Telón de espera
Francisco Ponce
Esperamos, dicen, una guerra total en Nicaragua
El cinismo de los invasores está en su determinación —entre comillas— de buscar la paz en el área centroamericana y el mundo porque, otra vez, “in God we trust”: fórmula para ofender dominando
Porque la loca pasión de Reagan aterra: ¿un mundo para qué clase de inmortalidad?
Probablemente sería ingenuo pensar en una especie de culto a la personalidad, ahora que estamos en franca puerta abierta a la guerra apocalíptica en serio
Es decir, el “día después” de una batalla campal desintegradora de la vida en nuestro planeta, cuando otro bizarro que, como Hitler, quisiera erigir un monumento a la propia imagen de su ignominia
Reagan quiere quedarse con su deguerrotipo en la mano, ante el futuro cósmico de nuestra realidad Y al parecer, está determinado a hacerlo ahora, porque el poder lo abruma como una especie de sombra en la frialdad del sol de nuestro tiempo
Y no sólo es Nicaragua
El objetivo, claro, es también su propia destrucción —como el pajarraco de Kafka—, pero no se da cuenta porque el mundo es el escenario que anheló poseer como actor y que ahora cree tener
Sólo que no se ha percatado —porque las luces en el escenario son las que él ha dispuesto— que en todo foro, en toda representación, el telón, sea de cualquier material, cae brutalmente, al final
Pero el problema del cinismo no se queda en un sólo hombre: abarca a todos los hombres solos
Como los nuestros que justifican un lamentable pasado pero que, estoicos, en pie, mantienen su peso sobre la losa similar a la que el Pípila sostuvo para incendiar la Alhóndiga de Granaditas
El problema es que la Alhóndiga está incendiada ya No existen, desde ningún punto de vista, “pípilas”, sino marginados, seres que hasta el momento si acaso escuchan las palabras de los oradores ante la Cámara de Diputados es únicamente porque el eco de la miseria los destierra de la abundancia y los acerca a la fatalidad
En todos los terrenos Como en el deporte
Los cínicos “entrenadores” hablan horrores de la vida y plantean soluciones Y cuando la opinión pública estima que esos “aventados” están dispuestos a modificar las condiciones de vida de futbolistas, de la estructura absoluta de un deporte, se escudan en una forma ignominiosa de existencia: la cobardía
Los entrenadores del futbol mexicano hablan en contra de los árbitros —los jueces del espectáculo— Los medios de difusión reproducen fielmente sus palabras sin embargo, cuando los llamados “técnicos” son requeridos a comparecer ante el tribunal, lavan la culpa de sus declaraciones con la frase vergonzante, pero liberadora: no dije nada
Y de esa manera sigue la hipocresía en el medio futbolístico Como entre los administradores públicos, en su gran mayoría: porque se trata de un espectáculo muy especial
El de la mentira








