Una casa ostentosa y un rancho con presa propia
Sahagún Baca, al que no hallan, feliz y respetado en Sahuayo
Miguel Cabildo
SAHUAYO, MICH – Dicen que no lo encuentran Y, sin embargo, Francisco Sahagún Baca se pasea a sus anchas por esta región del noroeste michoacano, su tierra, donde tiene un rancho y varias residencias
El exdirector de la desaparecida División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), hombre de confianza de Arturo Durazo Moreno y uno de los implicados en el tenebroso caso del río Tula, hasta se da el lujo de organizar ruidosas y concurridas fiestas en el caserón que posee en las afueras de esta población, situada a 217 kilómetros de Morelia
Algunos la llaman “la Casa Blanca”, hay quienes la conocen como “la Colina de Sahagún” o “la Colina del Perro Negro”; pero para sus vecinos es simplemente “la casa de Pancho” Se trata de una construcción imponente, ostentosa, que se levanta sobre una pequeña colina en un lugar conocido como “La Puntita”
Ahí, hace apenas una semana, el domingo 6 de abril, hubo fiesta en grande, con mariachis Pancho fue el anfitrión Mucha gente, muchos carros, mucho ruido Así son siempre sus festejos Y lo que preocupa a sus vecinos es el ruido, pero no precisamente de los mariachis, sino el de las R-15
La presencia de Sahagún Baca en Sahuayo a nadie extraña Toda su familia es de aquí Como el propio Pancho, su padre Pascual Sahagún y sus hermanos Jaime, Sergio, Araceli y Guillermina nacieron aquí Jesusita Baca, su madre, es originaria de Pajuarán, un pueblo cercano
El exjefe de la DIPD, supuestamente uno de los hombres más buscados por la policía, no oculta su presencia cuando está en Sahuayo Al contrario Y se sabe que, cuando no radica aquí, está en su rancho “El Capulín” de Jiquilpan, o en Guadalajara
LA CASA DE PANCHO
La residencia que tiene en “La Puntita” está rodeada por una alta barda de piedra tras de la cual sobresale una construcción de estilo colonial mexicano Tiene un portón blanco, de fierro, y en el frontón sobresale un escudo con las iniciales FSB
Según los vecinos, en la casona trabajan seis personas, entre hombres y mujeres, que se encargan del mantenimiento y la custodia Cuando hay fiesta, el personal aumenta en forma considerable La vigilancia está a cargo de Rogelio Guerra, un pistolero a sueldo, miembro de una célebre banda regional, la de Arnulfo González, convertido ahora en el guardaespaldas de Sahagún Baca
La simple mención de Arnulfo González causa temor entre los vecinos del lugar “Arnulfo y su gente no se tientan el corazón para matar”, dicen “Muchos son los delitos que cargan a cuestas, pero nadie hace nada para detenerlos Ellos son de allá, de Ojo de Rana, un lugar que ahora ya es por todos conocido”
La casa de Sahagún Baca en Sahuayo se empezó a edificar cuando era comandante de la Policía Judicial Federal El terreno en que se levanta tiene una extensión de unos 3,000 metros cuadrados
Se llega ahí por una brecha de escasos 200 metros de largo que parte de la carretera vieja que va a Sahuayo El camino está limitado, del lado izquierdo, por una huerta que se afirma es también propiedad del exjefe policíaco Del lado derecho está la finca de Jesús Villaseñor, un rico lugareño, y las humildes viviendas de decenas de campesinos
La casa de Pancho, construida en varios niveles, está circundada por grandes arcos En la parte baja todo es jardín, bien cuidado Tiene una amplísima área de estacionamiento, que se colma de automóviles en los días de fiesta Hay también una alberca volada, enorme
Personal que trabajó en la construcción de la casa cuenta que Pancho mandó edificar inclusive una cripta familiar dentro de la propiedad Su religiosidad nadie la pone en duda Desde lejos sobresalen, entre los múltiples techos de dos aguas, un par de cúpulas
Grandes ventanales con vidrios color humo impiden ver más allá
El contraste entre la opulencia de la casa de Sahagún Baca y la miseria de los jacales de sus vecinos es brutal
“De él sólo recibimos agua”, dicen los campesinos “Ese fue el compromiso que contrajo don Pancho al adquirir la propiedad El que puso esa condición fue el doctor Higinio, y hasta ahora se ha respetado”
Después del domingo 6 de abril, cuando se celebró la más reciente fiesta, todo está en calma en la casa del que fuera brazo derecho del hoy procesado Durazo Moreno Ese día, en cambio, todo fue bullicio, música y jolgorio Los vehículos de los invitados, cuentan los vecinos, formaban auténticas caravanas
“Trocas, camionetas, carros grandes con vidrios oscuros Siempre que don Pancho viene es lo mismo Y de los carros baja pura gente armada”
Armada y adinerada, porque Sahagún Baca tiene entre sus amigos a ricos agricultores y ganaderos de esta región También llega gente desde Guadalajara y México
La casa de Sahagún Baca en Sahuayo no es la única que se le conoce por estos rumbos A unos cuantos kilómetros de Jiquilpan, la tierra de Tata Lázaro, se sabe que es propietario de una vasta extensión de terreno Concretamente, se le atribuye la propiedad del rancho “El Capulín”
UNA BUENA PERSONA
Se dice que Pancho compró ese rancho, situado a 17 kilómetros de Jiquilpan, en plena montaña, a un ganadero de nombre Alejandro Gudiño
Llegar ahí no es cosa fácil, no sólo por lo accidentado del camino Los lugareños dicen que don Pancho “es una buena persona”, pero advierten que, “como están las cosas, ir a `El Capulín’ es como meterse en la cueva del Lobo”
Tres taxistas se negaron a llevar al reportero, argumentando el mal estado del camino Sólo el propietario de una vieja camioneta aceptó hacerlo, mediante una atractiva gratificación “Mire —argumentó—: además de que el camino está de la fregada, quién nos dice que no nos van a cazar por ahí El Arnulfo y su gente son de cuidado y ahora ellos son los guardaespaldas de Pancho”
Inmediatamente después de cruzar el bosque que Lázaro Cárdenas dejó como herencia al pueblo de Jiquilpan se inicia el camino rumbo a “El Capulín” Un camino tortuoso, que atraviesa campos áridos en los que a lo lejos se divisan pequeñas rancherías Las tierras parecen abandonadas No hay agua Todo está seco
“El Capulín” semeja un oasis en mitad del desierto “Estas son las tierras de Pancho”, anuncia por fin el conductor entre el zangoloteo de la brecha De nuevo el contraste: frente a la sequía y la sed de los habitantes de las rancherías cercanas, el verdor y el agua en abundancia en el rancho del expolicía, que hasta presa propia tiene
La propiedad está rodeada por una alambrada de tres metros Dentro, caballerizas, kioscos, una gran bodega, varias casas y el casco de la hacienda, de altas bardas blancas, arcadas y techos de dos aguas cubiertos de teja roja
La entrada del rancho queda a más de 500 metros de la construcción principal Cerca de la entrada, a la izquierda, hay una capilla El recinto religioso queda dentro de la alambrada, pero ocasionalmente se da acceso a él a los vecinos del rumbo
El movimiento en “El Capulín” es mínimo A la distancia, cuatro hombres se ocupan de diversas tareas y hacen caso omiso de la lejana presencia de extraños
Ahí, la paz campirana, protegido, rodeado de comodidades, en retiro feliz, pasa Francisco Sahagún Baca espléndidas temporadas








