Manuel Alonso y Rafael Cardona, en entredicho
“Pedro Baroja”, seudónimo para atacar desde “Excélsior” a críticos del gobierno
Federico Campbell
La paternidad de los artículos firmados con el seudónimo de “Pedro Baroja” —que desde 1983 se publican en la esquina inferior derecha de la página 6 de Excélsior todos los martes— fue atribuida el viernes 13 de diciembre por Margarita Michelena, en el propio Excélsior, al actual Director de Información de la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia de la República: Rafael Cardona Sandoval
En la primera línea de su columna Margarita Michelena, categórica, afirmaba:
“El señor Rafael Cardona, que firma en estas páginas con el seudónimo de Pedro Baroja y escribe por encargo del gobierno, opina en su optimista artículo” Y pasaba a refutar la hebdomadaria defensa del Presidente que cada martes realiza “Pedro Baroja”
“El señor Cardona o Baroja tiene tanto optimismo como mala memoria”, añadía Margarita Michelena reaccionando ante el panegírico que de los tres primeros años del gobierno de Miguel de la Madrid elaboraba “Pedro Baroja” No creía la escritora de Excélsior que hubiera descendido el desempleo en el país ni que se hubiera frenado la carestía: “Obras son amores y no buenas razones, así sean las del señor Cardona o Baroja, a quien probablemente le den por allá arriba, donde presta sus incondicionales servicios, auto, chofer, y, claro, gasolina”
No era la primera vez que públicamente se asociaba el nombre de un funcionario de la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia con “Pedro Baroja”
Para Adrián Lajous el agazapado autor de las defensas presidenciales es el mismo Manuel Alonso, mientras que para Miguel Angel Granados Chapa el escritor fantasma responde al nombre legal de Rafael Cardona, el periodista nacido en el DF el 3 de mayo de 1950, con estudios en la Universidad Iberoamericana y una experiencia recogida durante once años, entre 1970 y 1981, en La Prensa, Ultimas Noticias, Excélsior, El Sol de México, Diario de México, Siempre!, El Universal y Unomásuno, antes de trabajar como reportero de Televisa y Canal 13
Adrián Lajous, exdirector del Banco Nacional de Comercio Exterior, único funcionario que se opuso a la nacionalización de la banca, padre de cuatro hijos en el poder (Alejandra en la Presidencia, Roberta en Relaciones Exteriores, Adrián en Pemex y Luz en la penúltima legislatura como diputada del PRI), relacionó implícitamente el nombre de Manuel Alonso, el viernes 8 de noviembre de 1985, con “Pedro Baroja”, quien en un texto en defensa de Ramón Aguirre publicado dos días antes en el mismo Excélsior había descalificado a Lajous como un “predicador de soluciones fallidas” que había “hundido la pierna en el barro del ridículo”
En menos de 72 horas contraatacó el exfuncionario lopezportillista:
“Tengo mala suerte con los directores de Comunicación Social del gobierno Primero me atacó el de la Secretaría de Relaciones Exteriores y ahora el de la Presidencia de la República No quiero ahondar en el primer caso, el de un señor Campeán, porque usó su nombre y su apellido y, además, porque he fumado la pipa de la paz con el canciller Manuel Alonso, el director de Comunicación Social de la Presidencia, en cambio, escribe con un seudónimo barroco En su artículo del martes de esta semana, que estuvo dedicado a exculpar a Ramón Aguirre, además de hacer comentarios despectivos de mi trabajo y de mi persona, me tildó, entre otras cosas, de ser `predicador de soluciones imposibles’ Muy su derecho de opinar así Lo que sí me pisó el callo es que me atribuye tenerle envidia a Aguirre”
Y bordaba Lajous sobre las relaciones entre la prensa y el poder:
“Desde que tengo memoria, las entidades públicas tenían jefes de prensa que se encargaban de repartir boletines y sobornos En los últimos años, sin embargo, se ha tecnificado y subido de rango la función Un síntoma de ése es el cambio de título Ahora los jefes de prensa se llaman pomposamente directores de Comunicación Social y Relaciones Públicas”
Lajous reconocía no haber sido nunca “monedita de oro” y que por lo general no le amedrentaban los ataques, pero “cuando vienen del gobierno ya es otra cosa”
