El tercer hombre
Francisco Ponce
“Extraño caso ” masculló el Detective
“¿Qué tiene de raro?” preguntó El Hombre, quien tuvo que recibir una pregunta más a quemarropa:
—¿Cómo es posible que después de 175 años de Independencia y 75 de Revolución les sigan pasando estas cosas?
El hombre dejó de fumar su habano Molesto lo floreó contra el cenicero de cristal cortado y le respondió pausada pero firmemente:
—Tome el caso o déjelo: pero no haga preguntas estúpidas
El Detective pensó que el viejo enérgico tenía razón: Total, por mil acciones de Petrobonos, gastos hasta el 31 de mayo de 1986 y una serie de boletos para el Mundial, estaba más que justificado el pago para resolver el misterio Le dio el último jalón a su Luckie, exhaló el humo hacia el techo de la oficina y dijo:
—Trato Hecho
Pero su labor no iba a ser nada fácil: después de un ambiente de cordialidad, al menos de anuencia, los representantes culturales del país estaban de acuerdo con los representantes deportivos en realizar en el recinto principal de aquéllos una convención al servicio de intereses ideológicos, políticos y comerciales, de una minoría mexicana y una de las multinacionales más importantes del mundo, encargada de hacer rodar un simple balón
El investigador debía, ahora, descubrir lo que se descubrió: se trataba de un atentado contra la Cultura Nacional, supuestamente a cargo de un grupo de “mercenarios deportivos”
Miles de interrogantes pasaban por la mente del Detective ¿Por qué doce días antes del magno evento se había roto la armonía? ¿Por qué el silencio anterior? ¿Quiénes son esos llamados intelectuales que en muchos casos, para confabularse contra los deportivos, hasta confundieron el comercio con la estética deportiva? ¿Quién fue ese funcionario que cedió el recinto sagrado de la cultura mexicana para tan aviesos intereses? ¿Por qué ahora hasta el titular de la SEP, como si no tuviera trabajo suficiente, tuvo que dar la cara por una cuestión que debió haberse resuelto en sus instancias adecuadas? ¿Por qué El Doctor rechazó ser intelectual a pesar de ser catedrático en la UNAM y estaba tan tranquilo porque un alto funcionario había accedido a ceder el recinto? ¿Hay un tercer hombre detrás?
El detective estaba, francamente, ante un serio rompecabezas
Su primer paso fue investigar a los intelectuales, pero no sacó nada en claro Inclusive a uno de ellos lo torturó al recitarle dos o tres fragmentos de alguna novela que había escrito en su juventud, pero no pudo sacar nada más en claro que el deporte, si bien es cultura, no lo es el aprovechamiento de las Bellas Artes para los mercaderes Lo consoló mucho al encontrarse al Sacerdote de su barrio, quien le recordó: “Hijo mío, recuerda que Jesús expulsó del templo”
Luego procedió a visitar a los deportivos, quienes citaron a “otro intelectual”, Albert Camus, ferviente admirador de la organización del futbol Y fue cuando asediado por tanta pregunta, el Doctor le pidió al Detective que lo dejara en paz —sudaba ya— y le suplicó que no le dijera intelectual, que él era sólo hombre de futbol
La noche había sido larga
El Detective llegó a su oficina Prescindió de ir al bar de Cantinero donde solía beber un par de tequilas blancos con mucho limón, y se arrojó al sofá Encendió su Luckie
Y comenzó a armar el rompecabezas
(Continuará)








