La reordenación económica de De la Madrid pone en riesgo su propio programa
Con desempleo y menor salario pagará el pueblo la baja de la inflación
Oscar Hinojosa
El alto costo social que el país debe pagar por el abatimiento de la inflación pondrá en peligro, en el futuro inmediato, la propia viabilidad sociopolítica del programa de reordenación económica del presidente Miguel de la Madrid
Embarcado en un severo ajuste de la ruinosa economía del país, el gobierno de MMH podría reducir la inflación hasta una tasa del 30% en 1985 —casi la misma que existía antes de la explosión inflacionaria del segundo semestre en 1982—, pero esta previsible victoria sería semejante a la del histórico Pirro II, por el precio que exigiría obtenerla: 171% de desempleo abierto, más del doble del porciento existente en 1982
Para inquietar a cualquiera
De hecho, estas previsiones, contenidas en el análisis concluido hace pocos días por la Diemex-Wharton, llevaron al director de la consultora internacional de gobiernos y empresas a formularse una pregunta crucial:
¿Puede México duplicar su tasa de desempleo y mantenerse en ella, como estrategia para evitar la hiperinflación y el endeudamiento externo excesivo?
El mismo Abel Beltrán del Río advierte que ésta es una pregunta clave de 1984 en adelante, “dado que no visualizamos una reducción de dicha tasa (de desempleo abierto) en el resto del sexenio”
En la proyección básica del análisis de Wharton destaca que será el nivel de empleo el que pague la cuota social de la lucha contra la inflación, porque en 1985 no registrará un incremento apreciable sobre el nivel de 1982
“A partir de los 19 millones 877,000 plazas estimadas para ese año (1982), proyectamos 20 millones 044,000 en 1985, o sea menos del 1% de creación de empleo en todo el trienio, lo cual resulta en sólo 03% anual Esto nos lleva a anticipar una tasa de desempleo abierto del 171% en 1985, más del doble del 80% de 1982”, dice en su análisis la Wharton
Explica la proyección básica de la consultora internacional que el empleo se contrajo 18% este año y crecerá sólo 07% el año siguiente “Como consecuencia prevemos que la tasa de desempleo abierto aumentó del 8% que fue el año pasado a 129% durante el año en curso y a 156% en el próximo”, añade
El crecimiento del empleo —según el mismo análisis— sería todavía débil durante 1985, pero de 1986 en adelante —cuando se haya recuperado la capacidad de crecimiento sostenido— se observarían tasas más normales de crecimiento en esta variable De 1986 a 1991, el empleo crecería a una tasa promedio anual de 37%, según las proyecciones de la Wharton
El mayor dinamismo del empleo, sin embargo, “no impedirá que permanezca en el sistema una tasa elevada de desempleo abierto, que de 1985 en adelante oscila alrededor del 17%”
Sin embargo, el 20 de noviembre, en un discurso pronunciado con motivo del septuagésimo tercer aniversario de la Revolución Mexicana, Salinas de Gortari hizo reiteradas alusiones al compromiso gubernamental de frenar el desempleo
“El enemigo a vencer sigue siendo la inflación; si relajamos su combate, ésta puede arraigarse, como ha sucedido en otros países Sin embargo, se reconoce que habrá que realizar un manejo muy delicado de la política del desarrollo, para no pretender abatir la inflación más allá del nivel que provocaría una espiral deflacionaria, el correspondiente requebramiento del aparato productivo nacional y la pérdida consecuente del empleo El gobierno no permitirá que quiebren y desaparezcan las empresas del país que representan eficiencia, organización, esfuerzo acumulado y fuentes de trabajo”
Siguió:
“En 1984 se defenderá el nivel de vida de la mayoría de los mexicanos al abatirse la inflación y conservarse los empleos El poder adquisitivo de los salarios ya no seguirá deteriorándose La reorientación del gasto público, dentro de estrictos límites de austeridad, otorga prioridad a la atención y mantenimiento de los servicios sociales, en particular a la educación y la salud de los mexicanos”
Beltrán del Río dice en el resumen del análisis que abre el paso al conjunto del trabajo de la Wharton:
“la elevada tasa de desempleo que desafortunadamente se requiere en este sexenio, es resultado directo de la muy baja que se logró durante el auge impulsado por un exceso de demanda pública y privada, basado a su vez en la exportación petrolera y el endeudamiento externo La conclusión que se deriva de las crisis de 1976 y 1982 es que México, a la larga, no avanza más con sexenios de expansión excesiva Un crecimiento sostenible, con estabilidad interna y externa, es la ruta óptima, como se demostró durante la década de los sesenta y como el PND propone para los ochenta El adagio de `más vale paso que dure que trote que canse’ parece ser el adoptado por la actual administración”