“¿Son, me pregunto, manifestaciones de ira sólo de quien firma los artículos, sea con nombre o con seudónimo? Me alarma la posibilidad de que resultara otro el origen”
Al reparar en la creciente importancia de los encargados de la imagen presidencial, Adrián Lajous piensa que la presencia de Alonso en todos los actos públicos del Ejecutivo le “da fuerza y le permite actuar con autonomía Fue en uso de ella, creo yo, que mostró su irritación conmigo en su artículo del martes 5 del presente”
Y antes de advertir que “los gobiernos recientes le están dando demasiada importancia a la crítica”, Lajous concluye: “Como articulista me halaga que se me tome en cuenta Como ciudadano, me alarma que se nos dé demasiada importancia a los escritores En cualquier caso, amigo Alonso, no vale la pena que busque usted pleito con nosotros”
Un año y medio antes, el jueves 21 de julio de 1983, desde las páginas de Siempre!, Miguel Angel Granados Chapa se defendía de “Pedro Baroja” pero aún no estaba seguro de que fuera el seudónimo de Rafael Cardona
“El impío Baroja”, lo llamaba Granados Chapa y contaba que, en respuesta a un artículo suyo sobre la soberbia y la ineptitud políticas, “Pedro Baroja” y otro enigmático firmante, “Toribio Xicoténcatl”, le enviaron en sus columnas intimidatorio mensaje privado
“Tardoncitos, pero buena paga, quienes se pusieron el saco, es decir quienes creyeron que la crítica se dirigía a ellos inventaron un respondedor, que tardó exactamente una semana en hacer publicar un artículo para castigar con su diatriba al `soberbio’ descriptor de la soberbia gubernamental Con obviedad extrema, el mismo día en que el inopinado colaborador de la página editorial de ese diario (Excélsior), Pedro Baroja, examinó mi artículo con el peculiar método del ataque ad hominem y no al argumento, también apareció otro de talante análogo, en ese mismo diario, igualmente dirigido a censurar a censuradores, y escrito también por otro autor que hacía su debut en esas páginas, Toribio Xicoténcatl
“Es probable que el impío Baroja y Toribio Xicoténcatl existan, y hasta es probable que ellos hayan escrito sus artículos Pero no resisto la tentación de pensar que se trata de seudónimos, para dar paternidad a textos pergeñados en oscuras oficinas”
Granados Chapa le corría la atención al lector haciéndole la salvedad de que si tuvo que ocuparse de “Pedro Baroja” fue por “quien mandó escribir y publicar el artículo, el contenido del recado, la advertencia privada de la que tomo nota y acuso recibo Es un recado privado porque al no mencionarme, sólo yo podría advertir que se trata de mí, pues muy pocos lectores sabrán de dónde fueron tomados los párrafos impugnados por Baroja”
“No sé bien a bien quién patrocina a Baroja Lo supongo”
La “argumentación” y el tono de Toribio Xicoténcatl en la página opuesta a la de “Baroja” en el usurpado Excélsior, escribía Granados Chapa, denotan un origen común
“Eso es lo grave, es lo que debe decirse abiertamente Es útil que la crítica se conteste con la crítica Sería absurdo que los críticos se rehusaran a ser pasados por el mismo cedazo que ellos aplican en su actividad pública a otras actividades públicas Pero cuando la crítica a los críticos es manejada a trasmano, subrepticiamente, vergonzantemente, desde el poder, éste se usa de modo ilegítimo”, razonaba Granados Chapa y concluía —no sin temor— en ese número de Siempre! de 1983:
“No quiero hacer balandronadas No está en mi carácter ni en mis posibilidades Me asusta la hipersensibilidad de los poderosos, por lo que puede esa condición de su piel motivar Hoy son ataques anónimos en un diario de circulación nacional Otro día pueden ser otras cosas Ni modo Aquí espero”
Eran tiempos indiscernibles, de veladas y ambiguas recriminaciones a la prensa desde la oscura impunidad del poder Otro seudónimo circuló en esos días, el de “Enrique Castilla”, quien dedicó un artículo a Manuel Buendía (“Ayer, Manuel Buendía escribió en este diario una columna insólita y en el fondo criminal”, en ese tono) el 13 de diciembre de 1983 y asestó otro a Lorenzo Meyer el 29 de diciembre del mismo año con mucho conocimiento, por cierto, del ambiente interno del área de El Colegio de México donde Meyer hace sus investigaciones
