La inflación, inevitable y el FMI, dañino

La inflación, inevitable y el FMI, dañino
Cambio inmediato de políticas, aconsejan los economistas del presidente
Carlos Acosta
En el marco de las discusiones que se desarrollan en el sector económico del gobierno para decidir qué hacer frente a la actual crisis, el Comité de Asesores Económicos del presidente De la Madrid es tajante:
O se rompe con el Fondo Monetario Internacional —si no se accede a una negociación “más razonable”— y se cambian algunos instrumentos de política económica, o se condena a la economía nacional a daños irreversibles
Es hora ya de hacer a un lado las actitudes tibias, pues el desplome del precio del petróleo y la disminución del volumen de exportación han provocado un “choque” externo, sin precedente en la historia moderna del país, que no deja lugar a las contemplaciones
Este planteamiento fue hecho por Leopoldo Solís, presidente del Comité de Asesores Económicos, durante la reunión del Gabinete Económico efectuada el viernes 16 de mayo En un documento de 12 cuartillas, leído ante los funcionarios de primer nivel, incluidos los titulares de las secretarías de Hacienda y Crédito Público, Programación y Presupuesto, Contraloría General de la Federación, Comercio y Fomento Industrial, Energía, Minas e Industria Paraestatal y Agricultura y Recursos Hidráulicos, y del Banco de México, los asesores presidenciales plantearon seis puntos básicos para hacer frente a la difícil coyuntura económica:
—No aceptar más imposiciones del FMI y, de ser necesario, romper con él y negociar directamente con los acreedores
—No permitir que el ajuste a que obliga el choque externo recaiga totalmente en el país
—Liberar gradualmente el crédito, porque la astringencia crediticia prolongada puede causar daños irreversibles en la estructura productiva
—Reconocer que si es brutal el choque externo provocado por la caída petrolera, necesariamente tendrán que ser considerables los efectos en la actividad económica, el empleo y, sobre todo, en la inflación
—Aceptar que la prioridad de la política económica para 1986 no debe ser ya la inflación, sino la protección y el impulso de la economía “Es preferible permitir que la inflación aumente que tolerar que la planta productiva resienta males mayores”
—Definir y poner en marcha de inmediato la estrategia económica que se vaya a seguir, con el fin de evitar que la economía siga deteriorándose a la velocidad en que lo viene haciendo y para abatir la incertidumbre que cada vez merma más “la ya de por sí muy escasa credibilidad en los anuncios gubernamentales de política económica”
El documento de los asesores económicos del presidente, presentado por Leopoldo Solís —uno de los economistas conservadores más reconocidos del país, subdirector del Banco de México durante casi dos sexenios y eterno enemigo de los economistas vinculados a la CTM y, en general, a los que sustentan una posición contraria al conservadurismo y la ortodoxia monetarista— levantó ámpula en el Gabinete Económico, donde quien más estuvo en desacuerdo fue el director del Banco de México, partidario tradicional de un acercamiento más estrecho al FMI y de una amplia restricción al circulante, así sea a costa de un deterioro creciente de la estructura productiva nacional
El disgusto de varios miembros del gabinete económico por el documento de Solís se debió no sólo por su tono —de crítica a algunas de las medidas que hasta ahora se han defendido a toda costa, como la restricción crediticia prolongada— y el tipo de soluciones que propone —romper con el Fondo y liberar gradualmente el crédito, entre otras—, sino también porque el documento es, de hecho, un reconocimiento presidencial implícito de la incapacidad del Gabinete Económico para definir una estrategia económica adecuada para hacer frente a los problemas que está creando la caída drástica de los ingresos petroleros
En efecto, desde febrero pasado, cuando sobrevino el desplome de los precios del hidrocarburo, el Gabinete Económico reconoció, aunque nunca públicamente, que el país enfrentaba una situación de emergencia mucho más grave que la ocasionada por los sismos de septiembre del año pasado A partir de allí se empezó a trabajar en el estudio de una estrategia económica distinta para responder a la actual crisis Pero hasta el momento, por más que se han discutido y analizado distintas opciones —incluyendo las visitas a Brasil y Argentina para observar de cerca los resultados de sus respectivos planes económicos de corte heterodoxo—, el Gabinete Económico nada ha decidido
Pero aún, ha preferido seguir con los caminos tradicionales: intentar otro acuerdo con el FMI y aceptar las exigencias del exterior, marcadamente la disminución de la presencia del Estado en la economía
INFLACION INEVITABLE
Como lo sugiere para la toma de decisiones en el corto plazo, el documento de los asesores económicos no se anda con contemplaciones: “El choque externo —provocado por el desplome petrolero, del que se derivan necesidades financieras de entre 8,000 y 10,000 millones de dólares— es considerable y considerables tendrán que ser sus efectos en términos de inflación, empleo y actividad económica
“Si bien parece tautológico —advierte—, es preciso recalcar que los impactos desfavorables siempre tienen efectos desfavorables Debemos rechazar estrategias que, supuestamente, permitirían sortear la crisis sin costo alguno, ya que en la situación actual del país sólo servirían para distraer la atención del problema fundamental e inescapable del momento actual: ¿cómo se hará frente a la menor disponibilidad de recursos reales a consecuencia del severo choque externo?”
