EL PLAN DE DESARROLLO LOGRO TODO LO IMAGINADO

EL PLAN DE DESARROLLO LOGRO TODO LO IMAGINADO
Eduardo González R
La credibilidad del discurso económico oficial sufre un grado de desgaste que es al mismo tiempo penoso y alarmante En las últimas semanas, una tras otra, hemos visto pasar ante nosotros las ocasiones que se le han presentado al gobierno para explicar claramente cómo ve y cómo piensa enfrentar la gravísima situación económica en que nos encontramos, y una y otra vez nos hemos quedado con la sensación de que el deliberado tono rutinario y anodino de los planteamientos oficiales se funda en la íntima convicción tecnócrata de que el nuestro es un pueblo de débiles mentales, al que se le puede ofrecer, reiterada e impudentemente, gato por liebre
Que existe base sólida para interpretar así la conducta estatal lo puede ilustrar un somero análisis del Informe de Ejecución del Plan Nacional de Desarrollo, que el Poder Ejecutivo Federal envió a la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, el martes 1o de abril
Se trata de un extenso documento (de más de 450 cuartillas) en el que se teje una meticulosa red de palabras y datos que posee un atributo singular: no consigue atrapar los temas centrales de la coyuntura actual O para decirlo con otra metáfora, es como la interminable fase cabalística de un mago que pretende hacer invisible un elefante
El informe lanza por delante auténticas ruedas de molino del siguiente tipo:
—”En lo económico se ha superado la situación de emergencia que prevalecía a finales de 1982″
—”Se han protegido y ampliado las fuentes de trabajo, se ha logrado un notable saneamiento de las empresas del país e impulsado la producción agropecuaria Estas acciones han evitado el desplome de nuestro aparato productivo y el empleo y han fortalecido la recuperación de la economía nacional, en forma incluso superior a la prevista”
—”El financiamiento del desarrollo se ha reorientado sobre bases más amplias de ahorro interno y tributación”
—”Hay avances significativos en la atención de los derechos sociales en salud, alimentación, educación y vivienda”
—”La corrección de los desequilibrios fiscales se ha efectuado sin abandonar los objetivos de proteger fiscalmente a los grupos de menores ingresos, defender el empleo, mantener y ampliar la prestación de los servicios sociales que brinda el Estado/ / De esta forma, se ha cuidado evitar la reducción en el gasto destinado a proporcionar servicios educativos, de salud y vivienda, así como prestaciones económicas y sociales de los trabajadores”
—Con la reestructuración (de los 48,000 millones de dólares de la deuda externa, concertada el año pasado) es posible mejorar los ritmos de crecimiento económico y brindar margen para poner énfasis en los aspectos internos de la política económica/ / Sin embargo, las perspectivas del mercado petrolero obligarán a revisar las condiciones financieras del servicio de la deuda Por lo tanto, es necesario ajustar las condiciones a la capacidad de pago del país/ / Se debe propiciar la operación de nuestro sistema económico y la indispensable recuperación de nuestra capacidad de crecimiento y de generación de empleos”
Tales son las principales tesis interpretativas en que se apoya una conclusión decisiva: “hoy más que nunca son vigentes las dos líneas fundamentales de acción: la reordenación económica y el cambio estructural, integrante de una concepción estratégica que permanece inalterada”
No se requiere de ningún esfuerzo para localizar los argumentos que revelan la falta de vigor de los planteamientos oficiales Veamos algunos
En primer lugar, no tiene ningún significado a estas alturas, afirmar que se superó la emergencia de fines de 82, cuando es evidente que los acontecimientos de los últimos meses nos han reintroducido en una crisis de una profundidad y complejidad que hacen ver el anterior final de sexenio como un mero ensayo de la sacudida económica que hoy enfrentamos
El pretendido fortalecimiento de la capacidad de recuperación de la economía nacional se encuentra hoy hecho polvo Analistas como el grupo Diemex-Wharton —insospechable de catastrofismo o antigobernismo, sino más bien lo contrario— estiman que este año caerá la producción nacional en 35% y que las tasas de crecimiento para lo que resta de los ochenta apenas alcanzarán para lograr un aumento anual promedio del uno por ciento Esto equivale a un virtual estancamiento productivo en el mediano plazo Ante semejante panorama ¿cuál es el sentido de hablar del “fortalecimiento de la capacidad de recuperación de la economía nacional”?
Es igualmente engañosa la afirmación de que los niveles ocupacionales se han mantenido estabilizados en los últimos años Porque si bien el volumen de la población que tiene un empleo se ha mantenido en promedio alrededor de los 20 millones en los últimos tres años, el tamaño del grupo poblacional que está en condiciones y disposición de trabajar (lo que se conoce como población económicamente activa) ha pasado de 235 a 26 millones de personas
Esos dos millones y medio de potenciales trabajadores han ido a incorporarse a las filas del desempleo abierto o de los empleos ocasionales, irregulares y con ingresos de infrasubsistencia (lo que se denomina empleo en el sector informal de la economía) Esto ha llevado a que la tasa de desempleo encubierto (desempleo abierto más empleo informal respecto a la población económicamente activa total) se haya movido del 16 al 215% en los últimos tres años, con el agravante adicional de que las proyecciones sugieren que al finalizar el decenio la tasa estará colocada en 32% ¿Cómo es posible, entonces, que se pretenda pasar por alto la tragedia social que estas cifras dibujan mediante el expediente vulgar de una manipulación estadística?