“En México hay irrestricta libertad de prensa, incluso para aquellos que de vez en cuando tratan de hacer análisis críticos respecto a conductas del gobierno y sus personajes Pero los de este grupo de periodistas —cada vez más pequeño— deben estar dispuestos a pagar —como una especie de impuesto al valor agregado— una cuota de regaños, invectivas, insultos y aun amenazas veladas”, escribió Manuel Buendía en su columna de Excélsior el 10 de enero de 1984
“Esta sanción se decreta según juzga leve o grave la falta el Big Brother, un funcionario de quinto nivel que es en México como la caricatura —muy deteriorada— del personaje orwelliano ()
“Del mismo modo que los individuos, el gobierno tiene derecho a la legítima defensa Aún más: un individuo puede renunciar a ese derecho y entregarse al martirio, pero al gobierno no le está permitido ese camino de la santidad
“Sobre todo un gobierno que se reputa democrático tiene la obligación de salir en defensa de sus tesis, sus acciones, sus programas y, por supuesto, de la conducta de sus funcionarios Así se enriquece la vida política del país y se establece un diálogo útil con algunos estamentos de la sociedad civil, por lo menos”, argumentaba Buendía antes de poner como ejemplo la “respuesta organizada” de Carlos Salinas de Gortari a una discusión abierta que sobre la crisis promovió la revista Nexos
“En México vivimos unas relaciones sociales fundamentalmente sanas respecto a la manifestación de las ideas Por eso se vuelve más resaltante la actividad de quienes de tarde en tarde pretenden asumir versiones o, mejor dicho, lamentables caricaturas —a ratos con su pizca cómica— del Big Brother orwelliano”, quien hace a ciertos comentaristas “disfrazados” el encargo de “pegarle a Fulano”
“Al día siguiente aparece la `paliza intelectual’, a cargo generalmente de alguien que se avergüenza de firmar con su verdadero nombre”, comentaba Manuel Buendía
Finalmente en La Jornada, el 30 de diciembre de 1984, un año y medio después de su primer round con “Baroja” en Siempre!, Miguel Angel Granados Chapa se decidió por Rafael Cardona:
“Hace dos semanas la periodista Arvide presentó un libro firmado por ella, en ceremonia presidida por Rafael Cardona, empleado de la oficina de Alonso, y a quien se reputa como el autor de la mayor parte de las columnas escritas bajo el nombre de Pedro Baroja, un seudónimo con el que la oficina de prensa de la Presidencia rebaja el nivel de ésta agraviando a los contradictores de las políticas presidenciales” En ningún momento Rafael Cardona, el funcionario público, desmintió públicamente las aseveraciones de Granados, Michelena y Lajous
Nadie mejor que el propio “Pedro Baroja” —a quien el 2 de agosto The Wall Street Journal llamó “un columnista misterioso del periódico Excélsior”— resumió las acusaciones directas que, entre otros, le venían haciendo Margarita Michelena, Adrián Lajous y Miguel Angel Granados Chapa El 17 de diciembre de 1985, en su esquina inferior derecha de Excélsior, “Baroja” tomó al toro por los cuernos:
“De un tiempo a esta fecha el deporte de investigar si soy o me parezco, si existo o me inventan, se ha vuelto muy popular entre algunos escritores, asunto que en un país con mayor espíritu deportivo podría resultar francamente de risa loca, pero que aquí a veces parece un acto de paranoia
“No llevo una cuenta precisa pero me han dicho que el autor que no se atreve a confesar su nombre es funcionario de la Contraloría En otra ocasión me dijeron que de ninguna manera, que el asunto provenía de los complicados laberintos de Bucareli y aun me han hecho habitante de Tlatelolco
“Recuerdo que el señor Lajous, quien tanto divierte en ocasiones con su simpática ironía, me dijo que soy en verdad Manuel Alonso, a quien tengo el gusto de conocer por el sencillo procedimiento de haberlo visto por televisión el día que anunció el gabinete presidencial
“El señor que escribe en un vespertino de esta ciudad me dijo que mi padre se llama Guillermo y que me habían inventado hace dos años y un caricaturista de ésos de la desatinada izquierda dijo que el problema era que el gobierno pensaba que todos los periodistas encarnaban a Pedro Baroja