La alternativa básica que elaboró la Wharton sobre el comportamiento de la economía mexicana en 1983-85, se basa en el supuesto fundamental de “un cumplimiento cuasi estricto” en 1983 y uno “razonable” o “aproximado” en los años 1984-85 del programa de estabilización Por este tipo de cumplimiento la Wharton entiende un manejo de los instrumentos de política económica “cuyos desvíos del acuerdo original celebrado con el FMI resulten aceptables o fácilmente negociables con el Fondo y la banca internacional”
Al argumentar la posición de Diemex-Wharton en el sentido de esperar un “cumplimiento razonable” del programa de estabilización económica, Beltrán del Río sostiene que la acción gubernamental en el primer año del sexenio lamadridiano permite confirmar la voluntad presidencial de cumplir “y de cumplir estrictamente con las miras a abatir la hiperinflación, en el período más breve posible, antes que resulte políticamente imposible negarse a introducir los mecanismos de deslizamiento o indexación salarial”
Aún así, la Wharton prevé una “suavización modesta” del rigor original del programa, “en consideración a la perentoriedad de revitalizar el crecimiento, el empleo y la recuperación empresarial a partir de 1984”
El contexto internacional que determinará el comportamiento de la economía nacional en los próximos años será favorable al período de estabilización de México, con la revitalización de la demanda externa, producto de un trienio de expansión de la economía estadunidense, “antes de su próxima desaceleración que avizoramos para 1986”
En esas circunstancias, quedaría aún por ver “la medida en que los exportadores nacionales aprovecharán esta circunstancia favorable”, según exponen los analistas de la Wharton
El análisis de la Wharton —presentado en Mexicali, Baja California, los días 16 y 17 de noviembre— comprende, además de la Alternativa Básica, las alternativas 1a, que se basa en la hipótesis de un cumplimiento estricto del programa de estabilización económica, y 2a, que descansa en el supuesto de una renegociación del convenio con el FMI, por otro más suave
Pero la Alternativa Básica, como su nombre lo dice, es la que recoge las apreciaciones de mayor peso para los expertos en pronósticos económicos de la Wharton, institución adscrita a la Universidad de Pennsilvania
En las tres proyecciones de la Wharton está presente el fantasma del “estallido social”, aunque la consultora internacional da por hecho que la reacción de los gobernados ante el precio que deben pagar por salir de la crisis “resultará manejable” para el gobierno
Sobre este punto, Beltrán del Río afirma que “es claro que la disciplina o el estoicismo del ciudadano mexicano son muy superiores a las de un argentino o brasileño”, que están colocados en una situación similar a la mexicana
“Los focos de descontento que ya se están manifestando (en México), conectados con elecciones municipales y estatales, no parecen desbordar las capacidades de negociación y de control del gobierno”, dice el director de la consultora económica
Seguro de su posición en el análisis, todavía agrega: “El gobierno mexicano tiene información, fuerza y cohesión suficientes y flexibilidad, en su caso, para evitar `el estallido social'”
Al comentar el crecimiento económico que la Wharton anticipa para el trienio, Beltrán del Río señala que después de la profunda contracción de 1983, prevé el inicio de la recuperación en 1984, con una expansión moderada del 26% y en 1985 el 46%, de lo que resulta un crecimiento trienal de 07%
Pero, advierte, para que en el año que entra se inicie la recuperación “es indispensable que el sector privado se revitalice”, lo que exige que la demanda privada crezca más que la pública, “lo que no es usual en un segundo año de gobierno”
El riesgo de una insuficiente reactivación del sector privado es otro año sin crecimiento, si el sector público mantiene su gasto dentro de los límites fijados por el FMI
La Proyección Básica del análisis presenta también los siguientes pronósticos:
+El tipo de cambio controlado no explotará en el trienio 1983-85 Su deslizamiento continuará a 13 centavos diarios durante el resto de 1983, para cerrar en prácticamente 144 pesos por dólar Para mediados de 1984 esperamos que el deslizamiento se reduzca ligeramente a razón de 9-10 centavos diarios, en línea con la reducción del ritmo de la inflación El rango de cierre sería entre 184-188 pesos
+El tipo de cambio libre se mantendrá entre 10-15% por encima del controlado, como “válvula de escape” y medio de proteger las reservas internacionales, en el caso fortuito de un nuevo episodio de incertidumbre y la consecuente demanda de dólares
+La política de austeridad salarial se mantendrá en 1984, aunque suavizada Es decir, se aplicará un aumento de salarios mínimos del orden del 25% en enero y un ajuste adicional del orden del 125% a mediados de año Esto resultaría en un aumento anual promedio del 40-42%, lo cual representaría una caída del salario real promedio de casi el 6% Sumada a esta contracción que se registró en 1983, la caída salarial en el bienio sería del 275% Aunque a partir de 1985 esperamos un retorno a crecimientos positivos, no anticipamos una recuperación del nivel salarial real que existía en 1982 durante el resto del sexenio En suma, la capacidad de compra del asalariado medio durante 1983-88 resultará inferior a la que poseyó a fines del sexenio pasado