Los asesores económicos del presidente en voz de Solís, piden al Gabinete Económico que no se ande con rodeos: los costos económicos y sociales de las medidas que deben tomarse son inevitables:
“Un aumento de la inflación es una consecuencia inescapable (subrayado en el original) del ajuste interno necesario para acomodar racionalmente el choque externo El no reconocer esta fatalidad y detener el desliz del tipo de cambio podría reducir la inflación algunos meses, pero a cambio de una inflación mucho mayor en el futuro”
En este punto, Solís es partidario de continuar con la actual política cambiaria, aun a costa de que se ceda en el control de la inflación “Durante el primer trimestre del año en curso, el manejo flexible del tipo de cambio ha evitado que se produzcan fuertes fugas de capital, a pesar de las malas perspectivas de la economía Incluso, cierto grado de sobreajuste puede ser conveniente para tener un margen de maniobra con que hacer frente a los ataques especulativos que se produzcan Con un tipo de cambio relativamente inflexible al alza, es imposible parar la especulación, la que ante la necesidad de devaluar tarde o temprano, se convierte en un negocio seguro”
Por tanto, “la actual política cambiaria no debe ser abandonada con el propósito de controlar la inflación”
Más aún, la efectividad de la política cambiaria, dice Solís, se ha visto reforzada por el manejo de las tasas de interés, la restricción crediticia y una contracción del déficit público en flujo de efectivo durante los tres primeros meses del año
Gracias a ello, apunta, se “ha mantenido relativamente baja la tasa de inflación, a pesar de que el tipo de cambio controlado se ha venido devaluando, durante el trimestre, a un ritmo anual de 163%
Sin embargo, y aquí viene una de las críticas más directas a uno de los instrumentos de política económica más caros al gabinete económico, “no es posible ni conveniente que el período de contracción del crédito se extienda demasiado
“Es preferible —asienta— permitir que la inflación aumente que tolerar que la planta productiva resienta males mayores, al ser desplazada del uso del crédito para financiar el déficit público de manera menos inflacionaria” La propuesta es clara: “en 1986 la prioridad debe ser la de proteger el funcionamiento de la economía —y no la inflación— ante el impacto del derrumbe de los precios del petróleo”
En este punto, Solís hace un reconocimiento, que de paso se constituye en una crítica indirecta a la Secretaría de Hacienda y al Banco de México: “La economía mexicana se encuentra actualmente en terrenos desconocidos El aparato productivo nacional difícilmente ha enfrentado antes restricciones crediticias tan agudas y prolongadas como las vigentes Aunque no es posible pronosticar cuánto tiempo más sea posible sobrellevar esta situación, no resulta aconsejable mantener la presente astringencia crediticia ante el peligro de quiebras masivas y despidos generalizados que, una vez desencadenados, resultarían difíciles de contener y revertir”
Ante ello, sugiere Solís, “la expansión crediticia requiere hacerse en forma gradual y cautelosa, y necesariamente debe ir acompañada de políticas cambiarias y de tasas de interés flexibles y realistas Sólo así será posible atenuar las presiones sobre las reservas internacionales y evitar una desintermediación financiera excesiva”
Hasta ahora, acepta, la restricción crediticia se ha justificado porque es el principal instrumento del que se ha valido la política económica para mitigar los efectos inflacionarios de las modificaciones cambiarias Pero debe entenderse ahora como una medida para ganar tiempo, transitoria en tanto no se sabe qué tanto del “choque” externo será absorbido internamente, en qué condiciones y en qué tiempo Y en función de ello está que se mantenga a la alza o a la baja el tipo de cambio:
“Si se llega a pactar con los acreedores una transferencia de recursos al exterior para este año menor a la implícita en los acuerdos anteriores, entonces el deslizamiento del tipo de cambio necesario para acomodar dicha transferencia será también menor” Pero si no se reduce esa transferencia, lo mejor es que el tipo de cambio se siga ajustando, al alza, con las reglas actuales que toman en cuenta la disponibilidad observada y no la esperada
NO RESTRINGIR MAS EL CREDITO
Mientras no se resuelva la incertidumbre que priva acerca de los acuerdos que se podrán alcanzar con los acreedores, el desliz cambiario no podrá desacelerarse, pero aun cuando esto pudiera hacerse, una vez pactado con los acreedores un acuerdo positivo para el país, sería difícil que descendiera la inflación a un nivel menor al propiciado por el deslizamiento en la primera parte del año, debido a la fuerte inercia inflacionaria
Y el problema más grave de todo esto es que la restricción crediticia con que se quiere mitigar los efectos inflacionarios de las modificaciones cambiarias “ya se ha prolongado demasiado, al punto de que pronto nos preguntaremos: ¿qué será peor, el remedio o la enfermedad?”
De ahí que los asesores económicos consideren como “imprescindible” que se llegue pronto a un acuerdo respecto al servicio de la deuda y los recursos frescos disponibles del exterior Si no es así, “la situación puede tornarse sumamente crítica en los próximos meses Es preciso persuadir a los acreedores a llegar rápidamente a acuerdos en los que no todo el peso del ajuste recaiga sobre el país y que tomen en cuenta la situación por la que atravesamos”
Incluso, muy probablemente será inevitable el uso de algunas medidas unilaterales de carácter temporal, cuya eliminación fuera condicional a la realización de negociaciones realistas y aceptables”
Y aquí la propuesta medular del Comité de Asesores Económicos del presidente, la posibilidad de romper con el FMI y no aceptar más sus tradicionales imposiciones, hecha justamente cuando el Gabinete Económico negocia la firma de nuevo acuerdo con el organismo y se hacen en la economía los ajustes exigidos desde el exterior, sobre todo la disminución de la presencia del Estado en la economía
Dice el documento: “Un factor que habrá que considerar para alcanzar un acuerdo rápido es la posición que asumirá el Fondo Monetario Internacional En las circunstancias actuales la magnitud de los problemas ha rebasado tanto a la capacidad del Fondo para proponer medidas efectivas, como al marco teórico con que sus expertos analizan los problemas de pagos internacionales El FMI puede convertirse, ahora, más en un obstáculo que en una ayuda para alcanzar acuerdos razonables”
Y no es que deban cerrarse las puertas a toda negociación o cambio de impresiones con el organismo, sino que de plano es difícil que éste acepte un déficit financiero de entre 12% y 13%, que para nuestra economía es ya de por sí un esfuerzo importante de ajuste interno
Explica: “El presupuesto de 1986 contemplaba un déficit financiero de salida de 5% del PIB Aun bajo los supuestos del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), esa meta parecía prácticamente imposible de alcanzar En 1985 se había anunciado un déficit similar y se terminó el año con uno del 10% El PEF contemplaba que para alcanzar la meta de déficit financiero era necesario obtener un superávit primario (es decir, sin incluir intereses de la deuda pública) de 79% del PIB, cuando en 1983 se logró un nivel récord de 5% del PIB Si al déficit financiero de salida sumamos el impacto probable de la caída del petróleo de 5% del PIB y un incremento probable de 3% del PIB en el pago de intereses, debido al aumento de la inflación (quizá cercana al 100%), terminaríamos con un déficit del 13% Ello, sin tomar en cuenta el efecto depresivo que sobre los ingresos fiscales reales tendrán una recesión y una inflación mayores a las previamente esperadas”
DE DEFICIT A DEFICIT
