excluyente que se disminuye o se agota en la medida en que se comparte Ceder lo necesario para salvar la unidad y renovar los equilibrios no es renuncia de autoridad ni es preciso debilitar a los demás para preservar la rectoría sobre los procesos fundamentales de la nación
el partido no es una sucesión de complicidades, sino una alianza de clases y corrientes históricas Si las tendencias concentradoras del poder económico y sus aliados dentro del aparato estatal lograran acallar o uniformar la pluralidad vital de sus sectores y sus militantes, la Revolución Mexicana acabaría en recurso retórico, apenas utilizable para enmascarar cualquier tipo de gobierno y cualquier variante de entregismo
—Tenemos en puerta la ocasión inmejorable para poner en ejercicio nuestros propósitos de reforma Una sucesión presidencial sobre la que pesan las apuestas más amenazantes del hegemonismo y las esperanzas más entrañables de la comunidad nacional Una decisión en la que se juega el destino de generaciones
—Tendremos la sagacidad histórica para discernir los métodos y los tiempos apropiados que nos permitan esquivar las acechanzas externas y asegurar con el respaldo del pueblo un porvenir soberano, o nos conformaremos con la réplica degradada de obsoletos procedimientos, a medias ocultos, que no reflejen siquiera las composiciones de fuerza que constituyen la dinámica histórica de nuestro partido
—He ahí el reto de esta hora: la gran mayoría de los mexicanos optamos por una nítida definición del programa nacional y el debate abierto sobre los hombres que aspiran a realizarlo; desprovisto, ello es indispensable, de todo cargo administrativo si lo tuvieran para no propiciar dualidades inconvenientes ni auspiciar la utilización de fondos públicos a objetivos distintos a los previstos por la representación popular
el método de postulación de candidato habrá de obedecer a la necesaria transparencia de las consultas con los militantes y sus organizaciones Los procedimientos para alcanzar la máxima pureza de la representación, compatible con nuestra realidad y legítimas tradiciones, debieran ser desde ahora debatidos en el seno del partido
—No veo la razón por la cual la práctica de la verdad política nos hace vulnerables Lo que nos debilita es el disimulo y la maniobra reptante Nos fortalece por el contrario la limpieza del propósito y la credibilidad de la conducta México no es una isla ni pretende serlo, pero podría convertirse en una península si perseveráramos en la castración del engaño
Así dijo Porfirio Muñoz Ledo