+La exportación de hidrocarburos se incrementará gradualmente a partir de 1984, con un millón 625,000 barriles diarios, hasta que en 1988 sean 2 millones de barriles diarios
+Los requerimientos netos de endeudamiento público externo serán menores en 1984, debido al superávit extraordinario en la cuenta externa corriente que se registró en 1983 y la nivelación de la balanza que se dará en 1984 Estimamos 3,700 millones de dólares de endeudamiento público, en vez de 4,000 estimados originalmente Para 1985 estimamos sólo 2,400 Esta contracción de las necesidades de endeudamiento público representa el logro de uno de los objetivos fundamentales del programa de estabilización
+La participación del ingreso del trabajo en el Producto Interno Bruto (PIB) no se recuperará en 1984 de la drástica contracción del año 1983 Esta última se debe al doble impacto del desempleo y la contracción del salario real Este desplome absoluto y relativo del ingreso salarial es precisamente la causa potencial de un posible intento de suavizar o interrumpir el programa de estabilización
LAS HIPOTESIS ALTERNATIVAS
En la hipótesis de un cumplimiento “al pie de la letra” del programa que el gobierno mexicano firmó con el FMI, la recuperación económica se iniciaría hasta 1985
Para los analistas whartonianos el cumplimiento estricto del programa de estabilización produciría un prolongado período de “enfriamiento” económico Este, a su vez, daría como resultado un mayor abatimiento del ritmo inflacionario y un significativo superávit en la balanza de pagos
En esta hipótesis, la inflación caería del 76% de 1983 al 36% en 1984, seis puntos menos que la estimación que se presentó en la Proyección Básica A su vez, la balanza externa en cuenta corriente registraría un superávit de 2,000 millones de dólares, en lugar de los 03 previstos para el caso de un “cumplimiento razonable” del programa del FMI
Pero en el caso de un “cumplimiento estricto”, la desocupación sería mayor En esta situación, la demanda de ocupación caería en 12%, en lugar de crecer en 07% con un “cumplimiento razonable”
A partir de 1985 —superados los dos años difíciles a que han aludido continuamente los funcionarios del gobierno lamadridista—, la economía recuperaría su capacidad de crecimiento económico combinado con un ritmo menor de inflación En los años de 1985 a 1988, el crecimiento anual promedio sería del 55%, ligeramente superior al 53% que se alcanzaría de acuerdo con la proyección básica, que se sostiene en el “cumplimiento razonado”
En este punto, la Wharton considera que “el período crítico de la lucha antiinflacionaria se dará en 1983-84 Lo que en él se logre será lo que perdurará el resto del sexenio De aquí la renuencia a `aflojar las riendas’ y, al mismo tiempo, la dificultad del manejo de la política económica en 1984, cuando se debe intentar combinar el inicio de la recuperación (o de evitar al menos un tercer año de contracción) con un abatimiento sustancial de la tasa inflacionaria”
El trabajo de la Wharton reposa, como se dijo, en la Proyección Básica, pero también explora la posibilidad de que el gobierno mexicano renegocie con el FMI un incumplimiento del convenio firmado el año pasado, como lo han renegociado Argentina y Brasil este mismo año
Las causas que con mayor probabilidad llevarían a la administración lamadridista a esta situación son las siguientes, a juicio de la Wharton:
+La necesidad de promover el crecimiento y el empleo frente a la magnitud de la tasa de desocupación laboral y la mortandad de empresas que se ha gestado y se continúa gestando
+El mayor margen de maniobra que ha obtenido con el exitoso manejo del programa de austeridad en 1983 La acumulación de reservas internacionales, la reducción de tasas de inflación, la reapertura del crédito externo, etcétera, son resultados que, en principio, colocarían al gobierno en posición de proponer al FMI una política menos deflacionaria en 1984 El buen comportamiento de 1983 abre la puerta a la posibilidad de un cierto relajamiento de la lucha antiinflacionaria
+La falta de éxito en convertir la exportación y la inversión privada en las avanzadas de la recuperación indispensable en 1984
Sin embargo, este viraje hacia un incumplimiento renegociado no daría por resultado una mejoría duradera en el crecimiento económico ni en el empleo
“En cambio, sí enviaría la señal de que la lucha antiinflacionaria se ha interrumpido en 1984 y la voluntad de estabilizar se ha debilitado Creemos que en este caso, sí sería realista esperar que la inflación se arraigara a tasas superiores a las preexistentes a la `explosión’ de precios de la segunda mitad de 1982”, finaliza la Wharton