“Otro columnista dijo que se trataba en verdad de un señor Cardona de quien conozco algunos antecedentes periodísticos, pero a quien parece ser otros conocen mejor que yo porque afirman algo que quizá no les conste
“Pero en fin, que si de carne y hueso debo ser, al menos que se me permita el uso de mi propio pellejo y mi real osamenta Que me señalen como padres a esos colegas —Gutiérrez Canet, Compeán, Alonso, Cardona, Mora y cuantos más se les pueda ocurrir— no me molesta en todos los casos: solamente en algunos, pero dejemos eso de lado” ()
“Yo agradezco el interés en mi trabajo y la enorme curiosidad que despierta mi fantasmal aspecto, pero nadie debe preocuparse tanto
“Alguno de estos días sin el menor aviso el telón se alzará y quizá miren ustedes mi fotografía en alguno de esos diarios donde uno ve de pronto a quien siempre creyó que era una espectral visión Es probable que para el próximo coctel que haya en el Ambassadeurs pueda yo presentarme ante todos quienes aquí dejan huella del pensamiento crítico y de la capacidad de análisis de la inteligencia mexicana
“Mientras tanto trataré de cumplir con el artículo semanal que posiblemente llegue algún día a interesar por sí solo y no por los fulgores de misterio que algunos adivinan en el autor
“Mientras tanto, esperemos una semana Ojalá que en ésa no sea uno ya ni piojo ni fantasma ni materia de desahogos personales Hasta entonces”
Hasta allí la autodefensa de “Pedro Baroja”
Una antología de sus columnas más significativas por lo que podrían tener de punto de vista oficial respecto a ciertos asuntos públicos —escritas con no mal estilo, con lo que se dice “mucho oficio” o “muchas tablas”— tendría que recoger las que ha dedicado a: la defensa de los altos sueldos de los funcionarios, a los desaparecidos políticos, al “escritor de panfletos” (un verdadero juego pirandelliano: ver recuadro), a Miguel Angel Granados Chapa cuando él y otros periodistas abandonaron Unomásuno, a Alvaro Echeverría Zuno cuando Jesús Reyes Heroles privó de presupuesto al Centro de Estudios del Tercer Mundo, a justificar los bajos salarios mínimos en enero de 1984, a los “subsidios” a las universidades, a denostar al Sindicato Unico de Trabajadores de la Industria Nuclear, a regañar al director de Contenido, Armando Ayala Anguiano pero, naturalmente, sin nombrarlo
Otros artículos suyos de propaganda han tenido que ver con la “estabilidad constante” del PRI que puede declararse “sin vanagloria ni ligereza, satisfecho en términos generales” O bien, desde la fortaleza del anonimato se ha permitido dirigir su dedito admonitorio a los “eternos inconformes”, los “quejicosos”, los “cretinos de tomo y lomo”, los “nuevos inquisidores”, los “profesionales del descontento”, los “profetas frustrados”, etcétera
Tiende a defender la sinceridad del Presidente Insiste en que en este sexenio se les llama a las cosas por su nombre, se le dice pan al pan y vino al vino: “Miguel de la Madrid ha hecho de la verdad un credo político”
Y como parte de una maquinaria de verdadera propaganda, “Pedro Baroja” elabora: “Sencillo sería echar a andar una enorme maquinaria de falsa propaganda para presentar otra imagen de la vida nacional, pero eso no lo hace un hombre responsable”
Ha defendido la reforma urbana, los viajes al extranjero del Presidente, la venta de las empresas paraestatales, el ingreso de México al GATT, la limpieza de las elecciones en Chihuahua, la carta del presidente De la Madrid a Belisario Betancur, el recorte presupuestal; se ha indignado con los periodistas que defienden a Jorge Díaz Serrano y con los damnificados por el terremoto del 19 de septiembre que se han presentado en Los Pinos a reclamar
Los “eternos descontentos” los “eternos inconformes” son para “Pedro Baroja” aquellos “aptos para decir que todo está mal, muy mal, pero incapaces de aportar soluciones o proposiciones viables”
“Da la impresión de que no son los intereses de la opinión pública los que en verdad desean defender, sino que utilizan los espacios públicos de los medios informativos para tratar de llamar la atención y por consecuencia ejercer un cierto podercillo en favor suyo únicamente”
Así lo dice el 12 de noviembre de 1985, desde el seudonimato
Aunque a fin de cuentas, a los discrepantes les perdona la vida:
“Pero, por lo que se ve, todo indica que el gobierno respeta esta situación, no vaya a ser que alguien se sienta coartado en su derecho de libérrima expresión, aunque su expresión sea tan desatinada como enorme su derecho”
Desde el poder defiende al poder:
“Se ha dicho hasta el cansancio que el estilo es el hombre y yo veo en este hombre de estilo mesurado, serio, profesional, exactamente lo que el país requería después de tantos excesos, de tanta frivolidad y de tanta y tan espera demagogia”
O bien:
“Pero por fortuna este gobierno no está para darle gusto a los críticos que dejan de serlo en cuanto reciben alojamiento en la nómina, sino para cumplir con la encomienda constitucional de velar por los intereses de la mayoría”
De Excélsior, diario que se presta a sus escritos y al que se conceden como exclusivas las entrevistas presidenciales, opina:
“Dicen que este periódico carece de autoridad moral para presentar las palabras del jefe del Estado mexicano Yo me pregunto por qué si este diario no tiene autoridad moral, Manuel Buendía escribía en sus páginas, siendo como lo reconocen muchos el actual símbolo del ejercicio profesional y moral del periodismo”
Además:
“Ya se ha visto que detrás de la fría prudencia que caracteriza a este régimen, hay una voluntad tenaz de corregir las cosas y dar cada vez más transparencia a la vida pública Esa es posiblemente la esencia del programa de Renovación Moral del país” (Mayúsculas de “Pedro Baroja)”
Y el exceso retórico, como en un mitin del PRI, no lo amilana:
“Apoyemos el intento de Miguel de la Madrid de cambiar a nuestro país; démosle al Presidente nuestra confianza; analicemos sus acciones en estos 16 meses de su gobierno, y si somos justos, objetivos y honestos con nosotros mismos, tendremos que aceptar que el hombre hace hasta lo imposible por sentar las bases para un México mejor” Literalmente, el 20 de marzo de 1984
Sin embargo, en toda su producción —que gira alrededor de unos 135 artículos entre mediados de 1983 y finales de 1985— hay dos piezas que no tienen desperdicio, dos joyas de la propaganda y la desinformación: “El salario del miedo” y “Nombres de una lista”
Para justificar los aumentos a los altísimos funcionarios del gobierno federal, “Pedro Baroja” argumenta que “en honor a la justicia habría que decir que muchos de ellos no ganan en un mes lo que el cantante Juan Gabriel se embolsa en un palenque por el dudoso arte de berrear durante un par de horas”
Así lo escribe el 27 de noviembre de 1984
Sobre “Lo máximo del mínimo”, diez meses antes, el 3 de enero de 1984, había afirmado que “este aumento será suficiente para que el trabajador solvente su gasto familiar en condiciones de prudencia y decoro Nada más, pero nada menos () El incremento ahora es de un treinta por ciento en el salario del sector laborante, que de haber llegado a mayores ingresos habría puesto en riesgo su propia fuente de empleo, y con ello todo lo demás”
Más generoso es su juicio, pues, respecto a los ingresos de los altos funcionarios el 27 de noviembre de 1984:
“Es plausible que el gobierno de la República retribuya justamente a sus servidores de más alto rango al mismo tiempo que los compromete a no dejarse crecer las uñas Si bien los sueldos podrían parecer desproporcionados, baste decir que en 1982 un secretario de Estado recibía 33 veces el sueldo mínimo que se pagaba en el gobierno, y que para 1985 esta proporción se ha reducido a 18 tantos”
Severo con los trabajadores al “analizar” su salario mínimo, “Pedro Baroja” se muestra indulgente con los funcionarios mejor remunerados del país:
“Baste comentar que un funcionario internacional, como por ejemplo de las Naciones Unidas o alguna de las agencias alemanas o estadunidenses que trabajan en México, percibe, aquí, como jefe de proyecto, 65,000 dólares al año Cifra mucho más alta que la alcanzada por un oficial mayor en cualquier secretaría de Estado de México Los ejecutivos de las grandes empresas privadas de México, como alguna de esas en las que usted puede pensar que con razón quiebran, prodiga generosamente a sus ejecutivos entre dos y siete millones de pesos anuales, libres de polvo y paja, y les da prestaciones hasta por 50 por ciento anual sobre el sueldo monetario neto”