El problema, según los asesores, es que la concepción de déficit financiero del FMI resulta insuficiente para el tamaño del choque externo Anteriormente, para hacer frente racionalmente a los choques del exterior era necesario tener una gran flexibilidad de ajuste en el tipo de cambio y la tasa de interés (es decir, devaluar y limitar el crédito), pero aceptarlo ahora —toda vez que “el déficit financiero contable no es un instrumento de política económica sino una variable endógena que depende fuertemente de la inflación”— es inconveniente e inadecuado desde una perspectiva teórica
Un “choque” de la magnitud del actual —señala—, genera “un conflicto irreconciliable entre el ajuste interno y el mantenimiento de un déficit financiero contable bajo: más ajuste cambiario implica más inflación, la que lleva a un mayor déficit contable por su impacto en el pago de intereses”
Y más agresivo: “no podemos quitarnos flexibilidad para tomar medidas sólo por satisfacer un criterio deficiente de ajuste La filosofía del Fondo padece una inconsistencia lógica al mantener el objetivo de déficit financieros contables decrecientes y recomendar ajustes cambiarios en presencia de choques externos”
Para negociar con el Fondo, proponen los asesores, hay que poner como condición que se cambien los candados del déficit financiero por algún criterio que fije compromisos sin limitar el margen de maniobra de la política económica “Dos alternativas posibles son: el déficit primario (que mide el esfuerzo real de ajuste financiero) o el déficit operacional (que elude la ilusión monetaria presente en el déficit financiero contable, al eliminar la parte del pago de intereses que no representa una erogación real, sino que sólo compensa por la erosión inflacionaria del principal)”
Están conscientes los proponentes que el FMI difícilmente aceptará un déficit superior al del año pasado (10%), ni cambiar las reglas ortodoxas de fijación de candados Sin embargo, como urge que se tome una decisión sobre qué parte del choque externo se absorberá internamente este año, no hay lugar para “demasiadas contemplaciones”
Y apuran los economistas presidenciales: “Se debe sondear de inmediato si el Fondo está dispuesto a cambiar los criterios de ajuste y a moverse en rangos realistas y aceptables en la fijación de metas financieras Si nos enfrentamos con una actitud cerrada, se debe proceder a negociar directamente con los acreedores”
Hacerlo, reconocen, implica riesgos, sobre todo en el corto plazo, pero todo indica que tendrá que procederse así Mejor adoptar ahora esa estrategia (negociar directamente con los acreedores) “que cuando la situación interna de la economía se haya deteriorado al grado de cancelar, por mucho tiempo, su capacidad de recuperación Tenemos recursos para recuperarnos y pagar la deuda, siempre y cuando nos ofrezcan plazos y condiciones adecuados, que no conviertan una crisis de liquidez en una crisis de solvencia Si cumplimos con cualquier condición de pago que se nos quiera imponer, el costo en términos de daños irreversibles a la estructura económica interna podrá superar, con mucho, al choque externo que se intenta financiar”
Una alternativa distinta, señalan, sería la firma de un acuerdo tradicional con el Fondo, pero caeríamos en lo mismo: los efectos, siempre de corto plazo, se diluirían al poco tiempo y los compromisos en las metas financieras serían difíciles de cumplir, precisamente por la propia inconsistencia lógica del acuerdo tradicional con el organismo
Sin embargo, concluye el documento, cualquiera que sea la estrategia que se vaya a seguir, “debe ser definida y puesta en marcha de inmediato La incertidumbre actual ha propiciado que algunos funcionarios hayan manifestado, tanto interna como externamente, la posibilidad de que se adopte una meta de déficit financiero contable en el rango de 8-9% Como esta meta es inalcanzable (requeriría una contracción del gasto público programable de alrededor del 40% en términos reales), lo único que se logra es que se siga minando la ya de por sí muy escasa credibilidad en los anuncios gubernamentales de política económica”