La afirmación oficial que considera un logro significativo el fortalecimiento del ahorro interno, porque ha permitido un cambio de calidad en el financiamiento del desarrollo, esconde también una situación aberrante Como se sabe, sólo se puede ahorrar lo que no se gasta; para una economía en su conjunto, sólo se puede ahorrar lo que no se consume; por ello, para elevar el porcentaje que se destina al consumo Por otra parte, sólo se puede financiar la inversión con ahorro (propio o ajeno) No puede usted hacerse de una casa si gasta de manera permanente el total de sus ingresos (a menos que se gane la lotería o alguien se la regale) Lo mismo ocurre con un país Si quiere invertir en maquinaria, carreteras, escuelas, etcétera, debe destinar una parte del ingreso al consumo y otra (el ahorro) a la inversión, ahora que, si adicionalmente puede conseguir recursos externos (ahorro de otras economías) para financiar inversión, pues todavía mejor
Nuestra economía tradicionalmente ha ahorrado 20% del PIB y ha invertido eso, más unos tres puntos que han provenido de financiamiento externo Pero las cosas han cambiado en los últimos tres años El ahorro interno se ha elevado del 21 al 23%, pero la inversión ha bajado del 21 al 19%, es decir, en medio de la crisis hemos estado ahorrando más de los que invertimos ¿Y a dónde va a parar ese ahorro excedente? A las economías centrales, principalmente Estados Unidos Resulta entonces, que nosotros, con enormes rezagos sociales y económicos acumulados, en medio de una crisis que tiene trabada nuestra maquinaria económica y ante un horizonte obscuro y ominoso, nos vemos en la situación de hacer enormes esfuerzos para ahorrar más y financiar con ese esfuerzo adicional a la economía más poderosa de la tierra Y encima se pretende presentarnos este fenómeno como un mérito de la política económica del gobierno
Y qué decir de los proclamados avances en materia de salud, alimentación, educación y vivienda En el mencionado informe de ejecución se dedican 70 cuartillas al renglón de política social: una aglomeración desordenada de las acciones estatales en esa materia que no traduce ni un diagnóstico ni una políticas con objetivos claros Frente a este desorden interesado, que impide cualquier posibilidad de relacionar lo que se hace con la magnitud de los requerimientos, hasta referir un par de ejemplos para hacerse una idea de cómo evolucionan las cosas
Héctor Salazar Holguín, de la Maestría en Medicina Social de la UAM-Xochimilco, ha encontrado que las consultas anuales por derechohabiente proporcionados por el IMSS y el ISSSTE han disminuido en 50% en lo que va de este decenio Los exámenes clínicos, que hace diez años se practicaban dos por persona al año, en los 80 han disminuido a 14 y las operaciones han decrecido 12% (El Financiero, 1/IV/86, p 16) De lo que esto nos habla es de un hecho simple: la acumulación de la demanda de servicios médicos está superando ampliamente la capacidad material de ofrecerlos, situación que es en sí misma preocupante, pero que adquiere dimensión todavía más si consideramos que se refiere sólo al 40% de la población total, que es la que posee seguridad social ¿Qué estará ocurriendo con el otro 60%, que no tiene cobertura de seguridad social?
En el terreno alimentario hay que partir del hecho de que al iniciarse este decenio 55% de la población mexicana se encontraba por debajo del consumo de los mínimos calóricos y proteínicos establecidos por el Instituto Nacional de Nutrición y la FAO, y según estimaciones oficiales, tan sólo entre 1982 y 1984 se observó un descenso entre 10 y 18%, en promedio, según diversos grupos de ingresos, en el consumo de proteínas y calorías (Enrique Provencio, “Crisis y condiciones de vida”, diciembre de 1985) ¿En qué se funda, entonces, la idea de que pese a la crisis estamos remontando los rezagos alimentarios? Y así por el estilo están las cosas en vivienda, educación, recreación, etcétera
Por otra parte, quizá convenga apuntar que hay un párrafo en el texto que se comenta que parece un parche fuera de tono; es el que se refiere a la idea de compatibilizar la política de deuda externa con la necesidad que tiene nuestra economía de crecer Pareciera un eco perdido del memorable discurso presidencial del 21 de febrero pasado, pero sólo eso, eco de palabras que no están siendo ratificadas por los hechos, eco de palabras que se llevó el viento
Finalmente, también llaman la atención los temas ausentes No hay nada digno de consignar en materia de deuda interna, inflación, fuga de capitales, ni petróleo, todos ellos temas capitales en el momento actual Quizá se deba a que la falta de respeto que los tecnócratas muestran por el mexicano medio es extensiva a esos mexicanos de excepción que están obligados a perder el tiempo en el elefante blanco que está en San Lázaro