“Pedro Baroja” escoge la fecha del 2 de octubre de 1984 para publicar en Excélsior una de sus pequeñas obras maestras: “Nombres en una lista”, respuesta (¿del gobierno, de la Presidencia?) al reclamo por la desaparición de personas en México, práctica no menos argentina que mexicana reiteradamente condenada por Amnistía Internacional
Para “Pedro Baroja” doña Rosario Ibarra de Piedra tuvo la culpa de perder a su hijo porque ella le inculcaba en la mesa ideas revolucionarias
“¿Que no encuentra a su hijo? Pues cómo quiere encontrarlo si él tomó para sí el camino del misterio impenetrable, al unirse a la guerrilla”
La nota de “Baroja” comienza así:
“Un día un adolescente excitado por las conversaciones políticas y las ideas extremistas que en su casa le han inculcado, se siente lleno de energía y asume el compromiso de salvar a la nación Se siente a sí mismo un Ernesto Guevara o un Yon Sosa, sin ponerse a pensar en los riesgos Sale de su casa para emprender una vida clandestina: oculto de todos, excepto de los compañeros con quienes comparte el espejismo de su lucha Toma la vía subterránea y comete el mismo error de aquellos que le quieren tironear los bigotes al tigre
“Mientras tanto, quizá sin darse cuenta de que las ideas inculcadas a su hijo le hacían más daño que provecho, su madre empieza a preocuparse El hijo amado no viene a casa Quizá en la negrura de la alcoba la madre se reprocha a sí misma haber llevado a su hijo por el más cercano camino al desfiladero”
“Pedro Baroja” apunta que hasta allí se resume la historia de Jesús Piedra Ibarra, el estudiante de medicina desaparecido el 18 de abril de 1975 en Monterrey, a los 20 años
“Pedro Baroja” escribe que lo que no es tan conocido como esta historia es “cómo y de qué manera, con ayudas políticas y económicas, la señora Rosario Ibarra de Piedra ha convertido este asunto en una bandera política, y cómo a ella misma ciertas tendencias políticas la han convertido en un símbolo, hasta el extremo de hacerla figurar como candidata a la Presidencia de la República ()
“Su dolor de madre es del todo respetable, pero su proceder político no es, desde luego, el más indicado Y si de dolor se habla habría que preguntarse cuánto de este mismo dolor causaron su hijo y los extremistas, que enlutaron hogares y familias con sus actos”
Luego de recordar que doña Rosario ha sido recibida 26 ocasiones por la Secretaría de Gobernación, “Pedro Baroja” decide que “no hay entonces motivo para que le diga a todo el que quiera oírla que nadie le ha prestado atención a sus quejas, solicitudes y demandas”
“Pedro Baroja” estipula, pues, que “es un hecho que de las 38 personas que la señora Ibarra reclama, además de su hijo, algunas están tan libres como ella, otras están sujetas a proceso penal o recluidas en alguna cárcel —después de un juicio legal— y algunas más sencillamente no existen Y no existen no porque el gobierno así lo haya decretado; pero si alguien presenta sólo un nombre y ninguna referencia que aluda a la persona, si es un ente aislado que no tiene domicilio, familia, parientes, amigos ni conocidos, como es el caso de algunos de los que la señora alega desaparecidos, pues sencillamente ése no es un desaparecido, es simplemente un nombre en una lista”
“Pedro Baroja” remata con su estribillo característico, “así las cosas”, una manía estilística (hay otras: ver recuadro), y decreta:
“Y así las cosas, la señora Ibarra de Piedra quizá haya resuelto su problema interior, tan bien expuesto de manera quizá inconsciente por ella misma: que dentro de 300 años la recuerden más que a La madre, de Gorki Quizá así pueda ella misma perdonarse el daño que causó a su hijo cuando le incubó los gérmenes del terrorismo, la ilegalidad y la violencia Quizá”
El martes 31 de diciembre, para mayor abundamiento, “Pedro Baroja” vaticinó lo que ningún reportero de la fuente adivinó: que De la Madrid y Reagan relegarían a un segundo término el tema de Contadora, como efectivamente sucedió en Mexicali el 3 de enero:
“Si usted quiere ganar una apuesta ponga sobre la mesa todos los billetes que guste y asegure que Centroamérica no va a ser el tema fundamental de las conversaciones entre MMH y RR”
¿Cómo lo supo desde antes “Pedro Baroja”?








