Es sólo un paso
Francisco Ponce
Decimos pachanga
Celebramos este domingo el LXXIII aniversario del inicio de nuestra “revolución”: 1910-1983
Desfilamos naturalmente: y este caminar público se refiere, claro, a un paso fundamentalmente lento, y a veces involucionado, de lo que aquellos luchadores pensaron sería una nación mejor para los mexicanos
Pero ahora estamos prácticamente convertidos en seres dependientes de organizaciones internacionales que nos alejan cada vez más de esa “revolución”
Porque si bien una revolución reivindica, la “nuestra” ¿nos ha reivindicado? Al final de cuentas estamos sujetos a una determinante de los países abusivos: todos los que apoyan al Fondo Monetario Internacional
La vida en este marco de ignominias supone una defensa, de acuerdo con “nuestra” revolución
Pero no es así: si en Nicaragua, Guatemala o El Salvador hay niños que piden limosna, en México vemos, en la metrópoli como el Distrito Federal, a niños que solicitan hasta el devaluado “peso” en su mendigar cotidiano Y no digamos los tragafuegos ¿en el LXXIII aniversario de la iniciación de la revolución mexicana?
Es triste
Pero la pachanga es de alguna manera como la de la “independencia”: hay que hacer fiesta porque de lo contrario, nuestro ataúd carecería de adornos
Porque no nos hemos dado cuenta —o no queremos percatarnos— de nuestra lamentable realidad
Bien
El desfile de este domingo intenta establecer la posición mexicana ante el mundo, de celebrar conquistas revolucionarias en la medida de otro tipo de competencia: la deportiva
Es decir, un mucho la idea olímpica de la competencia en la paz
La idea no sólo es buena sino antigua
Pero de cualquier manera, los “gobiernos revolucionarios”, los nuestros, en este caso, no han llevado esa posibilidad a la práctica cotidiana de nuestro país
Porque desde el 22 de julio de 1933, cuando se creó la Confederación Deportiva Mexicana, “como autoridad máxima en organización y control de todos los deportes que tengan la calidad de aficionados”, encaminada a procurar “la elevación moral cultural y física de los deportistas de todas las clases sociales”, nuestros resultados deportivos han sido deplorables
Ante los Juegos Olímpicos de Tokio, el presidente de la CDM y del COM, José de Jesús Clark Flores se cuestionó en 1964:
“Dudo que haya un mexicano que no se pregunte qué es lo que vamos a hacer a Tokio, si es evidente nuestra poca preparación producto de tantos años de precaria actividad, realizada sin planeación y carente, en muchos casos de los más indispensables elementos Esa falta de preparación deportiva empieza a vislumbrar la esperanza de lograr una organización bien planeada y eficaz”, porque de allá —Tokio— “hemos de traer, más que laureles, experiencias, dentro y fuera de las canchas”
Desde el deporte organizado en nuestro país, se elabora este año la normatividad
Podrá ser una pachanga
O un desfile deportivo honorable








